Sé que resulta cansino insistir, pero la cuestión clave de nuestra democracia es la de Franco. O se acepta que el régimen franquista fue legítimo, o se  adjudica la legitimidad histórica y política al Frente Popular o a la república. Esta última tuvo legitimidad de origen, perdida en el ejercicio y rematada por el Frente Popular.
Si el franquismo fue un régimen criminal, causante de la guerra civil en defensa de privilegios parasitarios, entonces la monarquía y la democracia actual y la propia unidad de España comparten esa esencial ilegitimidad. Este y no otro es el fondo del discurso y las políticas sostenidas por la izquierda y los separatistas en todo momento. El referéndum del 76 acordó por inmensa mayoría la legitimidad del régimen de Franco, pero la misma  nunca fue reconocida por quienes se sentían herederos del Frente Popular. Y, lo más grave, fue “olvidada” enseguida por  una derecha “ayuna de formación histórica e ideológica”,  con el Emérito y Suárez, descollantes por su incultura, como representantes típicos.
Solo la brillante herencia económica y sobre todo moral (reconciliación y moderación) del franquismo ha impedido durante décadas la reimposición del régimen criminal que fue el Frente Popular. Sin embargo, a lo largo de estas décadas no ha cesado un momento la labor corrosiva de los frentepopulistas mediante la falsificación sistemática del pasado,  la sustitución de la historia por su “memoria” envenenada, con la colaboración del PP. Sus hitos decisivos fueron: 1) La entrega de la enseñanza a los separatistas. 2) La condena del 18 de julio por el PP. 3) El rescate de la ETA. 4) La ley de memoria histórica. 5) Las leyes “de género”. 6) Los nuevos estatutos hacia la secesión. 7) El referéndum golpista en Cataluña.   el golpismo del actual gobierno. Todo ello con el  PP de auxiliar y sofocador de cualquier resistencia
Importa señalar que todo este proceso, que parecía imparable, ha cambiado de modo esperanzador con el discurso de Felipe VI contra el golpismo separatista, que contribuyó de paso a romper el muro de silencio construido por todos los partidos contra VOX. Hoy la situación ya no es la misma, si bien debe reconocerse que los enemigos de la libertad y de España han avanzado muy peligrosamente y que el tiempo apremia.