Permítame que le dé a conocer esta lección de historia por dos razones que me parecen fundamentales. La primera, porque lo más seguro es que no se la hayan enseñado en el colegio ni sus padres; su padre, por parecerle inoportuna, su madre, porque no le interese y la desconozca. Y la segunda, porque, siendo que pueda ver sentado en el banquillo de los acusados de un tribunal de justicia a su abuelo, el paterno, naturalmente, que el otro importa un bledo, debe saber que el hoy defenestrado Juan Carlos de Borbón y Borbón, su abuelo, fue elegido entre un elenco de personas, fue querido y en otro tiempo considerado un buen Rey. Comencemos.

El 19 de marzo de 1945, su bisabuelo, el sin par Don Juan de Borbón -último de los hijos varones del Rey Alfonso XIII-, hizo público un Manifiesto desde su residencia en Lausana (Suiza), dando un ultimátum a Franco para que abandonara el poder, al tiempo que afirmaba que el régimen político surgido de la Victoria del 1 de abril de 1939 contra la canalla roja carecía de fundamento jurídico. Aquello fue la soga que él mismo se puso en el cuello, porque a partir de ese momento fue excluido definitivamente por Franco para ser su sucesor a título de Rey. Y es que, si algo caracterizó a su bisabuelo, ya lo ira sabiendo, fue su absoluto desconocimiento del sentir de los españoles, su falta de talento tantas vece evidenciada y su absoluta carencia de tacto. Manejado por una corte de trepas y rastreros que le hicieron creer que algún día terminaría ciñéndose la Corona de España en la testa, no le advirtieron que sin el plácet del Caudillo la suya sería siempre una corona de papel. Corona de papel que puede le confeccionará en alguna noche de juerga su bufón, Luis María Ansón.

En 1947, Franco somete a la aprobación popular mediante referéndum la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado. Constituyéndose un Consejo de Regencia constituido por el Caudillo, el presidente de las Cortes, el prelado con posición jerárquica más elevada y el Jefe del Estado Mayor de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire. A cuyo Consejo del Reino competerá elegir a la persona de estirpe real que se propondrá a las Cortes como rey, siendo elegido su abuelo, a quien Franco dirá lo siguiente:

Mire, yo he sido jefe de Estado todo este tiempo porque gané una guerra. A usted le queda la guerra de ser rey de todos los españoles. Si esa guerra se la gano yo también, ¿qué le va a quedar a usted?”

A las 4,21 de la madrugada del día 20 de noviembre de 1975, el Príncipe de España, Juan Carlos de Borbón y Borbón, su abuelo, sucede al Caudillo en la Jefatura del Estado a título de Rey. Entre otras cosas dijo…

(…) Una figura excepcional entra en la Historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo constituirá para mí una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la Patria. Es de pueblos grandes y nobles el saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien, como soldado y estadista, ha consagrado toda la existencia a su servicio.

(…) Hoy comienza una nueva etapa de la Historia de España. Esta etapa, que hemos de recorrer juntos, se inicia en la paz, el trabajo y la prosperidad, fruto del esfuerzo común y de la delicada voluntad colectiva. La Monarquía será fiel guardián de esa herencia, y procurará en todo momento mantener la más estrecha relación con el pueblo.

(…) El Rey es el primer español obligado a cumplir con su deber y con estos propósitos. En este momento decisivo de mi vida afirmo solemnemente que todo mi tiempo y todas las acciones de mi voluntad estarán dirigidos a cumplir con mi deber.

(…) La Patria es una empresa colectiva que a todos compete; su fortaleza y su grandeza deben de apoyarse, por ello, en la voluntad manifiesta de cuantos la integramos. Pero las naciones más grandes y prósperas, donde el orden, la libertad y la justicia han resplandecido mejor, son aquellas que más profundamente han sabido respetar su propia Historia.

(…) La Corona entiende como un deber el reconocimiento y la tutela de los valores del espíritu.

(…) No sería fiel a la tradición de mi sangre si ahora no recordase que durante generaciones los españoles hemos luchado por restaurar la integridad territorial de nuestro solar patrio. El Rey asume este objetivo con la más plena de las convicciones.

Terminando con las siguientes palabras… Señores consejeros del Reino, señores procuradores, al dirigirme como Rey, desde estas Cortes, al pueblo español, pido a Dios ayuda para todos. Os prometo firmeza y prudencia. Confío en que todos sabremos cumplir la misión en la que estamos comprometidos.

Si todos permanecemos unidos, habremos ganado el futuro. ¡VIVA ESPAÑA!.

Y aquí termino. El sol declina y refleja sus últimos rayos. Seguro que a lo largo de su vida, que deseo sea larga y provechosa, no faltarán manipuladores de lo tratado, de Usted depende dejarse convencer o no. Por mi parte doy por concluido esta lección.