No sería completo el relato de hechos del 23 de febrero de 1981 si no hiciéramos, aunque sea brevemente, una referencia al Cuartel General donde los múltiples testimonios que figuran en la Causa, perfilan una situación confusa de la que nadie quiso responsabilizarse plenamente.

Despachando el Jefe de Estado Mayor del Ejército, Teniente General Gabeiras Montero con el Segundo Jefe, General Armada Comyn, entró el Teniente Coronel Aguilar Olivenza para informar de lo que estaba sucediendo en el Congreso, enterado por estar escuchando la radio.

Sobre las 19 horas llama S. M. el Rey al Teniente General Gabeiras, informándole éste de las medidas que se están tomando. Seguidamente el Rey habla por teléfono con el General Armada Comyn, quien se ofrece a trasladarse al Palacio de la Zarzuela, propuesta que no es aceptada, quedando el General Armada Comyn en el despacho del Teniente General Gabeiras, pero subiendo una o dos veces a su propio despacho de Segundo Jefe de Estado Mayor, acompañado por el General Rodríguez Ventosa.

Estando precisamente en su despacho de 2° JEME, recibió en el teléfono de éste una llamada del Capitán General de Cataluña, General Pascual Galmes.

Desde el despacho del Teniente General Gabeiras realizó el General Armada Comyn llamadas telefónicas a varios capitanes generales y algunos de ellos le dijeron que les parecía bien la propuesta del Teniente General Milans del Bosch.

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Teniente General Gabeiras

El General Armada fue llamado por el General Aramburu Topete, informándole de que el Teniente Coronel Tejero Molina quería verle. El General Armada propuso entonces al Teniente General Gabeiras solicitar permiso a la Zarzuela para ir al Congreso y proponerse como Jefe de Gobierno, dando así salida a la ocupación del Congreso. El Teniente General Gabeiras se ofreció a acompañarle para afianzar la propuesta de la «Solución Armada» -es decir, la formación de un Gobierno de concentración presidido por el General, pero únicamente para que el Teniente Coronel Tejero depusiera su actitud, de modo que luego no se formara tal Gobierno.

Manifestó ante ello el General Armada Comyn que él no se prestaría a engañar al Teniente Coronel Tejero, aunque insistiendo en la propuesta de la presidencia del Gobierno manifestó ser constitucional. Telefónicamente fue expuesto el plan a la Zarzuela y el General Fernández Campo autorizó al General Armada Comyn a que lo realizara, si bien, con carácter exclusivamente personal y sin que, en modo alguno, fuera hecho en nombre de S. M. el Rey. 

Como quiera que el General Armada se negó a secundar la idea del Teniente General Gabeiras de engañar al Teniente Coronel Tejero, y obtenida autorización del General Fernández Campo para hacer la propuesta de la presidencia del Gobierno a título personal, el general Armada Comyn salió del Cuartel General para el Congreso con dos tipos de proposiciones para el Teniente Coronel Tejero, una de ellas de carácter oficial -un avión para salir de España- y otra personal, hablar a los diputados para proponerse como presidente del Gobierno.

Con anterioridad, a las 19,55 horas, el Teniente General Gabeiras Montero se traslada desde su despacho a la Junta de Jefes de Estado Mayor y durante su ausencia, el General Armada Comyn mantiene varias conversaciones telefónicas desde el despacho de ayudantes y en presencia de varios Generales. El Presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, Teniente General Alfaro Arregui, ordena al Teniente General Gabeiras que regrese a su despacho porque existen dudas sobre el General Armada Comyn.

Al regreso del Teniente General Gabeiras Montero a su despacho del JEME tiene conocimiento de que el General Armada Comyn ha dicho a los Jefes y Oficiales reunidos en el antedespacho que la II, IV, V y VII Regiones Militares apoyan al Teniente General Milans del Bosch, que el ejército está dividido y que no ve más solución que formar un Gobierno presidido por él, habiendo solicitado incluso un texto de la Constitución, que comenta con los Generales Castro y Rodríguez Ventosa, comentando el General Armada Comyn que la solución era constitucional y se ceñía a las exigencias del Teniente Coronel Tejero. 

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Este extremo resulta ciertamente incomprensible, incongruente y confuso si se mantuviera, como pretende el General Armada Comyn que no existió entrevista alguna entre él y mi patrocinado el Teniente Coronel Tejero, con anterioridad a la toma del Congreso, porque, en primer lugar, el Teniente Coronel Tejero nunca presentó exigencia alguna, sino que se mantuvo, de acuerdo con las órdenes recibidas del Teniente General Milans del Bosch y del General Armada Comyn, a la espera de la autoridad militar competente.

Pero, además, difícilmente podía conocer el General Armada Comyn los deseos del Teniente Coronel Tejero si no hubiera hablado con él en jornadas anteriores, ya que, como se ha señalado reiteradamente, las comunicaciones telefónicas del Congreso habían sido cortadas.

 Sin duda el General Armada Comyn al hablar con los generales ya citados de las «exigencias del Teniente Coronel Tejero Molina» estaba siendo delatado, subconscientemente, recordando los principios de la «Operación Armada» que al Teniente Coronel Tejero le habían sido expuestos en la reunión de la Calle del General Cabrera y ratificados por él mismo en la posterior reunión de la calle del Pintor Juan Gris.

Hemos de señalar también en relación con los hechos del Cuartel General, lo incomprensible que resulta el hecho de que el Teniente General Gabeiras Montero ordenara aquella noche a unos diez o doce Generales y Oficiales -en un total de 30- que se marcharan a su domicilio, sin dar más explicaciones. El hecho puede venir a demostrar que, sin duda, para los responsables del Cuartel General, la ocupación no ofrecía peligro alguno.

Hemos de señalar que en todo momento, la actuación del Teniente Coronel Tejero obedecía a las órdenes recibidas y al convencimiento de que las mismas eran conocidas y respaldadas por S. M. el Rey.

SEGUNDA

Los hechos expuestos en la conclusión anterior, en lo que se refiere a la participación del Teniente Coronel de la Guardia Civil, don Antonio Tejero Molina, no son constitutivos de delito.

TERCERA

Sin existir delito no existe responsabilidad, ni como autor, ni como cómplice, ni como encubridor.

CUARTA

Por no haber delito no es de apreciar la existencia de circunstancias. De apreciarse, en su mero aspecto de tipicidad, la figura delictiva calificada por el Ministerio Fiscal o cualquier otra, concurrirían las eximentes 12 del artículo 185 (obediencia debida, real o putativa, en su caso, a través del error de hecho, esencial) y 7ª del mismo artículo (Estado de necesidad), así como la excusa absolutoria específica de desistimiento, del artículo 294, en su relación negativa con el 287.

QUINTA

Procede la libre absolución, con toda clase de pronunciamientos favorables.

SEXTA

No es procedente la imposición de responsabilidad civil alguna.

Excelentísimos señores:

Habéis conocido los antecedentes histórico-políticos, los fundamentos en los que nuestra historia es rica en hechos, situaciones, intrigas, órdenes, traiciones, impulsos regios, actuaciones militares y Consejos de Guerra, con su propia utilidad o inutilidad, conforme la Historia nos ha demostrado.

La exposición fáctica, tan similar a otras situaciones, otros Gobiernos, otras fechas y otros poderes fácticos.

La estructura jurídica de los hechos que hemos expuesto nos brinda una gama de variantes sobre la que debemos reflexionar e intentar analizar, con todos los medios de que podamos disponer, para así ofreceros cuantos fundamentos jurídicos avalen la petición de libre absolución del Teniente Coronel de la Guardia Civil don Antonio Tejero Molina, que esta defensa mantiene desde lo más profundo de su conciencia.

Yo no vengo en nombre de ningún partido. Mi pensamiento está sólo al servicio de mi Patria, de la razón y de la justicia. Sin hipotecas. Independiente. Reafirmo mi libertad suprema en la defensa de mi entrañable amigo y patrocinado el Teniente Coronel de la Guardia Civil, don Antonio Tejero Molina.

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Yo he venido aquí a colaborar con la Justicia en el esclarecimiento de unos hechos y distinguir entre lo lícito y lo ilícito, entre lo legal y lo ilegal, conceptos que han estado mezclados, confundidos e incluso, atropellados por la cobardía, la tergiversación, el silencio y también -por qué no decirlo-, por el terror.

El Ministerio Fiscal acusa a mi patrocinado por deber; también yo por deber le defiendo. Mientras el Ministerio Fiscal habla de los hechos, yo hablaré de las motivaciones. Mientras el Ministerio Fiscal cumple con tan honrosa función profesional por su rango militar, el deber de mi defensa nace de mi propia conciencia y de los estímulos de saber que abogo por un hombre que es inocente.

Con frase lapidaria decía recientemente ante esta excelentísima Sala, el Teniente Coronel Tejero Molina: «Desearía que algún día alguien me contara lo que de verdad sucedió el 23 de febrero de 1981».

Pues bien, con el firme convencimiento de que, por parte de mi patrocinado, el Teniente Coronel de la Guardia Civil don Antonio Tejero Molina, no ha existido conducta delictiva en los hechos del 23 de febrero de 1981, ni en los que con ellos tuvieron relación, aventuramos nuestros principios en el siguiente. 

ANÁLISIS DE LOS HECHOS Y NATURALEZA JURÍDICA

La entrevista entre el General Armada Comyn y el Teniente Coronel Tejero Molina, como hemos expuesto en nuestra relación fáctica, se desarrolla el 21de febrero, en un piso de la calle Pintor Juan Gris. El Teniente Coronel Operativo recibe la confirmación de las órdenes -transmitidas a través del Comandante Cortina- para que el 23 de febrero ocupe el Palacio del Congreso y retenga a los Diputados hasta que llegue la autoridad militar. 

Ésta es la única participación del Teniente Coronel Tejero Molina. Se trata de un servicio que se le encomienda que no tenía, en sí mismo, ningún sentido ni objetivo interesado para el propio Teniente Coronel encargado de realizarlo cumpliendo las órdenes recibidas. Servicio que pudo ser encomendado a cualquier jefe u oficial. Y servicio, en fin, que se cumplió bajo las premisas que se le ordenaron: incruento y a la espera de la Autoridad Militar.

Analizando hoy los hechos, con el conocimiento de cuantos testimonios tenemos en nuestras manos, tenemos que hablar, reiteradamente, de la utilización de que fue objeto el nombre y la persona del Teniente Coronel Tejero Molina. Y existe, entre los múltiples testimonios, uno verdaderamente esclarecedor. Ya hemos resaltado, Excmos. Sres., la forma sorprendentemente precipitada con que se le encarga al Teniente Coronel Tejero la ocupación del Congreso, tras habérsele indicado, en la reunión de la calle del General Cabrera, que se mantuviera un mes a la expectativa, sin actuación alguna y esperando órdenes. Pues bien, como consecuencia, o como simple casualidad, es a raíz de la última entrevista entre el Coronel Ibáñez Inglés y el general Armada cuando los hechos parecen precipitarse.

En la reunión de Valencia, continuación de la de Cartagena y quizás de contactos y conversaciones aún anteriores, se le plantea al Teniente General Milans el contenido de la «Operación Armada» con este General en la Presidencia del Gobierno. En la entrevista entre el Coronel Ibáñez Inglés y el General Armada en Lérida, éste le dice que cuenta con todo el apoyo para la Presidencia del Gobierno y le pide, incluso, que rece por él por la magnitud de la tarea que se le avecina. Y en la última entrevista, celebrada ya en Madrid, en el despacho de 2º JEME, la información del General Armada es que el próximo Presidente del Gobierno será el Señor Calvo-Sotelo.

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Éstos son, Excmos. Sres., los hechos que se producen y veamos ahora esa utilización espectacular del Teniente Coronel Tejero a la que he aludido. El que, insisto, ha sido el principal sorprendido por el apresuramiento con que se le encarga el servicio, es utilizado, precisamente, como pantalla de la «precipitación» y así lo tiene declarado el Teniente General Milans del Bosch, afirmando que el General Armada le dijo por teléfono que al Teniente Coronel Tejero «no se le podía parar». Ha preguntado esta defensa a ilustres militares que aquí han declarado como testigos si un Teniente General y un General de División no podían parar a un simple Teniente Coronel, y todos ellos han manifestado su sorpresa.

También quedó sorprendido -y así lo ha declarado- el Teniente General Milans del Bosch al recibir tal información del General Armada Comyn, como quedó sorprendido -y así lo ha manifestado igualmente- el Coronel Ibáñez Inglés, y como puede sorprenderse cualquier otro militar de graduación superior a la del Teniente Coronel. Este letrado, en el legítimo derecho de defensa de su patrocinado, tiene que señalar que, ante tales manifestaciones y hechos que con posterioridad se desarrollaron, cabe pensar en la existencia de un interés por precipitar las fases de la «Operación» y que mejor que utilizar como pantalla al Teniente Coronel Tejero, alegando que «no había quien le parara». 

Fue el propio Teniente Coronel Tejero Molina el que, respondiendo a preguntas del Fiscal, contestó con toda claridad: «Si hubieran querido pararme con decirme que me dejaban solo o mandarme una pareja para que me detuviera, hubiera sido suficiente». He aquí, Excmos. Sres., la utilización que se hizo del Teniente Coronel Tejero: mientras se le ordena que vaya a cumplimentar el servicio, se empuja al Teniente General Milans del Bosch, con el argumento de que es el Teniente Coronel el «imparable».

Lo cierto es que el Teniente Coronel Tejero Molina entra por orden del General Armada en el Congreso, invocando el nombre del Rey porque así se le había ordenado y porque tenía la plena convicción de que era el impulso regio el motor de aquella operación. Ni dimite al Gobierno, porque no se le había ordenado; ni dimite al Parlamento, porque tampoco tenía para ello órdenes ni instrucciones, ni arresta a ninguno de los presentes, porque no es esa función que se le hubiera encomendado: ni adopta medida defensiva alguna. Simplemente, ocupa el Congreso y permanente, con los diputados retenidos, a la espera de la Autoridad Militar. 

EL IMPULSO REGIO

Según el testimonio de numerosos testigos que han comparecido ante esta Excma. Sala, había gran confusión fuera del Congreso, a pesar de que, sin duda, en el improvisado «Cuartel General» deberían tener más elementos de juicio que quienes se encontraban en el interior del Congreso y ya con las comunicaciones telefónicas cortadas.

Excmos. Sres., tenemos que preguntarnos ¿cómo los Capitanes y Tenientes de la Guardia Civil ocupantes del Congreso podían dudar de la licitud de la misión que estaban realizando cuando el jefe que los mandaba, el Teniente Coronel Tejero Molina, así lo creía?

Hoy, a la vista del desarrollo de los acontecimientos, tenemos que admitir la posibilidad de que el impulso regio no fuera cierto, sino atribuido; aunque a efectos de la exculpación del Teniente Coronel Tejero, en nada varíe que la Obediencia Debida fuera real o putativa.

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En la ocupación del Congreso de los Diputados por las Fuerzas de la Guardia Civil hemos de estudiar un matiz al que se le ha dado una importancia capital, calificando como «afrenta a la representación del pueblo», lo que simple y llanamente fue una elemental medida de prudencia táctica. Me refiero a la orden de tirarse al suelo dada por el Teniente Coronel Tejero en el momento de su entrada en el hemiciclo y los disparos de intimidación realizados al techo. El techo, expuesto ya en la relación fáctica, debe ser analizado y reflexionado con toda objetividad. 

Dentro de la enseñanza militar figuran las normas que deben observarse en la ocupación de objetivos determinados, teniendo en cuenta sus características y los imprevisibles que puedan surgir y dar lugar a resultados no deseables, como, por ejemplo, el derramamiento de sangre. En este caso concreto el servicio venía ordenado como incruento, y tal fue el celo, la prudencia y la tremenda preocupación del Teniente Coronel Tejero Molina de que así se desarrollase que, al saber que en el hemiciclo existían diputados que portaban armas, de posesión legalmente autorizada, quiso prevenir que algún diputado, o miembro del servicio de seguridad -que provistos también de sus correspondientes armas se encontraban en las tribunas- pudiera por nerviosismo, intentar utilizarlas, viéndose con ello obligada la fuerza ocupante a reducirle, provocándose, quizá, una situación irreversible que, a toda costa, debía ser evitada.

Ésa y no otra fue la razón de la orden de «todos al suelo» y los disparos de intimidación realizados al techo del hemiciclo. Por tanto, tales medidas, exclusivamente precautorias, en modo alguno pueden ser consideradas como una humillación, desprecio o revanchismo, ni hacia los parlamentarios, ni hacia el resto de las personas que ocupaban las diferentes tribunas del hemiciclo.

Y de que en el interior del hemiciclo existían armas había pocas dudas como ha confirmado en su declaración ante este Tribunal el Capitán de la Guardia Civil Abad Gutiérrez quien, respondiendo a preguntas del Ministerio Fiscal sobre la orden de tirarse al suelo, dijo: «Como teníamos la orden de no utilizar las armas, ni dentro ni fuera del Congreso, estimé como medida, que no nos dispararan a nosotros, por lo que se ordenó al suelo», y aclarando, a preguntas de esta defensa, cómo tenían conocimiento de las armas existentes en el Congreso, éste fue el diálogo:

«¿Sabía usted que el arco detector de metales estaba desconectado aquella tarde?», respondiendo así el capitán Abad Gutiérrez: «Sí, y me extrañó, pero pregunté a los que estaban allí y me contestaron que lo habían desconectado porque algunos diputados solían ir armados».

Medida precautoria en evitación de que no se cumpliera la orden de un servicio «incruento» fue también la de ordenar a los diputados que mantuvieran las manos encima de la mesa de sus respectivos escaños, para evitar que, en un imprevisto, saliera a relucir alguna de las armas existentes en el hemiciclo. Solamente los profesionales de la milicia pueden comprender en su verdadera dimensión, el alcance precautorio y tácito de tales medidas que fueron calificadas, por algunos parlamentarios y por determinados medios de comunicación, como humillación hacia la soberanía popular, atribuyendo por ello incluso, el calificativo de «execrable», a un servicio que había resultado totalmente incruento.

Y establecidos los servicios en el Congreso, servicios que un militar experto como el General de la Guardia Civil Prieto López, ha definido como de «orden público», el Teniente Coronel Tejero, cumpliendo las órdenes recibidas del General Armada de que, para todos los asuntos tácticos conecte con el Teniente General Milans del Bosch, llama a Valencia, a la III Región Militar, para dar la novedad y confirmar que, de acuerdo con las instrucciones recibidas, queda a la espera de la Autoridad Militar. 

Desde las 6,23 de la tarde en que se produce la ocupación del Congreso, hasta cerca de medianoche, el teniente Coronel Tejero y su fuerza se mantiene a la espera de la Autoridad Militar, y a esa hora se presenta como tal autoridad el General don Alfonso Armada Comyn.

TODO A TÍTULO PERSONAL

Y es esa expresión, «a título personal» la que enciende la alarma en la mente del Teniente Coronel Tejero Molina. Dos días antes, en la calle del Pintor Juan Gris, el propio General Armada le ha dado instrucciones concretas y le ha ratificado el conocimiento, órdenes y respaldo de Su Majestad el Rey. ¿Por qué pues se ha de presentar ahora la Autoridad Militar ante los parlamentarios a título personal?

 

Con absoluta lógica argumenta el Teniente Coronel Tejero que cualquier propuesta personal carecería de valor alguno y que tardarían en ponerles las esposas el tiempo que tardasen los diputados en salir a la calle. Aspecto éste, Excmos. Sres., que supone una más de las muchas confirmaciones de la certeza del Teniente Coronel Tejero hasta aquel momento de haber cumplido órdenes lícitas y respaldadas por Su Majestad el Rey, pues si él mismo advierte a la Autoridad Militar, al General Armada Comyn, que cualquier propuesta personal carecerá de valor y no tendrá garantía alguna de seguridad para quien la formule, ¿cómo se hubiera él mismo aventurado y cómo hubiera arrastrado a los Oficiales y a la fuerza a una Operación que, en sí misma, no tenía objetivo alguno -tan sólo la espera de la Autoridad- y que además, siguiendo sus propios argumentos, carecería de legalidad y de respaldo alguno a efectos de seguridad propia? No, Excmos. Sres. El Teniente Coronel Tejero, al menos hasta aquel momento, estuvo plenamente convencido de la veracidad de las órdenes que le habían sido transmitidas y del impulso regio que, igualmente, se le había garantizado.

 

Trata de reaccionar el General Armada manifestando al Teniente Coronel Tejero que en realidad la propuesta que iba a hacer a los parlamentarios era conocida y deseada por Su Majestad. Pero ya la alarma se había encendido y el nuevo cambio en las manifestaciones del General Armada, no hace más que aumentar el recelo del Teniente Coronel Tejero quien ya no está dispuesto a facilitar la entrada en el hemiciclo sin saber qué es lo que este «cambiante» General Armada va a proponer a los parlamentarios.

Y el General Armada le expone que va a proponer a los parlamentarios un Gobierno de coalición presidido por él, en el que figurarán representantes de todos los partidos; y a preguntas rápidas del Teniente Coronel contesta afirmativamente el General; efectivamente, en aquel Gobierno figurarían también -según esas explicaciones- socialistas y comunistas y le cita concretamente los nombres de los señores González Márquez, Múgica Herzog y Solé Tura. Y de tales manifestaciones, pese al sigilo de la conversación se han escuchado testimonios de Oficiales de la Guardia Civil que, bien por su proximidad al lugar donde tenía lugar la conversación, bien por haber tenido que entrar en la habitación por razones del servicio, tuvieron posibilidad de escuchar frases, e incluso palabras sueltas, que avalan la veracidad de las manifestaciones hechas por el Teniente Coronel Tejero Molina en cuanto a las propuestas del General Armada.

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Ya en aquel momento quedan pocas dudas en el ánimo del Teniente Coronel Tejero; se siente víctima de un engaño, de una traición y demás, con la imposibilidad de comprobar de dónde ha partido, porque, exceptuando el momento de la presencia en el interior del General Armada, el edificio ha quedado telefónicamente incomunicado por el corte exterior de sus líneas. Le cuesta trabajo creer al Teniente Coronel Tejero que esta propuesta de que ahora le habla el General Armada, cuenta con el respaldo de S. M. el Rey, siendo tan diferente a aquella otra a la que presentaron su conformidad en la calle del General Cabrera y que les garantizaron ser conocida, ordenada y respaldada por la Corona.

 

«Ya el asunto huele a traición -dice clara y directamente el Teniente Coronel Tejero al General Armada-. Me huele que traiciona a los de la Operación y aun al mismo Rey», frase que, para esta defensa, sienta el principio eximente, con la exculpación total del Teniente Coronel Tejero Molina. Pero aún más, el Teniente Coronel rechaza cualquier vía de confirmación que no sea la del Teniente General Milans del Bosch, porque como dice el propio General Armada, con la vivencia propia de sentirse víctima de un engaño o traición, el Rey puede estar en aquel momento coaccionado o retenido. Del único que sabe que está en plena libertad de acción es del Teniente General Milans del Bosch.

OBEDIENCIA DEBIDA

Porque, vuelvo a subrayar, insistir y reiterar que el Teniente Coronel Tejero Molina tenía suficientes pruebas materiales, psicológicas y morales para estar en la firme convicción de que cumplía órdenes, dentro del más puro concepto castrense de la Obediencia Debida.

 

Es precisamente nuestra ley de leyes, nuestra Constitución, la que en su artículo 62, apartado H, dice «que le corresponde al Rey el mando Supremo de las Fuerzas Armadas». Y las órdenes de ese Mando Supremo son las que en todo momento tuvo la convicción de obedecer el Teniente Coronel Tejero Molina.

 

El propio 23 de febrero de 1981 es una clara demostración del Mando Supremo de las Fuerzas Armadas que ejerce el Rey, porque cuando, aquella noche, Su Majestad dio las oportunas órdenes, no hubo ni una sola Unidad, por pequeña o grande que fuera, ni un solo General, Jefe u Oficial, que se opusiera a las órdenes recibidas, aunque al principio existiera, en muchos de ellos, el convencimiento de que existía el impulso regio.

 

Hemos visto como en la Historia de España existen sobrados ejemplos que demuestran que la decisión que en un momento determinado toma el Mando Supremo de la Fuerzas Armadas, hace que la legalidad vigente pase de un lado a otro e incluso, que los juzgadores pasen a ser juzgados. Y este conocimiento de la Historia de España era, por ello, un dato más que apoyaba la convicción del Teniente Coronel Tejero Molina en el impulso regio que le había sido manifestado por dos prestigiosos Generales del Ejército, de reconocida lealtad a la Corona.

Nadie puede dudar de que la obediencia, en la milicia, debe ser ciega. Ni discutida ni criticada. Y así lo han reconocido muchos testigos, han declarado ante esta Excma. Sala. Y así lo reconocen también inmortales tratadistas jurídicos, como el gran penalista Francisco Pacheco, que en su inmortal obra El Código, páginas 189 y 190, afirma: 

«Y sobre todo en el orden militar es más indispensable que en ninguna otra esfera, ese carácter obediente y pasivo de los subordinados. La milicia no vive sino por la suposición de la desobediencia abstracta es en ella de malísimo efecto. En sus leyes no se puede admitir ni aun la posibilidad de que el inferior se exima de ejecutar las órdenes superiores; porque no puede admitirse que el superior ordene lo que no está en sus facultades. En la milicia, el que manda más, sabe más, y lleva siempre razón. Habrá excepciones, pero no puede decirse o preverse en las leyes. De otro modo no hay Ejército».

Son, sin embargo, las frases que os voy a leer a continuación las que, a mi juicio, mejor y más claramente definen lo que, para un militar, ha de ser la obediencia debida. Es una definición que dice así:

«El camino difícil a seguir cuando recibimos una orden que contraría nuestro sentir, se recorrerá con satisfacción interna, si pensamos que lo que estamos realizando lo hacemos de una forma despersonalizada, por una causa superior, por el bien de nuestra Patria, a la que hemos jurado defender y a la que nos hemos entregado por completo».

LA DISCIPLINA

No ha habido ni un dolo inculpado, ni un solo testigo de los que han declarado en cada una de las fases de la Causa que haya podido decir que el Teniente Coronel Tejero Molina era «Jefe de la Operación», que fuera «Jefe táctico en Madrid» o en cualquier otro lugar o escalón de la «Operación». Era, simple y llanamente, un «Teniente Coronel Operativo» a las órdenes del Teniente General Milans del Bosch y del General Armada y en la firme convicción de obedecer al mandato regio.

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Tenemos que discrepar del Ministerio Fiscal porque -dicho con todo respeto y en términos de defensa- él que es un técnico en derecho, debiera recordar que para los hombres del derecho, la imagen del vídeo no tiene valor alguno en la apreciación de los hechos y diera reconocer que en la Causa existen pruebas suficientemente esclarecedoras para modificar la calificación para el Teniente Coronel Tejero Molina en lo relativo al artículo 196, apartado primero.

Porque, con el más absoluto principio de jurista, tenemos que preguntarnos: ¿Ha existido rebelión? ¿De quién hacia quién? ¿Contra quién se ha dirigido la rebelión? ¿Se puede calificar de rebelde a un jefe del Ejército que al entrar en el Congreso grita: «A las órdenes del Rey y del Teniente General Milans del Bosch»? ¿Qué rebelión ha existido en el mundo que, al iniciarse, se manifieste a las órdenes de la Jefatura del Estado, a las órdenes del Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas?

La disciplinada actitud del Teniente Coronel Tejero Molina a la Jefatura Suprema de las Fuerzas Armadas, cuyas órdenes -manifestadas a través del Teniente General Milans del Bosch y el General Armada Comyn- tiene la firme convicción de obedecer, supone ya, con todos mis respetos para la opinión contraria del Ministerio Fiscal, una exculpación de cualquier figura penal.

El gran penalista Azcutia, en su obra La ley penal, página 159, dice al respecto: «La disciplina de las armas, según algunos, exige que el soldado no raciocine, que obedezca ciegamente a su Jefe, cuando se le haya dado a conocer en tal concepto; y la obediencia militar, bajo este punto de vista, obediencia «sui generis», es a la responsabilidad criminal lo que la rueda de una locomotora al vapor que la impulsa y la imprime el movimiento; lo que la guadaña segadora en la mano del labrador que la maneja, un instrumento o una máquina».

 

Mientras la Constitución Española tenga el artículo 62, apartado H, el poder absoluto de mando militar está en manos de S. M. el Rey, como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, y así lo entendieron los mandos militares antes del 23 de febrero, en aquella jornada y así siguen hoy entendiéndolo. Quieran o no quieran, les guste o no les guste. 

El artículo 62, en su apartado H, establece una forma institucional de autocracia militar, de acuerdo con la cual, no puede existir duda alguna respecto a la obediencia debida por parte del militar a las órdenes de su Comandante Supremo, como no existió duda alguna para el Teniente Coronel Tejero Molina a quien se le dieron órdenes invocando el respaldo del Mando Supremo, como no existiera tampoco duda alguna para cualquier militar a quien se le transmitieran órdenes del Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, siendo portadores de las mismas un Capitán General -monárquico reconocido- y el Segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército, también monárquico.

De aquí nuestra insistencia en que la obediencia debida ha de ser tenida en cuenta en la actuación del Teniente Coronel Tejero Molina, ya fuera real o putativa, ya fuera cierta o que, por las personas que ordenaron, fuera creída por mi patrocinado como cierta o absolutamente veraz.

En la exposición de hechos que hemos realizado puede apreciarse, con toda claridad, en los diferentes puntos donde se desarrollaron aspectos de la «Operación», la firme convicción del mandato regio. Así en la III Región Militar, todo el Estado Mayor del Capitán General tenía la firme convicción de que el Rey lo conocía, lo apoyaba y lo respaldaba, como consta en las declaraciones obrantes en la Causa.

 

 

¿Cómo podía existir duda alguna sobre la veracidad del impulso regio para el Teniente Coronel Tejero Molina -simple Teniente Coronel operativo- si uno de los jefes de la «Operación», el Teniente General Milans del Bosch, creía sin la menor duda en ese impulso regio?, porque, Excmos. Sres., recordemos las respuestas dadas por el propio Teniente General Milans del Bosch en su declaración ante esta Excma. Sala.

Preguntó el Ministerio Fiscal al Teniente General Milans del Bosch: «¿Estaba usted de acuerdo en que se produjera la ocupación del Congreso?» y la respuesta fue categórica: «Naturalmente que lo estaba, porque creía que el Rey lo conocía y lo apoyaba».

En la mañana del 24 de febrero de 1981 la Guardia Civil no se rindió, se limitó a cumplir las órdenes dadas por el Mando Supremo, como órdenes también había cumplido al iniciar el servicio. En la mañana del día 24 de febrero de 1981, la Guardia Civil no depuso las armas, porque desde el Teniente Coronel Tejero Molina hasta el último de los guardias civiles a sus órdenes abandonaron el Palacio del Congreso, para hacer entrega de ellas, posteriormente, en la Dirección General de su Cuerpo.

 

Pues bien, Excmos. Sres., por expresa indicación de mi defendido, el Teniente Coronel de la Guardia Civil don Antonio Tejero Molina, esta defensa tiene que decir al Ministerio Fiscal y, en última instancia al Excmo. Tribunal, que aceptamos el riguroso cumplimiento de la letra de ese llamado «Documento del capó».

Sí, Excmos. Sres., que se cumpla al pie de la letra, pero que, si de tal forma se hace, se aplique el mismo rigor al orden de la redacción, porque de esta forma, como está escrito, será mi defendido el único responsable. 

Repito que, por indicación expresa de mi patrocinado, de mi entrañable amigo el Teniente Coronel de la Guardia Civil, don Antonio Tejero Molina, trasmite este letrado su petición al Excmo. Tribunal. En el documento está escrito «Teniente Coronel Tejero único responsable». Pues bien, a tenor de esa frase, ésta es la petición del Teniente Coronel Tejero Molina:

«Asumir la total y absoluta responsabilidad de todos los oficiales que, a sus órdenes, entraron en el Palacio del Congreso, quedando todos ellos exculpados, porque así fue su ánimo, su espíritu y su sentimiento cuando asumió el mando y cuando fijó las condiciones para la salida de la Guardia Civil».

 Nota: López-Montero 25 años después

Habían pasado 25 años y volví a entrevistarme con el Defensor Don Ángel López Montero y esta fue la conversación que mantuve con él:

--- Señor López–Montero, de “aquello” hace ya 25 años y usted y yo tenemos 25 años más y han nacido más de 15 millones de “españolitos”… ¿Cómo ve aquel juicio de Campamento ahora en el 2006? ¿Haría usted hoy la defensa como la hizo entonces?

--- Mire usted, es verdad, 25 años son muchos años para todos y para todo y en este tiempo todos pudimos saber más cosas. Desde entonces he hablado con muchas personas y otras me han contado detalles que entonces no supimos valorar… y además he leído todo lo que se publicó (libros, revistas, informes, reportajes, entrevistas, dossiers, memorias, etc.) y sobre todo medité y recapacité sobre los hechos y los protagonistas.

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--- Si le aseguro -continúa el abogado López-Montero- que si ahora, transcurridos estos 25 años, me tuviera que sentar de nuevo ante el Tribunal Militar seguramente plantearía la defensa de otra manera, o al  menos con más conocimiento de causa. En especial mis interrogatorios a algunos imputados hubiesen sido radicalmente distintos. Nunca entendimos, por ejemplo, la doble absolución del comandante Cortina y tuvimos dudas de las dos dispares sentencias del general Armada. Hoy con lo que ya se sabe y se ha publicado yo habría actuado de otra forma y habría profundizado en determinadas conductas y hechos que entonces no conocimos bien. 

--- Y una pregunta más: ¿cree usted que “aquello” está totalmente olvidado?

--- Eso desearíamos todos y yo el primero, que, “aquello” – como usted dice- solo fuese ya una página de la Historia. Pero cuando leo los periódicos o veo los informativos me hacen pensar que España no cambia. Porque otra vez se está poniendo sobre el tapete la Constitución y el Estado de Derecho. ¡Y ambos tendrían que ser para todos como la Biblia!

Por la transcripción Julio MERINO

Agradecimiento. Como transcriptor del Informe de defensa de Tejero que “El Correo de España” viene publicando por entregas no tengo más remedio que agradecer a José Manuel Nieto y a Belén Rocío Bernete López la ayuda que me han prestado y me siguen prestando, sin la cual me hubiera resultado imposible. Gracias a ellos.