Se llama Francisco Martínez-López y le apodaban “El Quico”. Fue miembro del maquis, esa guerrilla que, empleando técnicas terroristas, atormentó durante casi dos décadas el campo español, sembrando los campos de cadáveres de inocentes y asolando poblaciones. Asesinaban igual a civiles que a militares, a mujeres que a hombres y a niños que ancianos.

 

Ahora, cuando ha superado los noventa años, “El Quico” se pone digno y exige, mediante la publicación de una carta dirigida al Partido Comunista, al que pertenece desde los 14 años y del que ha ostentado cargos de responsabilidad, que haga autocrítica de las purgas -en su lenguaje debemos traducirlo por asesinatos- que “La Pasionaria” y Santiago Carrillo ordenaron durante las décadas de los cuarenta y los cincuenta.

 

¡Es curioso! Jamás pidió esa autocrítica cuando ocupaba cargos dentro del grupo terrorista, ni cuando formaba parte de la ejecutiva comunista en su exilio en París. Tampoco ha reclamado autocrítica por las matanzas que cometieron mientras decían luchar por el pueblo. Solamente pide autocrítica por la muerte de sus antiguos compañeros, amigos o no, y sólo lo hacen cuando muchas décadas después de los hechos, ya han muerto los responsables a los que ahora exige una autocrítica póstuma.

No tiene sentido. Él fue combatiente en la guerrilla de León-Galicia, y no hizo nada. Después, a partid de 1951, mientras se seguían cometiendo las purgas, volvió a la militancia activa en el PCE en Francia, tampoco hizo nada. Con el paso del tiempo ocupó cargos de dirección. Primero como miembro de la comisión del Comité Central de Europa, después como miembro del Comité Central del Partido Comunista de España y como responsable de organización del partido en Francia, y seguía sin hacer nada.

Y es ahora, cuando sus compañeros de partido responsables de las purgas ya han muerto, exige al PCE “que reconozca públicamente los repugnantes métodos que utilizó durante los años de la guerrilla antifranquista y que rehabilite a quienes los padecieron y particularmente a las víctimas de ejecuciones sumarias impuestas por la dirección del partido», una dirección que ocupaban Dolores Ibárruri “La Pasionaria” y Santiago Carrillo, al que algunos llamaban ya entonces “el carnicero de Paracuellos”.

Ahora, con el paso del tiempo, asegura que «estos asesinatos fueron cometidos en un contexto de depuración política». La larga carta que ha hecho pública explicando que los actuales responsables del partido, entre los que cita a José Luis Centella, cita varios ejemplos de represaliados dentro del PCE. Pero ni una palabra sobre la necesaria autocrítica sobre los asesinatos que ellos, los miembros del maquis, cometieron.

La mayor actividad criminal del maquis se desarrolló entre 1939 y 1952. Entre esas dos fechas asesinaron a 1.260 personas. De ellas, 953 eran civiles, 257 guardias civiles, 27 miembros del Ejército, y 23 pertenecían a la Policía Armada. Además cometieron 834 secuestros, de los que más de la mitad acabaron con el asesinato de las víctimas. Para financiarse y obtener víveres y munición cometieron 5.963 atracos, en 103 de ellos causaron víctimas mortales y realizaron 538 sabotajes, alguno de ellos especialmente sanguinario.

Son los datos de una historia tan negra, que tras la legalización del Partido Comunista de España tra la muerte de Francisco Franco, los dirigentes del partido ordenaron silenciar la actividad de la “guerrilla antifranquista” en el interior de España. Pese a ello, los que participaron en ella se empeñan en exigir un reconocimiento para aquellos terroristas que recibieron un tratamiento -el asesinato- que ellos no dudaron en dar a más de mil personas.

 

queda en el aire una última cuestión ¿qué papel jugó «El Quico» en la muerte del mítico maquis Manuel Girón? En su carta, Francisco Martínez-López asegura que luchó junto a Girón hasta la muerte de este el 2 de mayo de 1951, después marcharía hacia el exilio junto a los otros tres únicos miembros supervivientes de la partida: Manuel Zapico, Pedro Juan Méndez y Silverio Yebra. Sin embargo hay cosas que no cuadran en su versión. Girón murió solo, cuando el guardia civil infiltrado en su partida, José Rodríguez Cañueto, le disparó en presencia de su novia, Alida González. Se encontraban en Las Puentes de Malpaso. Aquel día, ni «El Quico» ni sus tres compañeros estaban al lado de su jefe. Por entonces, el hombre más buscado en el interior de España. Algunos escritores que han estudiado la vida de Girón, como Macías, se extraña de que ese día no estuviesen juntos ya que jamás se separaban. Además, cuando murió Pedro Juan Méndez en 2012, muchos medios de comunicación leoneses le señalaban como el último superviviente de la partida de Girón. Entonces nadie mencionó a «El Quico», aunque é asegura que permaneció con ellos hasta que juntos abandonaron España en septiembre de 1951.

En la reseña del 104 aniversario del nacimiento de Girón, la web Infobierzo le dedicaba un interesante artículo titulado «El guerrillero que murió cuatro veces», en el texto asegura que cuando murió el líder del maquis: «A pocos metros se encontraba la que había sido su compañera durante los últimos años, Alida González, que fue detenida. Sus cuatro últimos compañeros en la guerrilla, misteriosamente ausentes en el momento del asesinato de Girón, abandonarían el país poco después».