Lamentablemente, por ese malvado afán de eliminar una parte de las huellas de nuestra Historia, haciendo que su conocimiento pase inadvertido para las nuevas generaciones de españoles, con el fin de tratar de acabar con el alma de España, algunas de sus páginas han sido literalmente borradas, tratando con ello de “lavar la cara” a determinadas tendencias políticas que, a lo largo de los años, han causado, con sus acciones, gravísimos males a nuestra Patria.

 

Si durante las décadas de finales de los 70, 80 y 90 del pasado siglo tuvimos que sufrir la zarpa asesina del terrorismo -ETA, FRAP, GRAPO y otros- que se llevaron por delante la vida de muchos cientos de buenos españoles, a principios de ese mismo siglo, incluso desde las postrimerías del XIX, fue el tiro asesino o la criminal bomba Orsini, manejadas por la mano del anarquismo internacional, las causantes de tanto dolor y muerte que tiñeron de negro muchas ciudades de España.

 

Sin embargo, son circunstancias estas que algunos prefieren ocultar al general conocimiento con el fin de no deteriorar la imagen de determinados grupos todavía presentes en nuestro mapa político, evitando así que se conozcan sus auténticas motivaciones y los objetivos que persiguen que no son otros que los de acabar con España.

 

Es posible que el atentado sufrido por el Rey D. Alfonso XIII, el día 31 de mayo de 1906, finalizada la ceremonia de su enlace matrimonial con Dña. Victoria Eugenia de Battenberg, todavía suene, suponemos que vagamente, a muchos españoles; un atentado que tuvo por escenario la calle Mayor de Madrid y que se llevó por delante la vida de veintiocho personas, causando innumerables heridos, provocados por la bomba, lanzada desde el inmueble nº 88 de la precitada calle, por el anarquista Mateo Morral, a quien el malvado frente popular, en las postrimerías de la “idílica” II República, homenajeó, en recuerdo de su “memorable hazaña”, bautizando con su nombre, en el colmo de la ignominia, esta importante vía madrileña y ordenando el derribo del monumento que se había levantado en memoria de los asesinados a primeras horas de aquella tarde.

 

Sin embargo, no serán muchos los que conozcan otro que sufrió este monarca en 1913 que es al que vamos a referirnos.   

 

Mañana de primavera en aquel Madrid de 1913, domingo 13 de abril. Día de fiesta en la Capital de España. El Paseo de la Castellana va a ser testigo, un año más, como otras avenidas y plazas de distintas ciudades españolas, de la Jura de Bandera de los Reclutas de aquel reemplazo. Las calles están abarrotadas de público que vitorea con fervor el paso de las Tropas y espera la llegada del Rey.

 

Junto a la vistosidad que a estos actos le imprime la Guardia Real, los Húsares o los Lanceros, este año hay que añadir la presencia de Fuerzas Regulares Indígenas de infantería y caballería venidas del Protectorado marroquí.

 

Reclutas de los Regimientos de Infantería de Línea del Rey, León, Saboya, Wad Ras, Asturias y Covadonga; de Cazadores de Madrid, Barbastro, Figueras, Arapiles, Navas y Llerena; Regimiento de Telégrafos; Regimiento de Ingenieros; 2º Regimiento de Zapadores Minadores; Regimiento de Ferrocarriles; Centro Electrotécnico; Regimiento de Telégrafos; Brigada de Estado Mayor; 2º y 4º Regimientos de Artillería y 10º Montado; Regimientos de Caballería de la Reina, Príncipe, Princesa, Pavía y María Cristina; Regulares Indígenas; Intendencia y Sanidad. Academias de Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros e Intendencia y fuerzas de la Guardia Civil, van a prestar el solemne juramento a la Bandera ante las Banderas y Estandartes de sus respectivos Cuerpos. 

 

Tras la Misa y la toma de juramento a los Reclutas ante la enseña del Regimiento de Infantería de Línea del Rey nº 1, el “Inmemorial”, en representación del resto de Banderas y Estandartes, comienza la jura.

 

Concluido el acto formal de juramento se inicia el brillante desfile en el que participan, además de las unidades ya referidas, fuerzas de Infantería de Marina y marinería del Crucero Carlos V. La muchedumbre ovaciona el paso de los Soldados mientras el aire madrileño se llena con los sones de las airosas marchas militares. Los efectivos del Cuerpo de Seguridad dispuestos en el itinerario tienen que emplearse a fondo para contener la gran riada humana.

 

El acto ha concluido. El Rey, a caballo, entra en Cibeles y se dirige a la calle de Alcalá. Fuerzas del Cuerpo de Seguridad de infantería y caballería prestan servicio de cordón y recorrido evitando que el público, que vitorea al monarca, rebase los límites establecidos.

 

De repente, a la altura del nº 48 en la desembocadura de la calle del Turco – de triste recuerdo-, de entre la muchedumbre se adelanta un joven rubio, vestido correctamente, que abre fuego dos veces consecutivas sobre el Rey al que no logra alcanzar.

 

Rápidamente dos Guardias de Seguridad se abalanzan sobre el regicida para desarmarlo, pese a todo logra hacer un tercer disparo que hiere a un Agente de Vigilancia que daba escolta al Rey. Entre tanto el Guardia nº 91, Gumersindo Núñez de la Rosa, del Distrito de Centro, junto al Teniente Esteban Molino y el también Guardia con nº 19, Vicente Canaleda, ambos pertenecientes a la primera Compañía de Seguridad, logran la neutralización y detención del asesino, ocupándole un revolver Puppy-Velodog.

 

Hubo escenas de pánico entre el público huyendo alguno del lugar mientras otros rodean al autor del criminal atentado y a los Guardias que lo tienen retenido, haciéndose necesaria la presencia de más efectivos del Cuerpo de Seguridad que trasladan al individuo al interior de un portal para evitar su linchamiento.

 

El detenido de filiación anarquista, autor del atentado, fue identificado como Rafael Sancho Alegre, barcelonés, de 26 años.

 

Además de los efectivos mencionados, en la detención de este individuo participaron varios Agentes de Vigilancia y dos Soldados de la Guarnición de Madrid. En este sentido señalar que de resultas del gran tumulto formado sufrió una distensión en un pie el Guardia nº 76, Miguel Gil.

 

Posteriormente, a las tres de la tarde, escoltado por una pareja de Seguridad y por efectivos de Caballería del Cuerpo, el anarquista, es trasladado, en un vehículo, a la Dirección general de Seguridad teniendo, la caballería, que disolver al público concentrado que pretendía lincharlo.

 

En aquella ocasión la Policía fue efusivamente felicitada por la rapidez de su intervención evitando que se consumase el regicidio; incluso el Guardia Canaleda, autor material de la detención, fue paseado a hombres por la muchedumbre que se manifestó hasta las puertas del Palacio de Oriente.

 

El Rey ofreció al Guardia Canaleda un premio especial de 500 pesetas, siendo también premiado económicamente por el Director General de Seguridad.

 

Junto al Guardia fueron premiados los Agentes de Vigilancia Rafael Guijarro Cuenca, herido en el atentado, y Francisco Fernández Prados que marchaba a la derecha del Rey.

 

Posiblemente este atentado constituya una de las páginas más desconocidas de nuestra historia patria y especialmente de la historia particular de la Policía Española, pese a tratarse de un servicio brillante que realizaron efectivos de los Cuerpos de Seguridad y Vigilancia, impidiendo con su decisiva actuación y merced al establecimiento de un correcto dispositivo de seguridad, el asesinato de S.M. el Rey D. Alfonso XIII. 

José Eugenio Fernández Barallobre (1) 

1.- Inspector (R) de la Policía Nacional y Alférez R.H. del Cuerpo de Infantería de Marina.