Nos vamos al Valle del Ebro, a un tiempo intermedio entre los siglos VIII y IX, para recordar a la familia de los Banu ben Qasi, que en el siglo IX tuvo el poder en la frontera septentrional de la España musulmana. Descendía del visigodo Casio, nombre con el que quedaría ligado a toda la dinastía.

Este hispanorromano era conde en la región del Ebro cuando los musulmanes conquistaron la Península Ibérica y no dudó en someterse a Muza y adoptar el islamismo con toda su familia. Para ganar su confianza prometieron servir fielmente a las autoridades cordobesas. El nieto de Casio, convertido ya en Muza ben Fortún ben Qasi, vivió en los tiempos de al-Fihrí y al-Sumayl cuando sitiaron Zaragoza en el momento que las tropas de Carlomagno intentaron conquistar esta plaza en el año 778.

Partidario convencido del primer emir omeya, recuperó la capital, triunfando sobre los rebeldes yemeníes, que capitaneaba Said ibn al-Hysein al-Ansarí, aunque un año después sería asesinado por otro rebelde: Matruh, hijo de Sulaimán, valí de Gerona y Barcelona. Para premiar su fidelidad el emir Hixam nombró al hermano de Muza ben Fortún, Mutarrrif, valí de Pamplona, aunque sólo permaneció en el cargo diez años, al ser víctima de una sublevación de los navarros y francos en 799. El emir al-Hakam envió a Amrtús para que ocupara Zaragoza en el año 802, y este mismo año fortificó Tudela, nombrando a su hijo Yusuf valí de la ciudad.

Este nombramiento fue considerado una afrenta por los Banu Qasi, que aspiraban a monopolizar el poder en todo el Ebro. Por esa causa se levantaron contra la autoridad del emir, aliándose con los navarros, y juntos controlaron Tudela en el año 803, haciendo prisionero al hijo de Amrús, encerrándole en una fortaleza a orillas del río Arga, la actual Huarte Araquil, y para otros, la Peña de Echauri. Amrús tuvo que organizar un ejército en Zaragoza y, con ayuda de su primo Sabrit, gobernador de Huesca, avanzaron contra los rebeldes. Tras vencerles, Sabrit se dirigió a la roca de Kays, liberó al cautivo y retornó a Zaragoza.

En la primera década del siglo IX, la presencia de los francos en Navarra se fortalece. Los anales francos del 806 señalan que los vascones de España eran fieles al emperador Carlomagno. Incluso el propio Amrús mantuvo contactos con ellos, que llenaron de inquietud al emir en el año 810. Dos años más tarde, tras su muerte, tuvo lugar la reconciliación de los Banu Qasi con Córdoba, si bien, en ese tiempo, ya se había hecho más estrecha la alianza entre los Banu Qasi y la familia navarra de los Arista. Poco antes del año 788, Muza ben Fortún ben Qasi había contraído matrimonio con la viuda de Íñigo Arista.

Esta mujer tenía, de su primer matrimonio, al fundador del Reino de Pamplona, Íñigo Iñíguez, y del segundo, al personaje más destacado de la dinastía de los Banu Qasi, Muza ben Muza o Muza II. La unión de ambas familias se consolidaría en el año 820 con el matrimonio de Muza II con una hija de su hermano uterino, Íñigo, llamada Assona.

En otro momento de esta época, una hija de Muza II, Oria, contrajo matrimonio con el magnate navarro García, que siempre fue fiel a su suegro. De esta manera se preparaban las familias para participar en la conquista del poder en ambas orillas del río Ebro. Aunque un enfrentamiento por el botín logrado en Cerdeña y Narbona en 841, indispuso al emir con Muza II, que se enfrentó a la autoridad del primero. Así comenzaría una enemistad, que duraría dos años, del emir contra ambas familias ribereñas del Ebro.

En el año 841, Abderramán II vence a los rebeldes y Muza II le promete obediencia, si bien, en el año 847 volvería a separarse de él. Cinco años después, firmarían un tratado por el que Muza II se sometería de nuevo a cambio de ser nombrado valí, garantizando así su autonomía en la región.

Esta estrategia de alianzas matrimoniales de los Banu Qasi sería el estilo que caracterizaría a uno de los monarcas más eficientes del Reino de Nájera- Pamplona, el rey Sancho III el Mayor, a primeros del siglo X, al controlar como territorio reconquistado el tercio norte Peninsular cristiano.

Lástima que, en el siglo XXI, los gobernantes españoles se hayan empeñado en imitar a los musulmanes con el mantenimiento de los desastrosos Reinos de Taifas.