Dedicado a Pedro Sánchez, el okupa de la Moncloa. A Dolores Delgado, que ha sido Fiscal General del Estado y es compañera del juez prevaricador Garzón. Al recién nombrado nuevo Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, que por su pelo ensortijado ya recibe el cariñoso apelativo de cabeza cona. Al próximo Fiscal General de Sala de Memoria Democrática, tanto si es la camarada miliciana dolores Delgado como algún otro cabeza cona. Y finalmente a todos los españoles; para que conozcan el vil y sangriento pasado del PSOE que pretende ocultar con sus “LEYES DE MEMORIA”

Marcelino Valentín Gamazo

Hoy 5 de agosto del 2022, se cumplen ochenta y seis años del cruel y vil asesinato del Fiscal General de la República y de sus tres hijos. Asesinados por milicianos socialistas del pueblo conquense de La Jara, comandados por otro miliciano socialista desplazado desde Madrid para hacer pagar a Marcelino Valentín Gamazo el que hubiera sostenido la acusación contra Largo Caballero -cumpliendo su obligación como Fiscal General de la República- por ser el organizador y máximo responsable de la Revolución de Octubre de 1934. Insurrección armada del PSOE y la Generalidad de Cataluña contra el Gobierno de la Segunda República.

En el juicio resultó sobradamente probada la responsabilidad de Largo Caballero. No obstante el Tribunal Supremo lo absolvió bajo la presión de las milicias socialistas, que amenazaban con una nueva insurrección armada en el caso de que fuera condenado. Ante tamaño desafuero, que ponía en evidencia el que no había ya ni ley ni justicia, El Fiscal General de la República, Marcelino Valentín Gamazo, dimitió de su cargo.

Largo Caballero en la cárcel

En el mes de julio de 1936 todo el mundo en Madrid sabía que aquel estado de cosas  cuyo origen estaba en la proclamación fraudulenta de la Segunda República en el 14 de abril de 1931 no podía durar mucho más. Pero es que además  se había convertido en punto sin retorno, a raíz del asalto al poder del Frente Popular mediante el pucherazo de febrero de ese año.  La situación social era un barril de pólvora, al que sólo faltaba una chispa que lo inflamara. Y esa chispa saltó el día 13 de julio, cuando agentes del Gobierno asesinaron al Jefe de la Oposición Democrática. Y es preciso recordar que para secuestrar al señor Calvo Sotelo en su domicilio, los asesinos habían hecho valer su autoridad, como agentes del Gobierno, ante la escolta que el propio Gobierno tenía dispuesta en el portal de la casa. Escoltas que, casualmente, habían sido cambiados recientemente. Buscando sin duda algunos policías que estuvieran dispuestos a franquear el paso a los pistoleros gubernamentales.

Narcisa Fdez. Navarro de los Paños con ocho años. No sabía entonces el trágico destino que le estaba reservado

Este chispazo que inflamó el barril de pólvora fue providencial -dentro del dramatismo que supuso la muerte del protomártir de la Cruzada- pues el Alzamiento Nacional  “madrugó” a una nueva y tal vez definitiva insurrección armada del PSOE. Que ahora ya, dominando desde el Gobierno todos los resortes del Poder y capitaneando al resto de las fuerzas revolucionarias (anarquistas, comunistas y separatistas) hubieran hecho inviable el Alzamiento Nacional. O lo que hubiera sido igual en sus consecuencias. Porque el Alzamiento Nacional habría fracasado. Y esa media España que no se resignaba a morir hubiera sido aniquilada sin remisión.

Pero volvamos al dramático destino que aguardaba al ex Fiscal General de la República. Bien informado de la explosiva situación política que se vivía en Madrid, decidió irse con toda la familia al pueblo de Rubielos Altos en la provincia de Cuenca. Donde su mujer, Narcisa Fernández Navarro de los Paños tenía fincas. Pensó sin duda que era el lugar más apropiado para capear el temporal que se avecinaba. Pero no contaba con que hasta allí llegaría la larga mano del PSOE y del rencoroso Largo Caballero, que a pesar de no haber pagado sus culpas por la insurrección de octubre del treinta y cuatro, no perdonaba al Fiscal General de la República que se hubiera atrevido a acusarlo ante el Tribunal.

El día 5 de agosto de 1936, a media mañana, se presentó una camioneta con doce milicianos socialistas en Rubielos Altos dirigiéndose a la casa donde se encontraba Marcelino Valentín Gamazo con su mujer y ocho hijos. Manifestaron que debían llevárselos a Albacete a declarar. Los tres hijos mayores estaban jugando al frontón con su primo hermano Jesús María Fernández Medrano. En principio fueron reticentes a obedecer el requerimiento de subirse al camión, e incluso siguiendo las indicaciones de su primo Jesús María pensaron en la posibilidad de que alguno de ellos entrara en la vivienda a coger escopetas y cartuchos, pues tenían varias con munición abundante. Como era lo habitual en las casas de campo de aquella zona con mucha caza.

Jesús Mª Fez. Medrano, con 20 años (centro de la imagen). Tras múltiples peripecias logró pasar a zona nacional, llevándose a su hermana más pequeña, alistándose voluntario como requeté.

La resistencia a acompañar a los milicianos, que en principio no mostraban una actitud amenazante, sino que más bien se presentaban como “agentes de la Autoridad” que debían llevarlos a Albacete a declarar, provocó una cierta tensión en el patio de la casa. Pero presentado el padre, Marcelino Valentín Gamazo, hombre de leyes y de orden, pidió a sus hijos que siguieran las indicaciones de los milicianos, pues no habiendo ningún cargo contra ellos, serían puestos en libertad tras declarar en Albacete. Jesús María Fernández Medrano se negó a subirse al camión, aduciendo que el no era de esa casa, y por ello no iba a seguir los consejos de su tío Marcelino. Como lo requirieran para que se subiera al vehículo, y se negara, alguno de los milicianos hizo ademán de bajarse del vehículo para obligarle… lo que dio lugar a que alguno de sus primos también tratara de bajarse. El jefe de la cuadrilla impuso sosiego, diciendo al que quedaba en tierra: bueno pues si no eres de esta casa, ya vendremos otro día a la tuya para que nos acompañes a declarar.

Jesús Mª Fez. Medrano. Después, de Teniente, combatiría en la División Azul

Cuando ya estaba el vehículo a punto de partir, apareció en el patio el hijo pequeño de Marcelino Valentín Gamazo, Fernandito, de nueve años, que quería ir con su padre y hermanos. Hubo un momento de duda… de si subirlo al camión. Finalmente el que ejercía el mando en aquella cuadrilla de milicianos socialistas le dijo en tono benevolente; tú no, tú te quedas cuidando de tu madre y tus hermanas hasta que volvamos a traer a tu padre y tus hermanos.

En cuanto el camión se alejó del pueblo pararon, y entre golpes e insultos maniataron al padre y a los hijos. Comenzó entonces un auténtico viacrucis, en el cual se alternaban las palizas con los insultos. Advirtiéndoles cual iba a ser su final.

Finalmente en el antiguo camino que va de Tébar al Picazo -hoy carretera- el vehículo se detuvo en la orilla de un olivar.  Aprovechando las curvas en una hondonada que garantizaban discreción para el execrable crimen que iban a cometer, hicieron bajarse al padre y a sus tres hijos obligándoles a internarse unas decenas de metros en el olivar mientras preparaban las escopetas.

Bien fuera para no presenciar la muerte de sus hijos, bien fuera para que con su muerte se aplacara la sed de sangre de aquellos chacales socialistas y respetaran sus vidas, Marcelino Valentín Gamazo pidió que lo mataran primero a él.

Tal vez fuera esta caridad implorada, la que les dio la idea de la crueldad suprema. Obligar al padre a presenciar la muerte de sus tres hijos: Y así los mataron en orden inverso a sus edades. Primero al pequeño, Luis Gonzaga, de 17 años. Luego a Francisco Javier, de 20. Y finalmente a José Antonio de 21 años. Concluyendo con el asesinato de Marcelino Valentín Gamazo al que faltaban nueve días para cumplir de 57 años, quien había osado ejercer la acusación -que le correspondía por su cargo como Fiscal General de la República- contra quien había promovido la insurrección armada contra ella.

José Antonio, Francisco Javier y Luis Gonzaga Valentín Fdez.-Navarro

¿De haber subido al camión Fernando, el hijo menor de 9 años, habría sido también asesinado y además en primer lugar, para que contemplaran su muerte el padre y los tres hermanos mayores? Que nadie lo dude. La memoria democrática de un Frente Popular  –que hoy promulga las leyes de memoria- está llena de casos similares. Y cuando se persiga por ley a quienes afirmen que gracias a la victoria de Franco no se continuaron prodigando ad nauseam estas canalladas, habrá que limitarse solamente a relacionarlas. Y será el lector avisado quien comprenda que por ello el Alzamiento Nacional y la Victoria fueron providenciales. Aunque se prohíba el decirlo. Porque en este Estado de Deshecho en que el PSOE ha convertido a España, se puede decir de todo… pero hay cosas que no se pueden decir.

Pero sigamos los pasos a la cuadrilla de asesinos socialistas. Finalizada la vil fechoría, dejaron los cuatro cadáveres pudriéndose al terrible sol de agosto. Luego pararon en el pueblo del Picazo a tomar unos refrescos y entre risotadas celebraron su hazaña comentando que “estaban duros los perdigones”

Como en esta zona de la Mancha conquense se llaman perdigones a los pollos de perdiz, se supone que alguno de los hijos debió ser rematado pues se “resistía a morir”.

Tras Calvo Sotelo, Marcelino Valentín Gamazo es el primero en la lista

Se conocen con detalle estos atroces hechos, porque dos o tres años después de finalizada la guerra, el dueño del camión que habían requisado los milicianos del PSOE para cometer el crimen, reconoció casualmente a uno de los asesinos en Madrid.

Un individuo que estaba haciendo una mudanza con una camioneta, se acercó a pedirle fuego. Su cara le resultó familiar, sin poder precisar en donde, ni cuando, la había visto antes. Pasados unos días le vino a la memoria que aquella cara era la de uno de aquellos milicianos que tras requisarle el camión, le habían obligado a ir a Rubielos Altos a buscar a un padre y a sus tres hijos, a los que luego habían asesinado cerca del Picazo. Denunció el hecho a la policía, y como recordaba el nombre de la empresa de transportes que figuraba en el costado del vehículo, no se tardó en localizar el vehículo y tras él la detención del asesino.  Fue juzgado, y tras ser condenado a muerte, pagó con su vida ante un pelotón de fusilamiento el crimen cometido. Hoy la “memoria histórica” y la “memoria democrática” del PSOE (de sus correligionarios) lo ha elevado a los altares laicos como “víctima del franquismo” y “luchador por la democracia”  cuando en el Art. 3 declara la ilegitimidad de los Tribunales del franquismo

Monumento erigido en el lugar de los hechos en memoria de los cuatro asesinados

El resto de los asesinos no pagaron sus culpas quedando seguramente emboscados en la España Nacional. Donde a buen seguro se beneficiaron del imparable progreso que alcanzó a todas las clases sociales, empezando precisamente por las más desfavorecidas. Puede ser que algunos abandonaran España para eludir la acción de la Justicia. Hoy esos asesinos que lograron eludir la acción de la justicia también son reivindicados por la infame ley 52/2007 cuando en su Art. 2-3 reconoce y declara la injusticia que supuso el exilio de muchos españoles durante la Guerra Civil y la Dictadura. También entra dentro de lo muy probable que los hijos y nietos de aquella partida de asesinos, milicianos socialistas, sean hoy votantes del PSOE, de Podemos o de Izquierda Unida.

Pero volvamos al desenlace de este abyecto crimen perpetrado por milicianos socialistas que debe formar parte de su “Memoria Democrática”

Y estela funeraria en el mismo lugar y con el mismo propósito

Cuando llegó al pueblo de Rubielos Altos la noticia de que habían aparecido los cuatro cadáveres abandonados en un olivar, partieron unos hombres a buscarlos. Los retornaron al pueblo atravesados sobre la grupa de cuatro caballerías y envueltos en mantas pues había comenzado la descomposición de los cuerpos.

No hace falta una imaginación excesiva para revivir la dantesca escena. Los cuatro cadáveres fueron descargados en el suelo del mismo patio de donde habían salido tres días antes para ser llevados a Albacete a declarar. Allí estaba la esposa y madre de los asesinados: Narcisa Fernández Navarro de los Paños… acompañada de sus cuatro hijas. También del pequeño Fernando, el hijo de tan sólo 9 años que se había salvado milagrosamente de correr la misma suerte que su padre y sus tres hermanos mayores. El único varón de la familia que sobrevivió y que cuando se hizo mayor profesó como jesuita.

La madre, ante sus cinco hijos vivos, fue descubriendo el rostro de los cuatro cadáveres. Y a pesar de estar desfigurados, los fue reconociendo uno a uno, al tiempo que pronunciaba sus nombres. Según testigos presenciales no derramó ni una lágrima… pero por las palmas de la mano le corría la sangre al clavarse las uñas.

EPÍLOGO

Recientemente Pedro Sánchez ha dicho en el 43 Congreso Confederal de UGT: Me gustaría empezar por recordar a una persona fundamental en la historia del PSOE y de la Unión General de Trabajadores (….) que actuó como hoy queremos actuar nosotros.

Esto ha dicho el  narcisito y relamido miramelindo que okupa la Moncloa. Y ante una afirmación tan abyecta, cabe preguntarse si este sujeto ágrafo, huero de todo conocimiento  -y especialmente de historia de España-  no conoce la trayectoria vital de Largo Caballero, el “Lenin español”.

O que cuando dijo que actuó como hoy queremos actuar nosotros estaba ensoñando con la posibilidad de hacer con Santiago Abascal y sus hijos lo mismo que hizo su admirado Largo Caballero con Marcelino Valentín Gamazo y los tres suyos.

Los vermes son indicios claros de putrefacción. Y que este auténtico gusano, que se piensa bella luciérnaga, presida el Gobierno de España, es la mayor evidencia de la descomposición del Estado de las Taifomanías.