Jamás entendí, más allá de por su hispanofobia militante, ese afán medio iconoclasta, medio negacionista de la izquierda y la ultraizquierda en todas aquellas manifestaciones, del tipo que sean, que no se ajusten a sus postulados ideológicos.

Da igual de que se trate ya que siempre hacen bueno el viejo dicho de “dime de lo que se trata para decirte que no”.

Estoy convencido que todo ello obedece al hecho de que jamás en nuestra Historia, nunca, hemos precisado de esa izquierda sectaria y corrupta para alcanzar los grandes hitos de los que está jalonada y por ello, al sentirse al margen del proceso, tratan perversamente de eliminarlo.

Hoy, 2 de enero, conmemoraremos el 530º aniversario de aquel otro 2 de enero de 1492 en el que, SS.MM, los Reyes Católicos, Dña. Isabel de Castilla y D. Fernando Aragón, culminaron la Reconquista de España, expulsando del suelo patrio a los musulmanes que lo habían ocupado siete siglos antes.

Con la entrega de las llaves de Granada por su Rey Boabdill, concluyen más de setecientos años (711-1492) de dominación árabe, sentando así las bases para la creación del moderno Estado de España y de la Nación española, una de las primeras consolidadas de todas las europeas.

En la madrugada de un día como hoy de hace más de quinientos años, el Ejército de los Reyes Católicos se posesionó de la Alhambra granadina como primer gesto de ocupación de la ciudad.

Todas las naciones del mundo civilizado celebran y festejan por todo lo alto tanto su independencia como la reconquista de su libertad, todas menos España donde, hoy en día, todavía algunos energúmenos de la izquierda radical y podemita, muchos de ellos en el gobierno, se obstinan, contando con el apoyo de esa prensa ignorante, afín a su causa, bien pagada con el dinero de todos, en levantar su voz exigiendo eliminar este tipo de celebraciones.

De hecho, se argumenta de forma falaz que la conmemoración de aquella gesta constituye un acto sectario y excluyente protagonizado por la extrema derecha que pretende dar la espalda a una realidad histórica cual es la huella musulmana dejada en Granada.

Que nadie se deje engañar y, mucho menos, que permitan que se distorsione la historia. La invasión musulmana ni fue pacífica ni amistosa, llegaron aquí a apoderarse de lo nuestro, de nuestras costumbres "manu militari", a esclavizarnos, a eliminar nuestra Religión, a sepultar nuestra cultura heredada de la presencia romana y visigoda, así que no hubo otro remedio que echarlos a patadas y eso es, precisamente, le guste o no la pijoprogresía bellaca, lo que celebramos hoy.

Sin embargo, estos mismos que, como botarates, exhibiendo banderas islámicas, claman contra la celebración de esta fecha histórica y exigen su supresión, llegado el 12 de octubre modifican el discurso, invirtiendo los términos, y levantan la voz aduciendo que nuestra presencia en América se produjo como consecuencia de una invasión y de la ulterior conquista de aquellos territorios, sin siquiera establecer las notables diferencias que existen entre ambos hitos históricos.

Todo aquello que pretenda exaltar las grandezas de España a lo largo de la historia, es igual que sea el 2 de enero, el 12 de octubre, el 2 de mayo, la conmemoración de la batalla de Bailén o de la conquista de Méjico, es necesario suprimirlo para así eliminar, poco a poco, la huella que hemos ido dejando en el devenir de los siglos. El objetivo, lo hemos dicho muchas veces, es matar el alma de España, el resto para estos malvados individuos e individuas -todavía hay más de estas que de los otros- es irrelevante.

La falta de respeto y el desprecio de la historia y de nuestros valores patrios por parte de la bellaquería izquierdosa clama al cielo y nos exige, cuando menos, una reflexión interior para tratar de entender que persiguen con tan deleznables acciones.

Cuando la malvada y miserable “podemia”, oculta tras aquella falsa piel de cordero de jóvenes universitarios que venían a limpiar la corrupción política de la escena nacional, hizo acto de presencia en nuestras Instituciones, su objetivo no era otro que llevarse por delante la mayor parte de las tradiciones que conforman el alma de España para reemplazarlas por sus postulados marxista-culturales, la nueva forma de dominación comunista.

Así, fueron muchos los actos que, exaltando los valores patrios, fueron eliminados en ciudades y pueblos, desapareciendo del calendario anual de celebraciones. Actos, muchos de ellos, que no han vuelto a celebrarse, al menos con la misma impronta que se conmemoraban antes, en especial en aquellas localidades cuya gestión asumió el Partido Socialista Obrero Español entregado, en su totalidad, en los brazos de la ultraizquierda. Ejemplos, muchos, pero hoy no cumple referirlos.

Poco a poco, todas nuestras señas propias de identidad van despareciendo, no solo las que celebran nuestras gestas y exaltan nuestros valores como nación, sino también las singularidades de nuestra cultura: nuestro Teatro cásico, la Zarzuela, los Toros, la danza española, las celebraciones de la Semana Santa, nuestra forma peculiar de entender la Navidad…

Todo va cayendo en el olvido y a las nuevas generaciones, los enseñantes, acomplejados y temerosos, les educan en cualquier cosa menos en el orgullo de sentirse españoles y de asumir nuestra historia como el mejor de los legados que pueden recibir.

Hoy, un montón de mediocres sin formación alguna, esos que se hacen llamar “influenciadores”, como es el caso de esa pequeña estúpida ecologista, se han convertido en los ídolos de pies de barro a los que idolatra nuestra juventud, a cada paso menos preparada más allá de saber usar un móvil o un ordenador para entrar en las perversas redes sociales sabiamente dirigidas desde instancias globalitarias.

Estamos asistiendo impávidos al ocaso de nuestra civilización, al ocaso de nuestra cultura y lo hacemos en silencio, sin protestar, ocultos, como perritos falderos, tras esos antiestéticos bozales que muchos ostentan orgullosos como claro símbolo de su sumisión al poder totalitario venga del lado que venga del espectro político.

Entretanto, tipos siniestros como el cherepudo -otrora de melena sucia-, son premiados por contribuir a la destrucción de España y reciben prebendas y honores inmerecidos que constituyen todo un agravio para aquellos que se los han ganado con esfuerzo, méritos y sacrificios y, en general, para todos los españoles de bien.

Pese a todo, hoy es 2 de enero y debemos recordar que, un día como hoy de hace quinientos treinta años, los ínclitos Reyes Católicos, Dña. Isabel y D. Fernando, culminaron la reconquista de España, expulsado al moro a patadas por donde había venido sin que nadie lo llamase.

¿Qué nos llaman fachas? Peor para ellos. De todas formas, es igual, ya que nos lo van a llamar tanto por celebrar la toma de Granada como si lo hacemos con motivo de la victoria en Lepanto, los sitios de Zaragoza, la defensa de La Coruña contra el inglés, decimos que nos gusta la Zarzuela, vamos a los Toros o salimos en una procesión de Semana Santa.

Ya está bien de agachar la cabeza. Ya está bien de someternos a esta dictadura de lo políticamente correcto marcado por la ultraizquierda y la izquierda corruptas. Ya está bien de temer a que nos vejen e insulten. Ya está bien de permitir que se eliminen nuestras costumbres y tradiciones. Ya está bien de acobardarnos ocultos tras el símbolo por excelencia de la sumisión: el bozal. Sintamos siempre el orgullo de ser y sentirnos españoles y participes de ese gran proyecto común que se llama España.

Hoy es un buen día para ello.