La sectaria e indecente ley de la memoria histórica del impresentable de Zapatero y sus lacayos, que el desahogado  Rajoy no se dignó en derogar y con la pretensión ahora de corregirla y aumentarla por parte del fraudulento y mentiroso matón psicópata, -que de forma ilegítima habita en la Moncloa- y su cuadrilla de ministros, se ha ensañado, y si no se lo impedimos se ensañará todavía más, con ilustres personajes de nuestra historia, que él único delito que cometieron fue ser profundamente católicos, españoles de una pieza y combativos contra las tesis y proclamas  del marxismo internacional. Es lo que concierne al coruñés Arcadio Vilela Gárate, que por motivos de esa ley ha sido condenado al olvido más indecente.

 

Arcadio Vilela, que había nacido en La Coruña en 1883, era sin duda una personalidad muy querida y apreciada en la ciudad, debido a su gran actividad de colaboración altruista con diferentes sociedades de la ciudad, al margen de su profesión de profesor mercantil.

 

Entre ellas figuraron  el ser bibliotecario segundo de la Liga de Amigos, sociedad organizadora de las fiestas de verano de la ciudad durante años; vocal en la Sociedad de Tiro de Pichón y de la Comisión mixta administrativa del Teatro Principal; vocal de la junta de caballeros de la Cofradía del Pilar; vicepresidente de la asociación benéfica El Portal de Belén; secretario de la Escuela de ciegos y niños pobres y  directivo de la Asociación de la Prensa. Casado en 1917 con Mercedes Ramudo, era padre de cuatro hijos Arcadio, Mercedes, Pilar y María Victoria. 

 

Arcadio fue un entusiasta y un caballero del deporte. Magnifico organizador de eventos deportivos, su pasión se decantó por el tenis del que fue un precursor en La Coruña.  Colaborador habitual de temas deportivos de la Hoja del Lunes y del Ideal Gallego, periódicos coruñeses   que tenían su redacción en la calle de Rubine número 10.

 

En la mañana del lunes 20 de julio de 1936 la guarnición de La Coruña se alza contra el gobierno sectario del Frente popular. Con un ambiente extremadamente enrarecido y peligroso en las calles, Arcadio, simpatizante del pensamiento de José Antonio Primo de Rivera, sale de su casa para unirse al Ejército y participa en un acto heroico cuando acude en demanda de una señora que solicitaba auxilio ante el inminente asalto de su casa, situada en la calle de Juan de Vega por parte de las milicias socialistas capitaneadas por “los hermanos de la lejía”. En aquel enfrentamiento Arcadio resultó herido de gravedad y fue evacuado a la casa de socorro de la calle del Hospital.  Recuperado de sus heridas, y ya con la Coruña ganada para la causa Nacional,  sirve por espacio de un año en los Caballeros de la Coruña, milicia de vigilancia y seguridad creada en La Coruña al inicio del Alzamiento Nacional del 20 de julio y a la que nos referimos en el artículo publicado en este Correo de España el pasado 7 de mayo. Por aquel arrojado y valeroso gesto de acudir en defensa de aquella ciudadana desvalida y por haber sido el primer miembro del Cuerpo herido durante los sucesos de julio, los Caballeros de La Coruña lo nombrarían cabo honorario en un solemne acto castrense celebrado fechas más tarde. Sin embargo Arcadio, que en esos instantes contaba 53 años  no acudirá al frente y se mantendrá en La Coruña en funciones de retaguardia.

 

Algún malvado, sin fundamento, incluyó a Arcadio en las milicias represoras. Bajo ningún concepto, Vilela Gárate  participó en actos de represión en nuestra ciudad. Muy al contrario, con su desprendido servicio y bonhomía, intentó ayudar a muchas personas que se hallaron en gravísimas dificultades al haber pertenecido antes de la guerra a  partidos y organizaciones de izquierdas.

 

Su hijo Arcadio Vilela Ramudo, en unión de otros amigos, se presentó voluntario en el cuartel de la Guardia Civil y combatió con las tropas en las calles coruñesas. Alférez provisional, mandará un Tábor de Regulares y participará en numerosas acciones de guerra, entre ellas la batalla del Ebro.

 

Al terminar la guerra civil, Arcadio Vilela Gárate, vuelve a su pasión favorita, el deporte y se distingue como un gran dinamizador del tenis en la ciudad. Gracias a sus desvelos, el nuevo estadio de Riazor tendrá una pista de tierra batida para practicar tenis, al igual que el Leirón del Sporting club en su parque de Juan Flórez. Igualmente trabajó de forma notable, formando parte de una comisión que trataba de levantar un monumento a la Virgen del Carmen en la Peña de las Ánimas.

 

El domingo 19 de mayo de 1946, Arcadio se encaminó hacia la redacción del Ideal Gallego en la calle de Rubine, para plasmar sus comentarios en la edición de la Hoja del Lunes que saldría a la calle al día siguiente. Era una tarde-noche de calor y el maquis, aquella organización siniestra y comunista, que pretendió invadir España para continuar la guerra civil, andaba haciendo de las suyas por los montes gallegos en lucha contra la Guardia Civil y la Policía Armada.

 

La zona de Rubine y Riazor está esa tarde muy vigilada por efectivos de la brigadilla del Benemérito Instituto entre los que se encuentran varios de su miembros como Sánchez, Expósito, Peralta, Carneiro, Dorado, los cuales  siguen los pasos a un comando terrorista. Han tenido un soplo de que alguien pretende secuestrar a una hija de Abelenda, un conocido coruñés que vivía en un chalet de la avenida de la Habana, en la Ciudad Jardín. El criminal grupo marxista ya había intentado atentar horas antes contra Radio Coruña. Igualmente han pretendido sin conseguirlo introducir una bomba en el edificio de La Terraza de los jardines de Méndez Núñez. Ahora su presa era la joven muchacha que con el paso de los años se convertiría en esposa del recordado Rafael Salgado Torres, coronel del Ejército, Consejero Nacional del Movimiento, gran amigo y presidente entre otros cargos del Deportivo de la Coruña y de una peña que en el final de los años setenta formamos un grupo de amigos en la desaparecida cafetería César Blanco de la plaza de Pontevedra.

 

Redacción de El Ideal Gallego en la coruñesa calle de Rubine donde fue asesinado Arcadio Vilela Gárate.

La brigadilla anda inquieta y recorre una y otra vez el trayecto que va  del chalet de Abelenda a la calle de Rubine. Nadie se imagina que la víctima del comando asesino va a ser Arcadio Vilela. Debían de ser algo más de las nueve y cuarto de la noche cuando Arcadio entra en el portal número diez de la avenida de Rubine. Allí, escondido detrás de la puerta de entrada, lo espera un joven de cabellos negros y tez morena, posiblemente José da Silva, de unos veintitantos años de edad que en el momento en que Arcadio sube las escaleras se acerca a él por la espalda y le dispara seis veces a quemarropa. El asesino sale al centro de la calle, desorientado y dubitativo, acosado por elementos de la Guardia civil que han oído los disparos. Tiene tiempo de efectuar varios disparos más y a la carrera se introduce en el corralón de Rubine, que estaba enfrente mismo del periódico, marcado con el número 13 B. Sube hasta un tercer piso de la casa de la izquierda. Obliga a sus inquilinos a punta de pistola a que le franqueen la entrada e inicia un recorrido por diversos tejados en dirección a la plaza de Pontevedra, que le van a llevar a descolgarse por una claraboya de un patio interior del número tres de la misma calle donde hay una tienda de comestibles a nombre de Gerardo Busto.  

En la actualidad en ese inmueble de nueva construcción, está situada una agencia de viajes. El propietario de ultramarinos vendía también algo de calzado. El pistolero obliga a Gerardo Busto a que le facilite unas zapatillas. Espera unos minutos y sale tranquilamente de la tienda perdiéndose por las calles adyacentes. 

El dueño de un café de la zona ve rondar por la plaza de Pontevedra a Manolito Bello, que había vivido en la misma plaza y  lo delata a las autoridades.  Bello Parga era un coruñés de ideas comunistas que se había unido al maquis a primeros de 1946 y había participado como componente del comando “La Mariña”, que mandaba Marcelino Rodríguez Fernández, alias “Marrofer”, en el atentado en Cambre que costaría la vida al falangista Manuel Doval Lemat. Intervendrá también en la acción de colocar un paquete de explosivos en la vía férrea Coruña-Palencia, cerca de la estación de Guísamo. También participará en la colocación de un petardo en uno de los camiones de las instalaciones de Radio Nacional de España en Santa Margarita operación que lleva a cabo junto a José Da Silva,  que  también se había unido recientemente a la guerrilla comunista.

 

Manuel Bello Parga miembro del comando guerrillero comunista, que asesinó a Arcadio Vilela Gárate.

El comando que asesinó a Arcadio Vilela estaba formado por Manuel Bello Parga, José Pedreira de la Iglesia, José Dasilva alias “El Moreno”, Enrique Ferreirós, Francisco Cousillas y un tal Claudio. Se dijo siempre, -incluso la hija de Arcadio Vilela, la distinguida y encantadora Piluca-, está todavía en esa creencia de que Manolito Bello fue el autor material del asesinato de su padre. Sin embargo aquella tarde-noche, en el momento del asesinato de Arcadio Vilela,  mi recordada madre, María, que vivía en el primer piso  del número 13 A, de la avenida de Rubine, enfrente de la redacción y oficina del diario El ideal Gallego, acompañada por sus hermanas Mercedes e Isabel, esta última, madre del que con el paso del tiempo sería jugador y entrenador del Real club Deportivo, Carlos Torres, se hallaban asomadas al balcón de su casa, desde donde presenciaron toda la escena. Mi madre pudo ver perfectamente y con precisión la cara del asesino, un joven de aspecto agitanado que no era  en absoluto Manolo Bello, pues ella le conocía de vivir,-antes de echarse al monte-, en la plaza de Pontevedra. Así se lo hizo saber  a la guardia civil que la llamó a declarar al cuartel de Juan Flórez.

 

Bello y otros miembros del comando, después de colaborar en el atentado contra Arcadio Vilela, se enfrentaron en su huida a tiros con la Benemérita.  De resultas del tiroteo fue herido el cabo de la Guardia Civil, Vicente Peralta López.

 

En el momento de ser detenido, a Manolito Bello se le ocupó una pistola Astra de 9 m/m largo que se le había encasquillado después de realizar seis disparos. El 24 de junio del mismo año, Manuel Bello es juzgado y condenado a muerte como autor del asesinato de Arcadio Vilela. La sentencia se cumplirá mediante garrote vil el día 11 de julio de 1946.

 

El entierro de Arcadio Vilela constituyó una imponente manifestación de duelo y de rabia contenida.  Presidido por las primeras autoridades, el comercio cerró para acompañar a tan notable coruñés. Miles de personas exteriorizaron su silenciosa protesta. Las calles por donde pasó el cortejo estaban repletas de público. El féretro fue llevado  a hombros por sus compañeros de la prensa coruñesa, miembros del Movimiento, de Sindicatos, oficiales del Ejército, así como por concejales y directivos del Apostolado de la Oración de la que el finado era Vicepresidente.

 

El día 24 de mayo se celebraron los funerales oficiales por el alma de Arcadio en la Iglesia parroquial de Santa Lucía. Su hijo Arcadio, capitán de regulares, presidió las honras fúnebres, acompañado por sus hermanas Pilar y Victoria, familiares, el alcalde, Eduardo Ozores y por miles de coruñeses que abarrotaron el templo y otros muchos que se quedaron a las puertas sin poder acceder a él.

 

Panteón de Arcadio Villela Garate en el cementerio coruñés de San Amaro.

 

El odio y la sinrazón se habían llevado a un hombre bueno. Un completo deportista que había practicado tenis –su gran pasión-, atletismo, esgrima, remo, natación, hockey hierba, ciclismo, tiro,  fútbol y ajedrez, siendo de estas últimas disciplinas deportivas presidente de sus respectivas   federaciones gallegas. Incluso había tenido el honor de disputar una partida ajedrecística al gran maestro, campeón del mundo Alejandro Aleikine. 

 

En 1941 al cumplirse sus bodas de oro con el deporte y convertirse en el deportista decano de nuestra nación, fue objeto de un gran homenaje. El ayuntamiento, en aquella ocasión, le premió con la medalla de oro al deporte  que él llevaba con honor a todas partes. Por su parte el Sporting club, ya con el nombre de Casino de la Coruña,  estableció un torneo de tenis que se llamaría Copa Vilela y que se disputaría anualmente entre cuatro equipos de la región. Su cariño hacia el Sporting club y sobre todo al parque del Camino Nuevo, el conocido Leirón, fue enorme. Incluso había sido junto  al presidente Olmos, el gran valedor para adquirirlo en  1906. Arcadio, miembro de esa junta, contaba con tan sólo veintitrés años de edad. En el parque logró introducir el tenis como deporte principal. Desgraciadamente Arcadio no pudo ver con vida la pista de tenis que el ayuntamiento realizó en el nuevo estadio de Riazor. Su gran personalidad, bondad, espiritualidad, y su apasionado amor a La Coruña dejaron una huella imborrable. Aquel coruñés de sesenta y tres años, de elegantes maneras y blancos cabellos que se llamó Arcadio Vilela Gárate, cuyo único delito fue ser un ejemplar deportista y un español de  honor y bien.

 

PD: En recuerdo de Arcadio Vilela Gárate al cumplirse el setenta y cinco aniversario de su asesinato.