El sábado día 1 de junio de 1985, el Rey de España Juan Carlos I se desplazó a La Coruña para presidir los actos de homenaje a las Fuerzas Armadas que iban a tener como marco la luminosa ciudad gallega. Los Reyes y las infantas Elena y Cristina,  llegaron al aeropuerto de Labacolla, donde fueron recibidos por el presidente del Gobierno, Felipe González y el presidente de la Xunta de Galicia, Gerardo Fernández Albor. Del aeropuerto se trasladaron a la Plaza del Obradoiro, donde el Rey pasó revista a una compañía de  infantería que le rindió honores de ordenanza.

 

Ya en el palacio de Raxoi, el presidente de la Xunta, Gerardo Fernández Albor, impuso la medalla de oro de Galicia al Monarca. En presencia de innumerables autoridades, el presidente Albor señaló: “Esta medalla, supone la gratitud hacia quien con tanta dignidad, autoridad moral y  espíritu de servicio, ha conjugado la esencia de la Monarquía con los ideales de democracia de España y los pueblos que la integran”. Por su parte Don Juan Carlos con breves palabras agradeció la alta distinción y refiriéndose a ella, resaltó “una prenda de incalculable valor, que refleja la identidad y vinculación de la Corona con esta noble tierra y es una prueba de la solidaridad de esta comunidad con los grandes objetivos de justicia y libertad que como Rey defiendo y defenderé. Pido ayuda para trabajar en pro de esta empresa, a terra nosa, que se llama España”.

 

Una vez finalizado el acto los reyes  se desplazaron hacia La Coruña.  A su llegada fueron recibidos por el Alcalde, Francisco Vázquez con quien inauguraron la Casa de la Ciencias, el edificio de la Terraza, como sede del RTVE, el Kiosco Alfonso como nueva sala de exposiciones y el palco de la Música. Como curiosidad la Banda Municipal de música, ofreció un concierto  el día de la inauguración del templete y nunca más volvió a tocar en él. La razón es que el palco está situado en la  zona más estrecha de la ciudad y con un equivocado emplazamiento.  En ese punto se juntan dos corrientes de aire, una proveniente del Orzan y otra del Puerto,  que hacen del palco un lugar muy desapacible y de una sonoridad inapreciable.

 

Don Juan Carlos, embarcó en el Náutico y presenció desde el yate Azor, un desfile aeronaval en el que tomaron parte  el portaeronaves Dédalo, cuatro fragatas lanzamisiles, Extremadura, Cataluña, Asturias y Andalucía, tres destructores, Lángara, Blas de Lezo y Méndez Núñez y el submarino Delfín. Al cruzarse con el Azor, las tripulaciones de los barcos dieron siete Vivas a España y desde el Dédalo se efectuaron los veintiún cañonazos de ordenanza.

 

La zona de la Torre de Hércules y sus aledaños, estaban henchidos de gente que siguió con mucho interés las evoluciones de los barcos. El mal tiempo, un día muy nublado con lluvia, impidió el desfile de 135 aparatos de la Fuerza Aérea. Sin embargo por encima de las cabezas de los coruñeses y sobre los barcos, pasaron tres escuadrones de Helicópteros de la Armada, del Ejército de Tierra, del Aire, además de siete aviones contra incendios,  que al volar sobre la tribuna de autoridades, instalada en las cercanías de la Torre de Hércules, soltaron al mar una carga teñida con los colores de la bandera nacional.

 

  1. Revista naval en aguas de La Coruña.

 

Durante toda la semana dedicada a las Fuerzas Armadas, La Coruña se convirtió en un hervidero de uniformes diversos pertenecientes a las diferentes unidades que iban a tomar parte en la parada militar. El muelle Centenario del puerto albergó un gran campamento militar donde se alojaron las diversas unidades que utilizaron la avenida del puerto como vía de ensayo del desfile. Numerosos conciertos, exposiciones filatélicas, de pintura y de diverso material bélico, hicieron las delicias de miles de coruñeses que pudieron contemplarlas. Mientras todas las Banderas de las unidades participantes durmieron la noche anterior en un salón del palacio de Capitanía.

 

Recuerdo de forma muy especial aquella noche anterior al desfile en que unos amigos trabamos amistad con un numeroso grupo de cadetes de la Academia General Militar de Zaragoza. Con ellos cantamos y bebimos en franca camaradería en la bodega Villa Real, la famosa bodega “del Cura” de la travesía de la calle de la Torre, finalizando nuestro recorrido de copas en la discoteca Pirámide, donde su dueño Carlos Saavedra nos agasajó de forma admirable.

 

  1. Cartel Día de las Fuerzas Armadas. La Coruña 

Sin embargo nuestra ciudad no albergó el tradicional homenaje a la Bandera que tuvo lugar en un inolvidable acto presidido por los Reyes de España, celebrado el martes día 28 de mayo en el palacio de Aranjuez donde se conmemoró el bicentenario de la institución por el Rey Carlos III, a propuesta del ministro Antonio Valdés, de la Bandera roja y gualda que en principio dotó a las unidades de la Marina de Guerra. En 1812 en plena guerra de la independencia contra los gabachos de Napoleón, la plaza marítima de Cádiz, baluarte español en aquellos momentos, mantuvo izada la enseña rojo y oro. En 1820 siendo rey Fernando VII la bandera roja y gualda se impone en la Milicia Nacional. En 1843  en el reinado de Isabel II se convirtió en la enseña oficial del Ejército. Los republicanos de 1873 mantuvieron la bandera roja y gualda cosa que no hicieron los de 1931-36 que le añadieron al rojo y amarillo una franja de color morado, error sin precedentes como se pudo comprobar con el tiempo.  Definitivamente en el reinado de Alfonso XII y hasta hoy, con diversos escudos, pasa a ser la enseña sagrada  que simboliza la unidad, integridad, soberanía e independencia de España y representa los valores superiores expresados  en la Constitución española. El acto que emocionó a todos por su belleza y significación, fue un recorrido de nuestra historia patria a través de las anteriores enseñas nacionales portadas por jóvenes soldados en uniforme de época.

 

El domingo día 2 en los Cantones, el Rey presidió el desfile de las Fuerzas Armadas en el que participaron más de seis mil hombres y quinientos vehículos.

 

Minutos ante del mediodía, escoltados por su espectacular guardia a caballo, los Reyes y las infantas hicieron su aparición en la tribuna que estaba situada a los pies del Obelisco. Tras ser saludados por el presidente del gobierno y demás autoridades, el Capitán General de la Octava Región, José Buhigues Gómez, que iba a ostentar el mando del desfile, solicitó permiso para su comienzo.  Con una longitud de 1.300 metros, el desfile discurrió por la avenida de la Marina, Cantón Grande, Cantón Pequeño, Sánchez Bregua, hasta la avenida de Linares Rivas. Miles de personas siguieron la brillante parada militar. Se habían dispuesto veintidós tribunas con una capacidad para 5.000 personas, además de una zona acotada con capacidad para otras mil para diversos invitados. Todo lo demás fue cubierto por las gentes coruñesas que provistas de banderitas nacionales, vitorearon, a todas las unidades, con especial cariño para la Legión y la Guardia Civil. En galerías, balcones, terrazas  y ventanas, cientos de banderas nacionales colgadas, saludaron el paso de las tropas. Recuerdo que presencié el desfile, en una tribuna a la altura del Teatro Colón, invitado por mi buen amigo, José Domingo Vales Vía, capitán de la Unidad de destinos de la Brigada aéreo transportable y jefe de relaciones públicas del propio desfile.

 

  1. Compañía del Tercio Duque de Alba, II de la Legión, que participó en el desfile del día de las Fuerzas Armadas celebrado en La Coruña, el día 2 de junio. En la foto formados en la Dársena. Foto Alberto Martí colección particular del autor

El desfile se inició con el paso de la agrupación de Tráfico de la Guardia Civil y la compañía número 81 de la Policía Militar. Le siguieron la columna motorizada que iba al mando del General de la Brigada de Defensa Operativa del Territorio, Adolfo Vara del Rey. Sección de vehículos anfibios del Tercio de Armada de Infantería de Marina, las banderas y estandartes de todas las unidades participantes que llenaron de clamor y de vivas la gran avenida.  

Unidades de caballería, artillería, ingenieros, intendencia, sanidad y veterinaria de la región, con vehículos con morteros, escuadrón acorazado con carros de combate M-41, blindados A-M 90, baterías de obuses de diferentes calibres 105/14, 120/26 y 122/46, pertenecientes al grupo de artillería de la Brigada aéreo transportable y al RACA 28 con sede en Pontevedra. Le seguían diverso material de los ingenieros, sanidad, intendencia y veterinaria.

 

La aparición de los carros de combate M-47, del regimiento de caballería Almansa número 6, atrajeron todas las miradas de los espectadores, al igual que la artillería autopropulsada de campaña, la artillería antiaérea, los cohetes filo dirigidos Milán, el lanzacohetes Teruel, los Blindados  con ruedas, los transportes Oruga Acorazados y los misiles Hawk del grupo SAM de Jerez de la Frontera.

 

  1. Desfile del día de las Fuerzas Armadas celebrado en La Coruña. Banderas de las unidades participantes. Foto Alberto Martí colección particular del autor

 

Una vez terminado el paso de vehículos y unidades motorizadas dio comienzo el desfile a pie en el que participaron más de cuatro mil hombres, al mando del general de la Brigada Aéreo Transportable, José Camiña Rivas.  Abrió la marcha la Unidad del Regimiento de la Casa Real; academias de Tierra, Mar, Aire y básica de suboficiales del Ejército de Tierra. Unidades del Ejército del Aire, escuadrilla del Cuartel General del MACOM (Mando aéreo de Combate), escuadrilla de alumnos de la escuela de especialistas de León  y Zapadores del mando Aéreo Táctico (MATAC);  Armada, compañía de la escuela de maniobra de El Ferrol, compañía del Tercio Norte de Infantería de Marina y Comando anfibio del Tercio de Armada de Infantería de Marina; Ejército de Tierra, compañía del Regimiento Isabel La Católica nº 29 con guarnición en la Coruña, compañía de la Brigada Paracaidista del Ejército de Tierra, compañía de Operaciones Especiales y una unidad de Damas Auxiliares de Sanidad Militar. Compañías de Escaladores y Esquiadores del regimiento Cazadores de Montaña Galicia 64 con sede en Jaca que llevaban como mascota, según el comentarista de Televisión Española encargado de narrar el desfile “un muy bello perro blanco”; Fuerzas Regulares de Infantería Alhucemas nº 5 de Melilla; compañía del Regimiento de Movilización y Prácticas de Ferrocarriles de Madrid; Colegio de Guardias jóvenes “Duque de Ahumada”, Escuela de Guardias Civiles auxiliares, escuela de adiestramiento de perros y Grupo Antiterrorista Rural.

 

Un masivo lanzamiento de flores desde las tribunas, acogió el paso de las unidades de la Benemérita.  Los diarios al día siguiente, destacaron que se habían puesto en pie, ovacionando su paso, el presidente del Senado, del tribunal Constitucional, el delegado del Gobierno en Galicia, García Sabell y el jefe de la Oposición, Manuel Fraga. Mientras el ministro del interior, José Barrionuevo, permaneció en posición de firmes al paso de las  unidades de la Guardia Civil.

 

Fuerzas Regulares de Infantería Alhucemas nº 5 de Melilla a su paso por Los Cantones en aquel desfile del día de las Fuerzas Armadas celebrado en la Coruña el 2 de junio de 1985.  Foto Alberto Martí colección particular del autor.

 

Una Bandera de La Legión del segundo tercio Duque de Alba, con guarnición en Ceuta, levantó de sus asientos a los coruñeses. Desde los balcones de la Marina cientos de flores cayeron como homenaje a los bravos guerreros del Chapirí y la camisa verde abierta, que desfilaron de forma electrizante a 143 pasos por minutos, haciéndolo las otras unidades a 105 pasos. El escuadrón de sables de la Guardia Civil cerró la magna parada militar.

 

Al finalizar el desfile, los reyes abandonaron la tribuna y se despidieron del presidente del Gobierno y otras autoridades. Ofrecieron un almuerzo a los mandos de todas las unidades navales y terrestres y regresaron  a Madrid.

 

Los antimilitaristas y grupos de extrema izquierda, organizaron una contra manifestación para oponerse a la desfile. El resultado fue un sonoro fracaso. Menos de mil personas recorrieron unas calles, alejadas del centro de la ciudad, donde se escucharon gritos contra el Rey  y las Fuerza Armadas. Miles de sensatos coruñeses, prefirieron arropar a sus soldados, demostrándole su cariño y adhesión llenando hasta los topes las calles por las que discurrió tan brillante acto militar.

 

Unos años después, el presidente del Gobierno, Felipe González, acosado por los escándalos del BOE, Roldán y la Guardia Civil, del Gobernador del Banco de España Mariano Rubio, de los GAL, entre otros, se descolgó con unas enigmáticas declaraciones, donde aseguraba que al Rey  le habían querido asesinar aquella mañana en La Coruña. A día de hoy, el señor González Márquez,  no ha presentado ninguna prueba concluyente para apoyar tal aseveración. Tan solo ha quedado en el ambiente el arcano de sus palabras. Calumnia, que algo queda. Siempre el PSOE con la mentira por bandera.

 

De resultas de aquella cortina de humo, de cuyas creaciones ficticias son especialistas las izquierdas españolas, fue acusado, sin fundamento ni pruebas,  Rafael Regueira Fernández, “Lucho”, dueño de la céntrica y conocida cafetería coruñesa “Picadilly”, así como varios honorables mandos las Fuerzas Armadas. Un repugnante artículo del diario “El País” -el rotativo que más daño le ha hecho a España en estos últimos  cuarenta años-  en el que involucraba sin ningún tipo de evidencia, al Teniente General Milans del Bosch, al Teniente Coronel Crespo Cuspinera, a los comandantes, Gasca Quintín, Pardo Zancada y Sáenz de Inestrillas, así como al civil  Regueira Fernández, hizo que todas las televisiones del mundo se hicieran eco de tan alucinante información.

 

El Escuadrón de Sables de la Guardia Civil cerró con su paso aquel desfile de La Coruña del 2 de junio de 1985.

 

El plan urdido, según el País, era alquilar un bajo en el Cantón Grande coruñés y desde allí hacer un túnel hasta las inmediaciones del Obelisco, donde estaría instalada, como así fue, la tribuna desde donde los Reyes, las altas magistraturas del Estado y las principales autoridades gallegas, presenciarían el desfile. Allí depositarían cien kilos de explosivo que detonarían en un determinado momento de la gran parada militar para de esa forma hacer volar por los aires a todos los que estuviesen situados en aquella tribuna.

 

La idea de concebir dicha operación fue de por si descabellada y una auténtica tomadura de pelo a la inteligencia de los ciudadanos, ya que los que conocimos a Lucho –ya desaparecido- podemos afirmar con rotundidad que no tenía en absoluto preparación cultural ni política para dirigir una operación de tal naturaleza. Es más cuando se realizó, un par de años después del desfile, la edificación del aparcamiento subterráneo de los Cantones, no se encontró ningún túnel, ni otro tipo de obra que hubiese llamado la atención de los operarios que trabajaron en la construcción de dicho parking. Fue una estafa al por mayor. Una operación que se acercaba  más a las andanzas cinematográficas del casposo Torrente que a la realidad. Fue algo inaudito. A mayor abundamiento. Ante una acción de tal envergadura, nada más y nada menos que el intento de asesinar al Rey de España, ningún juez ni fiscal abrió diligencias o investigación para depurar responsabilidades. Fue una gran cortina de humo para tapar aquellos sonados escándalos del PSOE. Blanco y en botella. Una enorme mentira.

 

Lucho tuvo una gran afinidad con diversos encausados en el 23 de Febrero. Esta amistad se inició cuando comenzó a visitarlos en el Servicio Geográfico del Ejército, sito en Campamento (Madrid), donde se celebró el juicio por los sucesos de asalto al congreso de los Diputados. Allí les colmó de atenciones y regalos, marisco incluido, pues Lucho era armador y poseía un par de barcos pesqueros. Es a través de esas visitas donde traba amistad con Milans del Bosch,  Pardo Zancada,  Antonio Tejero, Pedro Más y  los demás encausados.

 

Esa relación continuó cuando el Teniente General, Milans del Bosch fue trasladado al penal militar de Caranza en El Ferrol y el Teniente Coronel Tejero al Castillo de la Palma, situado también en la incomparable ría de la ciudad departamental.

 

Lucho se convirtió en un fiel seguidor de aquellos militares a los que consideraba unos héroes y unos auténticos patriotas. Pero de eso a ser la cabeza visible de un complot para llevar a cabo un atentado de esas características, existe un descomunal abismo. Regueira era una persona temperamental, muy parlanchina e indiscreta, que no podría, bajo ningún concepto,  encabezar una acción de esa envergadura.

 

  1. Las Banderas de las Unidades que iban a participar en el desfile de las Fuerzas Armadas, reposan en un salón del palacio de Capitanía General de La Coruña. Colección particular del autor.

 

Tuve el placer de conocer a la mayoría de esos mandos militares  implicados en el 23 de febrero. Les visité en prisión como hicieron multitud de españoles y  todos ellos me parecieron unos patriotas románticos. leales y con honor, pero en absoluto, ni locos ni tontos.

 

El Teniente General Milans era un perfecto caballero de los pies a la cabeza. Monárquico hasta el tuétano, se sabía engañado por el general Armada, pero su formación y  disciplina, le impedía poner en tela de juicio el papel tan ambiguo desempeñado por el Rey aquella noche.

 

Su abogado, gran amigo personal, me confirió la tarea de presentar ante el juzgado militar de La Coruña, el documento por el que se le ponía en libertad. Así lo hice y por su avanzada edad, Jaime Milans del Bosch, abandonó la prisión militar de Caranza y regresó a su domicilio.

 

El capitán Gasca, por ejemplo, estuvo en el Castillo de la Palma, cumpliendo condena, por ser uno de los firmantes del manifiesto de los cien, un documento firmado por cien oficiales del Ejército español a finales de 1981, “para dar cumplida respuesta, -según los firmantes-, a los juicios paralelos que una parte de la prensa difamadora y tendenciosa, hace de nuestros compañeros que van a ser juzgados por los hechos acaecidos el 23 de febrero de 1981”.

 

Ignacio Gasca, continuó su carrera y se retiró de coronel. Nunca se vio inmerso en veleidades golpistas. Al igual que el Comandante Ricardo Pardo Zancada, -que ya la propia  rocambolesca y malvada información del diario El País, destacaba que se había descolgado del proyecto-, que una vez cumplida su condena, jamás se dedicó a ningún tipo de conspiración. Finalizó su carrera de periodismo con brillantísimas notas y colaboró con diversos medios escritos.

 

El Teniente Coronel José Crespo Cuspinera fue juzgado por otro increíble golpe de estado sucedido en octubre de 1982. Acompañado por su hermano, Jesús y por el también coronel Muñoz Gutiérrez, un auténtico caballero,  se les acusó de tener en su poder documentos para asaltar el palacio de la Zarzuela, así como de intentar fabricar bolígrafos pistola, como si de unos James Bond cualesquiera se tratase. Por supuesto los bolígrafos no aparecieron por ningún lugar. El desmembramiento de la UCD, que veía golpes de estado por todas partes, algo que le llevaría a zozobrar, de forma abrumadora, en aquellas elecciones de 1982 que dieron un triunfo histórico al PSOE, hizo el resto.

 

Por su parte el comandante Ricardo Sáenz de  Inestrillas, que sería juzgado por la Operación Galaxia, -una charla de café según dictaminó el tribunal que juzgó la causa- y que posteriormente sería asesinado  por un comando de ETA, en el que se encontraban los sanguinarios terroristas De Juana Chaos, Idoia López Riaño y Juan Manuel Soares Gamboa, (hasta la fecha el único verdaderamente arrepentido de la organización terrorista), era una excelente persona con una sólida formación cristiana e intelectual que no ocultaba sus ideas falangistas e incapaz de hacerle daño a nadie. Fue uno de los miembros de la XVI Centuria Montañera de la Guardia de Franco  que el 20 de noviembre de 1957 en la lonja del Monasterio de San Lorenzo del Escorial una vez finalizados los funerales por el alma del Fundador de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, presididos por el Jefe del Estado, Francisco Franco, que ese día no llevaba el Uniforme de Jefe Nacional del Movimiento, en el momento en que pasaba revista a dicha formación, el jefe de la centuria, Manuel Cepeda, ordenó dar media vuelta, dándole la misma en bloque la espalda a Franco. La escena fue vista por todos los presentes, altos mandos de la Nación, invitados oficiales, cuerpo diplomático, jerarquías eclesiásticas, prensa y público en general. Franco se dirigió sin hacer ningún tipo de gesto hacia su vehículo oficial. Un coronel le comentó a Franco: ¿Qué hacemos con esa centuria díscola? Franco sin pronunciar palabra hizo un movimiento con su mano derecha como queriendo decir “Que no se haga nada”.

 

En recuerdo del Comandante Sáenz de Inestrillas no podemos soslayar que en los primeros años ochenta y hasta 2009, ETA, -a la que ahora el malvado traidor Sánchez pretende blanquear-, hizo correr la sangre a raudales en atentados indiscriminados contra inocentes y desprotegidos militares, guardias civiles, policías y paisanos, asesinándoles siempre de forma artera, cobarde y traicionera. El descontento indignación y rabia contenida  en la Fuerzas Armadas y Fuerzas de Seguridad, fue evidente, sobre todo en los finales de los años setenta, principios de los ochenta. Si se hubiera sancionado o procesado a jefes, oficiales, suboficiales y tropa, por todas las charlas de café, producidas por aquellas fechas en los acuartelamientos españoles, el Ejército, la Armada, la Aviación, la Guardia Civil y la Policía se habrían quedado sin efectivos.