Si la contemplación de viejas fotografías, con ese sabor a tiempo perdido que emana de las gastadas y amarillentas imágenes captadas en papel, produce siempre una evocadora sensación de serena complacencia capaz de trasladarnos, por un momento, al marco temporal en el que fueron obtenidas; el encontrarse frente a antañonas instantáneas que recogen una parte, aunque sea mínima, de la historia particular del Cuerpo al que se pertenece hace que esta íntima complacencia se vea notablemente acrecentada.

La Coruña, en la que fueron tomadas las cuatro fotografías que ilustran el presente trabajo, es una ciudad rica en recuerdos, en hechos vividos que han dejado impronta en todos los que hemos tenido la dicha de nacer en este rincón del noroeste de España. Sus costumbres, sus rincones, sus monumentos y sus gentes, sobre todo sus gentes, han sido captadas en innumerables ocasiones por los, a veces, indiscretos objetivos de las cámaras fotográficas portadas al hombro de aquellos trashumantes fotógrafos que antaño recorrían parques y calles de las ciudades con el fin de dejar plasmadas en papel las diarias vivencias ciudadanas.

Con el paso del tiempo, como mejor aval, estás viejas fotografías han sido rescatadas del olvido y se han convertido en objeto de la publicación de muchos y bien presentados álbumes fotográficos que, a instancias de algunas Instituciones y Entidades, han servido para recrear, ante propios y extraños, un pasado que cada vez se va quedando más lejano en la perspectiva del concepto temporal de cada uno.

Firmas comerciales tan legendarias como “Foto Blanco”, todavía abierta al público en la actualidad o las ya desaparecidas “Foto Ferrer” y “Foto Villar”, guardan entre sus preciadas colecciones fotográficas una serie de instantáneas que recogen cada uno de esos momentos de la vida ciudadana, en que los más variopintos personajes de la ciudad adquieren, por la magia de la fotografía, un papel de eternos protagonistas.

Repasando con atención y cierta nostalgia estos viejos álbumes de recuerdos nos encontramos con alguna fotografía en la que sus principales actores, sea cual sea el grado de protagonismo que alcanzan en la escena, son miembros de la Policía Española.

Hemos extraído de estos álbumes cuatro viejas fotografías que nos sirven para recorrer, de forma somera, la vida cotidiana de La Coruña entre los años 1912 y 1930. Cuatro fotografías en las que aparecen efectivos del entonces Cuerpo de Seguridad que junto con el de Vigilancia constituían el antecedente del que es heredera directa nuestra actual Policía Nacional.

Durante estos años asistimos a varios cambios en la uniformidad del Cuerpo de Seguridad, cambios que vienen legislados en los sucesivos Reglamentos y Ordenes de 1908, 1920, 1922 y 1925, así como en otras disposiciones de menor rango de 1910, 1911 y 1914. Estos Reglamentos introducen notables modificaciones en la estética del Cuerpo y así el paño de color azul tina subsiste junto con la lanilla gris o el kaki verdoso. Cuellos, capotes, hombreras, calzado, etc., todo va cambiando con el paso de los años; todo, salvo el denostado casco de “fieltro inglés” que tantos quebraderos de cabeza causó a nuestros Guardias de Seguridad por lo incómodo del diseño o lo escasamente operativo que resultaba su uso y que visto hoy, con la serena perspectiva del tiempo pasado, se nos antoja como todo un referente uniformológico y un signo de propia identidad en el caso, poco probable, de recuperar para actos solemnes un Uniforme característico de la Policía Española de una época no muy remota.   

Volviendo a La Coruña, tenemos constancia de la presencia del Cuerpo de Vigilancia en 1887, cuya plantilla estaba constituida por un Inspector de 1ª clase, dos de 4ª, dos Agentes de 1ª y 14 de 2ª. Por su parte, el Cuerpo de Orden Público, antecedente del de Seguridad, estaba integrado, por estas fechas, aunque con implantación anterior, por un Teniente, un Alférez, un Sargento 2º, cuatro Guardias de 1ª y 25 de 2ª. Este Cuerpo se disolvería por un Real Decreto de 28 de julio de 1889, volviendo a tener plantilla en la ciudad hasta febrero de 1908 en que se crea una Sección y, tres años después, en 1911, una Compañía.

Por estos primeros años, tanto el Cuerpo de Vigilancia como el de Seguridad, tras su llegada en 1908, tenían como dependencias los bajos del viejo Gobierno Civil sito en la parte superior del Teatro “Rosalía Castro” o Teatro Principal, edificio donde hasta no hace muchos años estuvo ubicada la Diputación Provincial que ya lo estaba en aquella época. Mientras el Cuerpo de Vigilancia mantuvo su Comisaría en un lateral de este edificio, cuya entrada se verificaba por la calle del Agar, el de Seguridad pronto abandonó el Gobierno Civil para trasladar su Prevención al nº 108 de la calle del Orzán.

Hecho este pequeño comentario a modo de introducción cumple ahora hojear, con el delicioso sosiego con que se entendía la vida en aquellos años, el viejo álbum y recrearse en la contemplación de sus fotografías.

Cuestación de la “Fiesta de la Flor” (Archivo Municipal de La Coruña)

La fotografía, posiblemente tomada entre los años 1912 y 1913, recoge la presencia de varias damas, suponemos que de la notable sociedad coruñesa, tocadas todas ellas con graciosos y elegantes sombreros, en una mesa petitoria, probablemente con motivo de la celebración de la “Fiesta de la Flor”, instalada en un lugar de la ciudad imposible de determinar; junto a ellas dos niños con uniforme de Scouts y a su lado un Guardia del Cuerpo de Seguridad con uniforme de verano.

El referido Guardia viste uniforme de principios de los años 1910, que vino a sustituir al de rayadillo utilizado hasta entonces, con guerrera gris propia del uniforme de la época estival y pantalón recto negro con vivo rojo en las costuras exteriores. También son rojas las granaderas de las bocamangas y el cuello donde lleva las iniciales del Cuerpo, entrelazadas, timbradas con corona Real.

La gorra de plato de piqué blanco, con escarapela con los colores nacionales y con presilla blanca, había sido ya reglamentada como prenda de uniformidad en 1903, con ocasión de declararse reglamentario el precitado uniforme de rayadillo. Bajo la escarapela, en una pequeña chapa metálica, figura el número del usuario.

Como complementos del uniforme del Guardia se advierte con claridad el cordón para sujetar la pistola, la funda de la misma, así como el machete del Cuerpo de Seguridad, modelo 1907, reglamentario desde el año siguiente, colgado de su cadera izquierda.

La foto no merece muchos más comentarios salvo hacer hincapié en la elegancia con la que está decorada la mesa y el detalle de la bolsa blanca o la cestita de mimbre donde se guardaban florecillas de celuloide para entregar a los viandantes a cambio de un donativo, portada por las damas del primer plano, así como para recoger el efectivo recaudado destinado, en estos primeros años de la “Fiesta de la Flor” -1912 y 1913- a la beneficencia local ya que, a partir de 1914 se destinaría a la lucha contra la tuberculosis, una de las peores enfermedades que sufría la sociedad española por aquellas fechas.

Formación del Cuerpo de Seguridad en 1912 (Museo Policial de La Coruña)

Esta segunda foto, recoge la formación de la Compañía del Cuerpo de Seguridad en la Avda. de la Marina, en la parte posterior del edificio del actual Teatro Rosalía Castro, antes también, como queda dicho, sede del Gobierno Civil de la Provincia.  

La fotografía corresponde al acto de presentación del nuevo uniforme del Cuerpo de Seguridad, celebrado en la mañana del 10 de enero de 1912. Este uniforme fue declarado reglamentario en septiembre de 1911, para sustituir al vigente hasta ese instante, consistiendo, en su variante de invierno, en guerrera de paño de color tina oscuro y tresillo “a la granadera” de color grana, con tres botones pequeños en las bocamangas y hombreras de algodón blanco. El pantalón azul con unas polainas de cuero negro y el casco, de fieltro inglés, se remata con la cimera usada desde 1908 y que aparece en otras fotografías que conservamos y de las que poseemos exacta datación, como por ejemplo la de la visita de S.M. el Rey D. Alfonso XIII a la ciudad en 1909.

La formación se halla en posición de descanso y a su frente figuran dos Oficiales. El Teniente que aparece en primer plano viste con guerrera de invierno del mismo color que los Guardias, de hechura similar a la usada por los Oficiales de Infantería, llevando bordadas en el cuello, con hilo de plata, las iniciales “CS” entrelazadas del Cuerpo; gorra de plato portando en su frente, bajo la corona Real, las iniciales del Cuerpo igualmente entrelazadas y a cada lado una rama de laurel. Las estrellas, dispuestas en la manga, son de plata.

En primer plano aparece el entonces Gobernador Civil, Romero Donallo, que se toca con chistera y, a su derecha, en la formación, se observa a un Sargento de Seguridad con sus galones, similares a los usados por personal del mismo empleo en el Ejército, solo que de color plata como se corresponde con los vivos utilizados por el Cuerpo.

La localización de la fotografía, como queda dicho, es en la Avda. de la Marina, concretamente en la parte posterior del Teatro Principal -hoy “Rosalía de Castro-, edificio proyectado en 1838 por el arquitecto D. José Mª Noya y que ocupó el solar que con anterioridad había ocupado la iglesia de San Jorge. Este singular edificio terminó de construirse en 1841. En la actualidad y tras su remodelación, llevada a cabo años atrás, ha recuperado todo su esplendor de viejo teatro de estilo italiano. También en este caserón, que tiene su entrada por la calle Riego de Agua, arteria que une la calle Real con la Plaza de María Pita, en pleno corazón del barrio de la Pescadería, tienen su asiento las modernas instalaciones de la Biblioteca de la Diputación Provincial.

La fotografía que comentamos se completa con la edificación que aparece a espaldas de la formación. Se trata de las denominadas Casas de Paredes, edificio del siglo XVIII que formó parte de un ambicioso proyecto de reordenación de la zona de la Pescadería que, por falta de disponibilidades económicas, no pudo llevarse a buen fin.

Procesión del Santo Encuentro, 1925-1926 (Archivo Municipal de La Coruña)

La tercera fotografía recoge un momento del discurrir, en la mañana del Viernes Santo, de la procesión del Encuentro. La imagen de la Verónica, una talla de vestir del siglo XIX, que aparece en primer plano procesiona por el Cantón Grande coruñés, a la altura del Teatro Linares Rivas, ya desaparecido, en cuyo lugar se construyó un edificio que todavía existe y que albergó, hasta no hace mucho tiempo, al cine Avenida.

Abre la marcha de la procesión una pareja de Guardias de Seguridad con uniforme de invierno con capote y esclavina, pudiendo fecharla entre 1925 y 1926 ya que, en 1922, se declaró reglamentario, con una carencia de dos años, el uso de esta prenda de abrigo, un capote de color azul tina, con una fila de siete botones, el último a la altura de la cintura y sobre él una esclavina de setenta centímetros, para sustituir a la capota usada hasta entonces.

El resto de las prendas del uniforme son las contempladas en el Reglamento del citado año 1925 que establece, entre otras cosas, que la guerrera, será también de color azul tina con tresillos a la “granadera” en las bocamangas de color grana igual que el cuello; el casco es de fieltro recubierto de tela barnizada con goma laca y correa de charol con dos vivos blancos que se advierten en la foto, rematado en la parte superior por un ventilador del mismo color que el resto de la prenda y como calzado botas de becerro negro con polainas-leguis de baquetilla negra. El uniforme se completa con hombreras de algodón blanco, ceñidor de charol blanco con hebilla de plata con las Armas del Cuerpo y cordón de pistola de pelo de cabra negro con fiadores negros.

La imagen de la Verónica, escoltada por dos Agentes de la Guardia Municipal con uniforme de gala, como denota el uso de cordones y ceñidor, provistos del característico “casco de pincho”, con carrillera de metal, en cuyo frontal luce el escudo de Armas de la ciudad timbrado con el Libro de la Constitución de 1812, desfilaba en unión de la de San Juan Evangelista, el paso del Tránsito o Camino del Calvario y la imagen de Nuestra Señora de los Dolores de honda devoción en nuestra ciudad, especialmente desde que en 1854 los coruñeses impetraran su divina protección para erradicar una epidemia de cólera que asolaba la ciudad.

La tradicional procesión del Encuentro, organizada por la Congregación del Espíritu Santo y Nuestra Señora de los Dolores, salió hasta no hace muchos años de la iglesia de San Nicolás, templo de estilo barroco que junto con el de San Jorge forman las dos parroquias del barrio de la Pescadería.

En un segundo plano de la fotografía, que tiene como telón de fondo la puerta del regio edificio del Banco Pastor, se advierte la presencia de la Banda de Trompetas del Tercer Regimiento de Artillería de Montaña que por aquel entonces guarnecía la Plaza de La Coruña, teniendo su acantonamiento en el ya desaparecido Cuartel del Corralón; esta Banda montada usa todavía el uniforme de paño específico de la Artillería que desapareció por R.O.C. de 31 de julio de 1.926. Este dato apoya más la datación que suponemos para la fotografía.

En la Rúa Nueva (Archivo de la Policía Local de La Coruña)

La cuarta y última fotografía de este nostálgico álbum recoge un típico paisaje urbano de finales de los años 20 o principio de los 30. La foto está tomada en la confluencia de las calles Real, con Rúa Nueva y Cantón Grande, en la esquina del desaparecido Café “Oriental”, uno de los suntuosos establecimientos que jalonaban la calle Real coruñesa por aquellos años. Las terrazas entoldadas del propio Café y de la contigua sede social del Sporting Club Casino de La Coruña nos aproximan a una mañana de finales de primavera o principios de verano en la que transitan personajes muy característicos de la vida ciudadana de aquellos años; prueba de ello es ese limpiabotas que, con su caja y guardapolvos, camina por detrás del Guardia Municipal encargado de dirigir la suponemos escasa circulación rodada del momento.

La calle Real coruñesa y sus aledaños eran, por aquellos años, el centro de la vida social, cultural y económica de la ciudad. Sociedades como el citado Sporting Club Casino o el Nuevo Club compartían espacio con cafés como el ya mencionado Oriental en los bajos del Hotel Palace, uno de los de postín de La Coruña o el Continental, El Español y el Noroeste en la vecina Rúa Nueva, donde se daba cita la crema de la sociedad coruñesa. También salones de cine como el París, situado al principio de la referida calle Real, o el Teatro Linares Rivas, ya mencionado, situado en el Cantón Grande y que por aquellos años estrenó en su pantalla la película “Ciudad de Cristal”, de Augusto Portela, ambientada en nuestra ciudad; por no citar al ya referido Teatro Rosalía Castro, también próximo, en cuya pantalla, unos años después, tuvo lugar el estreno de la primera película sonora.

En cuanto a la vida económica, las principales oficinas bancarias estaban ubicadas en este eje central de la ciudad. El Banco Pastor, con su sede en el Cantón Pequeño o la Caja de Ahorros y Monte de Piedad en la Rúa Nueva, al igual que los comercios más importantes de la ciudad que rivalizaban con los de la vecina calle de San Andrés de honda tradición comercial.

En la fotografía podemos apreciar a un Guardia de Seguridad con el uniforme del Reglamento de 1925 para verano, con la guerrera kaki claro, tresillos a la “granadera” de color grana en las bocamangas; cuello del mismo color que la tela del uniforme llevando en sus puntas el emblema del Cuerpo y hombreras también de igual tela y color que el resto de la prenda; el cuello es de los llamados a la marinera, con corbata negra. En cuanto al pantalón, recto y de la misma tela y color que la guerrera. Como complementos se advierte, además de la funda de la pistola, el cordón de color negro y el ceñidor de charol blanco con hebilla plateada.

Tras la figura del primer Guardia de Seguridad y a unos cuantos metros se advierte la presencia del otro componente de la pareja vestido, como es lógico, con igual uniformidad.

Como detalle anecdótico destacamos la figura del Guardia Municipal que dirige el tráfico vestido con su uniforme azul con correajes blancos y tocado con el salacot también blanco, característico hasta no hace muchos años de los Agentes encargados de dirigir la circulación rodada, en cuyo frontis destaca el Escudo de la ciudad coronado con el Libro de la Constitución de 1812.

Cerremos con complacencia el viejo álbum dedicando un recuerdo a los hombres que desde el Cuerpo de Vigilancia o desde el de Seguridad velaron por la tranquilidad de los ciudadanos de España, enfrentándose en muchas ocasiones a la incomprensión de la propia sociedad.

Para otra ocasión queda el estudio de alguna fotografía más que por su ubicación cronológica o lo singular de alguno de sus detalles merece ser comentada de manera especial.