La vida de este personaje transcurrió en la Francia anterior a la Revolución. Es un caso particular que podríamos vincular travestismo. Charles Genevière Louis Auguste Andrée Thimothée d’Eon de Beaumont nació en Tonnerre (Borgoña) el 5 de octubre de 1728. Popularmente era conocido por Chevalier d’Eon. A lo largo de su vida fue diplomático, escritor, espía, masón, miembro de los Dragones -cuerpo de caballería- y uno de los mejores espadachines de Francia. Su familia pertenecía a la burguesía. Su padre, Louis d’Eon, era abogado y subdelegado de la Intendencia de París. Su madre, Françoise de Chavanson, pertenecía a la nobleza. Desde muy joven aprendió a leer, destacando en el dominio de idiomas y poseía una excelente memoria. En 1749 se graduó en la Universidad Mazarin, convirtiéndose en el abogado más joven de Francia.

Estos son los pocos datos que conocemos del joven Charles. Y ahí radica uno de los misterios del personaje. A pesar del cargo institucional del padre la familia pasaba apuros económicos. Estos sólo se solucionarían gracias a una herencia que recibiría Françoise de Chavason. Sólo había una condición: tener un hijo. Este dato lo conocemos gracias al libro La vie militaire, politique et privée de Demoiselle Charles-Genevière-Auguste-Andrée-Thimothée Eon o d’Eon de Beaumont. Estas memorias supuestamente las escribió el Chevalier, aunque las firmó un supuesto amigo suyo llamado M. de la Fortelle. Sobre el particular algunos han apuntado que era su amante y otros que fue un seudónimo utilizado por el Chevalier. El libro fue editado en París en el año 1779. ¿A qué nos conduce esto? El Chevalier había nacido niña y para heredar emezaron a vestirlo y tratarlo como a un niño. Algunos autores afirman que sufría de esquizofrenia y que durante sus delirios creía que era una mujer. Su aspecto también era curioso. No tenía barba y sus facciones eran un poco afeminadas. Otros apuntan que nació intersexual. Lo que realmente le pasó al Chevalier lo contaremos al final.

Dos curiosidades. La primera es que al lector le puede sorprender los nombres que le pusieron al bautizarlo. Tres eran masculinos y tres femeninos. Otros ilustres personajes también han sido bautizados con un nombre de mujer, pero no en esta proporción. El segundo tiene a ver con Giacomo Casanova. El gran seductor italiano tuvo oportunidad de cenar con el Chevalier en Londres, en casa del embajador de Francia, el conde de Guerchy. En sus memorias escribe que “fue en la mesa de este embajador donde conocí al caballero De Eón, secretario de embajada que más tarde dio tanto que hablar en Europa. Este caballero De Eón era una bella mujer que antes de entrar a la diplomacia había sido abogado y capitán de la Legión de Honor: sirvió a Luis XV como soldado valeroso y negociador consumado. A pesar de su espíritu ministerial y sus modales de hombre, no necesité ni quince minutos para reconocer que era una mujer: ya que su voz era demasiado franca para ser una voz de castrado, y su figura demasiado redondeada para ser la de un hombre, sin considerar la falta de barba, que puede ser un defecto accidental en un hombre tan bien constituido como cualquiera en cuanto al resto”.

Volvamos a la trayectoria vital del Chevalier d’Eon. Una vez obtuvo la licenciatura de derecho entró a trabajar como secretario de Monsieur de Sauvigny, director de hacienda y censor real. En 1756 fue enviado a la embajada de Francia en San Petersburgo. Allí empezó su carrera como espía. Tanto Francia como Inglaterra luchaban por la amistad de Rusia. Este país era clave si se producía algún conflicto bélico. Los franceses estaban, por así decirlo, en desventaja. El embajador inglés, Sir Charles Hanbury Williams, era un personaje emblemático en la corte del Zar. Hombre de gran influencia, presentó a Estanislao Poniatowski -rey de Polonia- a la Gran Duquesa Yekaterina Alexeyvna -futura Catalina la Grande- que se convirtieron en amantes. La presencia de Sir Hanbury era un dolor de cabeza para los franceses, por eso enviaron al Chevalier, para que encontrara cuales eran los puntos débiles del diplomático inglés.

La amistad con Francia era complicada. De haberse producido un enfrentamiento bélico en Europa Rusia hubiera apoyado a Inglaterra. En estas circunstancias entro en escena el Chevalier d’Eon. Le confiaron una importante misión: conocer los secretos de Sir Hanbury. Es decir, conocer las personas que conocía en la corte zarista y robarle documentación confidencial. Estuvo a punto de conseguir su objetivo. Podríamos decir que le faltó muy poco para desenmascarar sus secretos. ¿Por qué no lo consiguió?

El conflicto que nadie deseaba estalló. En aquella ocasión no en Europa, sino en los Estados Unidos. Es lo que se conoce como Guerra de los Siete Años (1756-1763). Esta se produjo para establecer el control sobre Silesia y por la supervivencia colonial en América del Norte y la India. Se formaron dos bandos beligerantes. Por una parte Inglaterra, Prusia, Hannover, Portugal, Brunswick-Lüneburg, Hesse-Kassel e Iroqueses -nativos de América del Norte-. Por otra Francia, Austria, Rusia, Suecia, España, Sajonia, Dos Sicilias y Piamonte-Cerdeña. Por el tratado de París, Inglaterra se anexionó Canadá, Begala, la Florida, y Francia transfirió la Lusitania a España.

El Chevalier d’Eon podía haberse quedado en la embajada francesa de San Petersburgo. Sin embargo, pidió ser trasladado para poder tomar parte en la guerra. Sus órdenes fueron cumplidas. Incorporado al ejército francés le dieron el mando de un regimiento de Dragones. La batalla más importante en la que participó fue la de Praga. Esta tuvo lugar en 1761 y se enfrentaron prusianos y austríacos. Los primeros con un ejército de 65.000 hombres y los segundos con 62.000. El Chevalier d’Eon luchó con valor y fue herido en la cabeza y en un muslo. La batalla fue muy sangrienta. Los prusianos tuvieron 14.000 bajas y los austríacos 13.000. Estos últimos perdieron la batalla. Una vez finalizada el Chavalier regresó a París para dar noticias de la victoria. Ante el valor demostrado fue uno de los elegidos para entablar conversaciones con los ingleses y de esta manera dar por finalizado el enfrentamiento bélico. Estas no fueron fáciles, pero al final Francia e Inglaterra decidieron firmar el Tratado de París.

Por su valor en la guerra y como diplomático Luis XV le concedió la Cruz de San Luis. A partir de ese momento fue conocido por todos como Chevalier. Además fue nombrado primer secretario de la embajada francesa en Londres. El nombramiento no le sentó nada bien al embajador plenipotenciario. El conde de Guerchy decidió enfrentarse a su enemigo natural. El conde no sabía que el Chavalier había sido trasladado allí en una misión clave para el futuro de Francia. ¿Cuál? Hacer de espía. Gastó mucho dinero para comprar la amistad de personas influyentes que le pudieran ayudar en su misión. Entre sus nuevas relaciones se encontraban nobles, burgueses, políticos y lores. Una de las claves del éxito del Chevalier d’Eon en Inglaterra fue la implantación del vino de Borgoña. El Chavalier se convirtió en uno de los principales importadores de este caldo, el cual regalaba a sus nuevas amistades. Con ello consiguió ser muy apreciado por todos.

Mientras tanto el conde de Guerchy hacia de las suyas. Consiguió que expulsaran al Chevalier como secretario plenipotenciario. En un primer momento no se preocupó por aquella noticia. Tenía amigos muy influyentes que conseguirían revocar aquella decisión. Nadie movió un solo dedo por el Chevalier d’Eon. Acto seguido le llegó una orden por la cual tenía que abandonar Inglaterra y regresar a Francia. De inmediato escribió al rey Luis XV y acusó al conde de Guerchy de haberlo intentado envenenar. El Chevalier creía que el conde estaba tramando un plan para secuestrarlo. En alguna cena mezclaría opio en el vivo. Una vez inconsciente lo llevarían al Támesis, embarcaría en un barco y nada más se sabría de él. Así se lo comunicó al rey. Este nada dijo al respecto.

Una de las misiones del Chevalier era trazar un plan para que Francia invadiera Inglaterra. Esta tenía que suceder durante la Guerra de los Siete Años. Si bien en aquel momento no se produjo, el plan estaba tan bien trazado que podía llevarse a cabo en cualquier momento. Los documentos estaban a buen recaudo en la embajada francesa. En ellos se nombraba las personas que Luis XV había sobornado para poderlo realizar. Algunos han llegado a especular que el rey estaba enamorado del Chevalier, por eso los cargos de relevancia que tuvo a lo largo de esos años. Pues bien, antes de abandonar su cargo como secretario plenipotenciario robó aquellos documentos. Con aquel acto no sólo salvaba la vida, sino que se labraba un futuro económico muy rentable. En 1764 publicó Lettres, Mémoires et négociations particulières. En él explicaba su vida como espía al servicio de Francia. Por supuesto omitió la parte dedicada a la invasión de Inglaterra. Se convirtió en un libro muy famoso en su época. Haber guardado ese importante secreto fue bien recibido por ambos países. La política de Luis XV quedaba impune y los políticos ingleses sobornados podrían seguir viviendo tranquilos. El rey Luis XV le concedió, en compensación, una pensión anual de 12.000 libras por los servicios prestados. El futuro económico lo tenía solucionado, pero no el personal.

El conde de Guerchy trato un plan para desacreditarlo. Algunos llegaron a asegurar que este nada tuvo a ver y fue el propio Chevalier el encargado de proclamarlo. El conde hizo correr el rumor por Francia que el Chevalier era en realidad una mujer vestida de hombre. El eco de aquello llegó hasta Inglaterra. Al principio se burló de aquella calumnia. Con el tiempo se dio cuenta que aquello podía acabar con su carrera, por eso le dio la vuelta al asunto y jugó con su condición sexual. Mientras pasaba largas horas en su biblioteca -que albergaba 6.000 libros y 500 manuscritos- tuvo una idea. ¿Cuál? Ingresar en la masonería. De ser aceptado por sus futuros “hermanos” lo protegerían. Así pues presentó una solicitud en la Logia de la Mortalidad. Rumores aparte el Chevalier tenía un gran prestigio entre los franceses que formaban parte de dicha logia en Londres. Fue admitido y a partir de ese momento vivió tranquilo y se dedicó a la lectura, una de sus pasiones.

La tranquilidad es efímera y esta se rompió en 1770. En aquel año los rumores sobre su doble condición sexual iban en boca de todos. Ni la masonería podía apaciguar aquella presunta infamia sin fundamento. Y es que la masonería nunca puso en duda su condición sexual. Sabían que era un hombre pues, de lo contrario, lo hubieran expulsado. El Chevalier si fue expulsado de la Logia de la Mortalidad, pero sólo cuando decidió ingresar en una logia femenina. En sus dos condiciones sexuales siempre estuvo vinculado con esta orden secreta.

¿Qué estaba pasando? ¿Por qué la sexualidad del Chevalier estaba en boca de todos? Por algo que es habitual en el género humano. Estamos hablando de una apuesta. Una parte de la sociedad consideraba que era un hombre, la otra todo lo contrario. Se apostaba desde un penique a miles de libras. Las compañías de seguros comenzaron a contratar pólizas sobre el sexo de monsieur le chevalier o madamoiselle la chevalier. En poco tiempo se recaudó una enorme fortuna. Muchos podían hacerse ricos si se descubría y muchos otros podían devenir pobres. Los que estaban a favor que era un hombre sostenían su heroicidad en la guerra y que la masonería no admitía mujeres. Los contrarios que era un hombre solitario, sin amantes, sin mujer, que nunca había provocado ningún escándalo sexual. El hecho tomó tal envergadura que sólo existía una solución para acabar con el conflicto: que el Chevalier d’Eon se hiciera un examen médico. Con él se despejaría el misterio y los ganadores cobrarían sus beneficios.

Mientras tanto parece ser que el Chevalier estaba tranquilo en su domicilio londinense. Cobraba del estado francés y tenía a buen recaudo los documentos que le proporcionaron una vida envidiable por muchos. Ahora bien, el tema de la apuesta tenía que resolverse al haber demasiado dinero en juego. ¿Cómo se solucionó?

Hubo varios intentos para conocer su sexualidad. Se le ofreció dinero para que se sometiera a una revisión médica. Los más impulsivos pensaron en secuestrarlo. Otro grupo consideraba que había sido el propio Chevalier el causante de todo aquel lío. Incluso afirmaban que él mismo había apostado grandes sumas de dinero. Llegaron a asegurar que sus apuestas iban a favor de su masculinidad. ¡Y quién mejor que el Chevalier para asegurar esto! En 1771 se presentó ante el Lord Alcalde de Londres y, bajo juramento, declaró que nunca había apostado sobre su sexualidad, que había rechazado grandes fortunas -alrededor de 25.000 libras- para someterse a un examen médico y que no se dejaría examinar. En vez de calmar los ánimos estos se incrementaron. Algunos lo retaron a desnudarse en público. El Chevalier se mantuvo en sus trece y no dio el brazo a torcer.

Mientras la polémica seguía abierta falleció el rey Luis XV. Para proteger su economía negoció con Beaumarchais -el famoso dramaturgo- su regreso a Francia. Entre las demandas del Chevalier -que aún conservaba los documentos secretos- era que lo reconocieran como mujer. El nuevo rey, Luis XVI, no puso objeciones e, incluso, le dio dinero para que pudiera comparar ropa. Charles d’Eon pasó a ser Charlotte d’Eon. Oficialmente era una mujer.

Así las cosas, en 1777, el mismo año que marchó a Francia, se puso fin a la apuesta. Uno de los jugadores llevó a los tribunales el asunto. Con una serie de testigos que juraron haber visto desnudo al Chevalier hubo suficiente para que el tribunal declarara que era una mujer. El tribunal ratificaba lo que él mismo le había pedido al rey de Francia. Era Charlotte d’Eon y su vida como hombre había pasado a la historia. Teniendo en cuenta la resolución del tribunal el demandante y otros muchos ganaron e, incluso algunos, se hicieron ricos. En noviembre de 1777 el Chevalier d’Eon se presentó ante Luis XVI y María Antonieta. Cuando esta lo conoció dicen que pronunció “¿Así que de noche es mujer?... Mmh, eso hace las cosas aún más interesantes”.

Al estallar la guerra de la independencia de los Estados Unidos pidió su incorporación al ejército. Su propuesta era un poco descabellada. Formaría un cuerpo sólo con mujeres. No sólo nadie le hizo caso, sino que fue encarcelado en el castillo de Dijon. Allí pasó 19 días. Una vez liberado decidió abandonar Paris y su Corte y retirarse a Tonnerre, su pueblo natal, donde pasó seis años. Durante ese tiempo desarrolló una profunda espiritualidad. El Chevalier, acostumbrado a la vida en Londres, París y San Petersburgo se sintió encerrado en Tonnerre. Necesitaba aire fresco. Por eso decidió marcharse de allí.

En el año 1785 pidió permiso al rey Luis XVI para regresar a Inglaterra. Este se lo concedió. Ya como Charlotte d’Eon partió hacia allí y nunca más regresó a Francia. Terminada la Revolución francesa la pensión que recibía fue suspendida. Ya no tenía el amparo del rey, el cual había sido decapitado junto a María Antonieta. Al nuevo gobierno ya no le interesaban los documentos secretos. Francia empezaba desde cero y las viejas intrigas formaban parte del pasado. El Chevalier había vivido como un rico. Esto significa que tenía muy poco dinero ahorrado. Su situación era preocupante, por eso decidió vender su biblioteca para sobrevivir. Tuvo que compartir casa y malvivió en Londres. Los últimos años de su vida los vivió en la más absoluta de las miserias. Su figura ya no despertaba ni admiración ni apuestas. Todo había acabado hacía demasiados años. Ahora era un pobre anciana que malvivía en un Londres que, como Francia, había olvidado conspiraciones. El Chevalier d’Eon falleció en Londres el 21 de mayo de 1810.

El misterio había llegado a su fin. Una vez muerto decidieron examinar el cuerpo del Chevalier para saber la verdad. Este lo llevó a cabo el médico Pére Elisée, que lo había cuidado durante los últimos momentos de su vida. El examen no dejaba razón a la duda: era un hombre. Para que el resultado fuera ratificado pidieron a Charles Anderson-Pelham, conde de Yarborough -presidente del Real Escuadrón de Yates y parlamentario-, a Sir Sidney Smith -médico, almirante y masón-, y a Sir Thomas Copeland -catedrático de medicina- que dieran fe sobre la sexualidad de Charles d’Eon. Recordemos que la opinión pública, después de la sentencia de 1777, estaba convencida que era una mujer. Con la declaración de esos eminentes hombres se ratificó la sexualidad del Chevalier. Siempre había sido un hombre. Sin embargo, ¿por qué aceptó vestirse como mujer? Quizás fuera como consecuencia de su esquizofrenia o que le gustaba su dualidad sexual. Posteriores investigaciones han asegurado que sufrió el síndrome de Kallman. Es decir, sufría una enfermedad hereditaria heterosómica que le repercutía en la funcionalidad normal del hipotálamo. Dicho de otra manera, tenía un trastorno en la estimulación de las hormonas sexuales, con los genitales poco desarrollados y estéril. Se puede decir que Charles d’Eon era un ser neutro, peculiar, que nació hombre y murió siendo Charlotte d’Eon.