"Ni los Reyes, ni el Ejército, ni la Iglesia, ni los progresistas, ni los moderados, ni los monárquicos, ni los republicanos, ni las derechas, ni las izquierdas, ni los liberales, ni los demócratas, ni los intelectuales, ni los banqueros, ni los empresarios, ni los obreros… es decir, nadie, ha ejercido la tolerancia y menos en el terreno político. De ahí que no sorprenda que la mayor parte de nuestros gobernantes y nuestros políticos hayan pasado su “travesía del desierto”, ya en la cárcel ya en el exilio exterior y hasta en lo que últimamente ha dado en llamarse “exilio interior”. Castelar, Sagasta, Prim, Serrano, Cánovas del Castillo, Azaña, Prieto, Largo Caballero, Alcalá Zamora, Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera y tantos y tantos pasaron de la cárcel al Poder o del Poder a la cárcel… o al Parlamento, como les sucedió en 1918 a los líderes del movimiento revolucionario de 1917: Besteiro, Saborit, Anguiano, Largo Caballero y Prieto. Tan es así que hombres como los capitanes Galán y García Hernández pasaron en unos meses de ser “traidores a la Patria” (y fusilados por ello) a ser "mártires” ensalzados y vitoreados, héroes del pueblo…"  (José Calvo Sotelo)

 

"Si ganan las izquierdas tengo un noventa y nueve por ciento de posibilidades de que me vuelen la cabeza; si ganan las derechas, tendré que marcharme de España para vivir con dignidad."  (Ramiro Ledesma Ramos)

 

"La imaginación es un arma más poderosa que todas las que haya inventado o pueda inventar el hombre... y si el hombre pudiera alcanzar y realizar todo lo que ve en su imaginación sería más grande que Dios" (Lucio Anneo Séneca)

“La Democracia y las Libertades tienen un límite: las Guerras. Donde hay guerra no puede haber Democracia ni libertad” (Aristóteles)

“Detrás de una guerra, de cualquier guerra, siempre hay interés bastardos”  (Cicerón)

“Los griegos sólo sabemos hablar, pero cuando hay que decidir nos refugiamos en la Democracia, en los Dioses o en el Destino”  (Agamenón, Rey de Micenas)

“Para salvarse y redimirse, no le queda al país otro camino que el de la revolución. Ni los braceros del campo, ni los propietarios de la tierra, ni los patronos, ni los obreros, ni los capitalistas que trabajan, ni los trabajadores ocupados o en huelga forzosa, ni el contribuyente, ni el industrial, ni el comerciante, ni el profesional, ni el artesano, ni los empleados, ni los militares, ni los eclesiásticos… Nadie siente la interior satisfacción, la tranquilidad de una vida pública jurídicamente ordenada, la seguridad de un patrimonio legítimamente adquirido, la inviolabilidad del hogar sagrado, la plenitud del vivir en el seno de una nación civilizada. De todo este desastre brota espontánea la rebeldía de las almas, que viven sin esperanza; y se derrama sobre los pueblos, que viven sin libertad. Y así prepara la hecatombe de un Estado que carece de justicia y de una nación que carece de ley y de autoridad”  (Del Manifiesto del Comité Revolucionario. 12 de diciembre 1930)