EL MILAGRO ESPAÑOL, llamado así por el Japón, fue producto de una inmejorable dirección de presente y futuro, junto a un pueblo trabajador

En la época más fructífera, jamás conocida en el mundo, la España del Régimen católico y patriótico de D. Francisco Franco, se construyeron Mega Estructuras, para uso, disfrute y beneficio de sus ciudadanos.

¡FRANCO SIEMPRE PENSABA EN TODO, PARA QUE SU PUEBLO SALIERA DE LA RUINA Y SE CONVIRTIERAN EN HOMBRES LIBRES, CATÓLICOS, CON EDUCACIÓN, ESTUDIOS Y CUBIERTAS TODAS SUS NECESIDADES!

Al parecer, nuestro Caudillo, según el rojerío nacional y los gusanos traidores, solo hizo esta fantástica obra, que la odian por su belleza, religiosidad, una Obra escultural, monumental y museística al aire libre,  única en el mundo, pero estas gentuzas, se olvidan deliberadamente de todas las Mega Estructuras que hizo, para el bien de todos los ciudadanos españoles, también para LOS ROJOS  perdedores, los de la Hoz y el Martillo que solo las usaron para asesinar a inocentes católicos.

Están empeñados en destruir el Templo y los monumentos que le rodean, así como la Cruz más alta del mundo, sin embargo, no quieren dinamitar los cientos de pantanos, millones de pisos, carreteras, redes de alta tensión, las Universidades,  la Seguridad Social, …. Y tantas excelsas Obras, que realizo en solo 36 años.

RECINTO Y CONSTRUCCIONES DE EL VALLE DE LOS CAÍDOS:

Ante tan ingente Obra, quizás la más importante del mundo durante siglos, me veo en la obligación de dividirla en varios episodios o capítulos, para mejor comprensión y poder explicar las grandiosas características del Recinto del Valle de los Caídos.

C).- EL POBLADO DEL VALLE:

El desconocido para la mayoría Poblado, en el Valle de los Caídos, era un asentamiento, en el que convivían  52 familias de los presos, junto a sus esposas e hijos, que acudían a la Escuela allí existente.

Escuela de los hijos de los trabajadores en el Poblado

Poco se habla y casi nada se dice, ni escribe, de este Poblado, en el que con total y absoluta libertad vivían, comían y estudiaban. Era como una mini ciudad, que disponía de todos los servicios, incluido una pequeña consulta médica.

En dicho Poblado, había campo de fútbol y podía hacer otros deportes, los hijos de los trabajadores republicanos.

Solo existen pequeños escritos, referentes al Poblado, todo ellos interesados y con el marchamo de El País comunista y bolchevique, para calumniar al Régimen, exponer y tergiversar  con absoluta malicia, la situación de las familias de los republicanos, allí en esa pequeña aldea.

Pues los que allí vivieron, no parecen muy traumatizados, sino todo lo contrario, muy felices de su estancia en dicho Poblado, según dicen y explican.

Este reportaje, del diario Comunista bolchevique, que se contradice, porque todos los entrevistados y que vivieron en el Poblado, tienen unos recuerdos muy felices, que hasta lloran recordando, cuando jugaban y vivían unidas las familias en un ambiente familiar y rodeados de naturaleza. Dice en algunas frases con imágenes:

Autorretrato: Alicia Soblechero.

Alicia Soblechero. La fotógrafa –autora de las imágenes del reportaje publicado en El País Semanal– posa delante de la que fue su casa, hoy semiabandonada, en el bloque e abajo del Poblado del Valle de los Caídos. Llegó a trabajar como una ‘chica del cable’ en la centralita que comunicaba esa zona residencial, la basílica, el monasterio benedictino y la puerta de entrada. A los 16 años se marchó de Cuelgamuros. Hoy vive en la costa granadina. (En lugar de decir que trabajó de telefonista, la maldad, le hacen decir “chica del cable”)

Foto: Alicia Soblechero.

Yolanda y Eduardo. Eran habituales los noviazgos y matrimonios dentro del Poblado. Esta pareja posa en la escuela, ahora cerrada, que dirigía Doña Martina, la esposa del sargento de la Guardia Civil que mandaba en el Poblado. A través de las ventanas se puede ver el encerado, el suelo de madera y el hueco de una enorme chimenea. Edu no olvida los juegos salvajes en el monte, las visitas a las instalaciones de los benedictinos y las fiestas de San Juan.

Foto: Alicia Soblechero.

Pablo y Pilar. A principios de los 60, Pablo empezó a trabajar en el Valle y se jubiló siendo vigilante-guía de la basílica. Tiene una memoria prodigiosa, se acuerda de los mandatarios extranjeros que visitaron el mausoleo franquista, de cada rincón del mausoleo y del día que vio a Alfredo di Stefano: «Salí hacia la puerta de la basílica con él, había varias personas que cuchicheaban preguntándose si era él. Se volvió y dijo ‘soy di Stefano, ¿pasa algo?'».

Foto: Alicia Soblechero.

José y su pastor alemán. Todavía forma parte del cuerpo de trabajadores de Patrimonio en el Valle de Cuelgamuros. Vive en una de las casas del Poblado con su familia. Un tipo serio que esconde esa sonrisa gamberra de los chavales que vivieron en plena naturaleza durante décadas. Es toda una institución.

Foto: Alicia Soblechero.

Teresa. Esta coordinadora de auxiliares en una residencia de mayores vivió emocionada, y recordando a amigas que ya no están, su regreso al Poblado, donde fue muy feliz desde mediados de los años 60. Militó en las Juventudes Socialistas cuando abandonó el Valle. Es partidaria de la exhumación de los restos de Franco y, sobre todo, de que el Poblado se convierta en un centro de interpretación de la naturaleza.

Foto: Alicia Soblechero.

Virginia. Esta amante de los animales es la más joven de las que han participado en el reportaje. Visitaba el Poblado con su madre los fines de semana y los periodos vacacionales para ver a sus abuelos. Cuando apenas tenía tres años, una cría de zorra bajaba hasta el Poblado para buscar comida. Todavía conserva una polaroid donde se la puede ver dar de comer de su mano Mari Valle, nombre que le pusieron a la raposa. La hermandad que había en el Poblado entre las mujeres le sigue emocionando. Su abuela le ha contado que todas se ayudaban, que las puertas de las casas tenían las llaves puestas en la cerradura y que muchas horas las pasaban a las puertas de las casas haciendo costura y hablando de la vida

En la actualidad, las estructuras y edificios que quedan, les sirven a los vigilantes empleados por Patrimonio.

La carretera que nos lleva a él, sale de la carretera que circunda la Santa Cruz y que pone una señal de prohibición, para todos aquellos que no representen ser personas autorizadas.

No obstante yo, me he metido hace unos meses y está, en bastante mal estado, con edificios desaparecidos.