El estruendoso y desheredado silencio enmudece ante la cultura que nos conduce al razonamiento que cobija a la perfecta e inmortal verdad. Mar impetuoso donde nuestro corazón encuentra su nido y teje nuestra armadura. Su literatura es el lugar ideal para esperarnos a nosotros mismos.
En esa actitud de hermetismo consigue ser espectador privilegiado de su propia existencia. Hablo de Fiódor Mijailovich Dostoievski. Del que el día 11 de noviembre se ha cumplido el segundo centenario de su nacimiento,  y el 140 aniversario de su fallecimiento.
 
Fue el segundo de siete hermanos, vino al mundo en Moscú en el Hospital de los Pobres, donde trabajaba como médico su padre, Mijaíl Andréievich, hombre estricto en exceso.
Creció durante el mandato del zar Nicolás I. En San Petesburgo, en 1825, al estallar la revuelta decembrista él tenía cuatro años.
Sus experiencias vitales las traspasa a sus libros. A la edad de 18 empieza a padecer epilepsia, y que él adjudica a personajes como:
* Smerdiakov, en (Los hermanos Karamazov).
* El príncipe Myshkin, de (El idiota).
* Kiríllov, de, (Los demonios).
 
En su vida como en las de sus personajes siempre ocupó un lugar muy destacado el tormento, y la vivió con intensidad. 
Su alma estaba elaborada a base de pobreza, angustia, culpa, pecado, tristeza, soledad, ludopatía, redención...   
Poseía gran talento, con contundencia lo demostró, rozando la veintena, plasmado queda en:
* "Pobres gentes". 
* "Humillados y ofendidos": (se narra los exitosos principios de un escritor pero al que la adversidad en temas de salud y amor altera su carrera. 
 
En diciembre de 1873 hacía ya siete años del gran reconocimiento de "Crimen y castigo", entonces le nombraron director de "El ciudadano", revista petersburgesa de inclinación conservadora, el novelista se guardó para él una columna para escribir de lo que él quisiera, la denominó "Diario de un escritor".
   
Dostoievski también tuvo la admiración de sus contemporáneos. En 1880, en una epístola le cuenta Tolstói a un amigo: "He releído (Recuerdos de la casa de los muertos), no hay para mí libro mejor entre toda la nueva literatura. Deseo saludar a este escritor, sincero, natural y cristiano. Este libro bueno, edificante, que estoy disfrutando tanto."
 
Dostoievski fue un superviviente del subsuelo de la vida, nos lo da a conocer a través de su expresión narrativa. En su obra se aprecia con intensidad la preocupación social y los elementos morales y sociales.
Su vida estuvo permanentemente marcada por la muerte de su madre, de una tuberculosis, entonces se traslada a San Petesburgo e ingresa en la Escuela de Ingenieros. El violento asesinato de su padre a manos de un grupo de campesinos en 1839, la ludopatía, la epilepsia, el realismo y la fantasía, el alcohol, etc, no puede deshacerse del dolor... Se masca la tragedia, la angustia vital, el dolor de la existencia...
 
Retrata con sabiduría y como pocos saben hacer, a sus personajes que al igual que él están hechos de contradicciones y complejos. Subraya todo tipo de rasgos, también los entresijos del alma donde se debaten el bien y el mal. 
El soliloquio es un recurso muy habitual en su escritura. Su obra es la mejor forma de conocer a este gran autor.
 
Su camino vital nos inclina a la lástima, al observar a un hombre despechado, enfermo, antipático, con remordimientos, dudas, arrepentimientos... También de resiliencia, tenacidad, resistencia. Oscuridad, marginalidad, la experiencia de la miseria o los motivos por los que vale la pena vivir. Todo esto queda subrayado con contundencia en "Memorias del subsuelo", es el monólogo de un exfuncionario que nos hace partícipes de su drama personal, en ese momento se encuentra en la franja de edad de la cuarentena. 
La voz del creador moscovita nos induce a través de su alter ego a ver a un hombre que sufre.
 
El silencio es parte indivisible de su persona. "Silenciado dentro de un ataúd". Mediante correo postal le comunica a su hermano Mijaíl el terror sufrido mientras estuvo preso en los campos de trabajo de Siberia, de 1850 a 1854 como preso político, acusado de confabular en contra del zar Nicolás I. Dostoievski era integrante del Círculo Petrashevski, por lo que junto a otros compañeros fueron condenados a la pena capital, que en los últimos momentos le fue conmutada por trabajos forzados en la arcana Omsk, separado de San Petersburgo por más de tres mil kilómetros. Cruel destierro sin familia ni libros, en condiciones infrahumanas, donde lo habitual era convivir con las cucarachas. Ante este desolador panorama su único asidero era una Biblia, obsequio de la esposa de un desterrado.
Todo esto queda redactado magníficamente en: Recuerdos de la casa de los muertos.
 
El sentenció: "el hombre es por definición una criatura que se puede acostumbrar a todo".
 
¡CUALQUIERA DE SUS NOVELAS ES UNA OBRA MAESTRA!
 
A pesar de que el mundo se encargó de ponerle todos los obstáculos posibles.
A esto también contribuyó en gran medida: De Vogüé, reputado crítico del momento, que literariamente lo había sepultado en el sótano de la cultura. De ahí resurgió gracias a André Gide, que fuera de Rusia se convirtió en su patrocinador.
 
En cada una de ellas nos imparte una lección de vida, escalofriante, desesperanzada, lacerante.
La progresión de este escritor es continua, está considerado como uno de esos extraños genios que hacen camino con cada texto. 
 
De su época fue de los pocos escritores que para vivir, o mejor dicho sobrevivir tenía que escribir. 
 
Casi nuca fue correspondido en el amor. Él se enamoró en 1854 cuando volvió del campo de trabajo. Aunque tenía que cumplir la segunda parte de la condena en Kazajitán, era pertenecer al Séptimo Batallón acuartelado en la fortaleza de Semipalatinsk, por un periodo de cinco años. Para él el amor siempre fue un drama.
- Allí da comienzo una turbulenta relación con una mujer casada, María Dimitrievna Isayeva, cuando murió su marido que era un hombre agresivo, conocido de fiódor, ella rechazó a Dostoievski por falta de recursos. Al final se unieron sabiendo que aquello estaba abocada al fracaso desde el primer momento.
 
Con 30 años le fue diagnosticada la epilepsia, la noche de bodas sufrió un ataque epiléptico. El doctor le aseguró que podía morir en cualquier momento. Esto unido al trauma de la ejecución le hicieron recapacitar y valorar la vida.   
 
- Polina Suslova: era una mujer fatal, la más ardiente de cuantas formaron parte de su imprevisible existencia. Tenía 21 años, universitaria, era admiradora suya, una femme fatale. El escritor quedó obnubilado por su belleza. Ella publicaba relatos en revistas protofeministas. Lo humillaba públicamente. Ella le abandonó al enamorarse de Salvador, un español. Al final quedaron como amigos.
 
- Anna Grigorievna Snitkina: el novelista llegó al amor verdadero a través de las deudas. Firmó un contrato con su editor en 1866 por el que se comprometía a entregar ese año una nueva novela, de no ser así perdería todos los derechos de edición de todas sus obras.
La contrata, ella estaba en la veintena, era taquígrafa. Le dictó "El jugador" en 26 días.
Se casó con ella en 1867, el 15 de febrero.
 
En este libro se aunaron la trayectoria vital de las tres mujeres de su vida: el germen surgió mientras agotaba sus últimos momentos de vida María, su primera esposa.
Inspirada en su amante, Polina, está una de las protagonistas.
Lo trascribió Anna, su segunda mujer.
 
Para conmemorar este segundo centenario han visto la luz varios libros:
* "Una historia desagradable": novela corta de temática idealista y moral, escrita después de un viaje a España. Traducida por Marta Sánchez-Nieves y editada por Nórdica.
 
* "Dostoievski": es una biografía, en ella se pretende analizar el errático comportamiento del narrador. El autor es Virgil Tanase, autor rumano, (ediciones del subsuelo). La base sobre la que se ha edificado este libro es: "Diario de un escritor": apuntes, artículos, crónicas, reseñas, críticas, etc, en resumen, obra de no ficción. Traducido por Liudmila Rabdanó, Eugenia Bulatova, Elisa de Beaumont, editado en Paginas de Espuma.
 
Tras su muerte, Tolstói dijo de él:
"Nunca vi a este hombre y nunca tuve una relación personal con él, y de pronto, cuando murió, entendí que para mí era el más cercano, el más querido, el más necesario de los seres humanos. Jamás se me ocurrió medirme con él, jamás. Fue como si se desplomara algo en lo que yo me apoyaba. Me sentí muy desconcertado, y de pronto entendí hasta qué punto me era querido, y aún lloro". (León Tolstói).