Acaba de publicarse El factor Franco: Así era la España franquista según la inteligencia estadounidense, una magnífica iniciativa de la editorial Letras Inquietas. Este libro, que incorpora jugosas primicias, contiene además un estudio introductorio realizado por el historiador y ensayista José Antonio Bielsa Arbiol, que atiende amablemente a ECDE, medio del que es autor.

Bielsa se va consagrando como uno de los autores más prolíficos y una figura emergente entre los escritores de la España Nacional. Recién salido del horno Cine anticomunista (101 películas para combatir el olvido), un libro que dará mucho que hablar, vuelve a deleitarnos con otro trabajo de sumo interés, El factor Franco, una valiosa aportación que sirve para ensalzar la importancia internacional de la figura de nuestro Caudillo.

¿Qué particularidades tiene esta obra, El factor Franco, sobre otras de su género?

La singularidad de El factor Franco reside en que incluye, traducido por primera vez al español, un interesantísimo memorándum confidencial redactado por la Agencia Central de Inteligencia y titulado The strategic importance of Spain to the US. Este valioso documento, disponible para la CIA a partir del 1 de octubre de 1950, contiene información precisa sobre la importancia geoestratégica que la España de Franco tenía para EEUU, centrando su atención en factores geográficos, políticos, económicos y militares, entre otros. El factor Franco es un texto imprescindible para conocer realmente las causas de nuestra tétrica situación actual. La importancia objetiva del libro, pues, es incontestable.

Hablemos de la entrada de la CIA en España. ¿Cómo fue esta operación?

Uno de los objetivos prioritarios de mi estudio para El factor Franco ha sido precisamente aclarar este evento crucial. Fue, podemos decir, una operación discreta y fue paralela a las primeras evoluciones de la política bipolar propia de la naciente Guerra Fría. Los EEUU tenían en el punto de mira a la “neutral” España de Franco, y con razón, pues entraban en juego múltiples factores: nuestra privilegiada posición geoestratégica en el mapamundi, con todas sus implicaciones pasadas, presentes y futuras; el anticomunismo extremo del Régimen, afín a la acusada personalidad del Caudillo; y las propias peculiaridades geográficas de la Península, que la hacían a ojos de los yanquis una fortaleza bien definida por los Pirineos al norte… en el caso de que el territorio nacional fuera utilizado como espacio de operaciones, algo que los “Pactos de Madrid” del 23 de septiembre de 1953 ratificarían, con el inminente establecimiento de cuatro bases militares estadounidenses en suelo español: una naval en Rota, y otras tres aéreas en Morón, Torrejón y Zaragoza.

Tras la Cruzada Nacional, España había quedado literalmente arrasada.

Así es, fue una tragedia en todos los órdenes, y una guerra fratricida de diseño planificada años antes en la URSS. En cuanto al país, había quedado muy debilitado. Los denominados “años de hierro” no iban a ser fáciles: la guerra militar raudamente dio paso a una guerra psicológica de infiltración; comenzaba así “la otra guerra” contra la España de Franco: guerra oculta y de infiltración, decimos, pero también de fagocitación, donde el cáncer liberal –tras la derrota de su análogo comunista– iniciaba su destructora andadura. El aislamiento mundial y la marginación consiguiente, sumada a la acción coordinada del espionaje internacional (operativo antes de 1943), iban realmente de la mano.

¿Cómo serían las relaciones entre la España de Franco y Estados Unidos durante la II Guerra Mundial? ¿Hubo alguna modificación en el plano diplomático entre unos y otros?

Las relaciones bilaterales España-EEUU fueron levemente hostiles, fluctuantes entre la ambigüedad y el rechazo, y con una manifiesta desconfianza entre las dos partes que se fue atenuando una vez terminó el conflicto. En el plano diplomático, y pese a tenerlo todo en contra, el virtuosismo político de Franco y su política exterior operó en este sentido con camaleónica precisión: era evidente que el enemigo estaba en todas partes (es decir, descentralizado) y que el juego de la diplomacia implicaba una actitud expectante, pues España siempre estaría en desventaja y con muy reales posibilidades de perder.

¿Qué importancia iba a tener la CIA en el desarrollo de las políticas internas españolas de este periodo?

Poco significativas hasta finales de los años 50, especialmente porque Franco era demasiado inteligente como para dejarse impresionar por agentes liberales vinculados a los intereses anticatólicos y antiespañoles de las logias useñas. La firma del Concordato entre el Estado español y la Santa Sede en 1953 es la prueba más clara de que el Imperio yanqui y su principal terminal de infiltración, es decir la propia CIA, poco podían hacer en la política interna del país, cuya fortaleza espiritual se fundaba precisamente en su sólido catolicismo romano. Al menos mientras el General Franco estuvo en su apogeo.

La llegada de Eisenhower a la presidencia de los Estados Unidos facilitó el acercamiento. ¿Qué puede decir sobre esto?

Es evidente que el interés entre las dos partes era mutuo, pese a que por razones estratégicas podía ser más interesante para EEUU que para España, que al ir a remolque de las iniciativas yanquis hacía las veces de pariente pobre del Imperio. Los primeros contactos significativos se remontan al final de la administración Truman, pero será efectivamente el presidente Eisenhower quien refuerce los vínculos solidarios entre España y EEUU con mejor temple e iniciativa. De hecho Eisenhower era un hombre de espíritu castrense, y siempre mostró su admiración por el Caudillo. El sólido anticomunismo entre estos dos hombres políticos necesitaba de una concordia activa y real. La culminación de este viraje de salida tendrá su remate el 21 de diciembre de 1959, con la visita de Eisenhower a España, en cuanto obvio espaldarazo definitivo a la España de Franco por el principal hombre del bloque occidental. Fue un triunfo para Franco, y también el comienzo de la decadencia de España, pues a partir de aquí vamos a entrar en una clara degradación de costumbres, sin la cual es inconcebible la Transición y todo el desastre posterior.

Por último, ¿cuál fue el saldo para nuestro país en lo que a la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Madrid y Washington se refiere?

No es fácil emitir un juicio definitivo, pero estimo que dicho saldo fue beneficioso en el corto/medio plazo, al menos en el aspecto material y en lo relativo a la política multilateral, pero perjudicial en el largo plazo, en cuanto dichas relaciones diplomáticas eran muy desiguales e iban encaminadas a infiltrar la vida española de nuevos venenos liberales, realmente extraños a nuestro temperamento y esencia histórica.

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