Javier Rodríguez de la Flor es padre de familia y abogado de Madrid, por ese orden. Empecinado emprendedor en lo profesional e insaciable alumno en lo personal. La vida ya le ha dado algún que otro disgusto y no pocas alegrías y de todo ello siempre ha sacado grandes enseñanzas. En esta entrevista analiza los aspectos más esenciales de su último libro Vida (SND).

¿Por qué un libro con un título tan genérico como Vida?

Al momento de comenzarlo sentía esa necesidad, la necesidad de escribir un libro cuyo protagonista fuese distinto. En mis dos novelas siempre he escrito el libro que me apetecía leer en ese momento, y ahora quería un libro en el que el protagonista de la misma no fuese uno de sus personajes, sino la vida que les empuja y les arrastra como la corriente de un río.

¿A qué vida se refiere?

A la VIDA en mayúsculas, el papel que desempeñamos en esta representación que nos toca escenificar en cada día. La vida es nuestra razón de ser. El hombre busca, o debe buscar, en todo momento cual es su sentido aquí hoy y ahora. A qué está llamado. En cierto modo es una paradoja, pues pretendiendo que el protagonista de la novela sea la vida descubres que el hombre debe elegir entre ser él el protagonista de su vida o dejarse arrastrar por ella. Debe elegir entre dotar de contenido a cada día o dejar los días pasar. Dotar de contenido cada día implica un gran esfuerzo pues no hay festivos ni vacaciones, dejar los días pasar es dejarse llevar por esa corriente a la que antes me refería que es la representación más gráfica que se me ocurre. Lo fácil es dejarse llevar pero eso conduce a la insustancialidad de no vivir. Lo difícil es no dejarse arrastrar y dotar a cada día de su contenido y su significado y para ello debemos anclarnos firmes, eso implica tener valores, términos hoy en claro desuso.

Inicialmente en 2018 quería escribir unas reflexiones, pero a medida que pasaba el tiempo fue cambiando de orientación…

Buenos todos estamos inmersos en esta vorágine que nos rodea, todos debemos nadar en este caudal impetuoso que es el día a día. La vida es un continuo fluir, hoy estás aquí, mañana quien sabes donde vas a estar, y eso mismo me ocurrió en una novela que me ha llevado tres años desde la primera idea hasta su plasmación, por eso cobra tanta importancia el título que le he querido dar a la misma, porque aunque la idea que persigue es la misma con la que se concibió, nada tiene que ver la trama primigenia con la final, y eso es debido a la vida misma y los giros que ha dado en tres años.

Curiosamente acaba el libro con el inicio del Estado de Alarma, por lo que quizá se requiera una continuación, pues ya nada es igual que antes de la pandemia.

No, yo no creo eso, no creo que el Estado de Alarma nos haya cambiado. Si me permite seguir con este símil fluvial el Estado de Alarma tendría el efecto de un salto de agua una inmensa catarata que todo lo ha precipitado. El mensaje que subyace en todo esto es la decadencia de occidente, la inmensa crisis de valores que nos afecta, la falta de convicciones firmes, indefectiblemente lleva a muchos millones de seres a no ser los dueños de sus vidas a haber entrado en una atonía de dejarse llevar y arrastrar por la masa, a vivir sin vivir. El Estado de Alarma ha mostrado con toda crudeza que eso que era una sospecha de algunos es una realidad mucho peor de lo que se intuía.

Decidió reflexionar a través de una historia, unas oscuras tramas empresariales, que no dejan de ser el MacGufin de la novela.

Sí, la oscura trama empresarial está elegida indudablemente porque es ahí donde está librándose la batalla, es el campo de batalla en el que nos encontramos. Cuando hablamos de pérdida de valores no es un descuido como las llaves de casa, o una carpeta que no recordamos donde ña hemos dejado. La pérdida de valores es el resultado de una decisión cuyo fin último es la destrucción del hombre. Los valores y creencias de un hombre es lo que le dota de su distinción, eso le distingue de la bestia. A las bestias se las pastorea al hombre no.

 ¿Se podría decir que en el fondo es una defensa de los valores de la sociedad occidental?

No, llegados aquí, no creo que sea una defensa, es quizás un llanto por su pérdida, un intento por su reconquista. Siento en este punto ser tan pesimista.

En su anterior novela abordó el pasó de la Edad Media al Renacimiento, que es en cierta manera el origen remoto de la crisis actual.

Sí claro, el hombre en un momento de la historia cree hacerse mayor, como ese niño que un buen día alcanza la mayoría de edad, y rompe sus tutelas, romper los vasallajes y feudalismos fue bueno, pero romper con Dios indudablemente no tanto. El hombre no está solo en medio de todo esto, y no puede ser dueño de su vida, no puede dotarle de contenido si no es reflejándose en su Creador.

¿Qué cree que puede aportar este libro al lector?

Lo primero y fundamental que le entretenga su lectura, y si ya consiguiese despertar una reflexión aunque fuere solo para criticarme sería bonito. Pero con que a uno solo le sirviese para despertar y retornar a dotar de sentido a su vida, eso ya sí me haría feliz.