Continuamos hoy con el "Diario de una Bandera", la obra que escribió Franco siendo comandante y en la que narra la primera historia de la legión. En estos capítulos se comprueba varias cosas entre ellas que Franco sabe escribir y que Franco en el campo de batalla es el jefe perfecto.  Pasen y lean.

 

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X- Zeluán y Monte Arruit 

Los días siguientes a los combates en que las empresas guerreras no exigen nuestro concurso, los legionarios se dedican a la instrucción y tiro de combate; el crecido número de bajas desde el principio de la campaña nos ha hecho nutrir nuestras filas con soldados de reciente ingreso que llegan de Ceuta sin la indispensable preparación guerrera; es necesario perfeccionar su instrucción y adiestrarlos en el tiro, despertando en ellos la confianza en el arma y enseñándoles a aprovecharse del terreno. Esto, unido a las diarias conferencias teóricas sobre el combate y la guerra adelante en Marruecos, hace que su instrucción muchísimo y en los nuevos combates aumente la eficacia de nuestra acción.

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EL 14 DE OCTUBRE salimos en vanguardia de la columna Sanjurjo, en dirección a Tahuima. A la derecha de esta posición se encuentra nuestra columna para más tarde cooperar con las de Berenguer y Cabanellas a la toma de Zeluán y Buguensein.

Los momentos pasan lentos en espera de la señal de avance. Las alturas de Buguensein se ven coronadas de moros. Nuestra caballería, a la derecha, permanece en observación entre las lomas de Beni-bu-Ifrur, y momentos más tarde, paqueada, se retira al abrigo de la columna.

La hora ha llegado, y con frente extenso despliegan las Banderas en dirección a Zeluán, sirviéndoles de directriz la vía del ferrocarril. Una pareja de camiones blindados nos precede por la carretera y un grupo de policías de una Mía de reciente organización nos acompaña.

Llevamos recorridos unos tres kilómetros cuando silban las primeras balas. Los legionarios son tan rápidos en sus avances, que dejan retrasadas a las otras columnas, y la presencia de un núcleo de jinetes enemigos a nuestro flanco izquierdo nos obliga a desplegar una sección y sorprenderles con el fuego de nuestras ametralladoras.

La Segunda Bandera avanza a ocupar unas lomas frente a Buguensein, y la Primera ocupa el aeródromo. El enemigo huye disparando.

A la izquierda, desde la Alcazaba, nos disparan unos jinetes; los policías, con varios legionarios, se dirigen al poblado, alejándoles, y a nuestra llegada se nos presentan, una vez mas, los dolorosos cuadros del desastre.

El camino que hemos seguido está jalonado de cadáveres en actitud de sufrimiento, y en el poblado, la casa de Laina se nos ofrece uno de los espectáculos más horrendos de crueldad.

Seguimos a Buguensein. Aunque la posición es muy dominante, el enemigo no podrá resistir en ella; su retirada está descubierta y se le cogería en la huida. Un aeroplano describe sobre la posición pequeños círculos, y con gran precisión deja caer sus bombas entre las murallas. El avance de los legionarios es impetuoso, y pronto nos asomamos al balcón de la posición; numerosos grupos huyen por el llano, y aunque están lejos, son alcanzados por el fuego de nuestras ametralladoras.

Por la tarde se emprende la retirada a Segangan; nuestro papel de retaguardia nos hace ir cargando con los numerosos soldados de los batallones a quienes la falta de entrenamiento deja rezagados, y al paso de las distintas posiciones los vamos entregando.

La noche cierra antes de llegar al campamento; próximos a Segangan, unos pacos nos hacen objeto de sus disparos, y una patrulla de legionarios les persigue y aleja.

La vida de los legionarios en Segangan es distraída; cuando la instrucción o el tiro no les retiene sujetos, se esparcen por los alrededores y se registran pequeñas escaramuzas.

Uno de los que más se distinguen por sus arriesgadas salidas es el maltés, legionario en estado primitivo; su afición a la "razzia" ha hecho que no le dejen el fusil para que no se interne por los aduares, pero con la llegada de soldados nuevos ha encontrado medio de seguir sus "razzia". Hoy ha llevado a dos compañeros para que le protejan mientras "razzia" un aduar, en el que se encuentra a un moro cargando un burro con la cebada de los silos; una morita joven, dentro del silo, le va entregando un cubo con el grano; el moro, sorprendido, quiere huir, el maltés le persigue, agarrándole de la chilaba, y los quintos le disparan, sin herirle. El enemigo se aproxima al ruido de los tiros, y como la mora no quiere salir del silo, la tapan, y cogiendo el burro se retiran barranco abajo al campamento, en donde protesta indignado de sus compañeros de excursión: Aél poder traer mora bonita y colorada para Comandante y ellos estar quintos, tirar mal y marchar moro@, dice con su hablar estilo indígena.

Otro legionario, de aduares lejanos, viene con un baúl cargado; le persiguen a tiros, y parapetándose en la cuneta, se viene defendiendo hasta llegar al campamento. Así se suceden las excursiones de los legionarios, alguna de las cuales a alguno le costó la vida, pero esto aleja del campamento los paqueos.

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EL DÍA 23, POR LA TARDE, sale la columna a pernoctar en Zeluán, para emprender al día siguiente la marcha sobre Monte Arruit; lo fácil del terreno nos indica que el enemigo no ha de hacernos resistencia, y con esa idea nos acostamos.

A las siete de la mañana se encuentra formada la Legión para el avance; a retaguardia y a lo lejos, una fuerza con sus banderas españolas avanza cantando hacia nosotros; son las nuevas compañías de la Legión, que vienen a incorporarse a sus Banderas; llegan en los momentos de emprender el avance, y entre los vivas a la Legión les cedemos el puesto de vanguardia.

El avance se efectúa tranquilo; ni un solo moro se ve en el horizonte; nuestra caballería avanza por el llano y la de la columna de la izquierda, que ha salido primeramente, entra en la posición.

Rebasado Monte Arruit, detenemos nuestra marcha, y concentrada la columna nos dirigimos al poblado. Renuncio a describir el horrendo cuadro que se presenta a nuestra vista. La mayoría de los cadáveres han sido profanados o bárbaramente mutilados. Los hermanos de la Doctrina Cristiana recogen en parihuelas los momificados y esqueléticos cuerpos, y en camiones son trasladados a la enorme fosa.

Algunos cadáveres parecen ser identificados, pero sólo el deseo de los deudos acepta muchas veces el piadoso engaño, ¡es tan difícil identificar estos cuerpos desnudos, con las cabezas machacadas!

Nos alejamos de aquellos lugares, sintiendo en nuestros corazones un anhelo de imponer a los criminales el castigo más ejemplar que hayan visto las generaciones. Cuando regreso, un legionario se me acerca:

-Mi comandante, he venido de Cuba por vengar a mi Patria y a mi hermano, que estaba en Monte Arruit. ¿Me permite usted llegar a ver si puedo encontrarlo, ya que hoy no se presenta ocasión para vengarle?

-Vete allá, pero tu labor es difícil.

Se aleja de nosotros el recio soldado, regresando al poco tiempo.

-¡Es  imposible!  Alguno  de  ellos  es,  pero,  ¿quién  le  conoce?...  En  la  fosa  común  he  echado  mi puñado de tierra... Gracias, mi comandante.

La retirada se hace sin ser hostilizados; sólo a lo lejos unos moros paquean débilmente a nuestra caballería; este día pernoctamos en Zeluán y al siguiente llegamos a nuestro campamento de Segangan.

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UNA NOTICIA entristece estos días el campamento; el coronel Castro Girona, Jefe de nuestra vanguardia, ha de alejarse camino de Gomara; la Patria lo necesita allí. Oficiales y soldados sentimos su marcha como algo querido; la labor de este Jefe al mando de la vanguardia ha ganado la ciega confianza de todos, y por eso el homenaje que se le tributa en el momento de su marcha es uno de los actos más sentidos. Al ver las caras tristes, no hay que preguntar cuál es la causa: ¡el Coronel se va!

XI- Taxuda 2(Esponja)

 

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Se repite la operación de Taxuda. El 2 de noviembre es la fecha señalada para colocar una posición en la esponja alta y ocupar la meseta.

La misión de nuestra columna es tomar las esponjas de piedra que dan vista al Telat, operando en la misma forma que el día del primer combate La columna Riquelme, desde Taquigriat, ha de avanzar sobre Taxuda, y la columna Berenguer por nuestra derecha se adelantará en forma de cuña entre las anteriores.

La concentración se efectúa en los mismos sitios y hora que el primer día. El enemigo, al que en los primeros momentos se le ve coronar las esponjas de peñas, desaparece oculto por la espesa niebla; no volvemos a ver el terreno a lo lejos, y esto nos privará de la protección artillera.

Con contadas bajas ocupamos las primeras esponjas; la niebla ha facilitado hasta aquí nuestro avance; nos concentramos al abrigo de nuestras guerrillas y las ametralladoras se establecen en las peñas. Dos moros, a corta distancia, aparecen parapetados en la esponja alta y línea de piedras. El asalto promete ser duro.

En el pequeño collado se adelante una batería para batir las peñas. El sitio está muy enfilado, y al avanzar a brazo las piezas resultan heridos dos soldados; el fuego se rompe a breve distancia y el enemigo permanece firme entre las piedras.

Las órdenes para el asalto están dadas; dos compañías se adelantarán por derecha e izquierda a desbordar la posición, mientras otra de frente asaltará las piedras enemigas. Los soldados arman los cuchillos, que relucen a los primeros rayos del sol; en el asalto han de tomar parte las nuevas compañías, integradas por muchos sudamericanos, y hay materialmente que contenerlos para que no se lancen al asalto antes de avisar a Atlaten que suspenda el fuego.

El General está con nosotros, y cuando se da la señal, las oleadas de legionarios avanzan a la carrera sobre el enemigo.

Los momentos son de gran emoción; los moros nos esperan haciendo fuego tras sus parapetos; los soldados siguen avanzando; va estamos a pocos metros; al enemigo se le ven los detalles de sus caras; algunos soldados ruedan a nuestro lado en aparatosa caída; entre los moros enemigos también brillan los machetes; unos pasos más y el enemigo vacila, (Ya son nuestros! y por la ladera opuesta bajan los moros mezclados con los legionarios. La esponja alta ha sido tomada de nuevo.

Entre los primeros soldados marcha el heroico sargento Herben, de la segunda compañía; a los pocos momentos rueda barranco abajo abrazado a un moro; a su lado yace otro harqueño muerto; un sargento se arroja a recogerlo y consigue retirar su cuerpo y armamento, dando muerte, a  su  vez,  a  otro moro que se defendía entre las peñas.

El teniente Agudo, que es la primera vez que marcha al frente de su sección, recibe en el asalto muerte gloriosa. En las peñas de la izquierda vemos expirar a un valiente chileno; sus últimas palabras son:

-¡Viva la Legión!... ¡Viva Chile!

Y muere ¡Pobre chileno, muerto gloriosamente por España en su primer combate!

El Teniente Pérez Moreno ha sido herido gravísimo; el Teniente Montes, herido levemente en el avance, es de nuevo alcanzado por el plomo enemigo, y el Capitán Fortea, de la Policía, que viene como ayudante del Jefe de la vanguardia, cae herido en el pecho; a su lado un ordenanza moro llora silencioso. En la meseta de Taxuda observamos movimiento de harqueños; la duda de que puedan pertenecer a la otra columna nos mantiene sin batirlos con nuestra artillería, pero muy pronto las baterías de Taquigriat nos anuncian que son enemigos, y a los pocos minutos los velloncitos blancos de nuestras piezas de montaña se ven sobre las ruinas romanas; a lo lejos, y por el otro extremo de la meseta empiezan a verse las banderitas españolas de los policías.

Desde estos momentos el combate se mantiene franco; al enemigo se le ve retirar por las lejanas sendas del Telat numerosos heridos en caballerías; ya nuestro flanco izquierdo ocupa una larga trinchera que muere en la barrancada.

A la izquierda de nuestra guerrilla un soldado americano combate festivo; está entre un grupo de piedras, y a cada disparo siguen sus gritos de alegría; ha colocado su sombrero en las penas más altas, y él, desde la derecha, disimulado entre dos piedras, está a la caza; el sombrero ha recibido varios balazos, y cada agujero que le producen es contestado desde su rendija por el americano, que va tumbando con su procedimiento a los cercanos pacos.

Hacia las dos, se nota movimiento en el campo enemigo y el combate se recrudece un poco; los moros se concentran en las barrancadas tratando, sin duda, de reaccionar contra nuestras líneas, pero descubierta la concentración por los legionarios, se adelantan un poco las guerrillas y rompen sobre ellos un mortífero fuego, mientras las baterías de Atlaten, avisadas por teléfono, colocan también allí sus grandes explosiones. Desde las peñas altas se les ve como locos correr por la barrancada queriendo retirar sus bajas, pero éstas se hacen mayores, y en pocos minutos queda disuelta la concentración de la harca.

Fortificada la posición se efectúa el repliegue sin apenas ser hostilizados; la posición tampoco fue atacada durante la noche, pero se observó durante ella numerosas luces en el barranco; era la recogida de los muertos.

Las confidencias comprobaron días más tarde las numerosas bajas enemigas, todos los moros encargados de la defensa de la esponja habían sido muertos o heridos Y Abd-el-Krim los citó en la harca como ejemplo.

A partir de este día la resistencia había de ser menos empeñada.

Nuestras bajas fueron 10 muertos y 71 heridos; a los cubanos y sudamericanos correspondía gran parte de esta gloria.

El combate había tenido muchos espectadores; nuestro General y su Estado Mayor presenció desde las primeras peñas los momentos del asalto y la obstinada defensa de los moros. Es el día más grande de la Legión, nos decían yo creo que fue el día que nos vieron desde más cerca.

La orden general del día 3 de octubre dice así:

A la operación verificada sobre Taxuda ha demostrado, una vez más, el elevado espíritu y perfecta disciplina de las tropas de esta columna que dan orgullo al Mando, muy especialmente la Legión, cuya moral, siempre muy elevada, y ardorosa acometividad, no han podido entibiar las numerosas bajas hasta hoy sufridas, siendo también distinguida la conducta de una compañía de Sevilla que acompañó a la Legión en el asalto" 

 

XII- Sebt-Tazarut y Río de Oro

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Las operaciones por el Zoco del Had en dirección a Yazanen empiezan. El día 7 una columna desde la posición del Zoco saldrá a ocupar posiciones importantes en la meseta de Iguerman; la columna del General Sanjurjo distraerá al enemigo llamando su atención en Sebt-Tazarut.

Las dificultades que representa nuestra empresa son las que lleva unidas el tener que librar un combate en el estrechamiento de Bu-Asasa, en que los hombres y acémilas tienen que pasar de a uno en un terreno dominado por las lomas enemigas. El hacer el movimiento de avance por sorpresa facilitará nuestra misión.

Salimos de noche del campamento. Un frío muy intenso se siente en la penosa subida hacia Taxuda. Conforme ascendemos y se acerca el amanecer, el frío aumenta, y la vanguardia se concentra a la derecha de la posición de la Esponja Alta.

Reunida la Legión, vamos coronando rápidamente los espolones anteriores al estrechamiento y el pequeño aduar de Bu-Asasa, para al abrigo de ellos pasar a ocupar las lomas de Sebt-Tazarut.

El enemigo no se apercibe, y sin ser hostilizados ocupamos las alturas de Sebt-Tazarut, dando tiempo a que se incorpore el resto de la columna, que por las dificultades del terreno viene bastante retrasada.

La posición por nosotros ocupada es muy dominante. A su frente se extienden las mesetas del Telat y de Ihuaua en donde los aduares aparecen esparcidos; a retaguardia, el barranco de Río de Oro forma un enorme cortado, en cuyo fondo las huertas se extienden en dirección a Zoco del Had, y a lo lejos, Yazanen y Tifasor se proyectan en el horizonte. A nuestra derecha y sobre la meseta de Iguerman, como pequeñas manchas negras, se ven las tropas de la otra columna.

Una porción de pequeños puntos se acercan por la meseta y se pierden más tarde entre las casas y peñascos del pie de la posición: son los moros concentrados en Ras Medua que acuden al combate, y las balas empiezan a silbar.

La situación en todo el frente es buena; sólo a la izquierda, un terreno de peñascos y arbolado permite al enemigo acercarse a cubierto; en este lugar los pacos se suceden pegajosos mientras nuestras baterías dispersan los grupos a lo lejos.

Conforme avanza el día va acudiendo más gente, y en el ángulo de la izquierda la acción se entabla seria.

Cumplida nuestra misión y terminada la fortificación de las posiciones ocupadas por la otra columna, recibimos la orden de repliegue.

Antes de retirarnos, sentimos abandonar estas posiciones, desde las cuales en marcha franca se llega por el llano de la meseta a la posición de Ras Medua, y a las que seguramente tendremos que volver.

Los distintos batallones se han retirado con la  artillería  a tomar  posiciones a retaguardia,  pasa do el estrechamiento. Nuestra retirada es difícil los moros se muestran pegajosos y hay que evitar que el enemigo, coronando las alturas, nos coja en el paso. Hay que bordar la retirada, como decimos en el vocabulario militar.

Tan pronto nos replegamos del extremo derecho de la loma, los humos blancos de la artillería coronan los lugares ocupados por los legionarios, pero es preciso detenerse; unos soldados del extremo izquierdo caen heridos en el repliegue y las tropas vuelven nuevamente a ocupar la línea; los camilleros les conducen rápidos, y una vez ale jados, continúa la retirada.

Nuestras ametralladoras, situadas a retaguardia, barren la loma que abandonamos, pero no pueden evitar que algunos moros se filtren por las piedras de los costados y rompan el fuego sobre las fuerzas que se retiran, siendo herido el Capitán Alonso de la 140 Compañía. Pasado este mal paso la retirada sigue fácil hasta ponernos al abrigo de las posiciones.

Nuestras bajas este día han sido dos muertos y cinco heridos.

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LOS PRESENTIMIENTOS no nos engañaban. El día 11 salimos nuevamente a Sebt-Tazarut. Debemos llamar la atención del enemigo en Iguerman, siguiendo más tarde la marcha al Zoco del Had, donde pernoctaremos, mientras la otra columna efectuará el avance desde el Zoco del Had a Yazanen y Tifasor.

La operación puede ser dura si el enemigo se presenta numeroso; el terreno es muy accidentado, y la marcha muy larga y las bajas tienen que seguir con la columna.

La primera parte del avance se efectúa en forma análoga al primer día, y cuando amanece ya están los legionarios en Sebt-Tazarut; una batería de montaña se establece en les picos de la derecha, y en esta situación, en ligero tiroteo con el enemigo, esperamos órdenes.

El resto de la columna, a nuestra retaguardia, desciende por la profunda barrancada de Río de Oro para subir más tarde por nuestra derecha a los poblados de la meseta de Iguerman. Nuestra retirada ha de hacerse por las rocosas pendientes de la derecha, al abrigo de las tropas establecidas; pero el terreno se presenta tan cortado que el paso de los mulos es imposible; por esto, y en previsión de recibir la orden de repliegue, nuestra sección de zapadores se encarga con los artilleros de la construcción de una senda para mandar por ella la artillería y el ganado de las Banderas.

El enemigo va aumentando, pero no es muy numeroso.

Recibida la orden de repliegue, enviamos por nuestra retaguardia todos los elementos a lomo con nuestros caballos, nosotros nos hemos de descolgar más tarde por las peñas; repartimos entre la tropa un suplemento de municiones Y vemos alejarse el ganado por el cortado; cuando se han alejado por el valle de Río de Oro efectuamos muy rápido nuestro repliegue, necesitamos alejarnos antes de que el enemigo pueda coronar las crestas.

Al llegar al morabo del valle se retiran de Iguerman los batallones de la columna; los moros han coronado la loma y persiguen de cerca a las últimas unidades en retirada. Están tan lejos, que no es posible llegar a auxiliarles.

El enemigo se echa encima; necesitarían reaccionar y tomar la posición nuevamente, pero no lo hacen, y la retirada sigue precipitada con el enemigo a pocos pasos. El terreno y la situación táctica de estas unidades es tan difícil, que todo es perdonable.

Nuestras últimas compañías se han detenido, ocupando unas cercas inmediatas al morabo para prestar apoyo a esos batallones. Los legionarios recogen y conducen heridos a la ambulancia, y allí permanecemos hasta que toda la columna está replegada.

Las compañías de ametralladoras en estos últimos momentos han intervenido oportunamente, prestando un eficaz apoyo a las distintas fuerzas, y sirvientes y acemileros se disputaron el recoger y conducir heridos en los momentos de más peligro.

La noche cierra; la retirada se hace por escalones, y con frecuentes paradas seguimos el estrecho camino que nos lleva al Zoco. Nuestras bajas en este día son sólo siete heridos.

El día 12 sale la columna a pernoctar en Nador.

A nuestro paso por la plaza y en un descanso en el hipódromo escuchamos en el café a un grupo de soldados la inspirada Canción del Legionario, de que es autor el Comandante Cabrerizo.

Es uno de los cantos más bonitos hechos a la Legión. Dice así:

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La canción del legionario

I

¿Quiénes son esos bravos soldados

con bustos de bronce, curtidos de sol?

Legionarios del Tercio Extranjero

que llevan la savia del suelo español.

Un laurel brota siempre en las huellas

que los legionarios dejan al pasar

y germina regado con sangre

formando una hermosa corona triunfal.

No vacilan jamás ante el fuego,

porque se enardecen con ímpetu tal,

que arrollándolo todo, su empuje

es un torbellino como un huracán.

Y olvidando los hondos misterios

que todos encierran en su corazón,

dan al viento las notas vibrantes

de esta alentadora y alegre canción. 

Acogido a la Bandera

que tremola mi Legión,

se ha dormido la quimera

que guardé en mi corazón.

Soy legionario de España,

que una hazaña sin rival

dará al libro de su Historia

para ofrendarle la gloria

de otra página inmortal.

II

Cuando avanzan sedientos de lucha

para detenerlos no hay fuerza capaz,

pues asolan, incendian y matan

como poseídos de furia infernal.

Segadores de vidas les dicen;

cada legionario semeja un Titán,

y gozosos, usan el machete

como un acerado y agudo puñal.

Pendencieros y audaces y rudos,

son tercos y bravos en guerra y en paz

como aquellos valientes Cadetes

que a Carbone tenían por su Capitán.

Y al volver de la ruda jornada

rendidos los cuerpos, mas no el corazón,

aún renacen los viejos ensueños

y, para acallarlos, brota su canción:

 

Acogido a la bandera

que tremola mi Legión,

se ha dormido la quimera

que guardé en mi corazón.

Soy legionario de España,

que una hazaña sin rival

dará al libro de su Historia,

para ofrendarle la gloria

de otra página inmortal. 

III

Legionario que siembras la muerte

y audaz la persigues con ansia febril;

a tu empuje ni aun ella resiste;

la Muerte va huyendo delante de ti.

Será en vano que la desafíes

cuando en el combate te ciegue el furor...

¡Tu destino es soñar la quimera

que hoy hecha girones va en tu corazón!

Y harás yermo el terreno que pises,

campo de exterminio y desolación

y aún habrá una sonrisa en tu boca:

tu amarga sonrisa de desilusión.

Y es que dentro, muy dentro del alma,

fundido en tu sangre con llanto y con hiel,

aún revive contra tu deseo

un inolvidable nombre de mujer.

 

Legionario, Legionario,

canta alegre tu canción,

que el cantar es legendario

en nuestra heroica Legión.

Soy legionario de España,

que una hazaña sin rival

daré al libro de su Historia,

para ofrendarle la gloria  

de otra página inmortal. 

Continuará

Por la transcripción: Julio MERINO

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