Escenas relacionadas con la vida cotidiana, acontecimientos festivos o juegos cinegéticos, según los mosaicos que aún se conservan, muestran la armonía cromática que presidía la vida de los ciudadanos romanos.

En la indumentaria de las mujeres romanas y de los hombres en la vida civil, se aprecian las preferencias de los colores luminosos, rojo, amarillo y azul, así como una gama de verdes, desde el esmeralda a la aguamarina; ausencia de negros y tonos sombríos, reservados para la toga pulla y ropajes de luto.

De las mismas fuentes y de los textos literarios se deducen las formas de vestir de los romanos. Plauto, en su comedia Aulularia, aporta muchas referencias sobre los productos suntuarios que exigiría la esposa como dote Los sastres, bordadores, perfumistas y joyeros preferían el color rojo de fuego y el azul; los especialistas usaban el crocus, el azafrán, para teñir las lujosas estolas de color amarillo de las mujeres acaudaladas y de los sacerdotes de la diosa Cibeles.

Rojo fuego para la exaltación militar

El juego cromático en la indumentaria civil y en el ámbito doméstico buscaba un efecto estético a la vez que resaltaba el poder adquisitivo de la persona o de la familia. Entre los políticos, religiosos y militares, la elección de un determinado color venía determinada por criterios económicos y psicológicos para resaltar el sentido de poder.

Desde tiempos inmemoriales, el rojo de sangre y fuego ha simbolizado vida y destrucción. El flammeum, un velo rojo sangre con el que acostumbraban a cubrirse las romanas recién casadas, pretendía favorecer la fecundidad, mientras que el rojo flamígero en el uniforme militar pretendía asegurar la victoria en el combate.

Como es sabido, el rojo era el color dominante de las milicias romanas: el espectáculo de las legiones desfilando encabezadas por un imperator ataviado de color carmesí, y el color fuego del sagum con que se cubrían los soldados, enardecía al pueblo.

La púrpura del poder político y espiritual

Aquellos que disfrutaban del privilegio de lucir la púrpura se consideraban superiores a los demás. En el Antiguo Testamento hallamos un referente en el culto dado a Jehová, que manda que, para confeccionar las vestiduras sacerdotales, se tomen púrpura y carmesí.

El prestigio del color púrpura proviene del alto valor económico del colorante que lo produce, que se extrae de ciertos moluscos marinos, y de sus propiedades como tinte, al ser el más persistente de los que hay en la naturaleza y que representa la estabilidad, cualidad que se esperaba en un político, además del efecto psicológico de serenidad que transmite la combinación de rojo y azul.

Los reyes de los grandes imperios de la Antigüedad en Oriente Medio fueron los primeros que utilizaron el púrpura como signo de rango, aunque en algunas culturas mediterráneas, como la cretense y la griega, este tinte fue un artículo de libre consumo. Roma retorna a la antigua concepción oriental, limita el privilegio de su uso a los reyes y sacerdotes en el plano legendario: el uso de púrpura desde los primeros tiempos, pero solamente Rómulo lo llevaba en su capa…, el primer rey en vestir la toga fue Tulo Hostilio tras haber derrotado a los etruscos.

Al restablecerse la república, los representantes del pueblo que participaban en el poder político adquirían el derecho a bordear su toga con la cenefa de púrpura llamada clavus. César se arrogó de nuevo el derecho exclusivo a lucir la púrpura y consiente el uso de la vestis clavata sólo a los funcionarios de más alta jerarquía. Durante el Imperio, únicamente los senadores podían hacer uso del preciado tinte; gradualmente dejó de ser un privilegio reservado a los altos funcionarios para pasar a convertirse en un lujo al alcance de los que se lo podían pagar.

Ni la actitud del emperador Tiberio, que quiso dar ejemplo de moderación renunciando a vestir púrpura, ni las drásticas medidas que impuso Nerón, decretando la pena de muerte y la confiscación de sus bienes a quien se atreviera a lucir el colorante, aunque fuera sobreteñido con otro tinte, lograron frenar el afán imparable de ostentación de algunos romanos. Plinio calificó como locura la pasión por este tinte.

El significado simbólico de pureza, atribuido en Roma a la púrpura, queda reflejado en la costumbre patricia de que los muchachos llevasen la denominada toga praetexta, bordeada con el galón púrpura, hasta los dieciséis años, momento del ritual de paso a la pubertad, consistente en cambiar ésta por la toga virilis, totalmente blanca. Las muchachas lucían una cenefa similar en el borde de la stola, hasta que contraían matrimonio.