Las oscuras golondrinas que no volverán advierten las señales y subastan las nubes en las que viajan las insaciables heridas sin forma, que vagan como fantasmas, intentando vencer sus miedos...
 
Esas que no aprendieron nuestros nombres deforman la imagen que devuelve el espejo, vacían la esperanza asegurada a todo riesgo. Dibujan metáforas, construyen puentes, abren abismos, acechan y transitan por la oscuridad y el código cifrado de El Monte de la Ánimas...
 
Hablo de Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Batista, conocido mundialmente como Gustavo Adolfo Bécquer, del que el día 22 de diciembre se han cumplido 150 años de su fallecimiento.
 
Con 18 años llega a Madrid con una maleta repleta de versos.
Lenguaje exacto, sencillo, trabajado a conciencia. Acumulaba experiencias y saberes gracias a su talento, y persistencia, por eso se permitía cincelar una escritura que era su territorio salvífico.
 
Su empeño literario brotaba de un trabajo exhaustivo y del rigor. En su escritura hay una absoluta certidumbre de un mundo, a veces ajeno.
Su forma de adjetivar está repleta de luz y sonido.
La sensibilidad es la misma que le acompañó durante toda su fecunda trayectoria.
 
Bécquer pudiera ser el puente que une la poesía de los Siglos de Oro con la poesía contemporánea. Igualmente pudo conectar la poesía romántica española con la europea.
Vuelve a traer a la vida el romance lírico en la poesía moderna, patente queda en la rima V, donde se aprecia el eco del susurro, a pesar de las desviaciones de tono, con voz actual: "Yo soy el fleco de oro/ de la lejana estrella;/ yo soy de la alta luna/ la luz tibia y serena".
 
Sus rimas en su brevedad son un todo completo. Apreciamos por igual la línea perfecta y la composición. Construyó una senda propia hasta llegar al ahora. Promovió en sus poemas la esencia renovadora, imprescindible para nutrir a posteriores generaciones.
Algunas de sus composiciones parece que fueran pedazos de su alma descalza transformados en literatura.
Supo potenciar corrientes literarias que estaban ahí, y sintetizar la poesía popular andaluza con la alemana.
 
Quizá menos conocido es que fue censor de novelas,que escribió libretos de zarzuela, que traducía del francés.
Trabajó escribiendo sobre cualquier tema en el diario El Contemporáneo, del que después fue director.
 
Otras obras notables, además de Rimas y Leyendas son:
-Los templos de España.
-Cartas desde mi celda.
 
Su salud siempre fue débil y con altibajos. Sufrió una grave recaída en 1863, de esta época es el retrato que se conserva en el Museo de Bellas artes de Sevilla, pintado por su hermano Valeriano, con el que siempre tuvo una buena relación.
 
En 1864 el mecenas y amigo de Gustavo, González Bravo, le nombra censor de novelas, el escritor vuelve a Madrid, donde desempeñó esta tarea hasta 1867, con un sueldo nada despreciable, 24.000 reales.
 
1868 es un año siniestro, en los disturbios revolucionarios desaparece su libro de poemas, y se marcha a Toledo, donde permanece un periodo de tiempo.
 
El año 1870 le coloca el estoque de muerte su inseparable hermano y colaborador, hecho que le sumiría en un profundo dolor.
 
En noviembre fue nombrado director de: El Entreacto, una nueva publicación, en la que sólo publicó la primera parte de un relato.
 
Su estado de salud cada vez se agrava más y muere el 22 de diciembre, en la calle Caudio Coello, coincidiendo con un eclipse total de sol.
Sus últimas palabras fueron: "Todo mortal".
En su agonía pidió a Agusto Ferrán, poeta y amigo, varias cosas. Que cuidara de sus hijos. Que publicasen su obra ("Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo"); También que quemases sus cartas ("serían mi deshonra").   
 
El día 23 fue enterrado en el nicho nº 470 del Patio de Cristo, en la Sacramental de San Lorenzo y San Jose, de Madrid.
Los restos mortales de los dos hermanos se trasladarían a Sevilla en 1913, reposando primero en la antigua capilla de la Universidad, y desde 1972 en el Panteón de Sevillanos Ilustres.
 
Una vez finalizado el funeral de Bécquer, el pintor Casado de Alisal propuso a varios de los asistentes la publicación de la obra del sevillano. El día 24 de diciembre de 1870 a la una de la tarde se reunieron en su estudio de pintura para concretar detalles.
Acordaron una suscripción pública para recaudar fondos, respondía a dos motivos, ayudar económicamente a la familia del fallecido y honrar su memoria.
Ferrán y Correa rápidamente se pusieron a preparar la edición de sus Obras completas, vieron la luz en 1871 en dos volúmenes; fueron añadidos otros textos en sucesivas ediciones.
 
"Se me resiste pensar el que podrían meterme preso en un ataúd formado con la cuatro tablas de un tablón de azúcar, en uno de esos huecos de la estantería de una Sacramental..." Gustavo Adolfo Bécquer. (Cartas desde mi celda).