Sergio Gómez-Alba nació en Madrid en 1943. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Fue diputado a Cortes por Barcelona, PP, entre 1993 y 2004, formando parte de la Junta Directiva Nacional del PP. En el Congreso ocupó distintas funciones relevantes en su grupo parlamentario. Fue presidente de la delegación española (1996-2004) en la Conferencia Interparlamentaria Europea del Espacio y dirigió la oficina interparlamentaria del PP de Cataluña.

¿Por qué un libro sobre Aznar en el 25º aniversario de la llegada del Partido Popular al poder?

Pasados 25 años, hay una generación que tiene un gran desconocimiento sobre la etapa del Gobierno de Aznar. Quiero reivindicarla recordando que hay otras formas de gobernar y que una catastrófica situación política, económica y social, como la de hoy en España, puede ser revertida con políticas adecuadas, siempre que se antepongan los intereses de los ciudadanos a los de los partidos y sus líderes.

Usted fue testigo de primera mano, pero cuenta también con el testimonio de otros compañeros que también fueron protagonistas de estos años...

No he querido que el relato fuese una visión unipersonal, sino que actores de primera línea de esa política con sobrada competencia (secretarios de Estado, portavoces parlamentarios de las diferentes áreas políticas, diputados, embajadores, etc.) aportasen sus propias referencias en asuntos de singular transcendencia.

¿Se podría decir que el libro hace un balance de los años de Aznar muy positivo?

El balance de los años de gobierno del Partido Popular que van entre 1996 y 2004 es el más positivo de la democracia. Como esto no es algo que se pueda enunciar sin más, sin asistir a risas y aspavientos progresistas, todo va acompañado de la pertinente explicación, documentación, datos y estadísticas. Datos mandan sobre relatos.

¿Cuáles serían los principales logros del gobierno de Aznar?

Aznar tomó un partido, Alianza Popular, claramente escorado a la derecha. Lo renovó ideológicamente para convertirlo en un proyecto de centro derecha liberal que, bajo su indiscutido liderazgo y un equipo de alto nivel, ofreció a la ciudadanía de una España anquilosada tras largos años de gobierno socialista.

No desclasificar, a pesar de las críticas, los llamados “papeles del CESIC”. Si lo hubiera hecho, habría generado una convulsión política nacional llevando al PSOE, el primer gobierno socialista, al Rey y, por ende, a toda la nación a una situación incompatible con la nueva etapa. Una etapa que no necesitaba más crispación sino calma para desarrollar todo un nuevo proyecto político. Aznar supo pasar página, sin revanchismos, por el bien de todos.

La decidida apuesta por la entrada en el Euro entre el primer grupo de países. En este aspecto, los socialistas habían tirado la toalla hacía tiempo porque las condiciones necesarias para ello eran incompatibles con su política. ¿Imagina alguien, por ejemplo, a los socialistas bajando el déficit? Esa apuesta exigía enormes cambios estructurales que nuestra economía hubo de afrontar y que constituyeron la base del posterior despegue económico.

Reducción del omnipresente sector público que acumulaba pérdidas, privatización de empresas publicas en ruina que drenaban recursos financieros bancarios en perjuicio de le empresa privada, bajada de los tipos de interés que imposibilitaban una financiación no ruinosa, fin del derroche en sectores subvencionados; y bajada de déficit y deuda, reforma del sector energético que consiguió bajar la factura eléctrica (tema hoy de moda) un 40% permitiendo competir a nuestras empresas junto con la bajada de impuestos, sentando las bases para la creación de una auténtica política industrial para la competitividad generando un semillero de multinacionales que se expandieron por el mundo.

Igualmente, bajada de impuestos que aumentó la recaudación, algo imposible de comprender en según qué mentes, simplemente aumentando el número de los que pagaban: se incorporaron 500.000 nuevas declaraciones de IRPF y 200.000 nuevas empresas a pagar el impuesto de sociedades.

Lo anterior generó una dinámica laboral en la que de cada cinco puestos de trabajo que se creaban en la Unión Europea, cuatro se creaban en España. Cuando nos fuimos se habían creado cinco millones de puestos de trabajo.

El corolario fue que la llamada “hucha de las pensiones” cuando nos fuimos tenía más de 15.000 millones de euros. En cambio, cuando el PP llegó al gobierno estaba vacía y hubo que pedir un crédito bancario para la paga de navidad de los pensionistas. (Por eso los socialistas decían que bajaríamos las pensiones.)

La política antiterrorista del PP significó el comienzo del fin de ETA: cumplimiento íntegro de las penas de los terroristas, ilegalización de Herri Batasuna (nos advirtieron grandes desastres, no pasó nada) y que los destrozos de la Kale Borroca los pagaran los padres de los que los hacían. Eso les puso en situación imposible. Fue definitiva la cooperación de los EEUU, que Aznar propició con su política atlántica.

En el libro explica de primera mano cómo se desarrolló la política de pactos necesarios para gobernar, como el Pacto del Majestic ¿Cree que hoy en día estos asuntos pierden en cierta manera el interés o siguen vigentes?

El Pacto del Majestic, de todo punto necesario porque la nación necesitaba el cambio de gobierno, supuso la liquidación de una política propia del Partido Popular de Cataluña que Alejo Vidal-Quadras había articulado. Una política dirigida no a los que votan a este o al otro partido sino a todos los que querían escoger la lengua en la que educar a sus hijos y creían en una sociedad plural. Era una política transversal de defensa de derechos ciudadanos, ahí se inició la decadencia del PPC. Que el Partido Popular, mediatizado por Pujol, no recurriese la Ley de Política Lingüística de 1998 que, con el apoyo del PSC, liquidaba los derechos constitucionales de más de la mitad de los ciudadanos catalanes, sujetos a sanciones, por ejemplo, incluso si no rotulaban en catalán, supuso una obra de ingeniería social sin parangón en la Europa contemporánea. Una obra de ingeniería social que el nacionalismo impuso buscando meter en la horma, auténtica operación de ortodoncia política, a más de la mitad de la población catalana. La actual situación de Cataluña tiene ahí su partida de nacimiento y ahí comenzó también el colaboracionismo del PSC con los nacionalistas.

Sin embargo señala 3 errores garrafales, ¿hasta que punto empañaron los logros antes mencionados?

No hay obra de gobierno, por muy exitosa que sea, que no tenga aspectos cuestionables. Hoy es generalmente reconocido que la defenestración de Vidal-Quadras y la posterior neutralización del PPC fue un error muy trascendente por sus consecuencias. Otro fue el no recurrir al Tribunal Constitucional la Ley de Normalización Lingüística de 1998. Además, a Aznar, el asumir en solitario la gestión del atentado de Atocha, en lugar de reunir la mesa del Pacto Antiterrorista y gestionarlo conjuntamente con todas las fuerzas democráticas, le ocasionó que todas las iras cayeran sobre él. Eso nos trajo a Zapatero y aún no hemos salido de ese bucle.

Sin embargo, nada de eso anuló su mayor legado: creó cinco millones de puestos de trabajo y situó a España en el mayor respeto internacional, muy distante del actual.

¿Qué tal acogida espera que tenga este libro tanto en el partido como en la sociedad?

El libro ha sido muy bien acogido por la gente que todavía tiene presente episodios como Perejil, el Prestige, la guerra de Irak, etc. El Partido Popular lo ha leído con interés y supongo que habrá tomado nota de las muchas lecciones de buen gobierno que encierra.

¿Cómo cree que sentará el libro al propio Aznar?

El Presidente Aznar, si ha leído el libro, lo habrá visto con la distancia que ofrecen unos acontecimientos que en su momento le aportaron grandes sufrimientos y dilemas, y hoy en día solo son recuerdos de una intensa vida política.

¿Por qué merece la pena leerlo?

Es un libro que es necesario leer para ver y analizar la deriva que nos ha traído a la situación actual.