Niko Roa, (Burgos, 1961) es antiguo cabo Caballero Legionario en el 2º Tercio Duque de Alba. En lo profesional es director y guionista de documentales teniendo entre sus numerosos trabajos “Los Hijos de la Nube”, “La costa herida” o “Ben Mizzián, el General Moro”. Como escritor ha publicado ensayos de geopolítica y novelas históricas. Sus trabajos han recibido premios internacionales. Es conferenciante y divulgador en medios como El Toro TV, Radio Ya o Elespiadigital.

La trayectoria vital de Francisco Franco fue ciertamente extraordinaria. De desconocido cadete adolescente en la Academia militar a Jefe del Estado en España indiscutido durante 40 años. ¿Un caso con pocos o ningún precedente?

Es un caso, sin duda, extraordinario y único en la historia de España. Uno repasa ésta de principio a fin y encuentras una tradición multisecular de reyes –dado que la monarquía y el catolicismo son las principales señas de identidad de nuestra nación –, y bajo la férula de éstos están los validos con una trayectoria más o menos prolongada, como Olivares, o los generales “espadones” que tutelaron y gobernaron de facto los destinos de España. Pero todos tenían un ascendente aristocrático y habían medrado a la sombra del poder, por lo tanto, les era más sencillo posicionarse en la cumbre, a pesar de las intrigas palaciegas. Por supuesto obviamos el caso de las dos repúblicas, de tan infausto recuerdo –a pesar de las ensoñaciones de nuestros dirigentes/indigentes actuales –.

El caso de Franco es diametralmente distinto. Y digo que es singular y único en la historia de España tanto por su extracción social, como por el modo de como alcanzó la Jefatura del Estado, así como por lo dilatado de su gobernanza durante 39 años.

Franco no se puede decir que fuera de extracción social humilde, pues era hijo de un marino de alto cargo en la Armada, el equivalente a un coronel, pero del Cuerpo Administrativo, digamos una escala de menor proyección que el Cuerpo General –que eran los que estaban embarcados propiamente –, pero necesaria, pues eran los que llevaban las cuentas de todos los gastos inherentes al mantenimiento de las naves y su personal, y sin cuyo concurso la flota no puede navegar.

El padre no aspiraba más que su hijo siguiera la tradición; Franco estaba destinado a ser un contable de la Armada. El Desastre del 98, y el que España tuviese que recortar drásticamente el número de unidades, llevó al futuro Caudillo por otros derroteros. ¿Cuál hubiese sido el destino de España de haber podido entrar Franco en la Armada? Nunca lo sabremos, es un ejercicio de ficción, pero sin duda bien distinto del actual, y no precisamente para bien. Sin embargo, la vocación de Franco de ser militar a toda costa, ya fuese en la Armada, ya en el Ejército de Tierra, supuso que por una vez los dados rodasen a favor de España.

¿Cree usted, tal como expresó un hispanista tan prestigioso como Stanley G. Payne, que Franco ha sido la figura más importante de la historia de España desde el siglo XVI?

Estoy absolutamente de acuerdo con el hispanista americano…y que tenga que ser un norteamericano el que venga a descubrirnos esta obviedad dice mucho de nuestros demonios familiares.

En el siglo XVI, con los Reyes Católicos, España alcanza al fin la tan deseada y perseguida unificación, tanto política como religiosa. La muerte en 1504 de la gran reina Isabel –tanto fue que la figura de la reina en el ajedrez está inspirada en ella por su poder e influencia en el tablero –no pudo tener como recompensa el ver colmada sus aspiraciones de la reunificación de todas las tierras ya que España nace verdaderamente como nación tras la unión de Navarra al reino en 1515.

Los Austrias dieron a España una época de gloria y esplendor en todos los campos (militar, geopolítico, religioso, artístico, cultural, etc) inédito en nuestra historia, y en la de cualquier otro país en épocas recientes; para encontrar algo similar a lo que fue la España del siglo VXI tendríamos que retrotraernos a los grandes imperios de la Antigüedad.

Luego España entró en una decadencia militar, económica, social y moral; en un sopor que la llevó de catástrofe en catástrofe hasta la casi disolución de su propia existencia. Parecía que no había solución para enfermedad tan bien diagnosticada por pensadores de la talla de Unamuno y Ortega. Los odios cainitas entre españoles abocaban a estos a una continua guerra civil; España no encontraba su encaje en el concierto internacional, y disuelto ya el Imperio Otomano, España era el nuevo “hombre enfermo de Europa”.

Desde luego nuestros enemigos seculares se frotaban las manos con la desintegración de España. La Guerra Civil apuntaba en ese sentido; España ya no saldría de su marasmo. Pero hete aquí que surge la figura del pequeño cadete por el que nadie hubiera apostado un penique en su formación, el militar africanista que se labra su futuro en los roquedos de Marruecos, el hombre que asciende al generalato de manera fulgurante, el hombre que lejos de aspiraciones políticas cortoplacistas se convierte en estadista y que tiene un plan de recuperación para España a largo plazo, a fuer de la soledad y el aislamiento internacional, lo cual, si cabe, engrandece más su gesta.

Pagando un alto precio este hombre conduce los destinos de la patria por mares procelosos, y donde otras naciones hubiesen encallado la nuestra continúa paso a paso, pero de manera ineluctable y continua, su senda de progreso y estabilidad. A fin España ya no es un país arrumbado, ninguneado e irrelevante. España es un país con un alto nivel de vida, mayor que ninguno de África e Hispanoamérica, y por supuesto de todos allende el Telón de Acero. El país que caminaba en burro tiene ahora flotas de Jumbo, es el tercero más visitado del mundo, tiene excelentes relaciones con el mundo americano y con el árabe; es la décima potencia industrial del mundo. Todo ello en el corto plazo de 39 años.

Estoy de acuerdo con Stanley Payne en el sentido de que Franco es la figura española más importante desde el siglo XVI.

Lo dice él, yo lo suscribo.

¿Cómo fue el paso de Franco por la Academia?

Las andaduras del cadete Francisco Franco en la Academia de Infantería de Toledo no son especialmente brillantes, todo hay que decirlo, pero de los más de quinientos aspirantes él superó las pruebas, junto con otros 381, y 118 no. Luego, a lo largo de la carrera, fueron muchos los que no superaron el rigor de la Academia y abandonaron. Franco en aquel entonces era un chaval de catorce años, pero ya con un acendrado sentido de la responsabilidad de lo que implicaba ser un militar español.

Su discurrir entre los muros del imponente Alcázar fue más bien anodino, quiere decirse que no creó ningún problema, más allá de una llamada de atención por parte del Director al enfrentarse con unos compañeros que le hacían continuamente objeto de las desagradables novatadas. Fue buen estudiante y aplicado; resistió bien la instrucción en campo abierto, y en el pesado y monótono orden cerrado. En sus horas de asueto no salía demasiado a la ciudad a alternar con las cadeteras ni a contar bravatas en torno a un porrón. Por el contrario, le gustaba concentrarse en la lectura de la historia militar.

En julio de 1910, tras tres años de durísimo entrenamiento, Franco terminó sus estudios y se graduó como segundo teniente (actual alférez) con el número 251 de su promoción.

Franco se presentó voluntario para ir a la guerra de Marruecos. ¿Era eso algo habitual? ¿Otros jóvenes oficiales esquivaban el compromiso militar voluntario?

En cuanto Franco tuvo conciencia de la situación que se había creado en Marruecos, con la instauración del Protectorado, pidió de inmediato acudir allí. Fue rechazado debido a su juventud y su bisoñez, pero por primera y única vez en su vida recurrió al enchufe, tanto de su padre como del general Villalba Riquelme, antiguo director suyo en la Academia de Toledo.

El favor que pedía a ambos era ¡¡ir a la guerra!!

Desde luego no era nada habitual en un segundo teniente, y mucho menos según se ascendía en el escalafón; aquello era un avispero donde moría mucha gente y quedaban mutilados o enfermos aún más. Pero a despecho de ello él quiso acudir despreciando la vida muelle en un destino cómodo y seguro en la península. Una vez en Marruecos éste le cautivaría y le marcaría una impronta que le acompañaría toda la vida.

¿Cómo fue el desempeño de Franco como joven oficial en la guerra de Marruecos, destacando inmediatamente por su serenidad y valor?

Franco destacó de inmediato en África, como si aquella tierra fuera consustancial a él y le estuviera esperando. De inmediato su arrojo, su templanza, su sangre fría y su valor fueron advertidos por sus superiores en el campo de batalla.

El coronel Dámaso Berenguer, que observaba las evoluciones contra la morisma del Grupo de Regulares donde servía Franco preguntó al edecán la identidad de aquel joven oficial que avanzaba de manera impecable al mando de sus hombres: “Es el segundo teniente Franco, mi coronel”. Como capitán, al mando de una compañía de Regulares, fue herido y desahuciado, en el combate de El Biutz.

¿Fue el primero de una generación militar que ascendió vertiginosamente por méritos de guerra?

En aquel Protectorado de Marruecos, en aquella guerra tan complicada de explicar al pueblo español, salvo la quimera de las fabulosas minas de hierro del Rif que fue un gran bluff, se acrisoló la mejor hornada de capitanes que viera España desde los tiempos de los Tercios. A Franco habría que añadir tantos que sería prolijo enumerar, y que sin duda dejaría injustamente a muchos fuera. Pero para que el lector tenga una mínima referencia a los Millán Astray, Mola, Sanjurjo, Queipo de Llano, Silvestre o Primo de Rivera, deberíamos añadir los Salafranca, Asensio Torrado, Alonso Vega, Varela, Asensio Cabanillas, Saliquet o Muñoz Grandes, por citar solo algunos. En fin, un plantel de hombres bravos como no pariera España en siglos, y que más tarde se enfrentarían con ardor en las trincheras y los campos de batalla peninsulares.

Algunos han sugerido que por haber asumido mando de tropas desde muy joven no tuvo el suficiente tiempo de formación militar académica. ¿Qué opina usted?

La formación militar se aprende más ampliamente ejerciendo el oficio en el campo de batalla que por otros medios. Pero es que además es rotundamente falso que Franco adoleciera de conocimientos militares teóricos por haber estado demasiado ocupado haciendo la guerra.

Ya hemos visto que en la Academia de Toledo prefería enfrascarse en la lectura de las grandes batallas y de la teórica militar que salir de vinos al Zocodover, pero es que además él fue el primero en sugerir el empleo del arma acorazada en la Guerra de Marruecos, algo que consideraban inviable otros militares de mayor grado y experiencia. Él fue el co-fundador de La Legión, y posteriormente su primer jefe, siendo en gran medida La Legión el cuerpo que declinó la balanza en la Guerra del Rif. Él desglosó ante Alfonso XIII como debía asestarse la estocada final a Abdelkrim desembarcando en Alhucemas. Él tenía una idea absolutamente acertada de las causas de la Primera Guerra Mundial al advertir que Inglaterra nunca podría permitir una flota alemana que comprometiese la comunicación de la metrópoli con su imperio ultramarino.

Conocedor a fondo de las Guerras Napoleónicas, y de por qué Napoleón había perdido en España dejando rearmarse a Wellington en Lisboa, advirtió a Hitler que si no había vencido en el Blitz de verano del 40 era de presumir que mientras hubiese un inglés vivo habría partido. De ahí sus dilaciones al Führer.

En un alarde posterior cabe señalar la carta que remitió al presidente de EE.UU Lyndon Johnson acerca de la Guerra de Vietnam vaticinándole que nunca podría ganar a un pueblo decidido a librarse de la ocupación extranjera.

Por no hablar de la conducción de su ejército en la Guerra Civil, y ahí está el Convoy de la Victoria, la Liberación del Alcázar y su tremendo impacto propagandístico, la Campaña del Norte, la aniquilación de la bolsa republicana entre Gandesa y el Ebro…

Todo ello, a mi juicio, demuestran que Franco tenía amplios conocimientos militares, tanto prácticos como teóricos.

¿Como era Franco como oficial en materias como la disciplina? ¿Era un oficial duro pero justo?

A Franco se le ha imputado de todo lo malo habido y por haber, pero basado en el desconocimiento. Franco impartió justicia durante la huelga general del 17 en Asturias escuchando a los mineros agraviados muchas veces por abusos de la autoridad y dictaminando a favor de ellos. Al crear La Legión juzgó a sus hombres con la dureza inherente a tan sufrido cuerpo, que recordemos era absolutamente de voluntarios a los que se les informaba antes de firmar el enganche de la disciplina férrea del cuerpo, pero él daba ejemplo a sus hombres estando el primero en toda circunstancia, demostrando que lo que él pedía era posible hacerlo. De todas maneras, mandar legionarios en aquella época no era una cuestión baladí. En la milicia dureza y justicia son a menudo concomitantes.

¿Qué aporta su libro de novedoso?

Todo lo que yo he escrito en EL JOVEN FRANCO estaba aquí y allá en otros libros, sin embargo, creo que era pertinente ofrecer en estos tiempos tan ahistóricos un semblante de Franco bajo aspectos no demasiado bien conocidos, y que son fundamentales para conocer el posterior Franco Jefe del Estado.

Franco, a despecho de sus detractores, era un hombre ilustrado que leía a los literatos de su tiempo –le gustaba mucho su paisano Valle-Inclán –admiraba el pensamiento de Unamuno, Vázquez de Mella y otros eruditos.

Conocía sobre el terreno las desigualdades que lastraban el país. Dedicó gran parte de su tiempo escribiendo, ya diarios, como DIARIO DE UNA BANDERA o DIARIO DE ALHUCEMAS, ya como director de la Revista de Tropas Coloniales sus editoriales durante 1925-26, lo que no hacían otros militares. Todo ello simultaneándolo con su trabajo específico de soldado, en donde destacó de manera fulgurante, siendo con 33 años el general más joven de Europa, con todos sus ascensos por méritos de guerra.

Franco alternó en sociedad dejándose ver en saraos y balnearios; incluso en un cameo cinematográfico. Franco fue padre y esposo, y como hermano procuró revertir la carrera errática de su hermano Ramón a quien siempre quiso y protegió.

En definitiva, Franco fue un hombre excepcional fruto de unas circunstancias excepcionales. Que su gobierno en España fue una dictadura, indudablemente, él mismo lo reconocía a su primo Pacón (MIS CONVERSACIONES PRIVADAS CON FRANCO), pero fue una dictadura que devino en régimen autoritario, y que fue absolutamente provechosa para la nación.

Como todo gobernante, y más en un periodo tan dilatado en el tiempo, sin duda cometió errores, pero sus aciertos y logros los eclipsaron sobradamente.

A mí me gusta recordar siempre el caso de Joan Miró, comunista y separatista que no sólo vivió muy bien en la España de Franco, sino que el régimen le promocionó llevándole como mascarón de proa a Bienales y Exposiciones Internacionales, lo mismo que Tapiés, Gerardo Rueda o Fernando Zóbel, todos ellos pintores de renombre mundial; que Buero Vallejo en el teatro; que Chillida en escultura; que Cesar Manrique en arquitectura; que Julián Marías en filosofía. Obsérvese que solo cito a los que no comulgaban con el régimen, pero vivían en él. Los que sí lo hicieron, desde Dalí a Cela, de Luis Rosales a Berlanga fueron legión.