Ya está a la venta, editado por SND Editores, el libro de Guillermo Pérez Galicia España: esencia y origen, que he tenido el honor de prologar. He aquí mi prólogo, en exclusiva para los lectores de El Correo de España.

 

            Por tres razones accedí gustoso a prologar este libro cuando su autor, Guillermo Pérez Galicia, me lo propuso: en primer lugar, por la amistad que me une a él, una amistad fraguada en Facebook pero que ha transcendido a esa red social donde tantos, y para mí tan enriquecedores, intercambios dialécticos hemos tenido; en segundo lugar, porque yo fui, ahí mismo, uno de los que le instigó y animó a acometer una obra de estas características, para la que se me hacía evidente que Guillermo estaba llamado; y en tercer lugar, pero no menos importante, porque le debía un prólogo, dado que él escribió el de mi libro Por Dios y por España.

            Accedí gustoso a prologar este libro, he dicho, pero confieso que también con temor, como así se lo hice saber a Guillermo, por acecharme serias dudas sobre mi capacidad de escribir un texto condigno de su obra, que ya preveía entonces, y he corroborado ahora al leerla, sería de altísimo nivel. No siendo yo un experto en Historia ‒ni, para decir toda la verdad, en ninguna otra disciplina erudita‒, ciertamente mi temor estaba fundado. Sin embargo, sí que soy un buen lector ‒cada uno tiene sus capacidades‒ y es así, en calidad de simple lector, como abordo la escritura de este prólogo, sin más pretensión que transmitir mis impresiones sobre este libro y mi gratitud por las múltiples enseñanzas que me ha procurado, lo cual cuadra perfectamente con el propósito didáctico con que su autor, según declara en su advertencia preliminar, lo concibió.

            Dividido en dos bloques, el libro arranca, digamos, en la prehistoria de España, presentándonos a los primeros pobladores de su territorio, si bien desde los capítulos iniciales Guillermo pone en claro cuáles son, propiamente, la esencia y el origen de nuestra patria. España, nos dice, «se gesta en Roma, nace con los visigodos y alcanza su edad adulta con los Reyes Católicos»; remachando que nuestra nación es «argamasa del derecho romano y de la religión católica». En este largo recorrido por el tiempo, el relato fluye como un río, el caudaloso río de nuestra historia, cuyas aguas se tiñen de sangre durante los casi ocho siglos de invasión mahometana, período éste sobre el que Guillermo, basándose en una exhaustiva documentación, desmiente el mito de «la convivencia pacífica de las tres culturas» (mahometana, cristiana y judía), así como de la supuesta gran aportación de la cultura árabe a la nuestra, que deja en sus justas (y relativamente pequeñas) proporciones. Todo el primer bloque, en realidad, en cada uno de sus capítulos, es un mentís a la leyenda negra antiespañola, que Guillermo va desmontando con el rigor de los datos contrastados y del sentido común. Y así, por poner otro ejemplo, vemos que la tan malfamada y oscurantista Inquisición española, muy lejos de ser la terrorífica maquinaria de persecuciones, torturas y matanzas que nos pintan los historiadores antiespañoles o anticatólicos (valga la redundancia), fue en verdad una institución muy querida por el pueblo, «probablemente, junto a la Corona de España, la mayor impulsora de las ciencias, las letras y las artes de la historia de la humanidad» y sus tribunales los más justos y garantistas de la época ‒exactamente al contrario que los de las inquisiciones protestantes europeas, éstas sí terroríficas y sanguinarias en grado sumo y de las que Guillermo nos ofrece un gigantesco catálogo de sus atrocidades‒. Otro episodio al que se le restituye su verdad histórica en este libro es la conquista de América, descrita vívida y bellamente por Guillermo (a mi juicio, sus mejores páginas) como la grandiosa gesta evangelizadora y civilizadora que fue.

            El segundo bloque es un desdoblamiento del primero en el que Guillermo vuelve sobre los episodios más gloriosos de nuestra historia, pero vistos desde el comienzo de nuestra decadencia con la infiltración del liberalismo en España (Constitución de 1812) hasta nuestro aciago presente. Excede a este prólogo consignar, aun en forma somera, la apabullante batería de argumentos de la más diversa índole (políticos, teológicos, jurídicos, morales, económicos, filosóficos, lingüísticos) aportados por el autor para explicar las nefastas consecuencias de la implantación en nuestro país de las ideas liberales, engendradoras de todas las perniciosas ideologías, pero aseguramos al curioso lector que su curiosidad quedará saciada si lee con la atención debida los capítulos que tratan esta cuestión.

            Si es cierto que para amar es preciso conocer lo que se ama, concluiremos entonces afirmando que Guillermo Pérez Galicia, con España: esencia y origen, ha hecho una magnífica contribución al conocimiento de nuestra historia y, por ende, una magnífica demostración de amor a nuestra patria. Agradezcámoselo no sólo leyendo sino también difundiendo su libro, especialmente necesario estos días en que se nos quiere imponer desde instancias gubernamentales una falsaria y totalitaria memoria democrática.

            Al modo clásico, tan caro a nuestro amigo, termino con un soneto dedicado al autor.

 

                                          De porte musculoso y bien plantado

                                          y espíritu pugnaz forjado a fuego,

                                          diríase Guillermo del Medievo

                                          una mezcla de asceta y de cruzado.

 

                                          Con Grecia y Roma antiguas pertrechado,

                                          el prístino saber tiene del griego

                                          y del romano el noble ardor guerrero

                                          en hispánica lid acreditado.

 

                                          Feroz en sus diatribas, mas pausado

                                          en su hondo razonar lleno de ingenio

                                          que deja al contrincante desarmado.

 

                                          Las más duras batallas da sin miedo

                                          y siempre pertinaz y esperanzado,

                                          pues sabe que de Dios viene su genio.

 

                                                                                                       Andrés García-Carro

                                                                                         El Arenal, Palma de Mallorca

                                                                                                    8 de diciembre de 2020

                                   Festividad de la Virgen de la Inmaculada, Patrona de España