Mariano González Campo es licenciado en filosofía por la Universidad de Murcia, graduado en filología nórdica por la Universidad de Islandia, graduado en antropología social por la Universidad de Bergen y doctor en traducción y comunicación intercultural por la Universidad de Valladolid. Como especialista en lenguas, literaturas y culturas escandinavas es traductor de numerosos textos de literatura nórdica medieval. También es traductor de autores islandeses y noruegos contemporáneos como Þorvaldur Þorsteinsson, Jóhann Sigurjónsson, Jo Nesbo, Anne Holt, Torborg Nedreaas o el premio Nobel Knut Hamsun, de quien tradujo una amplia selección de textos políticamente incorrectos bajo el título Textos de la Infamia (Berenice, 2011).

En esta entrevista nos habla de su último libro traducido, Un voluntario noruego en la guerra civil española, Per Imerslund, un trabajo de SND.

¿Por qué se decidió a traducir un libro sobre un combatiente noruego?

La verdad es que fue algo casi casual. Corría el año 2007 cuando compré en una librería noruega la extensa biografía sobre Per Imerslund escrita por los historiadores Terje Emberland y Bernt Rougthvedt junto con otro libro que trataba del uso del antiguo paganismo nórdico en cierto sector del fascismo noruego, en el que también se hablaba sobre Per Imerslund. Yo me considero ante todo traductor de literatura nórdica medieval, así que el tema del paganismo vikingo y su uso político en la Europa de entreguerras es algo que siempre me ha interesado como tema de investigación. Digamos que ahí radica la conexión, un tanto tangencial, con la figura de Per Imerslund. Tras leer su biografía quedé fascinado por el personaje y me puse a indagar más sobre él, en especial sobre su participación en la Guerra Civil española puesto que las relaciones históricas entre España y Noruega es un tema que también me interesa mucho como investigador. A partir de ahí descubrí y leí el libro Videre i passgang, en el que se recoge gran parte de sus escritos sobre la Guerra Civil, y la existencia de una publicación tan interesante como Ragnarok, que pese a ser fascista se mostraba muy crítica con el régimen de Vidkun Quisling. Una vez leído Videre i passgang y otros textos resolví que merecería la pena ofrecer el testimonio de Per Imerslund al público de lengua castellana como contribución a la historia cultural de nuestra Guerra Civil y su dimensión transnacional desde la periferia escandinava.

Ciertamente mucho se habla de los voluntarios de las Brigadas Internacionales ignorando a los extranjeros que vinieron a apoyar al bando nacional...

En efecto, se ha estudiado, traducido y publicado mucho más sobre las Brigadas Internacionales que sobre “los otros internacionales”, es decir, los voluntarios extranjeros que por diversos motivos apoyaron al bando nacional con armas, con escritos o, como ocurre en el caso peculiar de Imerslund, con ambas cosas. Sin embargo, si bien es cierto que los voluntarios que apoyaron el bando nacional fueron menos en términos cuantitativos, sus experiencias y testimonios no son menos importantes o interesantes en términos cualitativos. Afortunadamente, percibo que hay un creciente interés en el estudio de “los otros internacionales” desde el ámbito universitario (artículos, monografías, tesis doctorales, etc), lo cual en principio es muy positivo si se sabe tratar el tema con la objetividad, rigor y consideración que merece.

Y más si era por simpatía hacia Franco o por convicciones anticomunistas...

En honor a la verdad hay que decir que la gran mayoría de voluntarios extranjeros que apoyaron al bando nacional lo hicieron más por convicciones anticomunistas que por simpatía hacia Franco, a quien consideraban bastante difuso ideológicamente. Tal fue el caso de Per Imerslund. Hay que tener en cuenta, no obstante, que los voluntarios extranjeros en el bando nacional consideraban que el comunismo no solo era un peligro real en España, sino también en sus propios países, así que venir a nuestro país a combatirlo era, en cierto modo, una manera – si se quiere simbólica - de frenar también su expansión en sus países nativos.

¿Quién era Per Imerslund?

Per Imerslund fue un noruego nacido en 1912 que tuvo una vida bastante agitada y apasionante hasta su temprana muerte en 1943, a los 31 años. Vivió en la Alemania de la República de Weimar, donde conoció de primera mano el nacionalsocialismo alemán llegando a militar en las S.A., y también en México, país por el que siempre sintió un profundo afecto y en el que llevó una existencia un tanto aventurera. Per Imerslund fue también un escritor y articulista al que le tocó vivir en tiempos convulsos y, en este sentido, puede considerársele una especie de réplica fascista al estalinista noruego Nordahl Grieg, que también participó en la Guerra Civil española en el bando republicano. Pero ante todo, Per Imerslund fue un idealista que supo ser consecuente con sus ideas hasta el final. Tal vez fue este el aspecto de Imerslund que más me atrajo de él en un principio. Por desgracia, hoy en día se ensalza a los combatientes de un bando y se denigra a los del otro por motivos ideológicos. Yo creo que la discriminación no hay que hacerla en términos ideológicos, sino éticos. En este sentido, puestos a ensalzar y denigrar, habría que ensalzar a los idealistas, con independencia de su bando, y denigrar a los canallas y oportunistas, que también los hubo en ambos bandos. Tal vez así se conseguiría una mejor comprensión y respeto mutuo entre quienes siguen vinculándose hoy en día a uno de los dos bandos, 80 años después…

¿Qué papel tuvo en la contienda?

Desde el punto de vista estrictamente militar, el papel de Per Imerslund en la contienda fue prácticamente insignificante. Solo estuvo unos 5 meses en Andalucía y su bautizo de fuego se produjo en el frente de Córdoba, con no demasiadas intervenciones bélicas por su parte. De hecho, enfermo como estaba de malaria desde su temprana estancia en México, tuvo que abandonar debilitado el frente y regresar a su Noruega natal. Sin embargo, con sus crónicas periodísticas enviadas a diversos medios de comunicación nórdicos sí tuvo un papel considerable a la hora de crear opinión pública en el extranjero.

Una vida ciertamente digna de ser llevada al cine...

Totalmente de acuerdo. De hecho, Per Imerslund es considerado por sus biógrafos una suerte de versión fascista y noruega de Jack London, algo que da mucho juego para una película de aventuras. El cine noruego contemporáneo ha producido últimamente filmes de considerable calidad en los que ha tratado la vida de célebres personajes de aquel país como Amundsen, Thor Heyerdahl o el destacado resistente antinazi Max Manus. Sin embargo, mucho me temo que una película sobre Imerslund no saldrá jamás a la luz por aquello de la corrección política, no por falta de interés del personaje.

Háblenos de la importancia de seguir combatiendo contra la sectaria ley de memoria democrática que quiere reescribir la historia.

Yo soy traductor e investigador, no político, así que lo único que puedo decir al respecto es que la manipulación de la historia por parte de la política es algo que, lamentablemente, se ha llevado a cabo en todos los regímenes políticos del mundo con independencia de su ideología. Es la manera que tiene el poder de crear una narrativa parcial que justifique su existencia en determinado momento y lugar. La memoria histórica, o democrática, según se denomina ahora, forma parte de esa estrategia del poder para justificarse y legitimarse a partir de la creación de unos mitos fundadores que, a su vez, generan unos tabúes que hay que alimentar. Tal como se plantea en España o en cualquier otro país similar, una memoria histórica en la que predomine un hemisferio, sea el izquierdo o el derecho, solo puede conducir a medio o largo plazo a la afasia y de ahí a la amnesia…Con lo cual nos veremos abocados a repetir acontecimientos históricos que no deberían volver a repetirse. Ya se sabe, quien olvida la historia tal y como realmente fue está condenado a repetirla.

Personalmente, lo que me parece más triste es que haya historiadores sobradamente cualificados que hagan un mal servicio al rigor que exige una ciencia humana como la Historia convirtiéndose en meros cronistas del poder, y me da igual la ideología y el régimen al que sirvan. Creo que el historiador, al igual que el filósofo, el sociólogo, el antropólogo, etc…ha de estudiar los fenómenos sociales en sus dimensiones sincrónicas y diacrónicas con la mayor objetividad - o al menos independencia - posible en busca de lo que los alemanes llaman Verstehen o comprensión. Y que conste que comprender un fenómeno no significa estar de acuerdo con él. Precisamente, el interés principal que el libro de Per Imerslund tiene para mí es que ofrece un testimonio de primera mano desde sus propias premisas ideológicas y existenciales y es desde esas premisas que hay que comprenderlo. Luego que cada cual saque sus conclusiones libremente. Es lo que en antropología llamamos “enfoque emic”, es decir, comprender el mundo desde la mente del agente, del nativo, del afectado, en contraposición al enfoque “etic”, donde es el investigador quien trata de dar, o a veces imponer, sentido al mundo y la mente de los demás.