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Cuando llegaron a Colonia, la capital de la Renania del Norte-Westfalia, situada en el sector controlado por Inglaterra tras el reparto que se hicieron los Aliados en Postdan, hacía un día de perros. Lluvia, viento, un cielo negro y barro. La bella ciudad era todavía, a los dos años de terminada la guerra, un cementerio de edificios derruidos y escombros. Y eso a pesar de los cientos de grúas y de máquinas que trabajaban sin parar, de día y de noche, reconstruyendo lo que las bombas habían arrasado. Se hospedaron en el “Hotel Rhin”, que daba, precisamente, al río del mismo nombre. Y aquella noche la pasaron como más le gustaba a “Lupe”. Había poco que ver, y sin embargo, a aquella gente se la veía feliz.

 

Así que por la mañana se dirigieron a Leverkusen, donde estaban situados los laboratorios de la “Bayer”. Leverkusen es una joven ciudad, de algo más de cien mil habitantes, que está a media distancia entre Colonia y Dusseldorf y vive por y para los famosos laboratorios.

 

En cuanto se hospedaron en el pequeño y acogedor “Hotel Westfalia” Don Juan dejó a “Lupe” deshaciendo las maletas y se dirigió al enorme complejo que dominaba el [1]grandísimo anuncio fluorescente  con la palabra “BAYER” cruzada. Una vez dentro preguntó por el doctor Friedich Ghunther, a quien llevaba una carta de presentación del Rector de la Universidad Central de Madrid. El doctor Ghunther era un hombre muy mayor, de larga barba blanca, que a primera vista le recordó a Carlos Marx, pero curiosamente hablaba muy bien español, por lo que la primera conversación fue muy agradable. Entre otras cosas porque el Doctor había estado varias veces en España y algunos familiares suyos, judíos por supuesto, se habían salvado del nazismo gracias a la ayuda que recibieron de las autoridades franquistas el año 1940.

 

Tras los saludos iniciales y la entrega de la carta del Rector de Madrid Don Juan le expuso el motivo de su viaje a Leverkusen. En ese momento el alemán mandó llamar a Don Pablo, “die spaniche” (“el español”) que según le dijo era el Coordinador Jefe de los Laboratorios.

 

  • No se preocupe por el idioma –dijo el doctor Ghunther con gran simpatía– afortunadamente el hombre que le va a enseñar los laboratorios es un español y una grandísima persona, es nuestro Jefe de Organización y Compras. En 1927 vino a Alemania en un viaje de trabajo y aquí se quedó y aquí se casó con una alemana.

 

A los pocos minutos se presentó en el despacho “die spaniche”, (así llamaban al tal Don Pablo), que se llevó una gran alegría al conocer a Don Juan y saber los motivos de su presencia. Don Pablo era un hombre joven, no tendría más de 45 años, simpático, alegre y de fácil palabra.

 

  • Muchacho, no sabes qué alegría me das. Llevo años sin hablar con un español y eso me va a ayudar a mejorar mi ya casi perdido idioma español.

 

         Dicho lo cual y hechas las presentaciones el doctor le dijo al “español”.

 

  • Don Pablo, en sus manos dejo al doctor Sarramayor. Atiéndale como se merece un amigo y muéstrele los laboratorios con los máximos detalles. Espero y deseo que Don Juan se vaya satisfecho de su viaje a Leverkusen.
  • No se preocupe, doctor Ghunther. Así lo haré, y encantado.

 

         Y ahí acabó mi primera entrevista con el Director de Relaciones Externas de la “Bayer”.

 

         Después, y ya solos, Don Pablo quiso saber dónde me había hospedado, si había venido solo y cuántos días disponía para conocer los laboratorios. Al saber que había venido acompañado por mi joven colaboradora en la Farmacia y que estaría el tiempo que fuese necesario, me dijo.

 

  • Juan, entonces hoy no te voy a enseñar nada, porque ya es mi hora y lo que vamos a hacer es otra cosa. ¿En qué hotel se han hospedados ustedes?
  • En el “Hotel Westfalia”.
  • ¡Ah! No está lejos de mi casa, así que nos vamos ahora mismo, recogemos a su acompañante y les invitó a cenar. Quiero que conozcan a mi familia. Yo me casé con una alemana y tengo dos hijos que ya son alemanes, aunque hablan perfectamente español. La pequeña es una joven de apenas 20 años. ¿Qué edad tiene su acompañante?
  • Pues más o menos esa edad.
  • ¡Ah, estupendo!, mi hija Helga será una buena anfitriona, es muy simpática y estudia, precisamente, farmacia en Colonia.

 

         Y a las siete de la tarde ya estaban sentados los cinco (el hijo no había podido sumarse a la cena) en un restaurante precioso, desde el que se podía ver de cerca las aguas del Rhin. Fue una cena muy agradable y la comida muy satisfactoria. Un menú típicamente alemán y mucha cerveza. Helga y “Lupe” se cayeron muy bien y casi se aislaron de los demás hablando entre ellas. Ya a los postres a instancias de Don Pablo, Don Juan le adelantó en síntesis el objetivo principal de su viaje, e incluso le habló del “Shiremufriol”. Y Don Pablo se entusiasmó con el tema.

 

  • Mira, Juan, amigo mío, mañana, si no te importa, pasaré a recogerte por el hotel y lo primero que quiero que veas y conozcas es el Departamento de Producción de la Aspirina. Luego tendrás que conocer el Departamento de Investigación, sin duda la “niña bonita” de la Empresa. Porque has de saber que la “Bayer” dedica la mayor parte de su capital a la investigación y podrás ver que en el mismo trabajan investigadores de todo el mundo. La “Bayer” está siempre alerta y tiene oteadores en las Universidades más importantes para estar al tanto de cualquier proyecto que se esté investigando para no dejarlo escapar. Estoy seguro que cuando les hables de tu proyecto van a interesarse al máximo. Ahora mismo se está negociando la patente de un medicamento que puede ser una revolución farmacológica, una píldora anticonceptiva que permitiría a las parejas controlar la natalidad. Pero, por esta noche ya está bien de hablar de cosas serias, cuéntame cosas de Madrid y de España. ¿Cómo se está recuperando España del desastre que fue la Guerra Civil? ¿Están los españoles contentos con Franco? ¿Sabes? Yo hice la guerra con los Nacionales, pero lo que vi no me gustó nada y me volví a Leverkusen al puesto que había dejado en la “Bayer”. Eran los tiempos triunfales de Hitler, cuando casi toda Europa estaba en sus manos y Alemania era una gran potencia mundial. De lo que vino después no quiero hablarte ni recordarlo. Lo pasé muy mal, como casi todos los alemanes y si lo puedo contar es porque Dios siempre estuvo de mi lado. Fue un milagro, pues en dos ocasiones resulté herido y hospitalizado. ¡No,  no quiero ni recordar “aquello”!, ni los terribles bombardeos que sufrimos.

 

         Y en efecto, a las 7:50 de la mañana “die spaniche” recogió a Don Juan en el hotel y a las 8  ya estaban en el despacho de la Dirección de Organización y Compras, que así se denominaba el Departamento que dirigía don Pablo. Casi al mismo tiempo fueron llegando los más de 50 empleados que trabajaban con él.

 

  • Juan, te dije anoche que empezaríamos por el Departamento de la Fabricación de la Aspirina, pero he pensado que antes debo explicarte y conocer lo que yo hago en esta empresa. Mi Departamento, o sea desde esta mesa y este salón, se controla toda la organización de los Laboratorios y por aquí tienen que pasar todas las necesidades de todos los Departamentos, salvo el de personal y el jurídico. Todo lo que haya que comprar pasa por aquí, desde los instrumentos y el mobiliario de los laboratorios hasta la proporción de cobayas y materias primas. El Departamento está dividido en Secciones, cada una de ellas tiene un cometido concreto. Por ejemplo, la Sección de cobayas tiene como función única buscar y encontrar los animales, vegetales, aves o reptiles que se necesiten para cualquier experimento. También desde aquí tenemos que gestionar la compra de aquellas materias primas que no se fabriquen en el mismo Complejo “Bayer” o en Alemania, porque también a veces hay que importar esas materias primas de otros países. Bueno, lo mejor es que te vaya presentando a los jefes de sección y que cada uno te vaya explicando su cometido.

 

         Y en ese repaso al Departamento de Organización y Compras se pasó la mañana. Don Juan estaba maravillado de la perfección con que se llevaban a cabo las distintas funciones..

 

         Aquella misma tarde Don Pablo presentó al farmacéutico español a los responsables de la fabricación de la Aspirina... y aquello sí que impresionó a Don Juan, porque impresionante era ver funcionar aquellas inmensas máquinas desde que entraban el ácido salicílico, el anhídrido acético, la solución de ácido fosfórico, el etanol y la NaOH hasta ver salir las pastillas tal cual las vemos después en la farmacia. Para Don Juan todo un mundo que le llenó de envidia.

         Pues, en aquella gran nave y en los despachos que la rodeaban pasaría los tres días siguientes. Don Juan quería conocer bien todos los pasos de fabricación de la Aspirina, porque en su mente ya “veía” entrar sus “cuatro jinetes” antitabaco y salir ya en cápsulas o pastillas su “Shiremufriol”.

 

         Pero una de aquellas tardes mientras tomaban una cerveza a la salida del Complejo Don Pablo le dijo a Don Juan:

 

  • Juan, he sabido y te alerto, aunque tal vez no debiera decírtelo, que mañana te van a llamar para presentarte al Director del Departamento de Investigación, porque quieren saber algo de tu “Shiremufriol”... Ten cuidado, no digas más de lo que tú creas conveniente. En este mundo las ideas corren peligro y la “Bayer” no se anda con escrúpulos cuando se trata de conseguir un medicamento revolucionario. Es lo que ha pasado con la píldora a
  • Gracias, Don Pablo, se lo agradezco de verdad. Pero no se preocupe, sabré “lidiar el toro -y Don Juan dejó escapar una gran sonrisa que produjo una gran carcajada en Don Pablo.

 

         ¡Ay!, pero allí, además de la “Bayer” y la Aspirina estaba “Doña Lupe”, que a esas alturas  se había hecho ya casi la dueña de la casa de Don Pablo y se había conquistado a la joven Helga y a la madre Doña Marlene. Y no sólo eso, porque la “niña” no se había olvidado de la cama y se pasaba las noches montando a caballo al pobre investigador. ¡Ni se acordaba de España!... Para ella, aquello era su “Viaje de Novios” y un viaje de novios había que aprovecharlo como ella lo entendía: follando, comiendo, durmiendo y viendo monumentos. Y bien que lo estaba aprovechando todo, porque si las noches se las dedicaba a la cama y al sueño, los días se los dedicaba a la comida (¡había engordado ya 3 kg desde que llegaron a Leverkusen!), y a lo que ella llamaba monumentos de piedra que en este caso eran sus idas y venidas a Colonia, la Capital del Estado, naturalmente acompañada de Helga, que ya le había descubierto y presentado a sus amores y amoríos.

 

  • Don Juan, le presento al doctor Dietrich y sus colaboradores, los doctores Adenauer y Rumenigge, el encargado Director del Departamento de investigación –dijo el doctor Ghunther en cuanto se sentaron en su despacho. Él y sus ayudantes, están muy interesados en saber algo de los experimentos que está usted llevando a cabo buscando un remedio al tabaquismo.

 

         Pero como el doctor Dietrich y sus ayudantes no sabían hablar español también estuvo presente Don Pablo, que fue quien hizo de intérprete.

 

  • Encantado de conocerle doctor Dietricch y doctores Adenauer y Rumenigge, para mí es un placer hablar con ustedes y poderles adelantar algo del proyecto en el que estoy trabajando con la ayuda de la Doctora en Medicina Linares, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid. Aunque les tengo que advertir que nuestra investigación está todavía en una fase inicial. Verán, todo comenzó con mi abuelo, él era, y su padre también lo fue, sólo un farmacéutico que regentaba su propia farmacia en Madrid. Pero también era un investigador nato y como era un fumador empedernido se empeñó en buscar un remedio para los efectos nocivos del tabaco, especialmente de la nicotina y el alquitrán... y a ello dedicó casi toda su vida. Cuando yo entré por primera vez en su pequeño laboratorio, un laboratorio que él mismo se había construido en lo que en España se llama rebotica, al iniciar la carrera  en la Facultad de Farmacia ya me hizo partícipe no sólo de su inquietud investigadora sino también de los ensayos, que venía realizando  para encontrar un preparado que pudiese contrarrestar los efectos del tabaco, tal vez porque ya tenía muy tocados sus pulmones y la memoria comenzaba a fallarle. Hasta ese momento mi abuelo ya había descubierto que algunas plantas medicinales, entre ellas el salvado de trigo y el hinojo, mejoraban la calidad respiratoria e incluso reducía la llamada “tos del fumador”. Pero, desgraciadamente mi abuelo murió hace dos años y yo me quedé sólo con las notas que mi abuelo había ido escribiendo. Lo primero que hice fue naturalmente, volver a repetir los ensayos  que mi abuelo había hecho, hasta descubrir que aquello no era más que un mínimo principio, y desde ese momento mi obsesión es completar la fórmula, porque sí, estoy seguro que mi abuelo iba por buen camino.
  • Muy bien, doctor Sarramayor, y le aseguro que ese “mínimo principio” que usted acaba de reflejar es muy interesante

–dijo el doctor Dietricch con gran simpatía– Pero, a usted, Doctor, no se le habrá escapado que la nicotina sobre todo produce adicción y que sus efectos nocivos dañan principalmente al cerebro.

  • Efectivamente doctor Dietricch, y por eso he unido mis esfuerzos, a la doctora Linares, porque ella está realizando su Tesis Doctoral sobre el funcionamiento del cerebro, y ya es una gran conocedora del “gran desconocido”, sobre todo tras sus estudios en Londres, en el “Saint Mary”, y al lado del doctor Ehrlich.
  • Muy bien, doctor Sarramayor, también yo creo que su abuelo iba por buen camino y le aseguro que si usted llega a la meta la Humanidad se lo agradecerá... ¡Y también... ja, ja, ja, las empresas tabaqueras! –y el doctor Dietricch no pudo evitar una gran carcajada.
  • Está bien, doctor Sarramayor, otro día volveremos a hablar con usted de este tema, su proyecto puede ser muy interesante para la “Bayer”.

 

         Y ahí terminó la reunión. Pero, a la salida Don Pablo le cogió del brazo y le apretó con fuerza por el codo.

 

  • Juan, has estado muy bien, te has apuntado un gran tanto. Luego te hablaré.

 

         Y aquella misma tarde-noche Don Pablo invitó a cenar a la pareja en su propia casa. Fue una comida típica de la Westfalia según dijo la señora Marlene: De aperitivos, jamón y rajas de rodaballo, ambos ahumados. De primero, trucha servida en papillot y tacos de queso “Harzen Kase”, acompañados de “Klobe” y de plato fuerte “Relleno del Rhin”. Todo ello regado con cerveza “Kolsch”, la más popular de la Renania del Norte, y una botella de vino del Rhin, obtenido con uvas “Rhiesling” y de postre “Tarta de la Selva Negra”, y una copa de “Alcopops”.

 

  • Juan, te ha tocado la lotería –dijo Don Pablo entre plato y plato al tiempo que iba explicando el contenido de los distintos platos del menú– creo que tu “Shiremufriol” les ha puesto los dientes largos, porque ya han visto el negocio que puede significar para la empresa, teniendo en cuenta que en el mundo hay más de mil millones de fumadores y que cada uno consume al día al menos cinco cigarrillos, eso sería un negocio mayor incluso que el de la Aspirina. Así que no te van a dejar que te vayas de aquí sin ningún compromiso contigo.
  • ¿Y que me pueden ofrecer por algo que todavía sólo es un sueño?
  • Mira, Juan, el mundo avanza, y así ha sido a lo largo de la Historia, por esos sueños de algunos “locos” y ellos ya han visto o han intuido, que tu sueño puede ser mañana una realidad.
  • Hombre, Don Pablo, yo creo que estoy en el buen camino incluso cerca de la salida del túnel, pero...
  • Pues, prepárate, porque me da la impresión que muy pronto te van a proponer algo.

 

         Y así fue. Porque a los tres días Don Juan y Don Pablo fueron convocados a una reunión con la Alta Dirección y sin preámbulos le hicieron una propuesta.

 

  • Don Juan, hemos estudiado las posibilidades que tiene su proyecto y le proponemos hacer ya un pre-contrato en el que usted nos declare primeros posibles compradores de la patente, por si el proyecto se hace realidad y usted y su colaboradora la doctora Linares consiguen que el “Shiremufriol” pueda fabricarse y comercializarse.
  • Yo les agradezco en el alma su interés, pero les advierto que el proyecto es sólo un proyecto y que todavía queda mucho por investigar.
  • De eso se trata, doctor Sarramayor. La “Bayer”, porque cree que van ustedes por buen camino, está dispuesta a ayudarles a recorrer el camino que les falta. Porque, seguramente, a ustedes les faltaran medios.
  • Sí, eso es verdad, Señor Director General, pero de momento tenemos lo que necesitamos.
  • Vamos a ver, amigo mío, le voy a hacer una propuesta que tal vez a usted le interese estudiar. Verá usted, la “Bayer” lleva ya desde un tiempo atrás pensando en montar en Madrid una Planta de Fabricación de nuestra Aspirina. Y hemos pensado que usted podría ser nuestro hombre en Madrid. Si a usted le interesa nuestra propuesta estamos dispuestos a montarle no sólo la Planta de Fabricación sino también a concederle los derechos en exclusiva para España.
  • ¡Ufff!. Me sorprende usted. Eso sería algo importante, no sólo para mí sino para mi país.
  • Por eso se lo proponemos. Ahora bien, no es necesario que usted lo decida en este momento. Sólo le pedimos, a cambio, que usted acepte la petición de los derechos de su “Shiremufriol”. Naturalmente eso no le obligaría a usted mucho, ya que en el supuesto de que lleguen a buen puerto, entonces sí habría que sentarse a concretar la colaboración de ambas empresas o la compra simple de su patente.
  • Está bien, Señor Rabintrop, ambas propuestas son interesantes. Déjeme que lo piense y antes de volver a España volveremos a hablar.
  • Por supuesto que sí.... y en cualquier caso, ya le agradecemos que haya tenido la amabilidad no sólo de visitar la “Bayer” sino de adelantarnos su trabajo. Gracias, pues.

 

         Y con grandes muestras de simpatía por parte de los alemanes “die spaniche” y Don Juan salieron de aquel despacho.

 

***

 

         Pero, pasó una semana y la Dirección no dio señales de vida. Eso preocupó a Don Juan, no a Don Pablo, que algo sabía de los movimientos que estaban dando los directivos de la “Bayer”.

 

  • Juan, no te preocupes, tranquilo, ellos están moviendo sus piezas, ya te llamarán.
  • No Pablo, si yo no estoy preocupado. Lo que pasa es que ya creo que debemos volver.
  • Juan, una cosa quiero adelantarte. Si llegas a un acuerdo con la “Bayer” y se aprueba levantar en Madrid esa Planta de Fabricación de la que te hablaron, yo quiero ayudarte. Estoy dispuesto a irme contigo a España hasta que la Planta se levante y entre en funcionamiento.
  • Eso sería estupendo, Pablo. Eso me anima a aceptar.
  • Verás, amigo Juan, aunque ya has visto que mi vida está aquí y que yo me siento ya tan alemán como español, sigo pensando en mi pueblo. ¿Sabes, o no te lo he dicho?, que yo nací en Seseña, ese pueblecito de Toledo que limita con Madrid, y que todavía tengo allí parte de mi familia. No sé, tu presencia aquí me ha hecho pensar en mi juventud y en los terribles años de la Guerra Civil. Pensé que ya no iba a sentir “morriña”, pero vosotros me la habéis despertado. Por ello, te digo que si la “Bayer” y tú llegáis a un acuerdo, yo estoy dispuesto a irme a España con mi familia. Estoy seguro que a mis hijos les encantaría.
  • Don Pablo, a mí también me gustaría. Contigo a mi lado me atrevo a fabricar la Aspirina en España.
  • Está bien, pero no adelantemos acontecimientos....

[1] La primera Cruz de Bayer gigante fue instalada en Leverkusen, en 1933. La segunda Cruz de Bayer fue colocada en 1958 a unos metros de distancia respecto de su antecesora, la cual había sido desmantelada después de la Segunda Guerra Mundial.