Antonio Tovar, Ignacio Agustí, José María Alfaro, Manuel Augusto García Viñolas, Álvaro Cunqueiro, Gerardo Diego, Manuel Diez Crespo, Carlos Foyaca, Román Jiménez de Castro, Pedro Laín Entralgo, Eduardo Llosent y Marañón, Manuel  Machado, Eduardo Marquina, Eugenio Montes, Alfonso Moreno, Eugenio D’Ors, Leopoldo  Panero, José María Pemán, Fray Justo Pérez de Urbel, P. Pérez Clotet, Dionisio Ridruejo, Félix Ros, Luís Rosales, Juan Sierra, Adriano del Valle, Luís Felipe Vivanco… estos son algunos de los escritores españoles, no todos, que el “agitprop” marxista-comunista mandó al exilio interior y exterior, antes y después de la guerra, al exilio o a la muerte de la Ley del Silencio, como suelen hacer con todos los que no militen en sus filas o simplemente sean “compañeros de viaje”. Estos que aquí se citan, además, cometieron el crimen de escribir cada uno un soneto dedicado a José Antonio Primo de Rivera al finalizar la Guerra Civil. ¿Y cómo iban a perdonar las Izquierdas vencidas y humilladas a un escritor que se hubiera atrevido a escribir a favor del “fascista” José Antonio?

Hubo otros que no pudieron ni entrar en “la cueva del silencio” porque antes ya los habían fusilado (Ramiro de Maeztu y Pedro Muñoz Seca) y otros contra los que no pudieron por su obra grandiosa (Unamuno, Valle-Inclán, Azorín, Baroja, Ortega, Pérez de Ayala, Gómez de la Serna, etc…)

¡La Ley del Silencio! ¡La muerte en los medios de comunicación! ¡La desaparición total! ¡La no existencia! ¡Si eres  “fascista” no tienes derecho a la vida! ¡Guernica fue una matanza, un holocausto (126 muertos), y Paracuellos, un “accidente” de la Guerra (más de 4.000 muertos)!

Pero, hay biografías y obras que son más fuertes que el “agitprop” y a pesar de los silencios rompen las barras de esa cárcel y viven para el mundo.

Es el caso del gran, grandísimo Gerardo Diego, uno de los señeros de la Generación del 27. ¡Ay!, pero, el hombre que dejó escrito, según los más entendidos, el mejor soneto de la literatura española.

El Ciprés de Silos

Enhiesto surtidor de sombra y sueño 
que acongojas el cielo con tu lanza. 
Chorro que a las estrellas casi alcanza 
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño, 
flecha de fe, saeta de esperanza. 
Hoy llego a ti, riberas del Arlanza, 
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme, 
qué ansiedades sentí de diluirme 
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos, 
ejemplo de delirios verticales, 
mudo ciprés en el fervor de Silos
.”

cometió el crimen de sumarse el 18 de julio a los “nacionales” y cantar a José Antonio, la División Azul y la heroica defensa del Alcázar de Toledo. Y esto no se perdona.

Pero antes de seguir adelante veamos quién fue el personaje y su dedicación profesional como licenciado y doctor en Filosofía y Letras.

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Vida personal y profesional

Gerardo Diego Cendoya nació el 3 de octubre de 1896 en Santander y fue bautizado en la cripta de la Catedral. Fue el séptimo hijo de Manuel Diego Barquín y Ángela Cendaya Uría, una familia católica, apostólica y romana que regentaba un comercio de tejidos. Dos de sus hermanos y una hermana siguieron la vía eclesiástica y el mismo tuvo tentaciones de seguir el mismo camino… Y en Santander pasó su infancia y estudió el bachillerato. Años más tarde escribiría una obra (“Mi Santander, mi cuna , mi palabra”) donde bien se pone de manifiesto que Santander fue siempre la piedra angular de su vida.

Como puede comprobarse en los dos sonetos que me place reproducir:

 

Elegía de Atarazanas

Ni ascua ya, ni ceniza ni pavesa;

aire en el aire, luz en el sobrado

de la santa memoria. Aquel tejado,

trampolín de aquel sueño que no cesa;

vuelve la golondrina y embelesa

con su trovar mi oído enamorado,

y está el cielo del Alta serpeado

de altas cometas que el nordeste besa.

¿Todo es ya nada? El fuego ¿también puede

 devorar la ilusión, lo que no cede?

 A ese alado ladrón ¿no hay quien le ladre?

Nada es ya todo. Viva está mi casa.

Es verdad. No te has muerto. Un ángel pasa

por tus ojos azules, madre, madre.

*    *   *

Bahía Natal

Cristal feliz de mi niñez huraña,

mi clásica y romántica bahía,

consuelo de hermosura y geografía,

bella entre bellas del harem de España.

La Luna sus mil lunas en ti baña

 —tu pleamar, qué amor de cada día—,

y te rinden reflejo y pleitesía

montañas, cielo y luz de la Montaña.

Mi alma todas tus horas, una a una,

sabe y distingue y nombra y encadena.

De mi vivir errante fuiste cuna

nodriza, y de mis sueños madre plena.

La muerte, madre mía, a ti me una,

agua en tu agua, arena de tu arena.

La carrera de Filosofía y Letras la hace en Deusto (Bilbao), la famosa universidad de los Jesuitas donde se formaban las élites de toda España. En 1916 se traslada a Madrid para hacer el Doctorado y se acostumbra a estudiar en el Ateneo, donde comenzó a conocer a los famosos y los que como él soñaban con la fama literaria, entre ellos Pedro Salinas, Rafael Sánchez Mazas, García Lorca, Juan Larrea, Vicente Huidobro y León Felipe, que una tarde le presenta a Juan Ramón Jiménez, que fue el primero que le animó a publica su primer libro: “El Romancero de la Novia”

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Sueños

Anoche soñé contigo.
Ya no me acuerdo qué era.
Pero tú aún eras mía,
eras mi novia. ¡Qué bella

mentira! Las blancas alas
del sueño nos traen, nos llevan
por un mundo de imposibles,
por un cielo de quimeras.

Anoche tal vez te vi
salir lenta de la iglesia,
en las manos el rosario,
cabizbaja y recoleta.

O acaso junto al arroyo,
allá en la paz de la aldea,
urdíamos nuestros sueños
divinos de primavera.

Quizás tú fueras aún niña
-¡oh remota y dulce época!-
y cantaras en el corro,
al aire sueltas las trenzas.

Y yo sería un rapaz
de los que van a la escuela,
de los que hablan a las niñas,
de los que juegan con ellas.

El sueño es algo tan lánguido,
tan sin forma, tan de nieblas...
¡Quién pudiera soñar siempre!
Dormir siempre ¡quién pudiera!

¡Quién pudiera ser tu novio
(alma, vístete de fiesta)
en un sueño eterno y dulce,
blanco como las estrellas!...

En 1920 obtiene por oposición la Cátedra de Lengua y Literatura del Instituto de Soria, en el que años antes había dado clases Antonio Machado. En 1922, invitado por su amigo Huidobro, realiza su primer viaje a París y allí conoce a Juan Gris, Picasso, Miró, Unamuno y otros escritores e intelectuales franceses. En 1925 recibe su primer Premio Nacional de Literatura (que comparte con Rafael Alberti), con “Versos Humanos” y participa en las tertulias a las que asisten también otros poetas jóvenes… y es en una de esas tertulias donde acuerdan celebrar el aniversario de la muerte de Góngora en Sevilla, y como uno más figura en la famosa foto fundacional de la Generación del 27 y él sería quien en su “Antología Poética en honor a Góngora” daría el espaldarazo al grupo.

Vida política

En 1925, tras recibir el Premio Nacional de Literatura, pronuncia una serie de conferencias en Madrid, una de ellas en el Ateneo, con el título de “Versos divinos y Mística”. Aquella tarde entre los asistentes había dos jóvenes que eran asiduos de la Casa y de la Gran Biblioteca: Ramón Serrano Suñer y José Antonio Primo de Rivera. Al terminar la conferencia ambos se acercan a felicitar al poeta.

 

  • Don Gerardo de Diego… –empieza diciendo el joven José Antonio, pero el poeta no le deja seguir.
  • Por favor, antes de que sigas te rectifico, porque ni soy “Don” ni soy “de”. Simplemente soy Gerardo Diego.
  • Está bien, está bien, Gerardo –y los tres dejaron escapar una risa franca– quiero felicitarte por la gran charla que nos has dado. Nunca había caído en muchas de las cosas que nos has señalado y eso que creo que me conozco bien a Santa Teresa y a San Juan de la Cruz.
  • Bueno, ya sabéis, y yo no me oculto, que por encima de todo yo soy un católico ferviente.

Y dicen los biógrafos que aquellos tres jóvenes (Gerardo tenía en ese momento 29 años, Serrano Suñer 24 y José Antonio 22) mantuvieron una larga charla sobre la religión, la fe, la catolicidad española y la Iglesia.

 

Lo cual define ya lo que sería la vida política del castellano de Santander. Como todos los  escritores e intelectuales de la época está en contra de la Dictadura y, por los errores de Alfonso XIII, de la Monarquía. Pero por su “catolicidad” ya se vislumbraba que no iba a estar  muy de acuerdo con las Izquierdas cuando llegase la República, porque tanto los comunistas como los socialistas eran clara y abierta mente anticlericales.

En febrero de 1931 se sube a la “Agrupación al Servicio de la República” que acababan de crear Ortega, Marañón y Pérez de Ayala y presente estaría en el acto fundacional que se celebra en Segovia, con Antonio Machado como Presidente de Honor. Por tanto, no sorprende que recibiese el 14 de abril con aplausos y alegría. Aplausos que duraron bien poco, ya que no había pasado un mes cuando el anticlericalismo dio la cara y comenzó la quema de Iglesias y Conventos por toda España. A los directivos de la “Agrupación” se les cayó el techo encima (no tardaría mucho Ortega en decir aquel “No es esto, no es esto”), pero más que a todos ellos aquello afectó a Gerardo Diego y así como los intelectuales criticaron y protestaron de aquella salvajada el poeta respondió con sus armas, un bellísimo poema que titulo “Vía crucis” y que no era otra cosa que un recorrido por la pasión y muerte del Jesús de los Evangelios. Por su belleza me gustaría reproducir integras las 15 estaciones (el añadió la 15). Pero me tengo que conformar con reproducir sólo el poema-ofrenda que le da entrada y algunas de ellas:

OFRENDA

Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas.
Clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí en mi torpe mejilla
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.

Déjame que te restañe
ese llanto cristalino,
y a la vera del camino
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia
no quiero que sufras tanto.

Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
- No, mi Niño. No, no hay quien
de mis brazos te desuna.
Y rayos tibios de luna
entre las pajas de miel
le acariciaban la piel
sin despertarle. Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel.

¿Dónde está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel
desde el marco del dintel
te saludó: -Ave, María?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario,
cítame en Getsemaní.

A ti, doncella graciosa,
hoy maestra de dolores,
playa de los pecadores,
nido en que el alma reposa.
A ti, ofrezco, pulcra rosa,
las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María.
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Primera Estación: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

"El Consejo en pleno se levantó y llevaron a Jesús ante Pilatos. Allí empezaron con sus acusaciones: «Hemos comprobado que este hombre es un agitador. Se opone a que se paguen los impuestos al César y pretende ser el rey enviado por Dios.»" (Lc 23, 1-2)

Jesús sentenciado a muerte.
No bastan sudor, desvelo,
cáliz, corona, flagelo,
todo un pueblo a escarnecerte.
Condenan tu cuerpo inerte,
manso Jesús de mi olvido,
a que, abierto y exprimido,
derrame toda su esencia.
Y a tan cobarde sentencia
prestas en silencio oído.

Y soy yo mismo quien dicto
esa sentencia villana.
De mis propios labios mana
ese negro veredicto.
Yo me declaro convicto.
Yo te negué con Simón.
Te vendí y te hice traición,
con Pilatos y con Judas.
Y aún mis culpas desanudas
y me brindas el perdón.


Segunda Estación: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

 

"Así fue como se llevaron a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota." (Jn 19, 17)

Jerusalén arde en fiestas.
Qué tremenda diversión
ver al Justo de Sión
cargar con la cruz a cuestas.
Sus espaldas curva, prestas
a tan sobrehumano exceso
y, olvidándose del peso
que sobre su hombro gravita,
con caridad infinita
imprime en la cruz un beso.

Tú el suplicio y yo el regalo.
Yo la gloria y Tú la afrenta
abrazado a la violenta
carga de una cruz de palo.
Y así, sin un intervalo,
sin una pausa siquiera,
tal vivo mi vida entera
que por mí te has alistado
voluntario abanderado
de esa maciza bandera.


Tercera Estación: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

 

 "Luego Jesús llamó a sus discípulos y a toda la gente y les dijo: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará." (Mt 16, 24-25)

A tan bárbara congoja
y pesadumbre declinas,
y tus rodillas divinas
se hincan en la tierra roja.
Ya no hay nadie que te acoja.
En vano un auxilio imploras.
Vibra en ráfagas sonoras
el látigo del blasfemo.
Y en un esfuerzo supremo
lentamente te incorporas.

Como el cordero que viera
Juan, el dulce evangelista,
así estás ante mi vista
tendido con tu bandera.
Tu mansedumbre a una fiera
venciera y humillaría.
Ya el Cordero se ofrecía
por el mundo y sus pecados.
Con mis pies atropellados
como a un estorbo le hería.



Cuarta Estación: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE:

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"También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo." (Mt 27, 55)

Se ha abierto paso en las filas
una doliente Mujer.
Tu Madre te quiere ver
retratado en sus pupilas.
Lento, tu mirar destilas
y le hablas y la consuelas.
¡Cómo se rasgan las telas
de ese doble corazón!
Quién medirá la pasión
de esas dos almas gemelas!

¿Cuándo en el mundo se ha visto
tal escena de agonía?
Cristo llora por María.
María llora por Cristo.
¿Y yo, firme, lo resisto?
¿Mi alma ha de quedar ajena?
Nazareno, Nazarena,
dadme, siquiera, un poco
de esa doble pena loca,
que quiero penar mi pena.

Decimotercera Estación: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y PUESTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE

"Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala." (Jn 19,25)

He aquí helados, cristalinos
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo,
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
Qué soledad sin colores.
Oh, Madre mía, no llores.
Cómo lloraba María.
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores.

¿Quién fue el escultor que pudo
dar morbidez al marfil?
¿Quién apuró su buril
en el prodigio desnudo?
Yo, Madre mía, fui el rudo
artífice, fui el profano
que modelé con mi mano
ese triunfo de la muerte
sobre el cual tu piedad vierte
cálidas perlas en vano.

 

“EL Vía Crucis” apareció publicado ese mismo año de 1931 y tal éxito tuvo que se cuenta que un día se presentó en el instituto Beatriz Galindo de Madrid, donde figuraba como profesor, el mismísimo Antonio Machado con un ejemplar en las manos para pedirle que se lo dedicase. Gerardo, que era un gran admirador de Machado, se emocionó tanto que, según uno de sus biógrafos, al recibirlo hizo el gesto de hincar una rodilla en tierra y besarle una mano

 

  • “Don Antonio”, esto es un regalo de Dios.
  • No, Gerardo Diego, el regalo de Dios es “esto” –respondió el gran Machado levantando con su mano derecha un ejemplar del “Vía Crucis”.

En la dedicatoria el poeta puso estas palabras: “A Don Antonio Machado, el poeta más grande de las dos Españas, las que nos han de helar el corazón. Gerardo Diego”.

Pero ahí estaba todavía la República, la República anticlerical del “España ha dejado de ser católica” de Azaña… y la “Agrupación” de Ortega abandonó y se retiró por el Foro. También el poeta, que a  partir de ese momento se vuelca en sus clases y en su obra. Aunque no del todo, por que el 29 de octubre del año 33 acude, eso sí casi arrastrado por sus amigos Luis Rosales y Rafael Sánchez Mazas, al mitin que da José Antonio Primo de Rivera en el Teatro de la Comedia en el que se funda Falange Española. Al finalizar el acto los tres se acercan a felicitar al orador, y ambos, el poeta y el político, se recuerdan el día que se conocieron en el Ateneo. José Antonio le pregunta lo que les ha parecido su discurso y Rosales y Sánchez Mazas le aplauden con entusiasmo y desde ese momento – le dicen –puede contar con ellos.

  • Y tú, mi poeta amigo ¿Qué opinas?
  • Pues, en conjunto me ha parecido bien, algunas cosas incluso muy interesantes, pero me ha gustado más eso que has dicho de la poesía y los poetas.
  • Ja ja ja… “A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas y ¡ay del que no sepa levantar frente a la poesía que destruye la poesía que promete!”… ja ja ja, muy poético, es cierto, pero así lo veo yo. La palabra es el alma del hombre y lo que nos diferencia de los animales.
  • Si, tal vez por eso Azaña y Alcalá Zamora lanzan al aire tantas palabras cada día… - dijo Sánchez Mazas.
  • Ja ja ja… -y los cuatro acabaron riéndose y quedaron en verse otro día.

 

En 1934 se casa con una joven francesa llamada Germaine Maín. Gerardo tiene ya 38 años y ella apenas pasa de los 25, sería su mujer hasta su muerte y con ella tuvo 6 hijos. La pareja vivió siempre en la calle Goya de Madrid, salvo los veranos que se iban a pasarlos al pueblo de ella y su familia, Santairelle, cerca de Toulouse…

Pero, no había roto sus relaciones con la República y en 1935 el Ministerio de Exteriores le invita, junto con el físico Julio Palacios, a un viaje a Filipinas, que el poeta aprovecha para llenarse de arte y literatura oriental.

Y en Santairelle le cogió el 18 de julio y la Guerra Civil.

Y naturalmente allí se quedó hasta ver qué pasaba y más cuando supo que su Santander y Madrid habían quedado en poder de los republicanos, y desde allí fueron siguiendo los avatares de la misma no sólo por la prensa sino también por lo que contaban los exiliados que iban llegando a Francia. Especialmente habló con Ortega, Azorín y Pérez de Ayala, que habían tenido que salir a la carrera para salvar sus vidas. Hasta que en septiembre de 1937 supo que Santander había sido tomada por las tropas de Franco y entonces no lo dudó, el no podría estar nunca al lado del radical anticlericalismo de los marxistas y comunistas que dominaban el Gobierno… Y con toda la familia se trasladó a la España nacional y a su querida Santander. Gerardo Diego fue, quizás, el único de su generación que desde el primer momento estuvo de parte de los sublevados el 18 de julio.

Inmediatamente ocupó una plaza de profesor en el instituto Jovellanos, dando clases y escribiendo permanecería hasta el final de la Guerra, cuando se traslada a Madrid, donde ya permanecería hasta el día de su muerte, acaecida, como ya se ha dicho, el 8 de julio de 1987.

Son los años “azules” del poeta, porque mientras escribe obras como “Ángeles de Compostela”, “Alondra de verdad”, “Poemas adrede”, “La Sorpresa”, y una “Primera Antología de sus versos”, dedica algunos poemas a hechos y personajes de la España victoriosa. El primero, el “Soneto a José Antonio”, que se incluye en la obra “Corona de sonetos” (1939), en la que se incluyen hasta 25 de algunos de los escritores y poetas que han estado al lado de los vencedores (los que cito al comienzo de este escrito). Este es el soneto:

Soneto  a José Antonio

Ese muro de cal, lívido espejo

en que araña su luz la madrugada,

de infame gloria y muerte blasonada

coagula y alucina alba y reflejo.

Para siempre jamás. La suerte echada.

El grito de la boca en flor rasgada

– en el cielo, un relámpago de espada

y, opaco, en tierra, el tumbo. Después, nada.

Y ahora es el reino de las alas. Huele

a raíces y a flores. Y el decirme,

decirte con tu sangre lo que sellas.

Por ti, porque en el aire el neblí vuelve,

España, España, España está en pie, firme,

arma al brazo y en lo alto las estrellas

También dedica varios poemas y algunos artículos a la División Azul, cuando los soldados que habían luchado al lado de los alemanes contra el comunismo ruso vuelven a España.

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“Estos muchachos volverán pronto, muy pronto con las banderas victoriosas y traerán escritas en pedazos de papel o de cuero, o grabadas en sus frescas memorias juveniles, las estrofas de la epopeya vivida día a día en los campos de batalla”.

Y dos poemas, uno corto y otro largo dedica al sitio del Alcázar de Toledo. Este es el corto:

Al Alcázar

Oh ruina del Alcázar de Toledo.
Yo cantarte no puedo,
convulsa flor, sin desnivel de rimas.
Vivero de esforzados capitanes.
Nido de gavilanes,
que ensayan vuelo hacia las altas cimas.
Ahí nacieron proféticos los sueños.
los sublimes empeños
de la firme y radiante adolescencia.
Y el Tajo que lo sabe, amansa el paso,
sonoro a Garcilaso
y el cielo otra vez cabe en su conciencia…

Y otro que le dedica a la defensa de Oviedo con el coronel Aranda al frente. Dice así:

Soy de Oviedo

Nunca supe lo que es miedo.
Soy de Oviedo.
Aunque me veis sin diadema
y mútil mi flanco enhiesto,
no supe arrancarme el gesto
esa metralla blasfema.
Ya mi estatura es emblema.
No quiero morir, no puedo.
Soy de Oviedo.
Porque el general Aranda
me dijo: «quieto», aquí estoy,
que si me ordenara: «anda»,
le respondiera: «allá voy».
Y echará a andar por la banda
pasos de piedra y denuedo.
Soy de Oviedo.
Veis cómo trepa la hiedra,
una hiedra imaginaria,
por mi línea que fue piedra,
mi piedra que fue plegaria?
Cómo crece, cómo medra.
Qué dulce y divino enredo
Soy de Oviedo.
Contra el heroico Naranco
mi aguja en fe se dibuja,
y de nuevo al cielo puja
y en el cenit hace blanco.
Duélenme sienes y flanco,
pero en pie sigo y no cedo.
Soy de Oviedo.
Mi piedra sangra y no gime.
Torre soy y centinela.
Duerme, Oviedo, que te vela
madre de siglos sublime.
De tus hijos seré abuela.
Nunca supe lo que es miedo.
Soy de Oviedo

O el que dedica a García Morato el héroe de la Aviación Nacional, que muere cuando ya había terminado la guerra:

Hallazgo del aire

¿El aire? No. Aún no existe.

Nadie lo ha visto, nadie.

Trepan ramas las hojas

sedientas a buscarle.

Copas, cúpulas, torres,

agujas, flechas ágiles.

le sueñan. Le persiguen

alpinistas acróbatas

sin identificarle.

Porque ese azul es cielo

y es azul. Y lo sabe.

Y el viento es sólo música

y la brisa mensajes.

Mas de pronto, un zumbido

siniestro que se abre,

abanico de buitres,

preñez de vientres graves.

Y el cenit que se quiebra

y se despeñan ¿ángeles,

jerifaltes? Son águilas,

las soberbias caudales.

Qué curvas, laberintos,

coordenadas, alardes,

rúbricas, arabescos

mágicos del combate.

Entre el cielo y la tierra,

el fuego inventa el aire.

¡Victoria! Ocho, diez, veinte,

treinta llamas fatales

se derrumban estruendo

de tinieblas nictálopes.

Huyen las alas torpes.

Las felices, audaces.

tejen coronas, signos,

sublimes espirales,

se pierden en los senos,

ya evidentes, del aire.

Paz otra vez, sosiego.

Los niveles, unánimes.

La alondra en su peldaño.

En el suyo el arcángel.

La casa de Loreto

navega por el aire.

 

Por todo ello ingresa en la Real Academia de la Lengua Española en 1947, cuando ya es un poeta consagrado y admirado por todos, incluso por sus adversarios de ayer y consigue su Segundo Premio Nacional de Literatura por su obra “Paisaje con figuras”.

Y así llega a la cúspide de los honores literarios de la lengua española: el Premio Cervantes, que los Reyes le conceden en 1979 al tiempo que a Jorge Luis Borjes.

Gerardo Diego murió en Madrid el 8 de julio del 1987.

En su recuerdo reproduzco los versos de su “Autorretrato”:

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Autorretrato

 

Todo lo que llevo dentro

está ahí fuera.

Se ha hecho -fiel a sí mismo-

mi evidencia.

Mis pensamientos son montes,

mares, selvas,

bloques de sal cegadora,

flores lentas.

El sol realiza mis sueños,

me los crea

y el viento pintor, errante,

-luz, tormenta-

pule y barniza mis óleos,

mis poemas,

y el crepúsculo y la luna

los avientan.

 

Podéis tocar con las manos

mi conciencia.

Gozar podéis con los ojos

-negro y sepia-

los colores y las tintas

de mis penas.

Y eso que os roza el labio,

bruma o seda,

es mi amor -flores o pájaros

que revuelan-

mis amores, criaturas

libres, sueltas.

 

Todo lo que fuera duerme,

queda o pasa,

todo lo que huele o sabe,

toca o canta,

conmigo dentro se ha hecho

viva entraña,

víscera oscura y distinta,

sueño y alma.

Si pudierais traspasarme

os pasmaríais.

Todo está aquí, aquí dormido.

Dibujada

llevo en mi sangre y mi cuerpo

cuerpo y sangre de mi patria.

Luces y luces de cielo,

cosas santas.

Todo lo que está aquí dentro

fuera estaba.

Todo lo que estaba ahí fuera

dentro calca.

El universo infinito

me enmaraña;

auscultadme, soy su cárcel

sin ventanas.

 

Escuchadme, dentro, fuera,

donde os plazca.

Mis más íntimos secretos

por el aire los pregonan

y los cantan.