Realmente, este comentario debería venir firmado por Fr. Juan-Bautista Olarte, ex bibliotecario del monasterio de Yuso, que nos dejó no hace mucho, gran amigo y realizador de un inmenso trabajo rastreando manuscritos depositados en los archivos monacales.

Estas son algunas de las palabras claves seleccionadas hoy de los trabajos de los estudiosos emilianenses: aranzada, arenzada, camela, clamores, funeral de clamores, collazo, escarnosa, andarrío, espelagrano, rancaviejas, genape, jenabe, izerzo, cerzio, hayornal, herrañal, jerique, mamposta, mampostero, manero, manería, moreda, rebillo, rolón, serotinio, sotalo, soperato, uerco o berco, zaquizamí. Los ejemplos seleccionados ponen de manifiesto el largo camino que queda aún por recorrer en el conocimiento histórico y etimológico del vocabulario medieval del español y de la documentación literaria castellana.

La biblioteca monacal de San Millán no es rica por el número de obras, sino por sus ejemplares raros o selectos. Consta de unos 11.000 volúmenes con pie de edición anterior a 1800, que comprenden unas 7.000 obras de temas eclesiásticos, filosóficos, espirituales, jurídicos, históricos, filológicos, literarios, geográficos… publicados en varias lenguas. Pero esto no es todo, hay mucho más.

De los Cuadernos del Instituto Historia de la Lengua, solo hemos prestado atención a algunos vocablos de los que ellos, los investigadores, denominan espigueo de palabras desconocidas o en desuso, antes señaladas.

Aranzada o arenzada y camela, son medidas para el vino; las dos primeras con el significado de ‘medida agraria para viñas’ y en este sentido sería ‘el espacio que suele arar un buey en una jornada’; aparece también como recipiente para vino, lo mismo que camela; ésta última puede ser nuestra gamella porque el vino se bebía tomándolo de este recipiente con una escudilla.

Clamores, funeral de clamores. Se decía de una ‘forma de responsos tenida por muy solemne, que se cantaban a voz en cuello en los ángulos del claustro’. De ahí «salir a clamores» porque se salía del coro para formar la procesión. En latín «processio defunctorum». Es de origen cluniacense y solía concederse a personajes de muy alta alcurnia. En el día de clamores había comida especial para los monjes. En 1289 el abad de San Millán dispone que en los días de aniversario y de clamores se entreguen para la pitanza tres maravedís de la buena moneda al camarero y dos más al sacristán para que ardan cuatro cirios de buena calidad «en las fuesas de los obispos y abades».

Collazo. Aparte de ‘compañero y colactáneo’, se aplica la palabra al ‘hombre que está vinculado a la explotación de una tierra’. Pero también, y esta es la novedad, a ‘la tierra misma trabajada’. De otra manera no se entenderían adjetivaciones como «collazo yermo». En el año 979 el conde Garci Fernández concede a San Miguel de Pedroso una serie de propiedades en el vecino lugar de Ezquerra con sus respectivos collazos «cum domo, hereditate et pertinentia».

Escarnosa, andarrío. ‘Dicho de la madera que no está sana, que da poco calor al quemarla’. En 1595 los maestros de obras que trabajan en San Millán encargan a dos vecinos de Lugar del Río el acarreo y arqueo de veintiunmil leños de cinco palmos de largo, de madera viva, «no escarnosa ni andarrío», para alimentar una calera y una tejera. La madera escarnosa es la que está a punto de aquerarse o de convertirse en yesca; la andarrío es la que ha permanecido mucho tiempo en el agua.

Espelagrano y rancaviejas. Son dos topónimos colindantes que se hallan en el lugar de San Andrés del Valle y que resultan, cuanto menos, curiosos: espelagrano (derivado del latíno expilare: ‘expoliar, saquear’) se llama a unas eras de las que tal vez robaban los haces. Contiguo se encuentra rancaviejas (de rancura, ‘desasosiego’) y podría traducirse como murmuradero. En este sentido lo usó Gonzalo de Berceo. En 1187 los monjes de San Millán se quejan al rey Alfonso II de Aragón de que el concejo de Zaragoza pretende cobrarles pontazgo a pesar de que ellos habían cumplido puntualmente el compromiso de enviar veinte vigas anuales para la reparación de la alcándara zaragozana. «Et rex Aldefonsus mando ut de illa ranchura quam vos habebatis de concilio Cesaraugustano…».

Genape o genabe y plumazo. Es la dotación de una cama: genape es el ‘cobertor o manta’; plumazo, ‘esterilla o colchón’. En el año 872 se funda el monasterio de San Martín de Herrán y, entre la dote que se le entrega, se enumeran «calices duos argenteos, IIII casullas pallias (de paño), XXX libros, duas cruces de allaton, duos incensarios, V basos argenteos, VI genapes pallias, VI plumazos, X iuga boum, LX baccas, LXX equas, XX cavallos, X mulos, II asinos».

Izerzo, cerzio. Es una variante del pueblo de Berceo, documentada en la Bureba y en Ávila-Segovia. En 1062 la condesa Oncea dona a San Millán cuanta hacienda poseía en Grisaleña: «tibi… patronus Emilianus sanctissimus, cuius corpus humatum est in locum quem vocitant Izerzo». En 1103 las colaciones de Ávila donan su iglesia de San Millán «ad honorem Sancti Emiliani de Cerzio, ubi corpus beatus est tumulatus», que sería de origen mozárabe.

Hayornal, haydillo: ‘lugar de hayornos o hayedo’. Equivale a haydillo, como se llaman varios pagos en las cercanías de San Millán.

Herrañal, herrenal. En La Rioja es tanto como ‘herrén’ o ‘tierra dedicada a producir forraje’, formas muy frecuentes en los siglos XVI-XVIII.

Jerique, jericar. Palabra con el significado de ‘licencia que permite pastar a los animales en bellota’. En la documentación del siglo XVIII es, no tanto la licencia, sino el ‘pastoreo mismo en propiedad ajena’, puesto que el jerique aparece como vedado.

Mamposta, mampostero. El DRAE lo define como “recaudador o administrador de diezmos, rentas, limosnas, etc.». En 1237 el rey Fernando III promete que no asignará mampostero alguno al monasterio de San Millán. Mamposta vendrá a ser extorsión’.

Manero, manería. Palabra propia de la Bureba, según documentación del monasterio de Oña. Equivale a collazo en el sentido de ‘hombre vinculado a la tierra’. Si el manero se fugaba, perdía los derechos y propiedades que tuviera en el lugar; y si los parientes del fugado intentaban recuperar la explotación de la tierra debían abonar el impuesto de manería, derivado del latino manere.

Moreda. Equivale a ‘broma injuriosa o pesada’, de tradición moruna. El DRAE acepta el significado de «gresca, pendencia». En 1387 los vecinos de Oña se quejan ante Juan II de que no les respetaban el privilegio de no pagar tributos a la corona: «…salvando ende las moredas quando ý se cogían y pregonaban» dichas gabelas.

Rebillo. Término jurídico detectado en los registros notariales de los siglos XVII y XVIII, aunque es de mucha más antigüedad. Equivale a ‘expropiación impuesta por la autoridad a causa de impagos de deudas’. Tiene que ver con el latino rebellare, al no dar su brazo a torcer, pues ese sentido se deduce del tan citado «Castellae viri semper fuere rebelles» y del berceano «aún tres torrejones siguen ý rebellados».

Rolón. ‘Impuesto concejil por la exención del servicio de ronda o vigilancia nocturna’. Los concejos, cuando en sus términos ocurría algún asesinato o violación, estaban obligados a cargar con la multa del delito si no hallaban y entregaban el delincuente. Era caso de interés común, pero algunos vecinos rehuían el servicio y pagaban el rolón. En 1290, Sancho IV confirma el privilegio de San Millán de pastar sus rebaños en todo el reino y concede a los pastores la exención «de portazgo, montazgo, rolón, castillería…». La forma roldar y rolar aparece registrada como ‘rondar, circular’. De ahí el riojanismo rolde.

Serotinio. En lenguaje monacal se dice serótina a un ‘conjunto de oraciones que se recitaban al final del oficio de vísperas’: ‘reunión capitular detenida y ponderada para tomar decisiones importantes’. En 1372 el arzobispo de Toledo Gómez Manrique solicita al monasterio de San Millán que envíe monjes para la fundación de Santa María de Sopetrán y «en un serotinio de deliberación canónica», el monasterio acepta la propuesta y elige al que será prior y a los monjes que le acompañaron.

Sotalo y soperato. En el año 956 Muño Miquétiz entrega al monasterio de San Esteban de Salcedo una iglesia con su dotación de libros litúrgicos «et casa cum sotalo et soperatum et corrale et orto cum suis pomiferis iuxta de ipsa ecclesia, et molino…». El sotalo del siglo X ha derivado en sótano y el soperatum en sobrado.

Uerco o berco, el brezo o, como se llama en La Rioja, biércol y berozo. Está disimulado en múltiples topónimos: Huércanos, Orcanos, Valluércanes, Huercal Overa, Pradovierco y, tal vez, el mismo Berceo. En 1222 el monasterio de San Millán compra una propiedad que tenía «un uerco y una noguera».

Zaquizamí. No es palabra nueva, pero está en desuso. El DRAE la define como «desván o último cuarto de la casa, la tejavana», «casilla o cuarto pequeño, desacomodado y poco limpio». En el siglo XVIII y en el valle de San Millán es más bien un ‘cobertizo en medio del campo donde se guardaba hierba y ocasionalmente servía de corral de ganado’. En 1765 un vecino de Lugar del Río consigue licencia del monasterio de San Millán para levantar un zaquizamí en el pago de las Fuentes para almacenar hierba, pero, superando los términos de la concesión, acabó convirtiéndolo en corral de sus ovejas, alquilándolo a los pastores de Pazuengos. El pleito duró siete años y la Audiencia de Valladolid lo mandó derruir. El pago de las Fuentes se halla en «la Eméndula», a tres kilómetros de la última casa habitada; luego el zaquizamí no formaba parte de una vivienda.