harem

Sin embargo, el destino le tenía reservada otra sorpresa. Porque a la mañana siguiente, casi al amanecer, se presentaron en su casa el hermano mayor de María Antonia, que traía a Doña Leonor, su madre, en un coche alquilado porque estaba muy grave.

 

  • Juan, tu madre está muy mal y Don Matías, el médico de La Adrada , nos ha dicho que como él no sabe lo que le sucede lo mejor era traerla a Madrid y si es posible que la vea el doctor Marañón en el hospital San Carlos.

 

Don Juan se hizo cargo de la madre y él mismo se dio cuenta que su estado era ciertamente grave. Así que no lo pensó mucho y llamó por teléfono a María Fernanda.

 

  • “Mafe”, perdona que te llame a estas horas tan tempranas, pero me han traído a mi madre desde La Adrada en estado muy grave y el médico del pueblo ha dicho que el único que puede hacer algo es el doctor Marañón, tú según me dijiste un día, conoces al doctor Marañón, pues tu padre había sido colaborador suyo, por favor necesito que hables con él a ver si la podemos llevar al hospital San Carlos.
  • Ahora mismo, Juan, pero coge ya a tu madre y te la llevas para allá, yo me arreglo y también me voy. Es mejor que yo hable con él en persona, y seguro que él está ya allí, es un hombre muy madrugador y no pasa una mañana sin visitar a todos sus enfermos.
  • Vale, pues allí nos vemos.

 

Y en el mismo coche que  habían traído a la madre se la llevaron hasta el Hospital. 

 

Y en cuanto llegó “Mafe” y habló con el doctor Marañón todo fueron atenciones y cuidados médicos.

 

Pero, a las pocas horas, y tras hacerle las pruebas que el doctor había mandado hacer, Marañón se vino hacia ellos y fue muy escueto.

 

  • Juan, tu madre, ciertamente, está muy mal, las constantes vitales ya están locas. Creo que no tiene solución.
  • Pero, doctor, si según me han dicho mi madre estaba hasta hace unos días muy bien.
  • Es posible, pero le ha invadido un virus y no sabemos qué tipo de virus es. Se han hecho y se siguen haciendo pruebas para ver si localizamos el tipo de virus y en consecuencia buscar el tratamiento más idóneo. Pero no lo conseguimos y el virus sigue atacando todos sus órganos vitales. No obstante, no hay que perder las esperanzas, seguiremos estudiando sus reacciones.

 

Nada, todo fue en vano. Doña Leonor moría aquella misma noche.

 

Y Don Juan se llevó el mayor disgusto de su vida, porque su madre había sido para él mucho más que una madre... y las lágrimas rebeldes se escaparon de sus ojos como se le escapan a un niño pequeño cuando pierde su juguete preferido.

 

Y allí mismo se tomaron las medidas para que el cuerpo de Doña Leonor fuese trasladado a La Adrada y enterrado en el panteón familiar.

 

Esa noche, sin embargo, Don Juan se sintió reconfortado, más que nunca, por la presencia y el apoyo moral de “Mafe”, que no se apartó de él en ningún momento.

 

Al salir del Hospital acompañó a “Mafe”, una vez más, a su casa y en la misma puerta sucedió algo que sería fundamental en su vida futura. Porque “Mafe” cuando se iban a despedir le cogió las manos y solo le dijo:

 

  • Juan, te quiero, me he enamorado de ti.

 

Y Juan, nerviosos y hundido como estaba se abrazó a ella y le dijo:

 

  • “Mafe” yo también te quiero y también me he enamorado de ti.

 

Y ambos sin decir nada más se abrazaron y se besaron en los labios. Fue un beso de amor verdadero.