La vida se vive de manera continua, como una película, pero se recuerda por instantes, como en un álbum de fotos. Este libro es así. La memoria juega, avanza y retrocede, se sitúa y se vincula a otros momentos, con sus circunstancias y sentimientos. Escribía Nietzsche que los pensamientos muy ordenados siempre traicionan la espontaneidad. Este ágil libro es de una poderosa autenticidad.
En nuestras vidas hay personas que nos marcan, por sus palabras y silencios, acciones y comportamientos, presencias y ausencias, vicios y virtudes, gestos y sentimientos. Creamos así sus imágenes subjetivas y, de paso, la manera de vivir nuestras vidas. Desde el trampolín de la relación con su padre, esta autobiografía salta a las distintas etapas de la vida de Anne Degrelle. Tiene la autora el especial don de hacernos sentir cada momento vital con las palabras adecuadas a la edad que tenía cuando los experimentó: la alegría de una niña, o sus miedos, el cariño de una familia; la pujanza de la vida en una adolescente y jovencita –inextinguible sentimiento en toda su trayectoria-; la fortaleza de la primera madurez; la plenitud familiar de la segunda madurez complicada con “los problemas de la vida”; la serenidad de la “tercera madurez” y el amor de madre y de abuela…
Vidas entrelazadas. Dice Anne que su padre estuvo omnipresente en su existencia, incluso desde el silencio y la ausencia… Estas páginas son el descubrimiento que ella hace de él y más, el redescubrimiento que ella hace de sí misma. Hay una expresión que podría encabezar y terminar este libro: amor a la vida.
Ernst-Christoph Schkoop

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