Sergio Fernández Riquelme es historiador, doctor en política social y profesor titular de universidad. Autor de numerosos libros y artículos en el campo de la historia de las ideas y la política social, es especialista en los fenómenos comunitarios e identitarios pasados y presentes. Recientemente, acaba de presentar El nacionalismo serbio (Letras Inquietas), su nuevo ensayo en el que analiza el nacimiento y desarrollo del nacionalismo en Serbia desde una perspectiva histórica y la influencia literaria.

Si preguntamos por la calle sobre la responsabilidad del conflicto y de las masacres cometidas durante las guerras civiles yugoslavas, la práctica totalidad de los consultados la harán recaer sobre Serbia. ¿Por qué han quedado los serbios como los malos en el imaginario colectivo?

Han sido considerados como los máximos responsables, en mi opinión y en primer lugar, al primar en Serbia durante estos años un nacionalismo más radical y expansivo en los diferentes escenarios de las guerras civiles yugoslavas (y por el que han pagado en La Haya sus máximos dirigentes del periodo). En segundo lugar, por desplegar un mayor nivel de violencia al intervenir en más regiones, en defensa de sus compatriotas étnicos o en busca de la reunificación (al ser repartidas partes de su antiguo territorio por la Yugoslavia de Tito). Y, en tercer lugar, por no contar con el apoyo de las principales potencias internacionales euro-atlánticas en el conflicto; y finalmente por perder la guerra (a nivel general), y como decía Orwell la “historia la escriben los vencedores”.

Bajo tu punto de vista, ¿es posible determinar quién o quiénes fueron los responsables de las guerras que destruyeron la Yugoslavia de Tito?

Hay dos grandes responsables: las viejas elites comunistas reconvertidas, en todas las repúblicas yugoslavas, en nuevos gobernantes nacionalistas que declararon independencias unilaterales sin buscar negociaciones ni respetar a sus minorías internas, o que buscaron (y buscan en el actual caso albanés) expandirse en territorio vecino y las potencias internacionales que hicieron inviable la transición de la Yugoslavia comunista a una nueva confederación democrática y multiétnica, al apoyar por todos los medios su ruptura y obtener nuevos espacios de influencia.

¿Cuándo y por qué nace el nacionalismo serbio? ¿Qué hay de mito, leyenda, hechos y realidad en sus reivindicaciones? ¿Tiene base histórica su anhelo de construir una Gran Serbia?

El moderno nacionalismo serbio nace entre los años sesenta y setenta del siglo XX, cuando políticos serbios denuncian ante Tito y la Liga Comunista de Yugoslavia la persecución en su pueblo en la provincia de Kosovo a manos de dirigentes albaneses que no obedecían las órdenes de Belgrado (aunque formalmente era provincia serbia). A partir de la expulsión y represión de dichos políticos (especialmente de Rankovic), determinados grupos intelectuales y sociales comenzarán a organizarse y a difundir un discurso nacionalista muy reivindicativo que calará en buena parte de la sociedad serbia, eclosionando militar y políticamente el concepto de Gran Serbia tras el colapso del régimen entre 1986 y 1989, con el famoso Discurso de Gazimestán de Slobodan Milosevic o el Manifiesto de la Academia de las Ciencias y las Artes de Serbia (SANU) como hechos fundamentales. Concepto que se intentará construir durante los conflictos de Croacia y Bosnia (y paralelo a la Gran Croacia en la Herzegovina bosnia o la Gran Albania en regiones serbias, montenegrinas y macedonias), entre la violencia étnica y la supervivencia nacional, recuperando agravios históricos y demandas territoriales ancestrales como legitimación de los proyectos expansionistas o reunificadores.

A lo largo de las páginas de tus libros, entrelazas la literatura y la política como elementos clave en la formación del nacionalismo serbio. ¿Es posible entender una sin la otra?

Son dos disciplinas y dos fuentes de conocimiento, a mi juicio, siempre interrelacionadas en el estudio del pasado convertido en presente. Literatura que transmite visiones personales y colectivas de esa historia, aportando esa dimensión subjetiva tan valiosa que amplía el panorama interpretativo del hecho objeto de estudio. E historia que suministra a esa literatura personajes y escenarios reales y pretéritos para una ficción que llega a muchos más lectores y de manera mucho más emotiva.

¿Qué responsabilidad tuvieron los literatos serbios en particular y el mundo de la cultura yugoslava en general en la radicalización nacionalista que sufrió la antigua república y que llevó a su sangrienta disolución?

Una responsabilidad sorprendentemente directa. Escritores que fueron disidentes activos contra el régimen comunista de Tito (como Dobrica Cosic), que desde la SANU tomaron partido por el nacionalismo serbio y recuperaron las leyendas más dramáticas del pasado (de los textos de Vuk Karadzic o Ivo Andric), que descubrieron su pasado étnico serbio tras la colonización turca (como Mesa Selimovic), que intentaron ser líderes de gobierno (como Vuk Draskovic), o que llamaron a la venganza contra el enemigo histórico e incluso la hicieron realidad (como Radovan Karadzic)

¿Qué papel adoptaron, en el caso concreto de Serbia y sus aliados, los escritores e intelectuales ante la escala bélica?

La mayoría se sumaron a la causa nacionalista, directa e indirectamente, pero también hubo algunos disidentes notables, activos o pasivos (como Arsenijevic); eso sí, de manera especial cuando todo se torció con la derrota ante los albaneses en Kosovo tras la intervención de la OTAN.

Tras años de guerra devastadora y de las pérdidas territoriales, ¿qué queda hoy del nacionalismo serbio? ¿Sigue siendo un elemento vital en la construcción política de Serbia o ha perdido vigor y vigencia?

Parecía superado con la pérdida de Kosovo (el gran mito nacionalista serbio) y el pacto de colaboración con la Unión europea (especialmente con el gobierno de Boris Tadic). Pero en los últimos años los gobiernos sucesivos del SNS, con antiguos líderes radicales y nacionalistas reconvertidos en demócratas pro-europeos (Nikolic y Vucic), han alentado, directa o indirectamente un renacer visible en la perpetuación del conflicto kosovar (con la resistente Kosovska-Mitrovica), las demandas de separación de los serbios de Bosnia (impulsadas por su dirigente Milorad Dodik), en el acercamiento a la Rusia de Vladimir Putin (jugando a dos bandas con Bruselas) o en las reivindicaciones de los serbios de Montenegro en defensa de su perseguida Iglesia ortodoxa.

Sergio Fernández Riquelme: El nacionalismo serbio. Letras Inquietas (Marzo de 2020)