Escrupuloso en el lenguaje, poco amante de la retórica vacua, descubridor de palabras, recogió expresiones rurales, muchos nombres desconocidos de pájaros, de artilugios de pesca, etc. Vivía sus textos, que son modélicos, exhaustivos, placenteros para el lector, muchos de ellos simbiosis de belleza y erudicción. Cuidaba las erratas, para eso era muy quisquilloso.
Metódico, entre las nueve y las doce y media de la mañana era el tiempo que le dedicaba a escribir, hombre de carácter sencillo, sin dobleces.
El día 17 de octubre se conmemora el centenario de su nacimiento. Hablo de Miguel Delibes.
 
Su trayectoria literaria es brillante, su prosa conmovedora, ágil, certera, vertebrada como su vida, por tres verbos importantes: pensar, escribir y amar. Por eso es normal, que hoy, cien años después su palabra guarde el secreto de la inmortalidad...
 
Nace en la Acera de Recoletos 12, en Valladolid, cerca de donde estaba ubicada en ese momento la sede del periódico: El Norte de Castilla, (podía interpretase como un mensaje premonitorio). Desde el principio de su niñez ya manifiesta su pasión por la escritura y la ilustración. Su padre le decía que si se dedicaba a hacer "monos" (caricaturas) iba a ser una calamidad familiar. Tienen su estilo propio, al principio firmaba como Max,( la M, de Miguel, la A, de Ángeles, y la X, de la incógnita que el futuro le podía deparar.
 
Al entrar Delibes en El Norte de Castilla el director era Francisco de Cossio, lo fue desde 1931 a 1934.
 En los eventos deportivos Delibes se iba al campo y allí mismo realizaba las caricaturas, de aquí da el salto a la redacción.
En el año 1944 se marcha a Madrid para hacer un curso intensivo, de dos meses, para conseguir el carnet de prensa para poder trabajar como periodista, (en este periódico fue redactor, subdirector y director).
En 1948 gana el Premio Nadal, esto le da más prestigio a sus trabajos periodísticos, también le ayudó a "cambiar de instrumento", él lo decía, cuando no le dejaban decir las cosas en el periódico se ponía a escribir una novela.
Este periódico tuvo tres directores que eran escritores: Cossio, Delibes y Jiménez Lozano.
 
Ángeles de Castro, su mujer, fue su mitad indivisible, estuvieron casados desde 1946-1974, ella le regaló la máquina de escribir, y le introdujo de lleno en el mundo de la lectura (hecho que le agradecería toda la vida, ya que le abrió los ojos a otros mundos), hasta ese momento él no era un gran lector .
Delibes tenía 27 años, se había casado hacía poco y esperaba un hijo, cuando recibió el Premio Nadal por su novela: La sombra del ciprés es alargada.
Defendía (hay que escribir como se es). La obra de Delibes sigue estando vigente, en la enseñanza secundaria se sigue estudiando. Está traducida a más de 20 idiomas.
 
Para entender Castilla es imprescindible leer a Delibes.
Manifiesto era su respeto y admiración por la naturaleza, patente quedó también en su discurso de ingreso en la Real Academia Española (RAE) titulado: El sentido del progreso desde mi obra. Que leyó el día 25 de mayo de 1975.
También tuvo sus detractores, le acusaban de oponerse al progreso, debido a la vehemencia que le aplicaba a los elogios que le dedicaba a la naturaleza.
 
Fue muy crítico con la censura, se enfrentó a ella en multitud de ocasiones, tuvo repetidos encontronazos con Manuel Fraga Iribarne, lo que le acarrearía muchos problemas, como queda plasmado en las cartas a su editor y amigo José Vergés Matas. 
Se jactaba de no haberse echado una siesta hasta que no se jubiló, también porque no le quedaba tiempo. Hasta las doce y media de la mañana estaba escribiendo, a esa hora se marchaba a sus clases en la Escuela de Comercio y sobre las cinco se iba al periódico hasta tarde, en él creó una sala de lectura donde los intelectuales podían expresar su punto de vista.
 
Con 19 años empezó a dar clases y con 20 se presentó en el periódico El Norte de Castilla con unas caricaturas de unas personas conocidas, gustaron y le ofrecieron el trabajo de caricaturista.
 
La depresión fue su compañera inseparable desde la infancia, su padre se casó mayor y él lo vio siempre como muy próximo a la muerte, y le producía un gran desasosiego la llegada de ese momento y de otros desenlaces emocionales. De ahí que la  muerte esté muy presente en su obra, es uno de los grandes temas. Por ejemplo en: la mortaja, donde "El Senderines", un niño, tiene que amortajar a su padre.
El Hereje: refleja los autos de fe en Valladolid en el siglo XVl.
 
 Pero cuando de verdad este estado se acrecentó irreversiblemente fue con la muerte de su mujer, con ella se le fue la vida...
 
Los momentos de "melancolía" los compensaba con su pasión por el deporte, el fútbol, la natación, la bicicleta, el tenis... Y con el cine, también era un gran cinéfilo, iba al cine varias veces a la semana. También cazaba y pescaba.
 
Merece ser destacada su historia con la bicicleta, su novia, Ángeles, veraneaba en Sedano (Burgos), y en el verano, ante la imposibilidad de tener que estar tanto tiempo sin verla, y no tener dinero para otro medio de transporte Delibes iba a visitarla en bicicleta. Desde que él falleció su familia hace esa ruta en bicicleta.
Con el tiempo compraría una casa en Sedano, donde la familia pasaba el verano, la Semana Santa y otras fiestas y fines de semana. Cuando recibía visitas le preparaba una paella.
Delibes fue socialmente un hombre muy comprometido, y en esta casa dio alberge en muchas ocasiones a amigos y conocidos (que podían tener problemas) cuando había "revuelo" debido al momento político que se vivía...
 
Decir Delibes es sinónimo de Valladolid, su relación fue tan profunda e íntima, que no se puede desligar, ni se entendería una parte sin la otra. Es un escritor con territorio, Castilla es Delibes y viceversa.
Se consideraba viudo de Ángeles y del Real Valladolid.
Se presentaba a sí mismo: No soy un escritor que caza, sino un cazador que escribe.
Siempre se posicionó del lado de los más desfavorecido y le sublevaba el sufrimiento de los demás, un ejemplo es el de el ratero, un hombre que cazaba ratas para comer...
 
La naturaleza está presente en todos sus libros, muy especialmente en: Mi vida al aire libre, que es casi un manifiesto sobre ecología.
Quería dejar testimonio de lo que se estaba perdiendo en el contexto rural.
Afirmaba no sentirse orgulloso de ninguno de sus libros, pero si tuviera que salvar uno, sería: Viejas historias de Castilla la vieja. Y que el único que escribió con optimismo fue: Diario de un cazador.
Del desdoblamiento personal y las experiencias propias surgían algunos de sus personajes.
 
Otros libros suyos: "El camino", 1950, posiblemente el más leído y conocido.
--Cinco horas con Mario. Monólogo de gran dureza, adaptado al teatro y protagonizado por Lola Herrera.
--Los Santos inocentes. Salen a relucir temas del campo poco agradables.
--El Hereje. Apasionante historia.
 
Este año en el centenario, hay varias exposiciones importantes. El día 17 de septiembre se inauguró la de la Biblioteca Nacional de Madrid hasta el 15 de noviembre, que en diciembre viajará a Valladolid. Han estado presentes los Reyes de España.
En ella encontramos: el retrato de su mujer que pintó Jonh Ulbricht, donde ella posa con un vestido rojo, guantes blancos hasta el codo y collar de perlas, está muy elegante, y que Delibes tituló: Señora de rojo sobre fondo gris.
La mesa en la que escribía en Valladolid y la de Sedano., apuntes, libros, manuscritos, fotos, el manuscrito original del discurso del Premio Cervantes, con algunas tachaduras que ha legado a la Biblioteca Nacional, etc.
El comisario de la obra es Jesús Marchamalo.
 
Una poeta que conoce la obra de Delibes es Rocío Biedma, su sensibilidad es exquisita, y al igual que Delibes, su palabra también guarda el secreto de la inmortalidad...
En sus versos se aprecia la desgarrada esperanza, a veces sin cicatrizar y las heridas que a gritos le piden que les de vida... También el amortajado olvido sin retorno...
 
"A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en el mismo ataúd." (Alphonse de Lamartine).
 
Pilar Redondo. 
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Homenaje a Delibes en el Teatro Calderón de Valladolid. Sala Miguel Delibes. Los escritores Gustavo González, Rocío Biedma y Pilar Redondo, con un busto de Miguel Delibes.