Bozalistán, hoy, hombres, ciudadanos de segunda. Sistémica y sistemáticamente maltratados. Sin presunción de inocencia. Sin igualdad ante la ley. Sin tutela judicial efectiva. Postrera legislación (aborto, solo sí es sí, ley trans...), vueltas de tuerca. Si tu tez facial deviene blanca, peor aún. En su delirante mundo, completamente ajeno a la realidad(a la biológica, sin ir más lejos), los varones solo ansiamos pegar y violar y asesinar. En el mundo real, el que yo conozco desde hace bastante tiempo, los hombres (más si son blancos y heterosexuales) tan solo desean no ser discriminados por las leyes (y situaciones cotidianas) absolutamente totalitarias y liberticidas. Los dementes espacios no mixtos, paradigmas del horror y de las flagrantes discriminaciones. Ante semejante espanto, el maintream arrasa. La iglesia, las iglesias en general, calladas cual rameras. Sin voces proféticas de ningún tipo. Y barnizado todo ello todo con su ininteligible y repelente lenguaje mamarracho de todos, todas, todes, tod@s, todxs y transubnormalidades y transpolladas y transmierdas varias.

Hacia el transmierdero cíborg

Cuando escuché sus gloriosos minutos en la vallecana Asamblea de Madrid, se lo comenté a mi amiga Alicia Rubio. Alguna vez lo he dicho, también, a mi admirado Max Romano (Crónicas de la tiranía feminista). Citas de las clásicas del enajenado, enloquecido y enloquecedor feminismo supremacista, bien, muy bien, pero se le olvidó la más importante, la estación termini, Donna Harahay: tras superar las innegables diferencias sexuales, transgredir la última frontera: la especie. El xenofeminismo devorando al transfeminismo, como éste vampirizó al feminismo clásico. Asistimos a giros de rosca, letales: hacia el transhumanismo y más allá: posthumanidad.

La integración del ser humano y la máquina digital, pues. Fusiones, tan amadas por las psicóticas élites: mestizaje, androginia y cíborg.  Ontología poshumana, integración del ser humano con la máquina o modificación de nuestros genes en la línea germinal. Antropotécnica, ser humano totalmente moldeable: sus delirantes teorías constructivistas sobre la tabula rasa, coherentemente hasta el paroxismo.

Distopía futura: biohumanos, cíborg, IA, animales no humanos…

Cíborg transhumanista, tres ejes nucleares: el tiránico imperativo tecnológico, la generalizada y lyotardiana “performatividad” de linaje deconstructivista (Derrida y Foucault, cumbres) y la lógica de la racionalidad instrumental, como única forma de concebir la razón. Con atroces auxilios: "inteligencia" artificial, robótica, biotecnología, biología sintética y nanotecnología. Un recordatorio esencial: el siniestro y zombificador teléfono “inteligente” se halla más adherido al cuerpo que muchos de nuestros miembros biológicos. Indeleble e ineludible prótesis. “Centauros tecnológicos”, disparate, uno de tantos de nuestro Ortega y Gasset. La mismísima noción de límite, definitivamente, difuminada.

El bosquejo pionero y axial de la ciborgización se traduce en el ajado y patético lema de Donna Haraway: “prefiero ser una cíborg que una Diosa”. La imaginería del cíborg es utilizada para de- construir distintas e incuestionables dualidades, no solo de género. De esta manera, se favorece la difuminación de las demarcaciones entre lo biológico y lo cultural, entre organismo vivo y artilugio muerto, entre el sujeto y el objeto. La alianza entre el feminismo y la teoría queer (“soy lo que quiera ser a mi santísima voluntad”) resultaría, en tal sentido, brutalmente fructuosa.

Según el tantas veces perspicaz Paul B. Preciado (antes, Beatriz Preciado), el género deviene tarde o temprano tecnogénero y ha sido elaborado exitosamente por la  FARMAFIA (y lacayada sanitaria en general) y la industria del porno a finales del pasado siglo. Grosso modo, la anteriormente citada incorporación protésica acontece constitutivamente nuclear en esta siniestra y “novísima” teoría del género. Los cíborgs crearían, según Preciado, la espejismo/esperanza de un futuro más allá de la carne y, por lo tanto, más libre. En realidad, más esclavo y esclavizador. Ruptura de la dicotomía natural/tecnológico, decantándose decantación por el segundo polo. Y conviviendo en tamaña distopía: biohumanos, cíborg, IA, animales no humanos…

…Eso sí, ya todos, no solo los hombres, blancos y heteros (¿normales?), sin derechos y libertades de ningún tipo a los que poder llegar a asirse. En fin.

MANIFIESTO CÍBORG DONNA HARAWAY