José Antonio Bielsa Arbiol, bien conocido por los lectores de El Correo de España, ha coordinado, junto a la periodista Alba Lobera, el libro Geoingeniería: Un infame pacto de silencio en el que se denuncia y expone una de las prácticas actuales más aberrantes sobre las personas y el medioambiente: la manipulación climática.

 

¿Por qué todo el mundo conoce términos como chemtrails o estelas químicas y no geoingeniería, manipulación climática o ingeniería del clima?

 

Quizá porque incluso un asunto de esta naturaleza se ha visto afectado por enfoques sensacionalistas poco ajustados a la realidad del problema. La línea que separa la denostada conspiranoia y los hechos de conspiración demostrados es muy débil, máxime en un campo de esta categoría. Plumíferos amarillistas y blogueros necesitados de visitas han traicionado la causa de la geoingeniería develada por la vía de la desinformación y el espectáculo de barraca. Algo bien propio de la posmodernidad corruptora; por poner un ejemplo: ¿por qué casi todo el mundo cree conocer los misterios de Leonardo da Vinci a través del infecto multiventas Dan Brown y no del insigne erudito Marcel Brion? Es evidente: porque todos conocen a Tom Hanks y casi ninguno a Paul Valéry.

 

¿Cómo definirías la geoingeniería?

 

Sin eufemismos, y refutando la insultante definición oficialista, definiremos “geoingeniería” como la manipulación deliberada del clima por medio de procedimientos aéreos de siembra de aerosoles, con la oportuna modificación de los ciclos meteorológicos. He aquí la base de la fraudulenta narrativa en torno al falsario “cambio climático”, ese relato que las élites neomalthusianas y/o eugenistas, en sus pretensiones genocidas por despoblar el planeta, están intentado inocular en las humanas cabezas por medio de las menos sutiles técnicas de programación mental. Ante la horrenda acumulación de crímenes que se perpetran día tras día contra el género humano, muchos se sorprenderían de saber que el más siniestro de todos ellos está teniendo lugar, justo ahora, sobre sus mismísimas cabezas.

 

Desde los mass media se acusa a los defensores de la existencia de la ingeniería climática de "conspiranoicos" y de difundir "fake news". Sin embargo, gobiernos como el chino han reconocido públicamente que han manipulado el clima, por ejemplo, durante los Juegos Olímpicos celebrados en el año 2008 en Pekín...

 

Así es, y no seré yo quien ponga más ejemplos de este tenor, bien conocidos por los quemados activistas... Mi reflexión es simple y va en otra dirección: los mass media son los enemigos del pueblo, lisa y llanamente. Los nuevos “periodistas” (con perdón de la profesión periodística) devienen los mayores expertos en la mentira absoluta. Mientras la gente no tome conciencia de que nuestro principal enemigo tiene el monopolio de la (des)información, estaremos perdidos. Pues toda esta abyecta canalla labora para los poderes ocultos en la sombra, esos que dirigen el curso torcido del mundo postmoderno: son cómplices comprados y colaboracionistas manchados de sangre, por cuanto laboran mano a mano con el Mal con mayúscula. Salvando las contadas excepciones de rigor, todo apesta en esta cloaca planetaria que ha devenido el siglo XXI. 

 

¿Qué relación existe entre el cambio climático y la geoingeniería?

 

La misma que puede existir entre la avalancha de nieve y el cañonazo al pie del glaciar: lo segundo induce lo primero. Precisamente el objetivo del libro Geoingeniería: Un infame pacto de silencio era el de evitar este tipo de conversaciones informales, “de barra de bar”, y ofrecer datos precisos, contantes y sonantes, que requieren de una pautada secuencia de hechos que no podemos suministrar de mala manera, es decir sacados fuera de su exacto contexto. 

 

¿Es la ingeniería climática una de las principales herramientas para la imposición de un nuevo orden mundial?

 

Como ya advertí en otra entrevista, la geoingeniería presupone una de las tres patas del gran trípode tanático-totalitario del Nuevo Orden, junto a la tecnología 5G y la iatrogenia farmacológica: aunadas, estas tres herramientas decidirán el curso de los acontecimientos durante los próximos años. Ríanse los cándidos escépticos: estelas químicas, torretas 5G y jeringuillas sin cuento forman parte del mismo tinglado.

 

¿Sufre España la manipulación climática? ¿Cuáles son las zonas más afectadas y de qué forma?

 

España es uno de los más degradados laboratorios de manipulación climática de Europa, y prueba de ello es la brutal desertización y sequia programada que amenaza perder para siempre nuestra soberanía alimentaria. Algunos podrán tildarme de aguafiestas o exagerado, pero tenemos las pruebas en la mano, y en el libro hacemos un esfuerzo sistemático por dar a conocer “lo imposible” a un gran público no iniciado. A tenor de mi investigación empírica, querría poner la lupa sobre la zona afectada que mejor conozco, como son las comarcas del Bajo Aragón y Matarraña, en la provincia de Teruel. Dispongo de abundantes fotografías y vídeos escandalosos que no hacen sino reforzar lo que esté ocurriendo, a todas horas del día, en los más diversos lugares de España.

 

¿Qué riesgos y peligros supone la geoingeniería para las personas y, por extensión, el medioambiente?

 

Según el medio globalista National Geographic, en su reportajito “La conspiración de los chemtrails”, afirman: “No, no te están fumigando, ni esterilizando; ni controlando el clima para que los agricultores tengan que comprar semillas a Monsanto”. Si nos fijamos bien, al leer esta prosa sociópata de perros ejecutores del Sistema, nos vienen a la mente las mismas técnicas pueriles de los “Neutrales” y las “Malditas”, esos pretendidos “verificadores” de información que en esencia son la más pútrida mafia totalitaria de la desinformación jamás soñada por Orwell y su Ministerio de la Verdad. Es la misma porquería rebozada en alúmina. Lo cierto es que ellos mismos nos responden: “…te están …esterilizando; …controlando el clima para que los agricultores tengan que comprar semillas a Monsanto”. Excusatio non petita, accusatio manifesta. ¿Qué riesgos y peligros sin fondo comporta la geoingeniería? Sobre las consecuencias de esta práctica sobre la salud de las personas, no más tenemos que observar la sobrecogedora escalada de enfermedades neurodegenerativas que arraigan sobre la población más longeva, cual es el caso del mal de Alzheimer, entre otros muchos, pero no soy el interlocutor competente para hablar sobre esta cuestión.   

 

¿Dispone la ciudadanía de alguna herramienta para protegerse de la ingeniería climática?

 

Hay en España, al menos, una localidad que se considera “zona libre de chemtrails”. Creo que es una buena iniciativa para despertar conciencias. Mas, como reza el viejo adagio castrense de Sun Tzu, “no hay mejor defensa que un buen ataque”. Y hoy por hoy, al menos en España, no disponemos de ningún paraguas de protección aérea contra toda esta flota aérea de esbirros de Satanás.

 

Por último, ¿existe alguna manera de combatir la geoingeniería a nivel global?

 

Mientras no exista una enérgica conciencia colectiva del problema, capaz de movilizar multitudes y desencadenar un pulso marcial a los poderes supranacionales ocultos, no podremos hacer nada. Hay un estricto pacto de silencio de orden geopolítico en marcha: organismos supranacionales cuyos poderes trascienden los de cada Estado soberano anulan toda posible tentativa de denuncia propiciada por la sociedad civil. Los activistas de una parte u otra del globo han fracasado en sus reiterados intentos, que siempre terminan dándose de bruces contra los muros de las fiscalías de turno. Ejemplo paradigmático de ello bien puede ser la Plataforma Salvemos la Biósfera, de la que el libro ofrece un informe altamente inflamable.

Varios autores: Geoingeniería: Un infame pacto de silencio. Ultima Libris (Septiembre de 2021)

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