Eloy M. Cebrián (Albacete, 1963) es licenciado en filología, catedrático de instituto y escritor. Para jóvenes lectores ha publicado las novelas Bajo la fría luz de octubre (premio Jaén), Operación Beowulf y ¿Por qué se fastidia todo al cumplir los 17? En cuanto a su producción para adultos, ha cultivado el género policial en El fotógrafo que hacía belenes (premio Francisco Umbral), la novela histórica en los dos volúmenes de la saga cervantina Madrid, 1605 y Madrid, 1616, y la narrativa de terror en El juego de los muertos. Su novela Memorias de un fantasma fue finalista de los premios Fernando Lara y Herralde. Con El hombre que respondía a los correos basura se alzó con el Premio Ateneo-Ciudad de Valladolid 2018. Sus relatos y artículos de opinión han aparecido recopilados en los libros Comunión y La Ley de Murphy, respectivamente. Ha sido profesor en los talleres de escritura creativa Fuentetaja y en la actualidad coordina e imparte su propio taller literario. Es traductor ocasional y, desde hace veinte años, codirige la revista de creación El Problema de Yorick.

¿Por qué decidió escribir un manual de narrativa?

Yo era muy escéptico con este tipo de libros hasta que di con un par de ellos cuyas recomendaciones me hicieron mejorar como escritor. Siempre menciono, por ejemplo, "La práctica del relato", de Ángel Zapata, que, además de contener recomendaciones valiosísimas, es una lectura deliciosa. Y esa era mi idea. Llevar a los lectores (y aspirantes a escritores) mi experiencia como novelista y autor de relatos, que se ha enriquecido de forma considerable con mi experiencia de los últimos años como profesor de un taller de escritura. En lugar de poner por escrito una serie de recetas, más o menos prácticas, mi intención era también escribir un libro que pudiera leerse con agrado, un ensayo literario y didáctico sobre la creación literaria y las cosas que ocurren en el taller del escritor, ese lugar al que casi nadie puede asomarse.

Se han escrito muchos ya, ¿Cuál es su sello personal?

En primer lugar, como ya he mencionado, mi experiencia con alumnos de talleres de escritura, que me ha enseñado lo que funciona y lo que no, lo que los alumnos quieren y lo que más necesitan. Por otro lado, se trata de un libro profundamente personal. Es tanto un manual de escritura como la crónica de mi vida como lector.

¿Hasta que punto le interesa formar a jóvenes escritores?

Me interesa mucho trabajar con escritores jóvenes, e incluso adolescentes. Uno de mis talleres está dedicado a ellos, y en algunos casos estos chicos y chicas pasan del taller juvenil al taller para adultos y se quedan conmigo durante varios años. Verlos madurar como personas y como narradores es apasionante, dos aspectos del mismo proceso. La idea original de este libro era escribir para jóvenes aspirantes a escritores, aunque enseguida comprendí que cualquier escritor necesita las mismas herramientas, independientemente de su edad o del momento en que se inicie en la escritura. Pero algo quedó del proyecto original, sobre todo la cercanía y la frescura con la que creo que este libro fue escrito.

¿Por qué ha decidido compartir sus conocimientos y experiencias?

Me dedico profesionalmente a la enseñanza. Para mí comunicar lo que he aprendido es una necesidad. Mi experiencia en la enseñanza de la escritura ha sido tan gratificante e intensa que llevarla al papel era un paso inevitable.

Además de invocar a las musas, ¿hasta qué punto es importante tener la idea clara de lo que se quiere transmitir?

Las musas son una metáfora de la parte irracional del proceso creativo, de ese fenómeno misterioso que llamamos inspiración. En el libro se explica cómo crear circunstancias favorables para que salte la chispa de la inspiración. A partir de ahí, todo es disciplina y técnica, y una parte fundamental de esa técnica es la planificación del trabajo creativo. No solo es imprescindible tener claro lo que se va a contar, sino también los recursos necesarios para hacerlo de la forma más eficaz, y los pasos precisos para completar cada proyecto.

Y no solo eso, si no que hay unos cánones para toda novela que se precie...

Podemos encontrar muchas buenas novelas con características comunes, aislar esas cualidades y explicarlas del modo más claro y ameno posible. Eso es lo que intento con mi manual. Naturalmente, también encontraremos novelas geniales que se saltan esas normas a la torera. Creo que el secreto está en mantener un equilibrio entre la tradición y la innovación, entre el respeto a los cánones y la transgresión. La transgresión y la irreverencia forman parte de toda la buena literatura. Pero también el respeto a la tradición.

¿Cuáles son las recomendaciones generales para toda persona que quiera ser novelista?

Lo fundamental es que lea mucho y de una forma consciente. Que no tema copiar a sus autores favoritos (o "emular", si queremos usar un término más prestigioso). Que procure graduar la dificultad de sus proyectos según la etapa en la que se encuentre. Escribir un buen relato es tan difícil o más que escribir una buena novela, pero el relato es un aprendizaje imprescindible para la novela. ¿Qué más? Que se convierta en un gran observador, casi en un espía. Por supuesto, que tenga paciencia y no se rinda a las primeras de cambio. Para esto es importante relacionarse con otros escritores en talleres, clubes de escritura y foros de internet.

Sin embargo son muchos los que pueden llegar a publicar, pero pocos los que alcanzan cierta notoriedad...

El mero hecho de publicar (observe que no he dicho "autopublicar") ya a es una forma de notoriedad. La literatura no es buen método para hacerse famoso, y mucho menos rico. La satisfacción del hecho de escribir y ver cómo se difunden nuestras historias (incluso si es en un entorno pequeño y cercano) incorpora sus propias recompensas, y son grandes y numerosas. Muchas gracias.