harem

  • Bueno, Don Juan, el “Tío Paloma” ya se ha marchado. ¿Les sirvo ya la cena? –dijo Simoneta en cuanto entró en el comedor.
  • Sí, sí, Simoneta. Pero ¿qué nos ha preparado para esta noche?
  • Ah, señor, van a tener ustedes donde elegir. Les hemos preparado clóchinas al vapor, un suquet de rape, unas sepionet de playa rellenas de gambas con salsa de almendras y una cazuela de barro de alevines de anguilas...
  • Espera, espera, ¿qué son las clóchinas, y qué es el suquet y qué son los alevines de anguila?
  • Oh, Don Juan, las clóchinas son lo que ustedes llaman mejillones.
  • Ah, pues sí, queremos clóchinas, pero con limón ¿eh?
  • Bueno, con limón, con ajos chafados, con laurel, perejil picado, pimienta negra, pimentón rojo y un chorrito de aceite de oliva. Todo ello se cuece a fuego medio y con cinco minutos, cuando estén todas abiertas, se sirven.
  • Pues sí, vamos a probar sus clóchinas. ¿Y después?
  • Después, les recomiendo la cazuela de alevines de anguilas.
  • Oiga, Simoneta, ¿y qué son los alevines de anguila?
  • Bueno, aquí les llamamos así, creo que ustedes los llaman angulas, en realidad son las crías pequeñas de las anguilas, que aquí está casi prohibido pescarlas, pero mi hombre, mi Miguelete, sabe dónde pescarlas mejor que nadie.
  • Pues vale, cazuela de angulas, eso sí, con mucha guindilla picante.
  • Por supuesto, Don Juan, los alevines hay que hacerlos con mucho ajo picado y algo de guindilla picante y servirlas muy calientes, casi hirviendo.
  • Vale, pues, clóchinas y angulas.

 

Y esa fue la cena. Luego la pareja, como todavía era temprano, decidió darse un paseo por la playa. Hacía una noche espléndida y el cielo estaba lleno de estrellas.

 

 

                                                      ***

 

  • Por cierto, que no terminaste de contarme la historia del seminarista. ¿Qué le pasó al final al pobre muchacho y qué fue de su “Merinoteismo”?
  • ¡Ah, es verdad! Pues, la historia no terminó bien, aunque sí es verdad que el “Merinoteismo”, aunque fuese con otro nombre, quedó sembrado para resucitar años después.
  • Pero, ¿él cómo terminó?
  • Verás, Tomás el “Merinista” siguió con sus pancartas ante las Iglesias y en pocos meses ya tenía miles de seguidores en toda España. Tantos que lo que empezó siendo un grano de arena acabó siendo una verdadera montaña. Tanto que al final las jerarquías eclesiásticas presionaron de tal modo al Gobierno y a Roma que por un lado le vino la excomunión y por otro la expulsión de España, pues un día la policía lo detuvo y conducido por la Guardia Civil lo llevaron hasta Valencia, lo embarcaron y acabaron depositándolo en Buenos Aires. Allí, según cuenta el novelista, el ex seminarista, siguió predicando el “Merinoteismo” y aquello fue ya una locura, porque las masas humildes se pusieron de su lado y en menos de dos años el Nuevo Mundo ya era “merinoteista”. Pero, también allí la Iglesia Católica le persiguió con saña e hicieron todo lo posible por desprestigiarle, y como cuanto más le atacaban los Jerarcas Católicos más “fieles” acudían a sus charlas, un día las Autoridades Argentinas decidieron quitárselo de encima y en medio de un gran secretismo Tomás el “Merinista” desapareció del mapa. Según unas fuentes lo subieron en un avión y lo trasladaron a las Islas Malvinas, pero nunca más se le volvió a ver, por lo que otros aseguran que aquel pobre muchacho fue arrojado al mar durante el vuelo.
  • ¡Qué barbaridad! ¡Qué crimen!
  • Sí, pero como te decía, pudieron acabar con él, pero no con el “Merinoteismo”, pues la semilla de la resurrección del cristianismo primitivo, del cristianismo de Jesús, arraigó y años más tarde reaparecería como la “Teología de la Liberación”. Y es que sus ideas de igualdad, justicia y amor tuvieron y siguen teniendo gran predicamento entre los más pobres y los más humildes. Curiosamente la doctrina de la resurrección del cristianismo primitivo calaría más hondo en la Diócesis de Oca [1] .
  • Pues sí, es una bonita historia. Oye, ¿nos sentamos? Quiero beber algo.

 

Y ambos entraron en la casa, se prepararon dos cubalibres y se tumbaron en las hamacas. A pesar de la suave y fresca brisa que venía del mar hacía una noche calurosa.

 

  • ¡Dios, qué silencio, qué belleza!
  • Y además estamos solos, como si en el mundo sólo estuviésemos nosotros dos.
  • Me gustaría que siempre fuese así.
  • Bueno, “Mafe”, voy a seguir con mi “Cañas y barro”. La historia de Neleta y Tonet, el “Tío Paloma”, el “Cañamel” y “Sangonera” es tremenda.

 

Y así transcurrió casi una hora. Don Juan leyendo y María Fernanda contemplando el cielo y las estrellas y oyendo el ruido de las olas al vaciarse en las arenas de la playa.

 

  • Juan, ¿has pensado qué vamos a hacer cuando volvamos a Madrid? –dijo de pronto María Fernanda.
  • No, ¿por qué lo preguntas?
  • Porque al final tendremos que volver...
  • Por supuesto, entre otras cosas porque allí nos esperan tu “Barrera” y el “Shiremufriol”.
  • No me refería a eso, eso ya lo sé.
  • Me refería a nosotros ¿qué vamos a hacer cuando volvamos a la realidad? Yo no puedo olvidarme de tus dos mujeres y tus dos hijos, y los dos que vienen en camino... Me da miedo perderte.
  • Y no me perderás. Nuestro amor ya no tiene marcha atrás.
  • Sí, pero yo no quiero ser, ya te lo dije cuando nos conocimos, una mujer por horas. Ni estuve, ni estoy, ni estaré dispuesta a que pases conmigo parte de la noche y luego te vayas con tu mujer.
  • Me puedo separar e irme a vivir contigo.
  • Eso no puede ser, tú no puedes abandonar a tus hijos y mucho menos a “Lupe” y lo que lleva dentro.
  • Pues tú me dirás, porque yo ya no puedo pasar sin ti.
  • Pues, ya sabes, nos tendremos que venir aquí de tarde en tarde.
  • ¡Eso ni hablar, yo no quiero ser un marido Marino!
  • Oye, ¿qué es eso de un marido Marino?
  • Si, ya sabes que los Marinos, se pasan casi toda su vida en el mar y sólo vuelven a casa más o menos cada seis meses.
  • ¿Y mientras tanto?
  • Pues, mientras tanto la mujer permanece encerradita en casa y con sus hijos, y el marido, ya sabes, de puerto en puerto, y de falda en falda... o al menos así era antes, porque, según dicen, las mujeres de los marinos de hoy no son tan “monjas” como las de antes, y dicen que esos matrimonios son “carne de cuernos”... ja, ja, ja –y Don Juan no pudo evitar reírse.

 

Pero otra vez volvieron a la lectura, al silencio y la meditación. Hasta que de pronto María Fernanda se incorporó y todavía sentada en la hamaca dijo:

 

  • Me voy a la cama, me estoy poniendo muy verde.
  • ¿Verde? –y Don Juan le cogió la mano y apretándosela dijo - ¿como cuánto de verde?
  • Mucho, ¿sabes?, mientras contemplaba las estrellas se me ha venido a la cabeza algo que viví hace unos años, mientras leía y estudiaba las Teorías del holandés Gert Holstege y el americano Barry Komisaruk sobre el orgasmo.
  • ¡Coño, y en esas cosas piensas tú?
  • Verás, y esto nunca te lo había comentado, cuando estaba decidiendo sobre qué hacer mi Tesis Doctoral no sólo me interesó lo de la “Barrera hematoencefálica” también hubo un tiempo que me interesó estudiar el funcionamiento del cerebro y el placer... Y leyendo a los dos doctores que te he citado me di cuenta que la ciencia todavía no sabe bien donde ubicar en el cerebro el placer, y como máximo punto de éste el orgasmo... y la verdad es que me interesó tanto el tema que casi me inclino por él y abandono lo de la “Barrera”.
  • ¿Y por qué no te decidiste por lo del orgasmo?
  • Pues, por algo muy sencillo, porque comprobé que el profesor Holstege, de la Universidad de Groningen, para experimentar sobre su teoría tuvo que servirse de mujeres que estuvieran dispuestas a realizar sexo (solas o acompañadas) delante de él, y eso no sé por qué, lo rechazaba mi cabeza. Entonces pensé que para experimentar y tratar de buscar la fuente del placer y el orgasmo femenino lo más asequible y directo sería que yo misma me tomase como “conejillo de indias”, y sí, pensé, yo podía experimentar conmigo misma con la masturbación, pero como eso sería sólo una parte y para completar los experimentos necesitaría otra parte, y yo no estaba dispuesta en ese caso a buscarme un “conejillo de indias” externo abandoné lo del placer y el orgasmo y me incliné por la “Barrera hematoencefálica”.
  • ¿Y por qué ha vuelto eso a tu cabeza?
  • Ja, ja, ja –y María Fernanda se echó a reír abiertamente – porque ahora, ahora sí, estoy dispuesta a llevar a cabo el experimento buscando un “conejillo de indias” externo.
  • O sea, y dicho en plata, que tú quieres que yo sea tu “conejillo de indias” ¿verdad?
  • Pues sí, has acertado, me gustaría experimentar conti
  • Por mí encantado, ¿cuándo quieres que comencemos?
  • ¿Cuándo? Esta noche, ahora mismo... por eso estoy verde, porque creo que el “tegmento pontino dorsolateral” de mi cerebro ya se está removiendo.
  • Oye, oye, ¿qué es eso que acabas de decir?
  • Pues sí, el “tegmento pontino”, que está situado en el tallo cerebral es la zona exacta en la que se desencadena el clímax necesario para que se produzca un orgasmo completo, o sea, el epicentro del placer, en su zona izquierda, puesto que la zona de la derecha se encarga del control de la vejiga.
  • ¡Joder, “Mafe”! ¡Y yo creí que sabía algo sobre el orgasmo!
  • Pues todavía hay más, querido, porque luego están eso que el vulgo llama los “puntos eróticos” del cuerpo humano, y especialmente del cuerpo femenino.
  • ¿Los puntos eróticos?
  • No te hagas el bobo, amor mío, que de eso me parece que sabes latín.
  • Sí, algo sé, pero me encantaría que tú me los señalases, ya sabes que estoy loco por conocerte por fuera y por dentro.
  • No, aquí no, vamos a la cama, tú y yo vamos a experimentar hasta donde son verdad las teorías del holandés y del americano. Esta noche tú serás un “conejillo de indias” pasivo y yo seré un “conejillo de indias” activo.
  • Joder, “Mafe”, lo que hay que saber para echar un polvo.

 

Y, naturalmente, Don Juan tiró “Cañas y barro” y haciendo una demostración de su poderío físico cogió a María Fernanda y entre sus brazos la llevó al dormitorio y la depositó sobre la cama. Pero María Fernanda se levantó, se fue al baño y cuando volvió ya lo hizo en picardía, esta vez también estrenaba, era el tercero y de color granate... y no contenta con eso fue ella misma la que desnudó a Don Juan.

 

Y Don Juan, como un “conejillo de indias” obediente se tumbó sobre ella y comenzó el ejercicio práctico.

 

  • Bueno, profesora, tú me dirás por dónde empiezo.
  • No seas bobo y comienza besándome con la lengua las orejas y los ojos, y después sigues con los labios hasta que se besen las lenguas.

 

Y, como un corderito, Don Juan comenzó a hacerle lo que ella le indicaba, salvo algo que ella no le había mandado hacer en esa primera lección, que sus manos instintivamente se fueron a sus pechos y a los pezones.

 

Pero, la profesora empezó a ser mujer y hasta el hipotálamo comenzó a emitir adrenalina, lo que indicaba que el organismo femenino comenzaba a alterarse.

 

  • ¡Dios, los pezones no, todavía no!

 

Pero, las manos del alumno se habían declarado en rebeldía y ya no había fronteras.

 

  • ¡Ahora, sí, tócame los pezones y muérdelos! Pero no, no tan fuerte, no me hagas daño, sólo con la lengua.

 

Después, la profesora le pidió que le hiciera lo mismo en el ombligo, los muslos, las rodillas, los tobillos y hasta los dedos de los pies. Aunque la llegada masiva de adrenalina se produjo cuando el alumno tocó con su lengua el clítoris... porque entonces  la profesora comenzó a gritar.

 

  • ¡Juan, no te detengas, sigue, sigue!... ¡oh, oh, ooooooh! ...

 

Y la lección fue subiendo de tono, porque a esas alturas  el “tegmento pontino dorsolateral” se había dislocado y la conciencia estaba mutándose, como bien habían señalado los expertos que sucede en los prolegómenos del orgasmo, que en pleno orgasmo la conciencia desaparece y el individuo, hombre o mujer, se vuelve loco y ya no sabe lo que hace ni lo que dice, son movimientos imprevisibles y palabras disparatadas, o sea, el momento de la locura sexual. Fue el primer orgasmo de María Fernanda. Pero, como mujer, y también figura en los estudios del doctor Komisaruk, ya estaba dispuesta para el siguiente (no le sucede igual al hombre, que entre orgasmo y orgasmo necesita un tiempo obligado de relax). Así que ya fuera de sí, la profesora – mujer cambió de posición, se puso sobre él y casi en plan salvaje comenzó a besarle el pene hasta introducirlo en su boca, y cuando intuyó que el Don Juan estaba al borde del orgasmo grito:

 

  • Nene, ahora, métemela ya, ¡ya! -pero fue ella misma quien introdujo el pene en su vagina, sin dejar de moverse como una fiera.
  • ¡Tu puta, quiero ser tu puta, fóllame!... ¡Oh, Dios, más, más, muévete, me ahogo, te quiero!

 

Y la lección terminó al llegar ambos al unísono a la cúspide del placer humano... o divino, porque ya dicen los doctores que al finalizar un orgasmo completo e intenso tanto el hombre como la mujer disfrutan como dioses. Y más la mujer, porque ese máximo placer del hombre sólo dura entre tres y cinco segundos mientras que el de la mujer dura entre quince y veinte segundos.

 

Naturalmente, tras el combate los contendientes abandonaron el ring y se quedaron tumbados recuperando el aire mientras el hipotálamo retiraba adrenalina.

 

 

 

 

 

 

  • Bueno ¿qué tal se ha portado el "conejillo de indias" pasivo -- dijo Don Juan cuando se hubo recuperado del ejercicio violento.
  • ¿Pasivo, tú?... si ahora mismo me tienes molida.
  • No me digas, pero ¿no habíamos quedado en que tú harías de "conejillo" activo?
  • Sí, pero tú eres demasiado listo... bobo, me has hecho disfrutar más que nunca.
  • ¿Y tu "tegmento pontino dorsolateral" cómo se ha comportado? ¿Ha funcionado el experimento?
  • No te rías... pues sí, ha funcionado. Hoy he comprendido que todo viene del cerebro, aunque creí que me iba a estallar, que el placer lo estaba superando. No me extraña que el orgasmo tenga los defensores que tiene.
  • Oye ¿y es verdad que se pierde la conciencia?
  • ¿Sólo la conciencia?... y el cuerpo entero, y la vida, y el alma. ¡Es increíble!
  • Y tú te lo querías perder, amor... ¡mi puta!
  • ¡No!, no me lo recuerdes, ahora me da vergüenza. No sabía ni lo que decía... en ese momento sólo quería gozar, disfrutar, fundirme conti
  • Está bien y me alegro por tu experimento. Ahora, si te lo propones, ya podrías hacer tu Tesis Doctoral sobre el funcionamiento del cerebro durante el orgasmo, aunque creo que todavía te falta completarlo. Hay una lección que me parece que desconoces.
  • ¿Más de lo que hemos experimentado?
  • ¡Oh, mucho más!... ¿Quieres aprender más? ¿Quieres saber lo que es "la pequeña muerte"?
  • Mira, amor mío, a estas alturas de la película lo normal es que quiera saber cómo es el final ¿no te parece?
  • Pues, entonces, levántate y ven conmi
  • Aquí, sólo aquí, pero ponte el picardías --y Don Juan llevó a "Mafe" hacia la ventana, desde la que se contemplaba en todo su esplendor el mar --. Apoya tus codos en el alfeizar de la ventana y mira hacia el mar, y tranquila, pase lo que pase tú tranquila.
  • ¿Me vas a matar?
  • No, por favor, ya sabes que yo no soy un asesino. Tú ponte como yo te digo y luego me das tu opinión.

 

 

    Y María Fernanda siguiendo las indicaciones del "conejillo" activo se situó de modo que a un metro sólo se veían sus muslos y su culo. Entonces Don Juan se acercó y comenzó a besarla y acariciarla por detrás, y a rozar el pene en sus nalgas. Y con sus manos fue tocando sus pechos y jugando con los pezones. Naturalmente, la "conejilla" pasiva en este caso, también comenzó a alterarse y se revolvía para besarle de frente con verdadera angustia, abriendo la boca y estremecida. La respiración de ambos se iba haciendo entrecortada y los cuerpos se buscaban ansiosos. Pero, Don Juan la tenía bien sujeta y evitaba que se volviese, aunque sus manos fueron bajando con suavidad hacia los muslos, hacia abajo y hacia arriba, hasta tocar la pequeña braguita del picardías e introducir sus dedos en busca de la cueva del placer. María Fernanda comenzó a removerse ya con pasión incontrolada, que llegó al máximo cuando sintió que los dedos de él tocaban su clítoris.

 

  • Por favor, amor, métemela ya, no aguanto más, quiero tu polla.
  • No, amor, mi niña, todavía no... disfruta más.
  • No, no, métemela ya, quiero correrme ya.
  • ..  --pero de pronto el hombre empujó fuerte y con su pene la penetró por detrás, por el ano.

 

 

  Y entonces de la garganta de la "conejita" pasiva salió un grito casi desgarrador, que en el silencio de la noche debió oírse hasta en alta mar. Y luego.

  • ¡ Cabrón!... ¿Qué me has hecho?... Me estás matando... ¡¡ Oh, Dios, Dios!! ¡Asesino!
  • Tranquila "Mafe"... tú, muévete, no pares de moverte.
  • Si ya me muevo... ¡oh, oh, ooooh!
  • Atrás y adelante, atrás y adelante... así, así...no pares...y grita, grita lo que quieras...
  • ¡Cabrón, cabrón, hijo de puta!... ¡Tu puta! ¡Soy tu puta! ¡Fóllame!... Más, más...¡Oooooh, me estoy volviendo loca!... ¡Loca!... ¡Virgen mía!
  • Amor, sí, mi puta... anda, ya puedes correrte, yo ya me estoy corriendo.

 

  Y "Mafe" volvió a gritar y hasta morderse y herirse las manos y chupar de su propia sangre. Luego, Don Juan salió de aquel cuerpo convulso y agotado, aunque se quedó abrazado a ella y la ayudó a tumbarse en la hamaca.

 

  • Bueno, doctora ¿cómo se ha portado el “tegmento pontino dorsolateral”?
  • Bruto, eres un bruto, me has hecho daño por fuera y seguro que me has destrozado por dentro... ¡Eres un cabrón!
  • No será para tanto...
  • Sí será para tanto, porque esta noche he comprendido muchas cosas.
  • ¿Como cuáles?
  • Ahora he entendido por qué a la mujer la llaman el “sexo débil”.
  • ¿Y eso?
  • Sí, porque la polla puede con nosotras. Te juro que cuando me penetras me rindo y ya no soy yo. Pero lo de esta noche no tiene nombre.
  • Pues todo tiene una explicación científica y tú debes conocerla ¿o no conoces la “oxitocina”?, sabes o debes saber, que cuando el hipotálamo ve llegar algo extraño desde fuera rápidamente se pone en guardia y prepara sus hormonas de vanguardia para rechazar al enemigo o abrirle las puertas al amigo. Según los expertos cuando a una mujer se le tocan los pezones automáticamente manda a través de la hipófisis adrenalina y oxitocina, con la primera defiende y con la segunda relaja. Gracias a la oxitocina el parto se hace más llevadero, pero también en cuanto ve excitada a la mujer en previsión relaja los esfínteres del ano. Así que no te quejes.
  • Pues, a pesar de eso te digo que eres un cabrón... Sí, porque además me ha gustado tanto que ahora mismo me gustaría que me lo hicieras otra vez.
  • No seas tonta y recuerda que el hombre entre orgasmo y orgasmo necesita un “periodo refractario”. ¿Sabes cómo le llaman al orgasmo producido por una penetración anal?
  • Increíble, ya veo que te conoces bien el paño.
  • Le llaman “la pequeña muerte”, porque es la cúspide del placer y cuando en verdad desaparece la conciencia y el ser humano sube a los cielos.
  • ¿A los cielos o al infierno?, porque yo creí que me estabas matando... y además, amor, no quiero seguir hablando del tema, me siento mal, siento vergüenza... Nunca creí que yo pudiera comportarme como me estoy comportando.
  • Pues no tienes que avergonzarte de nada, te estás comportando como millones de mujeres de ayer, de hoy y de mañana. Incluso te debías enorgullecer, al menos yo me siento orgulloso de ti, porque he comprobado que por encima de tus matrículas de honor, de los títulos, de tus ciencias y de todos tus saberes eres una mujer.
  • Sí, pero ya no seré la misma, porque contigo he descubierto que no soy mejor ni peor que las demás...
  • ...¡Y que eres humana!
  • Juan, no sigas, ya estoy suficientemente loca... y ahora, incluso, entiendo a las ninfómanas..... sí, si por mi fuera estaría haciendo contigo el amor todo el día y toda la noche.
  • Bueno, pues ahora toca dormir, vamos a la cama que por esta noche los “conejillos de indias” han cumplido con su deber.

 

Y así fue porque los dos antes de caer en la cama ya estaban dormidos... y hasta roncando. Mientras el mar comenzaba a rugir y la brisa y el viento suave mecían las cortinas del dormitorio.

 

                                                   ***

 

 

¡Ay!, pero al despertarse, a la mañana siguiente, se encontraron con una feroz tormenta. Truenos enormes, que sonaban casi encima de la casa, y relámpagos que iluminaban el día oscuro que se había presentado... y rápidamente empezó a llover, bueno más que a llover, porque aquello era una tromba de agua y además como se había levantado un viento huracanado el agua caía hasta horizontal. Y así se mantuvo más de una hora.

 

  • ¡Señor, es la gota fría!, ¡peligro!
  • Sí, Simoneta, no había visto cosa igual. Si sigue así más tiempo habrá inundaciones.
  • Seguro, Don Juan. A estas horas el Lago estará ya alborotado y las barcas habrán sido arrastradas. Lo malo es cuando empiecen a devolver las montañas y los montes de alrededor. Pero, ustedes no se preocupen, su abuelo y su madre, que presenciaron más de una de estas “gotas frías”, fueron precavidos y tomaron medidas para que la casa y hasta el jardín, no corrieran nunca peligro.

 

Pero, la sorpresa de la “gota fría” no vino sola, pues cuando se sentaron a desayunar, de pronto, María Fernanda se sintió mal y empezó a devolver. Don Juan se asustó y con mucho mimo la llevó hasta el baño y luego a la cama. Inmediatamente Simoneta entró con una infusión que entre los dos le hicieron beber a la enferma. Y así se pasó casi toda la mañana, cada vez que se sentía mejor e intentaba levantarse volvían las náuseas y los vómitos, y hasta comprobaron que le había subido la fiebre. En un momento que los dos se quedaron solos Don Juan dijo:

 

  • Oye, Mafe ¿no estarás embarazada?
  • Por favor, no seas bobo, me acaba de bajar la regla.
  • Vaya, menos mal, porque era lo que me faltaba.
  • Pues no, y no seas tonto, no olvides que yo soy médico. ¿Crees tú que yo me iba a quedar embarazada sin proponérmelo?, aunque eso es lo que tú te merecías, por no haber tomado ninguna medida para evitar “eso”... ¡ay, que tontos sois los hombres!... Juan, desde que hicimos el amor la primera vez yo estoy tomando la píldora “anti”.
  • ¡Menos mal!... Pero, esa píldora puede fallar...
  • Sí, y el cielo se puede hundir...
  • Pues, no lo digas muy alto, porque parece que el cielo se está hundiendo de verdad ¿no ves cómo llueve?
  • ¡Va... eso en esta zona de Levante es lo más normal del mundo!
  • Joder, pues como siga lloviendo así vamos a tener que volver a Madrid a nado. Oye ¿y a qué achacas tú, señora doctora, tus náuseas y tus vómitos?
  • No lo sé, puede que algo de lo que comimos ayer me sentara mal, tal vez las clóchinas, estaban muy picantes... o, tal vez... – y María Fernanda no terminó la frase.
  • ¿Tal vez qué?
  • ¿Y tú me lo preguntas?, yo creo que anoche me destrozaste en mi interior... ¡fuiste un bruto!
  • No digas tonterías, amor mío, que sólo tienes 28 años... y si a los 28 años no resistes tres polvos apaga y vámonos.
  • No, majete, no me refiero a los polvos normales, me refiero a tu barbaridad de anoche.
  • Bueno, eso suele suceder la primera vez, luego se vuelve normal y afrodisíaco.

 

Pero, a pesar de las infusiones de “ajenjo”  y “jengibre”  que preparaba cada media hora Simoneta , María Fernanda se pasó toda la jornada con sus náuseas y sus vómitos. Por prescripción médica, ella misma era su médico, al mediodía comió una raja de merluza hervida con limón.

 

Así que en este estado suspendieron el proyectado paseo por la Albufera.

 

  • ¿Cómo estás? , ¿te sientes mejor?, ¿cómo va “eso”? - preguntó el inquieto farmacéutico.
  • No sé, me siento un poco mejor, pero “eso”, como tú le llamas, no va tan bien, estoy echando más que nunca... Sí, este “viaje de novios” seguro que ha cambiado algo que está acusando mi organismo.
  • Claro, viniste niña y aquí te has hecho mujer... ja, ja, ja –y Don Juan se echó a reír, aunque sólo fuera por distraerla-... la Doctora ha descubierto que es mujer y que no todo en la vida son libros o laboratorios...
  • No te rías, que esto es serio.
  • Me parece que está llegando el final de nuestro “viaje de novios” ¿y si nos vamos ya para Madrid?... porque, me parece que aquí ya está todo el pescado vendido...
  • ¡Ingrato!, o sea que para ti sólo existe el folleteo y la cama ¿verdad?
  • Bueno, amor mío, no te pongas así, pero a nadie le amarga un dulce... ¡y estás tan buena!
  • No seas bárbaro, lo que me extraña es que de esa mente lujuriosa que tienes haya podido salir el “Shiremufriol”
  • ¡Ay!, no me hables de ese “truhán”, que ya me está reclamando más atención.
  • Algo parecido me está pasando a mí, esta noche he soñado con la “Barrera hemoencefálica” y hasta me vi, como si fuera una anguila, intentando atravesarla para llegar a lo más hondo del cerebro.
  • O sea, que volvemos a las andadas
  • Sí, pero aquí, no quiero abandonar todavía este paraíso, mi paraíso.
  • Pues, como siga está tremenda lluvia, y el viento huracanado, y la “gota fría”, lo tienes crudo.
  • Bueno, ya sabes, detrás de la tormenta viene la calma. ¡Que esperen los fumadores y los alemanes!

 

****

 

 

Y llegó la hora de la cena. María Fernanda estaba mejor, tanto que cuando entró Simoneta para pedirles permiso para servirles le dijo que tenía hambre.

 

  • Sí, Doña María Fernanda, ya lo había previsto y le he preparado una sopa de anguilas que se va a chupar los dedos.
  • Sí, está bien, pero además otra raja de merluza con limón, parece que eso me sentó bien hoy.

 

Y eso hizo Simoneta. A Don Juan le sirvió un poco de la misma sopa y  un suquet de rape.

 

Luego, en lugar de postre, a Doña María Fernanda le sirvió otra infusión de las que le había estado dando todo el día.

 

  • Oiga, Simoneta ¿de qué son estas infusiones que está preparando a la señora?
  • Señor, son una mezcla de la “miraculosa” y “fada verd”.
  • ¿Cómo ha dicho? ¿qué es eso de la “milagrosa” y el “hada verde”?
  • No lo sé, Don Juan, pero mi madre siempre nos daba una infusión igual cuando mis hermanos y yo teníamos mareos o vómitos... Se hacen con las hojas de unas plantas que crecen aquí mismo, en los bosques de la Dehesa, y deben ser buenas porque el padre de usted, Don Juan, en una de sus estancias aquí antes de la Guerra, no sólo las aprobó sino que mandó a mi padre que las plantase en el pequeño huerto que tenemos al lado de mi casita.
  • ¿Tienes alguna de esas hojas aquí?
  • Sí, señor, esta mañana cuando vi vomitar a la Señora mandé a mi hija, Pilaret, que me trajese algunas hojas de las dos plantas.
  • ¿Puedo verlas, Simoneta?
  • Sí, Don Juan, ahora mismo –y Simoneta salió del comedor hacía la cocina y volvió enseguida con dos ramilletes de las plantas que ella llamaba la “milagrosa” y el “hada verde”.

 

Don Juan observó las hojas y el ramillete que Simoneta había puesto en sus manos y rápidamente dijo:

 

  • Sí, la “milagrosa” es jengibre y el “hada verde” es ajenjo. No está mal, el jengibre ya lo recomendaba Galeno y Averroes en la antigüedad como remedio, ciertamente, para las náuseas y los vómitos, e incluso para mejorar el flujo sanguíneo y facilitar la digestión. El ajenjo o “hada verde” es el “artemisia absinthium” de los latinos. El cordobés Averroes decía que era “la madre de todas las hierbas” y la llamaba “hierba santa”. Los árabes la empleaban como tónico estomacal para contrarrestar la indigestión y el dolor gástrico, o para abrir el apetito. Así que no está mal que ambos, el jengibre y el ajenjo, se mezclen.
  • Será así, Don Juan, nosotros sólo sabemos que una infusión de estas dos plantas mezcladas acaba pronto con los vómitos.
  • Gracias, Simoneta, ha sido un acierto, y por lo que se ve ha surtido efecto y Doña María Fernanda está mejor, ¿o no, amor mío?
  • Sí, sí, estoy bastante mejor.

 

Después de la cena los “novios” se tumbaron un rato en las hamacas de la terraza y luego, pronto se retiraron a dormir.

 

***

 

A la mañana siguiente se despertaron tarde y ya eran más de las diez cuando se sentaron a desayunar. María Fernanda se había recuperado del todo y hasta se sentía contenta y alegre. Y como el día había cambiado, como si también alguien le hubiese dado una infusión  de la milagrosa hierba santa y el mar estaba en calma, se bajaron a dar un paseo por la playa. El sol ya comenzaba a picar.

 

  • “Mafe”, has dormido como un lirón, y creo que ni has tenido pesadillas de las tuyas -dijo al sentarse de nuevo en la terraza Don Juan.
  • Es verdad, he dormido muy bien... y no, no he tenido ninguna pesadilla,
  • Pues, yo apenas si he dormido, incluso de madrugada me levanté y me vine a la terraza.
  • ¿Y eso? ¿Qué te preocupaba o en qué pensabas?
  • Aunque tú no lo creas esta noche he vuelto a dormir con el “Shiremufriol” y la “Barrera hematoencefálica”. De pronto reaparecieron en mi cabeza, y encima muy cabreados, según ellos los tenemos muy abandonados.
  • Y es verdad, pero ya nos queda poco... ¿y qué has pensado?
  • Algo interesante, que seguramente, nos va a servir para continuar nuestra investigación. ¿Recuerdas que nos quedamos en que teníamos que encontrar una fórmula para evitar que el cerebro se quedase sin nicotina? Creo que ya tengo la fórmula. Verás, “Mafe”, si con el “Shiremufriol” conseguimos que la nicotina no pase la “Barrera hematoencefálica” al menos durante dos semanas podemos conseguir evitar la adicción, con lo cual ya beneficiamos al fumador, pero si tras esas dos semanas durante las cuales el cerebro no recibe nicotina y puede salir perjudicada la memoria (y aparece el Alzheimer), luego podemos proporcionarle nicotina durante una semana para que el cerebro no se quede sin nicotina... Creo que la solución, para evitar daños colaterales, está en alternar la entrada de nicotina con la suspensión por efectos del “Shiremufriol”.
  • Pues sí, está bien pensado, Juan... Pero, eso lo tendremos que comprobar, por tanto habrá que experimentar con las cobayas... y aún más habrá que experimentar con fumadores, y eso ya es más complicado, porque es arriesgado experimentar con seres humanos.
  • Sí, eso es cierto, pero ahí tal vez tengamos que pedir ayuda a la “Bayer”... en cualquier caso ya sabemos lo que nos espera en Madrid. Pero, si todo resulta como te acabo de decir ya podríamos lanzar las campanas al vuelo.
  • Bueno, bueno, pues creo que nos hará falta comprobar qué efectos produce el empleo alternativo del “Shiremufriol” en cobayas de distinta inteligencia, porque tendríamos que concretar qué cantidad de “Shiremufriol” habría que inyectar según la inteligencia y la memoria. Sin esto, podríamos cometer  otro fallo.
  • Sí, “Mafe” tienes razón... pues lo haremos, cuando quieras nos marchamos para Madrid.
  • No, Juan, déjame gozar unos días más de esta paz y de esta belleza... y de nuestro amor. Tengo miedo de volver a Madrid.
  • ¿Y por qué?
  • Porque sé que allí ya no serás del todo mío y tendré que compartirte... ¡y eso no me gusta!
  • Bueno, princesa, hoy lo de hoy y mañana lo de mañana. Pero, sí te concedo dos días más. Ahora me voy a dar un baño ¿vienes tú?
  • No, Juan, prefiero quedarme aquí leyendo mi “Collar de la Paloma”.

 

Y dos días más se quedaron en el chalet familiar situado en la Dehesa del Saler, a pocos kilómetros de Valencia y justo al lado de la Albufera. Fueron dos días tranquilos, de lecturas, de paseos y de meditaciones. Pero, también de gastronomía, porque Simoneta se empeñó en prepararles una paella.

 

  • Y ¿cuál es la verdadera paella valenciana? ¿En qué se diferencia su paella de las que comemos en Madrid?
  • ¡Ah!, Señor, la paella ya no es la misma de antaño, ahora se hace ya la paella mixta y eso no es la paella tradicional, y menos la de la Abufera.
  • Simoneta, dígame su receta para que yo la pueda hacer en Madrid –dijo María Fernanda.
  • Pues mire, Doña Fernanda, la paella tradicional, la que a mí me enseñó mi madre se hace con arroz seco, pollo, conejo, bajoqueta, garrofón, vaquetas y albóndigas de carne... y hay que hacerla en una sartén metálica poco profunda sobre un fuego de leña, si es posible de naranjo, y en un espacio abierto. El color amarillo hay quien lo proporciona utilizando colorantes artificiales, pero a la manera antigua debe utilizarse el azafrán.
  • ¿Y no tiene marisco o pescado?
  • No, la verdadera, en la antigua no se mezclaba la carne con el pescado.

 

Así que los “novios” no tuvieron más remedio que comer la paella de Simoneta.

 

[1] Nota del editor: Los Montes de Oca y la Diócesis de Oca, pertenecen a la comuna del Departamento de Belgrano, en la provincia de Santa Fe, limítrofe con las provincias de Buenos Aires y Córdoba... y de allí saldría muchos años después el actual Papa de Roma, el Pontífice Francisco I, Jorge Mario Bergoglio