Con motivo de la publicación de su nuevo libro, Diez cuentos, entrevistamos a Andrés García-Carro, colaborador de El Correo de España, a quien nuestros lectores conocen sobre todo por sus poemas y por sus reflexiones político-religiosas. Debajo de la entrevista incluimos el enlace de Círculo Rojo, editorial que ha publicado el libro y a través de la cual pueden comprarse ejemplares del mismo.

¿Por qué ha decidido publicar ahora estos diez cuentos que, según se nos dice en la contraportada del libro, escribió hace más de veinte años?

Porque en su día los publiqué junto a otros con los que hoy, por razones morales, ya no me identifico. He querido rescatar estos diez que sí que pasan el filtro moral, pensando además en un público que desconoce esta faceta de mi obra literaria a la que dediqué buena parte de mi juventud.

¿Cuál es el denominador común de estos diez cuentos, si es que lo hay?

A decir de quienes ya los han leído, todos ellos atrapan la atención de principio a fin.

¿Piensa que sus cuentos han envejecido bien?

Pienso que no han envejecido en absoluto. Es más, me parece que el tiempo ha jugado a su favor. Sus personajes están más vivos que nunca.

El cuento tiene una gran tradición, desde los hermanos Grimm hasta Hemingway o Borges, pasando por autores tan renombrados como Edgar Allan Poe o Kafka… ¿Cuáles han sido sus autores de referencia en este género?

Durante la época en que escribí estos cuentos fui a la vez un lector voraz del género. Creo que leí a todos los cuentistas, famosos, no tan famosos o casi desconocidos, de la literatura universal. Los que más me gustaron son Guy de Maupassant, Charles Bukowski y el Alberto Moravia de Cuentos romanos.

Se echa de menos algún autor español entre el elenco de los mejores escritores de cuentos. ¿Por qué este género no ha arraigado tanto en nuestro país?

Buena pregunta que yo también me he hecho frecuentemente. Hay algunos destacables cuentistas españoles o en lengua española (Borges, por ejemplo, al que ha mencionado usted en su pregunta anterior), pero creo que ninguno al nivel de los mejores. Quizá sea, como alguien ha dicho, porque nuestro idioma no se aviene bien con la economía verbal que exige el cuento; o por nuestro temperamento expansivo, que requiere de formas expresivas más extensas; o porque el auge del cuento se ha dado en los siglos XIX y XX, coincidiendo con un tiempo de declive cultural en nuestra patria. Yo me decanto por esta última razón, aunque es una cuestión merecedora de estudio.

¿Considera que ahora que la gente no lee tanto como antes, el cuento, por su brevedad, puede tener mejor aceptación?

En buena lógica así debería ser, pero lo cierto es que la mayoría de la gente, a juzgar por los libros que se publican y por las listas de los más vendidos, prefiere la novela. Para mí es un misterio esta preferencia. Sospecho, sin embargo, que los lectores de cuentos, aunque al parecer minoritarios, son más genuinos y fervorosos que los supuestamente mayoritarios lectores de novelas. Una cosa es comprar un libro y otra leerlo.

¿Están inspirados sus cuentos, directa o indirectamente, en vivencias personales suyas o de personas que ha conocido?

Sí, en lo que a su materia prima se refiere. Después esa materia prima está pasada por la túrmix de la imaginación («la loca de la casa», que decía nuestra Santa Teresa), resultando de este proceso lo que llamamos ficción. El paso del tiempo colabora también en darle un aire ficticio a lo real. Yo mismo ya no distingo bien hasta qué punto lo que cuento en mis cuentos es fiel a la realidad en la que están basados o fruto de mi imaginación. Acaso en esta inefable fusión radique su encanto.

Si después de esta recopilación de sus cuentos decide escribir otros, ¿cambiaría en algo el estilo, el enfoque o la temática?

No tengo intención de escribir más cuentos, pero quién sabe. Si lo hiciese, mi estilo («el estilo es el hombre») seguiría siendo el mismo, aunque sí que cambiarían el enfoque y la temática, enriquecidos por la realidad (nuevos personajes, nuevas vivencias, etc.) que me ha deparado la vida estos dos últimos decenios.

¿En qué medida estos diez cuentos, escritos a finales del siglo XX o recién estrenado el presente siglo como quien dice, cree que le pueden interesar al hombre del siglo XXI?

En la medida en que en ellos esté reflejada con hondura y fidelidad la naturaleza humana, que es inmutable, le podrán interesar a cualquiera que los lea no ya sólo actualmente sino en el futuro.

¿Qué les recomendaría a los jóvenes escritores que quisieran explorar este género?

Que lean a todos sus grandes cultivadores, que vivan intensamente, que se dejen la piel del alma en el duro oficio de escribir y que sean muy autoexigentes y selectivos a la hora de publicar.

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