harem

Pero en cuanto se marchó Amparo don Juan se dirigió dando un paseo hacia la cafetería “San Bernardo”, que estaba situada en la plaza del mismo nombre y haciendo esquina con Alberto Aguilera. Desde allí mismo llamó a María Fernanda.

 

  • Hola, soy yo, estoy debajo de tu casa, en la cafetería “San Bernardo”, te espero.
  • Hombre, hola, ¿te han dado permiso ya para que vengas? ¿O te has traído contigo a tu nueva a-yu-dan-te? –respondió con mucha sorna doña María Fernanda.
  • Venga, no digas tonterías y baja ya.
  • Bueeenooo, ahora bajo.

 

Y allí se sentaron a cenar. María Fernanda, como siempre, iba muy bien arreglada, vamos, como si hubiese estado esperándole.

 

  • A ver, amor mío, ¿qué te pasa con la adicción?... ¡Ah, pero antes dime cómo te ha ido el día y qué tal se ha portado Doña Amparo!
  • Bien, pero, estoy hasta el gorro de tu cerebro.
  • Pero, ¿has tenido tiempo para pensar en cosas serias?
  • “Mafe”, no seas pesada, que ya sabes que yo vivo por ti y para ti.
  • ¡Joooooo!, no me digas, amor mío.
  • Mira, “Mafe”, o hablamos en serio o me voy.
  • Vamos a ver, ¿qué quieres saber de la adicción? ¿Y por qué tienes tú que meterte en el cerebro si lo tuyo es el “Shiremufriol”?.
  • Pues claro que tiene que ver, no voy yo a hablar de los remedios para combatir los efectos nocivos de la nicotina, entre ellos la adicción, sin saber de qué ¿Cómo y dónde se produce la adicción que tanto temen los fumadores y que todo el mundo considera nocivo para el organismo humano?
  • Vamos a ver, y como no voy a darte ahora y a estas horas una conferencia sobre el funcionamiento del cerebro, voy a tratar de explicártelo en pocas palabras... ¡Claro que para un mero “vendedor de pastillas”! ¿No sois eso los farmacéuticos españoles?, eso, al menos, se os llamaba en la Facultad de Medicina.
  • Déjate de cachondeos y al grano.
  • Vamos a ver, de las aproximadamente 3.000 sustancias que contiene un cigarrillo, sólo la nicotina crea dependencia y su efecto es funesto en el tegmento ventral del mesencéfalo y en el “núcleo accumbens” del prosencéfalo, las áreas que forman parte del sistema de recompensa. En esa parte del cerebro se recogen los estímulos que producen placer y como la acetilcolina, como la cocaína y el alcohol, portan placer es bien recibida y no sólo bien recibida sino que el “núcleo accumbens” no se conforma con la primera dosis y quiere más y cuanto más se le da más quiere... y así hasta llegar a un punto que ya no puede resistir sin alterar sus funciones y perjudicar a otras partes del cerebro. Esa es la adicción. Te podía explicar muchas cosas más, porque ese precisamente es el tema central, como bien sabes, de mi tesis.
  • Pues, ¿sabes lo que te digo? que a mí todo eso me parece un rollo.
  • Sí, pero no olvides que estás haciendo una tesis doctoral no un articulito para tus clientas.
  • ¿Y tú? ¿Cómo tienes esta noche tu “tegmento portino dorsolateral”?
  • Ja, ja, ja... Que mal suenan esas palabras en tu boca –dijo riéndose María Fernanda.
  • Pues yo estoy más verde que mi “Shiremufriol”.
  • Ya sabes que estamos en el Ramadán... ¡Ayuno y abstinencia!
  • Cabrona, ¿y entonces por qué te pones tan guapa? Hace ya casi 10 días que me tienes en ayunas y ya tengo el “mono”.
  • Pues, ya sabes, cierra tu “barrera hematoencefálica” y te vas a dormir, que seguramente mañana tendrás trabajo doble.
  • ¿Trabajo doble? ¿A qué te refieres?
  • ¡Joooooó, Don Juan! Pues que tendrás que escribir y atender a tu guapísima a-yu-dan-te.
  • Ya está bien, “Mafe”, que una DOCTORA tan culta y tan inteligente, y tan cerebral como tú, no puede ser celosa. Así que vamos a la cama y te callas.
  • ¡Ni hablar!, que todavía me espera esta noche el “mesencéfalo” y la “substancia nigra”.

 

 

Y, naturalmente, la Docta María Fernanda, esa noche ganó la batalla y Don Juan no tuvo más remedio que recoger velas y marcharse a dormir a la “cama separada” que le había impuesto su mujer.

 

                                                ***

 

“A la mañana siguiente me levanté muy temprano, tanto que cuando llegó la señorita Amparo ya llevaba dos horas peleándome con la “Barrera hematoencefálica”, el “tegmento portino dorsolateral” y la nicotina.

 

  • Buenos días, Don Juan.
  • Hola, Amparo ¿todo bien?
  • Todo bien.
  • Pues yo te quiero pedir perdón por lo de anoche.
  • ¿Perdón? Mire, Don Juan, los dos somos mayores de edad, y yo más que usted, creo que le llevo trece años, y los dos sabíamos lo que hacíamos. Así que nada de perdones.
  • Está bien, pero yo no quisiera molestarte en nada.
  • De eso ya hablaremos. ¿Trabajamos?
  • Sí, vamos con la adicción.

 

Y durante toda la mañana estuvimos escribiendo sobre los efectos de la nicotina en el cerebro y las reacciones del resto del organismo.

 

A la hora de comer le pedí que siguiera y nos fuimos a la cafetería “Manila”. Y fue allí donde aproveché para contarle algo de mi vida, empezando, por supuesto, por mi boda “In articulo mortis”, y todo lo que vino después.

 

  • ¿Y qué pasó cuando despertaste de tu casi muerte y te viste casado?
  • Que no tuve más remedio que aceptar la situación, y más cuando mi madre me contó lo que María Antonia y su madre habían hecho por mí. Y me di por vencido y acepté los hechos.
  • ¿Y ahora? –preguntó la señorita Amparo con mucho interés.
  • ¿Ahora?… verás, desde que nos vinimos a Madrid nuestras relaciones se fueron haciendo más lejanas, ella se encerró en casa y se entregó a los niños, porque después de la niña que nació en plena guerra luego el año 43 vino el niño… mientras yo me dediqué al estudio primero y luego a la investigación.
  • ¿Y vuestras relaciones sexuales?
  • Peor, María Antonia es una mujer fría y distante, que sólo me aceptaba como por obligación, la obligación que la mujer española parece tener cuando se casa.
  • Pero creo, según te he oído decir estos días que ahora de nuevo está embarazada.
  • Sí, es verdad, pero eso fue un accidente, pues cuando sucedió ya llevábamos casi tres años sin hacer el amor y sin relación sexual ninguna. Lo que venga fue fruto de una noche loca.
  • En eso te gano, yo llevó ya casi 10 años, desde que murió mi marido en la Guerra, sin acostarme con ningún hombre.
  • ¿Y eso? ¿No has encontrado nadie que te haga tilín?
  • Pues no, y con mi hija he tenido suficiente, y, fíjate lo que te digo, hasta ahora, porque desde que te vi el otro día cuando vine con don Doña Patricia, pensé que ya había llegado la hora. Tú me gustas.
  • Y tú a mí.
  • Pero, Don Juan, quiero que las cosas entre nosotros queden bien claras. Porque una cosa es la atracción física y otra el amor. Sería absurdo decirte que me he enamorado de ti, después de lo que viví aquel fatídico año del 31 yo ya no podré saber nunca lo que es el amor, porque ni siquiera con el que primero fue mi violador y luego mi marido llegué a sentir algo especial.
  • Tampoco yo he sabido nunca lo que es el amor.
  • ¿Nunca, nunca, nunca?
  • Bueno, pues si te digo la verdad, ahora empiezo a sentir algo parecido al amor.
  • ¿Conmigo?
  • No, Amparo, tú me gustas, eres guapa, eres una mujer impresionante, pero mi cabeza está ahora mismo en otra mujer.
  • ¿Doña María Fernanda?
  • Pues sí, aunque ella no sabe nada, es mi secreto.
  • Mire, Don Juan, le voy a ser muy clara, yo estoy dispuesta a hacer el amor con usted, pero sin compromiso de ningún tipo, sin pedirnos nada a cambio, sin obligaciones de ningún tipo… simplemente porque usted me gusta y mi cuerpo ya lleva demasiado tiempo ansioso. Lo de la violación no se me ha olvidado ni se me olvidará mientras viva, y además me marcó sexualmente, porque ¿sabe una cosa? Que me gustó en el fondo y que no siento el sexo si no me siento violada.
  • ¿Y?, no sé dónde vas a parar.
  • Voy a parar a que está misma noche, si quiere estoy dispuesta a pasarla con usted. Pero, tiene que ser en mi casa y siguiendo al pie de la letra mis instrucciones.
  • ¿Y eso? Te insisto, no sé lo que quieres decir.
  • Pues, quiero que esta noche me violes. Así que ahora cuando terminemos me voy a mi casa, que ya sabes dónde es, y allí te espero. Pero, tú vete transformando en un violador.
  • Joder, Amparo, sería la primera vez que yo robase algo a una mujer. Jamás he tomado lo que no me quieran dar.
  • Vale, esta noche le espero.

 

Y tras la comida nos pasamos toda la tarde trabajando en la Tesis. Luego, y ya sobre las diez, Amparo se marchó y yo me fui a mi cita diaria con María Fernanda.

 

Pero, la verdad es que esa noche estuve como ausente, tanto que “Mafe”  lo notó y en un momento me dijo.

 

  • Amor ¿te pasa algo esta noche?
  • Pues sí, “Mafe” estoy supercansado, lo de hoy ha sido una verdadera paliza. En cuanto te deje me voy a la cama.
  • Pues, yo también.

 

Sin embargo, no me fui a mi casa. Me fui directo a la calle Hortaleza número 63, donde vivía Amparo. Entré por la gran puerta que daba al patio central del palacio de los Duques de Pastrana, donde estaba situada la entrada al edificio y subí hasta la tercera planta. Llamé al timbre, y cuando me abrieron casi me desmayo, puesto que la que me abría la puerta no era Amparo,  era Amparo vestida de monja. Y me quedé perplejo.

 

  • Pase Don Juan, pase, soy yo.
  • ¿Y esto?
  • Ya se lo dije hoy, quiero revivir la violación que sufrí en el Convento, así que ya puede empezar… ¡Asálteme usted, rompa mis hábitos, pégueme, tíreme al suelo, arranque mi ropa interior!... y hágame todo lo que me hizo aquel día el desalmado de mi violador.

 

Y entonces, que ya sí había entendido lo que Amparo quería, me transformé, me quité y tiré la chaqueta, la corbata y la camisa y sin mediar palabra me abalancé sobre ella y la tiré al suelo, y mientras ella gritaba empecé a darle ostias en la cara.

 

  • ¡Noooo!... ¡mátame antes! … ¡noooooo! …
  • ¡Calla!… ¡puta!... ¡puta!

 

Pero, yo seguí azotándola  mientras ella pataleaba furiosa e intentaba escapar inútilmente, porque yo ya estaba sobre ella y apenas si la dejaba moverse. Luego le arranque  los hábitos y le rompí de un manotazo el sujetador… y allí aparecieron los dos pechos vírgenes de la monja. Eran dos naranjas redondas y hasta un poco sonrosadas… y ya en plan “violador” me tumbé sobre ella y comencé a besarle, a lamerle y a chupar aquellos pezones casi negros que instintivamente se habían hecho grandes. Ella seguía gritando y pataleando.

 

  • ¡Mátame!… ¡no me hagas esto!, ¡mátame!

 

Pero, ya loco yo también, me desnudé como pude y con mi polla empecé a rozarle los pechos y su cuerpo.

 

  • ¡Mátame! ¡Dios, mátame!… ¡Máááááátame! -y algo se estaba produciendo en el interior de la “monja” Amparo, porque también instintivamente ella llevó sus manos a mi pene y lo agarró con todas sus fuerzas. A pesar de eso seguía pataleando y dando golpes como podía al violador que ya era yo.

 

 

A esas alturas Amparo, o la monja violada, ya había perdido la conciencia y se movía como loca, sin dejar de besarme y hasta de arañarme. Y en esa emoción y con esa excitación se llevó mi pene y se lo introdujo en su vagina… y aquello ya fue el delirio, porque entonces la monja comenzó a gritar como una posesa dominada por el demonio.

 

  • ¡Mátame! ¡Fóllame!... ¡Te quiero!… ¡No, no te pares, sigue!... ¡Oh, ooh, oooh, ooooh, oooooh!
  • ¡Puta!, ¡puta!, ¡puta!, ¡puuuutaaaa!
  • ¡Oooooooooooooooooooooooooooohhhhhh!”

 

Y la monja Amparo y el violador Don Juan detuvieron su loca carrera y se quedaron abrazados, sudorosos y casi sin respiración… sin embargo, cuando Don Juan intentó salir de ella la monja lo agarró fuertemente por la espalda, lo apretó contra sí y con renovadas fuerzas empezó a moverse de nuevo… ahora el violador no pudo evitar pasar a ser el violado, porque la insaciable “monja” no se detuvo hasta conseguir un nuevo orgasmo.