Desde Octubre de 1989, cuando en el número 5 de EJE escribí mi primer recuerdo del maestro Rafael García Serrano, no he faltado un sólo año a este deber que me impone el agradecimiento. No se trata de ningún homenaje -no soy quien para hacerlo-, sino del reconocimiento que merece el escritor -el mejor en lengua española de todos los tiempos, en mi opinión- y la persona.

He contado cómo conocí sus obras, cómo he aprendido de él, cómo me he sentido identificado en muchos de sus personajes, cómo conseguí todas y cada una de sus obras, y también cómo me hice con una modesta colección de artículos, publicados en diversos medios pero, principalmente, en El Alcázar.

Digo modesta colección porque, en comparación con los miles de artículos que deben estar por ahí, en carpetas casi olvidadas, en estanterías polvorientas, acaso en desvanes o quizá en colecciones como la mia, los casi trescientos artículos que he conseguido atesorar parecen poca cosa. Serían, no obstante, material mas que suficiente para un libro, y desde aquí los pongo a disposición de quien, con los necesarios derechos para ello, quiera publicarlos.

Hoy, en este trigesimosegundo aniversario de su muerte, quiero ofrecer uno de esos artículos. Fue publicado en El Alcázar el 14 de diciembre de 1982 y díganme si no viene a cuento con la actual ley de encanallamiento histórico.

«Raza» (desde mi butaca).

Rafael García Serrano.

MARTES, 14 DE DICIEMBRE (82).

“Confieso que fui a ver «Raza» como quien se va al exilio, por salirme de un país que me resulta extraño, hostil y que es peligrosamente semejante al que uno siempre ha soñado. El «amamos a España porque no nos gusta» siempre ha sido verdad, pero ahora es tan real y tan patente que mi amor por España aumenta conforme me gusta cada vez menos, de modo que estoy llegando a la pasión desenfrenada. En el fondo todo el que es buen aficionado al cine es hombre con vocación de exilio, siquiera sea a plazos, porque adentrarse en su magia es salirse del mundo habitual para pisar tierras y sueños nuevos. El cine matutino aumenta estas sensaciones hasta el punto de que cuando se cruza la puerta se tiene la impresión de atravesar una frontera.

“(Los espíritus más modestos creen entrar en un fumadero de opio, a saborear en soledad un par de pipas. A mí me agrada fumarlas en butaca de pasillo, en cualquiera de las últimas filas, lugar donde alcanzo un ensimismamiento casi litúrgico. Dejo el mundo fuera, en una especie de metafísico guardarropa donde ni hay fichas, ni hay que hacer cola para volverse a poner la vida como un gabán, en mi caso viejo, raído, deshilachado.)

“La historia de esta película y este guión —estoy viendo «Raza»— es algo que nadie puede contar mejor que José Luis Sáenz de Heredia, y yo creo que nos la debe. A lo mejor va y se anima. En alguna alegre sobremesa he disfrutado con retazos de ella. Pienso que el guión de «Raza» —la gente aplaude al nombre del autor, Jaime de Andrade, seudónimo que ya no oculta a nadie— quedó más redondo que la obra política del mismo guionista, o sea que dominó mejor la continuidad cinematográfica que la histórica, o al menos ése es mi juicio crítico, que puede estar equivocado, pero que no deja de ser perfectamente defendible con argumentos que no son del caso. En un guión cinematográfico o en un guión político —la historia de un pueblo es una enorme e incesante superproducción bien o mal rodada— se puede prever todo, planear todo. Lo que ocurre es que luego viene el director y hace lo que le da la gana con el trabajo del guionista. A mí, personalmente, me han cambiado finales, y no solamente míos, sino del autor del cuento adaptado. A veces por complacer a un actor o las preferencias literarias de un amigo del director, o por estirar una parte recortando otra, o por fastidiar, que de todo hay en el huerto de la producción.

“Una voz joven y trémula me pregunta:

“— ¿Pero esto fue así?

“En la pantalla están asesinando a los hermanos de San Juan de Dios y la sala asiste al martirio con cierta joven incredulidad. La secuencia de una belleza insuperable, comunicativa, sencilla.

“—Sí. Fue en el Sanatorio Marítimo de Calafell, y si quieres en casa tengo un libro donde leerás los nombres de los hermanos inmolados, cómo, la fecha, la hora...

“Si la Iglesia primitiva hubiera procedido como la española y la  Católica del V-II, hoy nadie conocería las grandes persecuciones de Nerón, Domiciano, Septimio Severo, Decio o Valeriano, porque se hubieran borrado las huellas como en la Enciclopedia Soviética o en «1984» o en los medios de comunicación social del pesebre. Este mismo libro a que me refiero es ya tan raro de encontrar como un incunable. Lo escribió un sacerdote, Antonio Montero, y lo tiene bajo siete llaves un obispo: el propio Antonio Montero. En lo que va de ser cura a ser prelado no solamente cambia la historia de un hombre, sino la de una nación y hasta la del cristianismo. Dentro de poco nadie sabrá que hubo mártires por la Fe entre 1936-39, aquí, en España. El acta martirial de Antonio Montero habrá desaparecido y posiblemente aquella mortandad —nos la dirán, seguro— se debió a la gripe. ¿Conoceremos algún día la verdadera historia a través de los textos eclesiásticos marxistas? Los hermanos de San Juan de Dios se ahogaron en una excursión que hacían para festejar a Companys y a Tarradellas. San Pedro y San Pablo fueron ministros de los Césares y la segunda venida de Cristo tuvo lugar en el siglo XIX, con Belén en Treveris y el cómodo Gólgota en Londres. Por eso la nueva Iglesia es marxista. Claudel escribió: «Diez mil mártires y ni una sola apostasía.» ¿A quién le tocará escribir?; «Diez mil secularizados y ni un solo mártir» (salvo por la bragueta, claro).

"Se nota, singularmente en el público joven, un cierto hartazgo de basura y desmitificación. Les da asco el elogio inmoderado de la cobardía, del deshonor, de la indignidad. Profetizar el regreso de los héroes resulta fácil, porque el tiempo actual va a conocer la desmitificación de los desmitificadores. Por eso se aplaude la escena en que un hombre sabe morir frente al legítimo Gobierno de la República.

“—¿Y esto es cierto?

“Me brotan los nombres a borbotones. Nombres que alcanzaron la fama, nombres modestos que son puro recuerdo familiar o amistoso, pero igualmente heroicos. Los resumo en uno solo, por certificación histórica avalada incluso por el general Rojo, el máximo talento militar de los marxistas: comandante Morena, del Estado Mayor, fusilado en Madrid a las seis y media de la mañana del 1 de octubre de 1936, por negarse a servir al Ejército Popular; siendo presidente del Consejo de Ministros don Francisco Largo Caballero, del PSOE.

“Recuerdo la infinita tristeza que a Waldo de Mier y a mí nos produjo el escuchar a unos alumnos de la Academia Militar preguntarnos, en pleno franquismo:

“— ¿Y este nombre de «Brunete» de dónde sale?

“Estábamos ante un regimiento de la División Acorazada. Seguramente que la enseñanza militar de hogaño, con la reforma socialista, sabrá preparar mejor, en cuestiones de historia, a los futuros oficiales. "Mi hijo tuvo un profesor en el COU, también durante la Oprobiosa, que definía al Cid como un simple cuatrero. Era socialista y se llamaba, y se llama, Gómez Llorente. Pronto conoceremos textos según los cuales los invasores árabes vinieron a redimirnos de Cristo, del oscurantismo y de la reacción. Al fin y al cabo lo del divorcio católicomarxista equivale al repudio, y nos islamizamos con el Corán de Fernández Ordóñez, y todo se andará para que el hombre y la mujer tengan derecho a cuatro matrimonios legítimos y simultáneos y tantos concubinatos como puedan mantener. En el fondo, eso ya les pasaba, según se cuenta, a los industriales catalanes, que además utilizaban la querida como factor de estabilidad económica y base de promoción. Tampoco conviene caer en la blasfemia de culpar de todo al socialismo. Hay que repartir las responsabilidades con el capitalismo, a partes iguales.

“¿Qué sería ahora del comandante Churruca/Mayo o de su cuñado No se quién / Raúl Cancio? Estarían retiradísimos, olvidados, acaso muertos, sólo vivos en alguna tertulia longeva e insurrecta del Casino Militar. De los únicos que se tiene noticia es de aquellos alféreces provisionales que con su estrella de seis puntas formaban en la parada almogávar y final de «Raza». ¿Final de «Raza»? ¿Se marcaron sus autores una profecía?

“¡Qué hermosa película de 1941, tan viva, palpitante y polémica en 1982! Me gustaría volver a verla.”