Hace unos días, con motivo del 86 aniversario de su muerte, le dediqué un recuerdo al vil asesinato del ingenioso y grandísimo humorista Pedro Muñoz Seca, hoy, por si acaso ustedes no lo leyeron, les reproduzco la anécdota que figura en su biografía.

Es cierto que la vida de Muñoz Seca está llena de anécdotas curiosas y hasta de carcajadas. Yo me limito a reproducir como botón de muestra esta que se cuenta de él:

 

De ahí que hayan circulado y sigan circulando anécdotas ciertamente ingeniosas unidas a su vida. Valga como botón de muestra ésta que se cuenta de él.

Parece ser que el escritor tenía desde sus primeros años en Madrid un gran aprecio a un matrimonio que trabajaba, ella y él, en el edificio en el que vivía. La mujer falleció un día y poco después también lo hizo el marido. Entonces, cuando D. Pedro y su mujer, María Asunción Ariza Diez de Bulnes, se acercaron a darle el pésame a un hijo del matrimonio y éste le pidió que le redactara un epitafio para honrar la memoria de sus padres y el dramaturgo, allí mismo, y desde lo más hondo de su corazón por el afecto que procesaba al matrimonio, escribió:

  

Fue tan grande su bondad,
tal su generosidad 
y la virtud de los dos 
que están, con seguridad,
en el cielo, junto a Dios

 

 

A los pocos días Muñoz Seca recibió una carta del Arzobispo de Madrid en la que se le pedía que cambiara los versos puesto que nadie podía afirmar de manera tan categórica que el matrimonio estuviera ya en el cielo… y con el ingenio que le caracterizaba tomó la pluma y reescribió.

Fueron muy juntos los dos, 
el uno del otro en pos,
donde va siempre el que muere.
pero no están junto a Dios
porque el obispo no quiere.

 

 

 

Pero no paró ahí la cosa porque pasado un tiempo recibió una nueva carta de la Curia en la que le recriminaban la burla y le pedían una rectificación, pues decían que no dependía del obispo que el matrimonio fuera al cielo o no… y D. Pedro, otra vez sin inmutarse ni molestarse, rehízo sus versos y escribió estos:

Vagando sus almas van, 
por el éter, débilmente.
sin saber qué es lo que harán,
porque, desgraciadamente,
ni Dios sabe dónde están

 

 

 

Naturalmente, el señor Arzobispo y la Curia ante tanto ingenio, ya no se atrevieron ni a contestar.

¡Este era Don Pedro Muñoz Seca!... Seguro que ni el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha habría llegado a estos niveles.