Y en la Tercera página, la famosa tercera del ABC, un editorial incendiario contra la República, en el que se recordaba la quema de los conventos y las iglesias de 1931, los “tiros a la barriga” de Casas Viejas y Azaña, el asesinato de Calvo Sotelo, las checas, el estraperlo y hasta Paracuellos del Jarama.

¡Demasiado para una España democrática!

Rosa Díez no era tan explosiva y su artículo estaba bien razonado. Pero el título ya dejaba entrever el contenido:

“En defensa de la República”.

La líder de UPyD comenzaba con algo muy personal:

“Mi padre fue republicano, en aquellos años de la Dictadura que eso era un pecado. Mi abuelo fue republicano y como tal luchó contra los sublevados del 18 de julio del 36. Murió en el exilio en México. Mi bisabuelo fue republicano y diputado a Cortes por la conjunción socialista-republicana entre 1917 y1923.

El dictador Primo de Rivera le desterró a Canarias en 1924.

Mi tatarabuelo fue uno de los cofundadores del PSOE con Pablo Iglesias.

Y no sigo ascendiendo en mi árbol genealógico porque tendría que remontarme a las Cortes de Cádiz, donde ya aparece un Rogelio Díez de Benllimea, entre los liberales, que según mi padre era su antepasado. Todo lo cual quiere decir que soy republicana desde la cuna. Por tanto, que nadie se sorprenda de lo que voy a decir a continuación.

Mi padre me inculcó algo que nunca olvidé ni voy a olvidar: que si todos los hombres son iguales ante Dios no puede haber monarquías. Los Reyes -decía- no pueden ser distintos y que eso de la sangre azul es una tontería... A la Jefatura del Estado deben llegar los mejores y no por Derechos Hereditarios.

Tengo que confesar que luego, ya en la Universidad, tuve grandes dudas. Me topé con un compañero que era monárquico convencido y casi me hizo cambiar de chaqueta. Para él -decía- la Monarquía era la estabilidad y la continuidad del Estado. Según él los vacíos del poder en la Jefatura del Estado son un gran peligro. Por eso defendía el clásico “¡Ha muerto el Rey! ¡Viva el Rey!”.

Sin embargo, mis dudas acabaron cuando comencé a trabajar en mi Tesis doctoral. Por el tema elegido (“La oratoria de Emilio Castelar”) y por las muchas horas que me pasé leyendo el “Diario de Sesiones” de aquellas Cortes Constituyentes del año 1869, las de “La Gloriosa”.

Hay un momento que Castelar dice algo que nunca he olvidado “Yo no soy anti-monárquico, ni tengo nada contra las Monarquías; sí digo que las Monarquías son cosas del pasado, de cuando no había libertades ni democracia. Fijaros bien en una cosa: las Monarquías que quedan son las de las naciones viejas. Las naciones jóvenes son republicanas. Ahí tenemos a la joven República Federal de los Estados Unidos de América del Norte. Sabéis que al General Washington, el vencedor de la Guerra de la Independencia frente a Inglaterra, le propusieron la Corona y que se erigiera en Rey de la nueva Nación. Y aquel gran demócrata la rechazó con un argumento simple: “La Jefatura del Estado no puede ser exclusiva de nadie y menos de una familia y si es electiva ya no sería Monarquía, sería Republicana. Pues vayamos directamente a la República”.

Pues, eso digo yo, aquí y ahora, y por eso salgo en defensa de la República. Y os adelanto que ese será mi voto en el próximo Referéndum”.

Rosa Díez decía más cosas en su artículo, pero con estas basta.

El lunes día 30 el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba la convocatoria oficial del Referéndum y señalaba que la campaña sería del 1 al 11 de diciembre, que el día 12 sábado sería Día de Reflexión y el día 13, domingo, se celebraría la votación en las urnas desde las 9 horas hasta las 20 horas.

Sin embargo, las portadas de los periódicos de ese día destacaban el desmantelamiento y la detención de casi todos lo miembros de la “Red de extorsión del Impuesto Revolucionario” que había venido utilizando la banda terrorista ETA. Concretamente 67 personas entre Euskadi y Navarra. A pesar del gran éxito de la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Ertzaintza, los herederos de Batasuna seguían en los Ayuntamientos, gracias a la locura que cometió el loco Presidente Zapatero al autorizar su participación en las elecciones del 2012. El Gobierno Rajoy llevaba ya 3 años intentando en vano desalojarlos sin conseguirlo.

Bien es verdad que justo desde el 2013, que la banda cometió el error de poner un gran explosivo en la mismísima Torre Eiffel de París, con cinco personas muertas, el Presidente Sarkozy había jurado no dejar en Francia ni un miembro de ETA y “el que se quede -dijo entonces- lo hará en la cárcel”. Ello permitió un acuerdo total con el Gobierno español para acabar de una vez por todas con el terrorismo de la banda vasca.

El martes día 1 comenzó la campaña y sin saber cómo, ni de dónde habían salido, las calles de las ciudades se llenaron de banderas republicanas y sólo algunas nacionales se veían en los balcones de algunas casas.

A las 12 del mediodía el PSOE hizo público un comunicado tomando clara posición a favor de la República. “En este momento y ante la ocasión histórica que va a vivir España, queremos recordar que uno de los puntos fundacionales del Partido Socialista Obrero Español que impuso Pablo Iglesias fue precisamente el de la República”. Y terminaba con un ¡Viva la República!

Media hora más tarde salía el comunicado de Izquierda Unida, que era mucho más radical que el del PSOE, ya que además de pedir la República pedía la expulsión de España de todos los miembros de la Familia Real y de todos los Borbones.

A las 9 de la noche se celebró en Televisión Española el primero de los debates anunciados por la cadena estatal. Era con los directores de los periódicos de Madrid. Allí sentados estaban el director de ABC, Torcuato Saavedra y Luca de Tena (Duque de Rivas); el director del “El Mundo”, Pedro J. Ramírez; el director de “La Razón”, Francisco Marhuenda, y el director de “El País”, Desiderio Maragal. Y lo que se vio enseguida es que había dos posturas claras y enfrentadas, la de “ABC” y “El País” y otras dos cautas, precavidas y dando una de cal y otra de arena, las de “La Razón” y “El Mundo”.

En un momento del debate el director del ABC, al fin y al cabo un Luca de Tena, dijo, o más bien gritó:¡Estáis locos! ¿O es que tengo que recordaros lo que fueron las dos desastrosas Repúblicas que tuvo España? ¿Os tengo que recordar aquella desintegración de España que fueron los Cantones de la Primera República? ¿Os tengo que recordar la quema de las iglesias y conventos de la Segunda República? ¿Os tengo que recordar los tiros a la barriga de Azaña, o el estraperlo de Lerroux? ¿Os tengo que recordar cómo terminó la Primera República y cómo terminó la Segunda? ¡Por favor, qué queréis, que acabemos otra vez a cañonazos en otra Guerra Civil!

Casi en el mismo tono el director del “País”, un catalán, doctor en Historia Contemporánea por la universidad de La Sorbona, el señor Maragal, respondió fría pero duramente: “Mire usted, Señor Luca de Tena, puestos a recordar también yo le voy a recordar algunas cosas de sus Monarquías. ¿Recuerda usted cómo era el mapa de España en los tiempos de Carlos I y cómo es el que ha dejado Juan Carlos I? Sólo con mirar esos mapas tendría usted respuesta de por qué algunos defendemos la República. ¿Quiere usted que le recuerde lo que ha sido la Monarquía desde que llegaron los Borbones impuestos por la fuerza por Luis XIV? Mire usted, señor Luca de Tena, sólo con recordar que con Felipe V España vivió una Guerra Civil de 14 años, que con Carlos IV y Fernando VII se vivió otra Guerra Civil de 6 años, que a la muerte de este rufián de Fernando VII se vivió otra Guerra Civil de 7 años, que durante la regencia de María Cristina, España vivió el “desastre del 98” y la pérdida de lo poco que quedaba de Imperio. Y ¿le tengo que recordar la dictadura de Alfonso XIII o lo que dejó a sus espaldas cuando huyó por Cartagena? Sólo por estas cosas, le digo, a mi se me caería la cara de vergüenza defendiendo la Monarquía.

-¡¡Usted es un sinvergüenza!! ¡¡Usted miente como un bellaco!! - gritó fuera de sí el director de ABC.

Y aquí el moderador tuvo que poner orden e incluso separar a los dos directores, que casi llegan a las manos.

El viernes día 4 sucedieron dos cosas que no pueden pasar por alto. La manifestación monárquica organizada por ABC y cuyo itinerario fue la calle Serrano, desde la esquina de Diego de León hasta la Puerta de Alcalá. Según los organizadores hubo más de 300.000 personas, que portaban banderas nacionales y según la Policía no había más de 40.000. El grito común de los asistentes era “¡Viva el Rey! ¡Viva el Príncipe de Asturias! ¡Sí, sí a la Monarquía!”.

Dos horas después se celebró una cena privada en el domicilio particular del matrimonio Aznar. El Ex-Presidente del Gobierno y su mujer, Ana Botella, en ese momento alcaldesa de Madrid, habían invitado al matrimonio Rajoy. Al parecer (y ya se sabe que en España siempre se acaba sabiendo lo que hablan los políticos, aunque estén encerrados en una habitación a cal y canto) José María Aznar quiso adelantarle al Presidente del Gobierno, pero también del Partido Popular, la conferencia que iba a dar al día siguiente en Valencia, dado la importancia del tema. Aznar le dijo a Rajoy que se iba a pasar a la República a banderas desplegadas. Según se supo después Rajoy en un principio se quedo casi de piedra y sólo pudo decir:

  • José Mari ¿estás seguro de lo que vas a hacer?
  • Mira, Mariano, estoy seguro. Y me explico: la Derecha española y el Centro Político cometieron el gran error en 1930 y 31 de dejarle la bandera de la República a las Izquierdas y aquello fue una de las causas de los enfrentamientos que llevaron a la Guerra Civil, pues las Izquierdas llegaron a creerse que la República era de ellos y por eso cuando en 1933 perdieron las elecciones generales y el Gobierno se echaron a la calle y se fueron al monte para hacer la Revolución. No caigamos ahora en aquel error, porque tal vez se volvería a repetir lo que entonces pasó.
  • ¿Y el Partido? ¿qué hacemos con el Partido? -preguntó Rajoy.
  • Mariano, ya sé lo que está pasando por tu cabeza. Pero, creo que hay una fórmula que puede ser inteligente. Yo creo que el Partido como tal debe mantenerse neutral... ¿No ha pedido la Asamblea Nacional al Gobierno que se mantenga neutral?, pues, tú esa neutralidad la amplias a todos los militantes que ocupen cargos institucionales, y sin embargo, das libertad plena a los militantes que no ocupen cargos. Así, si el Referéndum, nos trae la Monarquía estaremos bien situados y si nos trae la República también.
  • No me parece mala idea, José Mari. Es arriesgado, pero inteligente -replicó el Presidente Rajoy-. Ya veré como instrumentalizamos este juego. Seguro que la Izquierda nos va a tachar enseguida de “posibilistas”, como hicieron con Gil Robles y su C.E.D.A. .
  • Bueno, eso ya lo veremos más adelante -replicó el ex-Presidente Aznar.

Al final de la cena, ya a los postres, Ana Botella, la alcaldesa de Madrid, les gastó una broma al matrimonio Rajoy y puesta de pie, con una copa de champán en la mano, brindó “¡POR LA REPÚBLICA!”.

Al día siguiente José María Aznar se presentó en el Palacio del Mediterráneo de Valencia, abarrotado de un público entusiasmado, y con corbata y en mangas de camisa comenzó su conferencia-discurso:

“Amigos míos, amigos de Valencia, no creáis que sólo he venido a vuestra ciudad por el cariño y la simpatía que les tengo a estas tierras del Levante español. Hoy he venido aquí porque aquí fue donde aquel gran orador y político que fuera el Primer Presidente de la Segunda República, Don Niceto Alcalá-Zamora, se pasó de la Monarquía a la República.

Porque eso, y ya lo digo de entrada para no andarme por las ramas, es lo que yo voy a hacer aquí: ME PASO DE LA MONARQUÍA A LA REPÚBLICA y, por tanto, ya os adelanto que el domingo votaré a favor de la República.

Aunque, también os adelanto que mi decisión es totalmente personal y que no tiene nada que ver con lo que decida el Partido Popular, nuestro partido.

Y dicho esto, tengo que decir y digo que voy a decir sí a la República, pero no a una República cualquiera, ni que lleve a España donde, por desgracia, la llevaron las otras dos.

Por ello, y aquí cito las palabras que aquel 13 de abril de 1930 pronunció en Valencia Alcalá Zamora: Yo defenderé siempre una república viable, gubernamental, conservadora con el desplazamiento consiguiente hacia ella de las gentes de orden y de las clases medias, y de los intelectuales, en la que quepamos todos, desde los comunistas a los obispos, desde los obreros a los empresarios. Pero, estaré siempre en contra -dijo Alcalá Zamora- de una república convulsiva y epiléptica, falta de razón, que no respete las libertades y los derechos de todos.

Pues, a esa República, a la primera, es a la que yo me apunto desde ya.

He servido a la Monarquía con lealtad desde los puestos institucionales que ocupé, como Presidente de Castilla-León, como Jefe de la Oposición y como Presidente del Gobierno, pero siempre pensé que esta Monarquía, la que Franco nos dejó en su testamento, no había tenido la valentía de someterse a la opinión del pueblo español. Creo, por tanto, que lo que decidió hace unos días la Asamblea Nacional y la convocatoria del Referéndum del día 13 es un acierto. Porque debe ser el pueblo español, el verdadero propietario de la soberanía nacional, quien tenga la última palabra. También creo, y por ello doy el paso que doy hoy, que en los tiempos modernos, ya en el siglo XXI, una república servirá mejor los derechos de todos que una monarquía. Estamos en un mundo en que la IGUALDAD debe alcanzar hasta la Jefatura del Estado.

A pesar de lo que os estoy diciendo si el domingo ganase la Monarquía no me rasgaría las vestiduras...”.

Y así, en estos términos siguió durante casi dos horas. Al final los más de 5.000 que habían abarrotado el Palacio del Mediterráneo, puestos en pie aplaudieron a rabiar y sin saber cómo aparecieron unas banderas republicanas.

Y allí mismo, en Valencia, un grupo de amigos del ex-Presidente, entre los que se encontraban algunos de sus ex-ministros como Eduardo Zaplana, Pío Cabanillas Alonso, Josep Piqué, Ana Palacios, José María Michavila, Álvarez Cascos, Trillo y Mayor Oreja, decidieron crear y poner en marcha una “Plataforma Republicana Popular”, aunque dejando bien claro que actuaban a título personal.