"Si no escribiese todos los días, uno acumularía veneno y empezaría a morir, o desquiciarse, o las dos cosas. Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya".
Este es el pensamiento de Ray Bradbury, del que el día 22 de agosto se cumple el centenario de su nacimiento.
 
Desde muy temprana edad su desbordante imaginación empezó a bullir y a crear sus propias historias, y en ese preciso instante supo que se quería dedicar a escribir, ya se sentía muy conectado con los temas de ciencia ficción.
 
Para él el folio era un espacio de identificación, y la creatividad como un lugar histórico al que si lo deseas te puedes ir a vivir, él vivía en la palabra. Permanece intacta la energia interior de sus textos.

Para poder ir a la universidad tuvo que desempeñar diferentes trabajos, como vender periódicos en la calle.
Desprendía entusiasmo por la tarea de escribir.
En sus comienzos tuvo que alquilar por veinte centavos a la hora una Remington o una Underwood, en la sala de mecanografía de la biblioteca de la Universidad de California.

Es admirable su disciplina de trabajo. Desde que tuvo máquina se propuso la firme obligación para el resto de su vida, de plasmar negro sobre blanco como mínimo mil palabras cada día. Él vive sus historias al escribirlas. La pasión brilla en la piel de cada letra.

Su pluma profundiza en la psique humana. Pensaba que el fracaso de cualquier actividad era detenerse y desistir, y decidió no acercarse nunca a esa línea próxima a la rendición.

Lector audaz. Con naturalidad y vitalidad fluyen las ideas que dan forma a su mundo interior, universo en contínua creación.

La clave del éxito de su producción literaria es sin duda, su autenticidad, unida a su tono narrativo inteligente, ameno, cercano y su prosa limpia. Se le reconoce con justicia. Es considerable la sombra que proyecta sobre la posteridad.

En alguas ocasiones se sintió desengañado de la vida. Algunos textos se adentran en la crónica de una catarsis personal, un radical cambio en busca de la esencial identidad perdida, en busca de un reflexivo y auténtico sentido vital. Rectos principios en defensa de la verdad.
 
Los argumentos de sus libros no se parecen a ningún otro, porque no intenta recrear ni retratar nada. Sus novelas son personales, historias atravesadas por la agudeza, erudición y las emociones.
Riqueza de matices en los personajes.
 
El silencio canonizado roba un instante al tiempo devorador, para pintar un sol sobre el presente de indicativo, que sin pedir permiso busca el rumbo de regreso al encuentro del alma desnuda y de la sinfonía del fuego...
 
Era amante de la libertad por eso no ponía límites a la creatividad, manifestaba que no había que acotar la imaginación. Esto queda probado en: Crónicas Marcianas. Es una especie de transición hacia una pesadilla. Una historia de marcianos y una sociedad asfixiante.
 
También es autor de: El hombre ilustrado.
 
Y el inventor de: El efecto mariposa. El día de la conmemoración del centenario la editorial Nórdica pone a la venta una edición del relato "El sonido del trueno", con ilustraciones de Elena Ferrándiz. Dio lugar a la teoría del Efecto Mariposa. Inicialmente apareció el cuento en la revista "Collier´s". Posteriormente fue integrado en "Las doradas manzanas del sol". Ocupa el primer lugar en la lista de los cuentos más reimpresos del género de los viajes en el tiempo.
 
Publicó más de cuatrocientos relatos.
 
Uno de sus libros mas conocidos es: Fahrenheit 451. (Alude a la temperatura a la que arde el papel). Se publicó el 19 de octubre de 1953, la escribió en un tiempo record, nueve días. En primera estancia se iba a titular: El bombero.
 
Nos muestra un lugar en el que en un futuro indefinido la lectura estará prohibida, y los bomberos en vez de apagar fuegos queman las casa donde se esconden los libros.
El bombero Montag cae rendido y abre un libro. Una especie de censura, donde se pretende erradicar la cultura, para poder dirigir a las personas. Los libros garantizan la supervivencia del conocimiento.
 
Esta obra ha recogido numerosos reconocimientos, gracias al tono vivaz que el escritor ha incluido en la narración, que consigue desde el primer momento atrapar al lector y transportarlo casi literalmente a través de las páginas y soltarlo entre el fuego y los libros.
 
Sus libros son aptos para lectores que aprecian la belleza del verbo.
 
Francois Truffauten la llevó al cine en 1966, los protagonistas son: Oskar Werner y Julie Christie.
 
"Tenía nueve años cuando me enteré de los tres incendios de la biblioteca de Alejandría y me eché a llorar". (Ray Bradbury).