Entrevista con Daniel Ortega del Pozo, diplomado en Relaciones Laborales y licenciado en Ciencias del Trabajo. Autor de novelas históricas de ambientación bélica como “Berlín 1945: Mi diario de un infierno” (2013) y “Berlín 1945: Mis últimos días en el Tercer Reich” (2016), “Stalingrado. La historia gráfica” (2018), o “Soldados. Hazañas y batallas” (2019). Para más información sobre el autor y sus otros títulos y proyectos: www.danielortegaescritor.com

Hablamos sobre su último libro “Cielo rojo, águilas azules” (2020), que narra la historia de la Primera Escuadrilla Azul (la Escuadrilla Azul fueron cinco escuadrillas que se fueron relevando entre julio de 1941 y febrero de 1944, cada seis meses aproximadamente) en el frente ruso durante la Segunda Guerra Mundial. 

Sobre la División Azul existe mucha bibliografía, pero sobre la Escuadrilla Azul hay muy pocos libros.

Efectivamente, hay solo seis o siete libros dedicados a la Escuadrilla Azul. Se me viene a la memoria el de Carlos Caballero con Santiago Guillén, el de Jorge Fernández-Coppel o el de José Antonio Alcaide.

51a2fS35yL_1_-__Oficial

¿Por qué eligió la historia de la Escuadrilla Azul para su libro?

La primera razón fue una buena amiga que un día, durante un concierto en Burgos, me enseñó su DNI y me dijo que me fijase en su segundo apellido, Salas. Resulta que era familiar de los Salas Larrazábal. Ángel Salas Larrazábal, comandante de la Primera Escuadrilla, era su tío abuelo y Ramón Salas Larrazábal, jefe del escalón de tierra, era su abuelo. Ella me animó a escribir sobre este tema y eso sumado a mi pasión por la historia hizo el resto. Además, a través de distintos contactos descubrí que podía acceder a mucha documentación original para la elaboración del libro. Y elegí a la Primera Escuadrilla porque siempre me había llamado la atención, por la gesta romántica, porque fueron los primeros en llegar a Rusia y en descubrir lo que era el frente del Este.

El libro es un ensayo novelado, añade un personaje de ficción y lo incluye en la historia real.

Exacto. Carlos Caballero y Francisco Torres, que son los prologuistas del libro, lo definen así, como un ensayo novelado. Añado un personaje de ficción, pero todo lo que aparece en el libro es muy real y viene recogido en el diario de operaciones o en los diarios personales de los miembros de la escuadrilla. El personaje ficticio sirve de hilo conductor desde su partida hasta su regreso a Madrid en febrero-marzo de 1942. Es un teniente, veterano de la Guerra Civil, que ha compartido experiencias con otros pilotos y que mantiene muy buenas amistades con algunos miembros del personal de tierra, como el mecánico Juan Azpeitia, del que tengo mucha información gracias a mi amistad con su nieto. He intentado alcanzar el mayor realismo posible.

Ha viajado a algunos de los lugares donde estuvo la Escuadrilla Azul.

Si, he intentado seguir sus pasos. He estado, entre otras localizaciones, en Alemania, en el aeródromo de Werneuchen, donde la escuadrilla recibió una instrucción de dos meses. Fue construido en 1937 y aún se conservan edificios de la época donde se palpa la historia. A Rusia no he podido ir, pero resulta que el nieto de Azpeitia, que es buen amigo mío, está casado con una rusa. Él ha estado varias veces allí y me ha enviado fotos de los lugares donde estuvo la escuadrilla. Desgraciadamente no queda nada, solo prados y algún edificio en ruinas.

La escuadrilla recibe instrucción, aunque todos sus componentes eran veteranos.

Cierto. Cuando los españoles llegan a Werneuchen son 113, entre ellos hay 17 oficiales de vuelo (comandantes, capitanes y tenientes). Al ver tantos galones se extiende el rumor entre los residentes de la base, que eran unas 2.000 personas, de que los españoles se iban a hacer cargo de la instrucción. Pero lo cierto es que había ciertas diferencias culturales y del concepto castrense entre españoles y alemanes, y esos dos meses sirven para meter a los españoles en la forma de hacer la guerra de los alemanes. Además de que este periodo sirve para que se habitúen al Messerschmitt BF-109 E (Emil), que era el caza que iban a pilotar y que no había sido utilizado antes por algunos miembros de la escuadrilla.

Cuando la Escuadrilla Azul parte hacia el frente, podríamos afirmar que es una unidad de élite, es asignada como escuadrilla 15ª a la JG 27, que era también una unidad de élite.

Exacto. Cuando están en Alemania son tanteados por sus antiguos camaradas de armas, como Mölders que fue el mayor as de la Legión Condor o Wolfram von Richthofen, primo del Barón Rojo, que fue uno de los últimos comandantes de la Legión Condor y que en ese momento comanda la flota aérea en la que va a ir encuadrada la escuadrilla española. La mayoría de los miembros de la Escuadrilla Azul eran ases y habían derribado más de cinco aviones enemigos durante la Guerra Civil. Hay que tener en cuenta que esa primera escuadrilla tenía que ser un fiel reflejo del ejército del aire español, para demostrar a los alemanes que están entre los mejores pilotos en el bando del Eje, y que todo el personal de la unidad tenía que ser bastante afecto a las ideas del régimen y a las ideas falangistas. De hecho, vemos muchas fotos en la que llevan la camisa azul oscura, habitual de la Falange, en lugar de la camisa azul clara de la Luftwaffe. Por tanto, los alemanes sabían con quien se estaban codeando y, cuando la unidad va al frente, Richthofen tiene claro que quiere a los españoles.

¿Fue Richthofen el que pidió a los españoles para su unidad?

Hay muchas hipótesis al respecto, pero yo estoy seguro de que cuando Mölders y Richthofen son conscientes de la llegada de los españoles quisieron contar con ellos. Si hubiesen sido pilotos de menor categoría no hubiesen ido a Werneuchen, porque era el aeródromo escuela de caza número uno (en nomenclatura y, por supuesto, en calidad) en Alemania, muy próximo a Berlín, y allí solo eran enviados los mejores pilotos.

¿Qué piloto destacarías de la primera escuadrilla?

Sin duda Ángel Salas Larrazábal. Él va a Rusia con el rango de comandante y cualquier homólogo suyo podía estar mandando a sus 15-20 pilotos desde un despacho. Es decir, no tenía que subirse a un caza. Sin embargo, es el que más servicios de guerra hace de toda la escuadrilla. Lo hace en 70 ocasiones, una cifra espectacular, teniendo en cuenta que la escuadrilla hace un total de 422 servicios y que su perseguidor más inmediato es el teniente Ibarreche con 39, y derriba seis aviones soviéticos. A los alemanes les sorprendía ver a un comandante efectuando tantos servicios de guerra, porque en la Luftwaffe un aviador con el rango de sargento podía subirse a un aparato, y lo normal era ver a suboficiales, tenientes o capitanes a los mandos de sus aeroplanos. Ángel Salas inculcó siempre la idea de ejemplaridad, de ir en primer lugar y del sacrificio constante. Si conoces como sus padres le inculcaron los valores del sacrificio y del trabajo en equipo, entiendes su manera de comportarse. También destacaría a su hermano pequeño, Ramón, un veinteañero que casi muere de pulmonía por permanecer a la intemperie en diciembre a varias decenas de grados bajo cero mientras esperaba que toda la unidad se retirara de un aeródromo de vanguardia abandonado a la carrera y a punto de caer en manos rusas. 

Otro piloto que hay que mencionar es el capitán Carlos Bayo, que consiguió dos derribos y hace un trabajo de organización increíble cuando el comandante Salas Larrazábal se tuvo que ausentar del frente, ya en la fase final de la permanencia de los españoles en la Unión Soviética, tal vez la más sombría y dura para el contingente, pues llevaron bastante mal permanecer en el área de Vítebsk, en retaguardia, lejos de primera línea. Él estuvo a la altura y supo mantener la cohesión de la unidad, la moral y la disciplina. Tanto en el aire como en tierra demostró ser un gran oficial. Lo cierto es que cada uno de los 113 miembros de la unidad realizó un papel brillante.

Y, en cuanto al personal de tierra, me quedo con el mecánico Juan Azpeitia porque, además de permanecer en Rusia en las dos siguientes escuadrillas (formó parte de la segunda y de la tercera también), fue un vivo ejemplo de la gallardía y el compromiso con el hermano de armas que siempre han caracterizado al soldado español. Creo que es el máximo exponente del compromiso, el sacrificio y el buen hacer de los profesionales españoles que fueron hasta Rusia y que, por supuesto, en nada tuvieron que envidiar a sus camaradas alemanes. 

¿Qué tipo de escuadrilla forman los españoles?

Los españoles, cuando van a Alemania a completar el periodo obligatorio de instrucción, piensan que van a formar una escuadrilla de caza, pero lo cierto es que se llevan un mazazo cuando se enteran de que van a ser una escuadrilla de asalto, es decir una escuadrilla de apoyo a las fuerzas terrestres de vanguardia. Su misión principal consistiría en apoyar el avance de los carros de combate alemanes y, por ello, van a estar asociados a una División Panzer durante buena parte de su estancia en el frente. Es un cambio de esquema que los españoles supieron solventar con mucha profesionalidad y, además de dar apoyo a los carros de combate que iban como punta de lanza en el asalto a Moscú, también realizan misiones de escolta a diversas unidades de Stukas, Henschel 123 y todo tipo de bombarderos. Hubo contadas ocasiones en las que pudieron actuar como una unidad de caza libre al uso, eso sí, cuando lo hicieron, por poner un ejemplo, llegan a derribar tres bombarderos en un mismo día (14 de octubre de 1941).  

Danie_Ortega  

En su opinión, ¿cuál fue la operación aérea más importante de la Primera Escuadrilla Azul?

Yo me quedaría con el mes de octubre de 1941, en el área de Klin y Kalinin, cuando están avanzando con los Panzer alemanes y tienen que destruir el mayor número de aparatos enemigos en tierra y se dedican a hacer constantes incursiones en aeródromos soviéticos. El asalto a ambos aeródromos me parece su operación más espectacular desde el aire.

En Kalinin se produce también una batalla terrestre.

Si, en noviembre los alemanes están utilizando el aeródromo de Kalinin, en su poder desde mediados de octubre, y sufren un potente contraataque ruso. Esto obligó a los miembros de la escuadrilla a bajarse de los aviones y ponerse a pegar tiros, prácticamente hasta el cura y el médico, porque los soviéticos se les echaban encima con sus poderosos T-34. Estuvieron a punto de barrerlos con sus tanques, pero gracias a la intervención casi milagrosa de otro gran piloto de la Segunda Guerra Mundial, Hans Ulrich Rudel, al mando de una unidad de Stukas, lograron detener in extremis a los rusos. Los mecánicos españoles tuvieron una actuación ejemplar reabasteciendo a los aviones alemanes bajo el fuego enemigo. De hecho, el mayor Otto Weiss, a cargo de la defensa del sector, fue bautizado como el “León de Kalinin” por su valor, pero yo creo que a todos los que estuvieron allí tendrían que haberles apodado, con todos los méritos, también como los “Leones de Kalinin”.

 

El valor de la División Azul fue reconocido por los alemanes en innumerables ocasiones. ¿Sucedió lo mismo con la Escuadrilla Azul?

Así es, lo que pasa que no es tan conocido como el que recibió la División Azul. Tal vez no fue un reconocimiento tan pomposo y mediático, pero su valor y profesionalidad fueron reconocidas en muchas ocasiones. Era rara la semana que no llegaba una felicitación de Kesselring, Richthofen, Mölders o Weiss. Es más, cuando se retiran del frente, el propio Richthofen se presenta ante los españoles para felicitarles en persona e imponerles condecoraciones. En Alemania les organizan una gran recepción en Werneuchen y se hace un acto de homenaje a los caídos. De hecho, el teniente Luis Alcocer, primera baja de la escuadrilla (02/10/1941), fue enterrado allí hasta que finalmente, ya en la década de 2010, sus restos mortales regresaron a España.

¿Qué opinaban los rusos sobre la Escuadrilla Azul?

La propaganda, periódicos como el Pravda, trataban de desmerecer la actuación de los españoles. El fracaso de la URSS de imponer su régimen dictatorial en España aún estaba muy presente y siempre que se producía algún acto heroico de la División Azul o de las escuadrillas, se intentaba menospreciar su valor. Pero los civiles rusos o los militares que escribieron sus memorias y coincidieron con los españoles, siempre mencionan su coraje extremo. De hecho, españoles y rusos se admiraban por su valor en combate. Además, los españoles, a diferencia de los alemanes, no tenían ningún problema en convivir con la población civil y trataban bien a los rusos. Solamente hay que preguntar a algunos civiles que aún viven en áreas donde hubo presencia de divisionarios o personal de la Escuadrilla Azul para que, con una sonrisa nostálgica, hablen con gran afecto de los españoles que con ellos compartieron alojamiento, frío, víveres, el calor de una hoguera y las penalidades de la guerra.

En el frente del Este también hubo españoles en las Fuerzas Aéreas Soviéticas ¿Cómo se desempeñaron estos españoles en el bando ruso?

Efectivamente, en la Fuerza Aérea del Ejército Rojo hubo pilotos españoles, tal vez en mayor número que en la Luftwaffe, y algunos de ellos fueron ases, es decir, que sumaron más de cinco derribos. Al igual que sus homólogos que volaron para Alemania, estos pilotos también fueron grandes profesionales que combatieron con gran valor. Algunos habían sido “niños de la guerra” que, tras salir de España, se integraron en la vida de su país de acogida, Rusia, y llegaron a formar parte de la Fuerza Aérea Soviética. Ahí tenemos el ejemplo de L. Lavín que, tras participar en la Segunda Guerra Mundial, a pesar del valor demostrado, fue expulsado del Ejército y maltratado por la Unión Soviética por la que había luchado.

Para concluir, y a modo de curiosidad, citar que hubo casos de pilotos republicanos que, en plena Guerra Civil, partieron hacia la URSS para formarse como pilotos, pero, al concluir nuestra contienda, se les obligó a permanecer allí. Algunos se negaron, pues anhelaban regresar a España, como fue el caso del aviador V. Montejano, que fue confinado junto con otros españoles en el terrible gulag. Allí, después de la Segunda Guerra Mundial, tras peregrinar por varios recintos penitenciarios y campos de trabajo, coincidió con divisionarios españoles, prisioneros del Ejército Rojo, y con ellos regresó a España en 1954 a bordo del Semiramis.