harem

A las nueve de la noche ya estaba sentado en la cafetería “Noviciado” y cinco minutos más tarde llegó “Mafe”, y lo que vio Don Juan le agradó. Porque “Mafe” venía ciertamente elegante y guapa. Se había puesto un vestido blanco y con lunares verdes, zapatos también verdes y el pelo recogido en un moño.

 

  • Hola “Mafe”, ¿cómo estás? –dijo Don Juan al tiempo que se levantaba y la besaba en las mejillas.
  • Yo bien ¿y tú? ¿qué tal el viaje?
  • .. Aunque un poco triste.
  • ¿Y eso?
  • Pues sí, porque me he dado cuenta lo atrasados que estamos en España. He visto cómo se valora la investigación en Francia y Alemania y me ha dado envidia. Los Laboratorios de París y Leverkusen son la mejor demostración.
  • Bueno, recuerda lo de Unamuno: ¡Qué inventen ellos!
  • Es una pena, y eso que tanto Francia como Alemania quedaron destrozadas en la Guerra. Todavía en París y en Colonia se notan los efectos de “aquello”. Sobre todo Colonia, que es todavía hoy un cementerio de escombros. Y a pesar de eso en los laboratorios de la “Bayer” parece que ya se está en el siglo XXI.
  • Yo estuve hace dos años en el “Pasteur”, recién terminada la Guerra, y ya me sorprendió el ritmo de trabajo. Por cierto, ¿sigue todavía como Director de las Relaciones Externas el doctor Roux[1]?
  • Sí, fue él quien me atendió a mí y el que me enseñó todos los Departamentos. Buen hombre y un gran investigador. Gracias a sus trabajos se ha dominado la difteria.
  • Hay una cosa que me ha llamado mucho la atención, y que bien puede servir para diferenciar los fines de unos y otros. Verás, creo que mientras los franceses investigan pensando en el bien de la Humanidad los alemanes investigan buscando un fin económico.
  • Eso es verdad, en el “Pasteur” de París se invierte y se investiga buscando soluciones a las enfermedades que azotan a los seres humanos. Ya sabes que cuando Pasteur descubrió la vacuna contra la rabia no quiso patentarla porque, según él,  su descubrimiento era de la Humanidad y para el bien de todos los hombres. Igual que Fleming hizo con su penicilina.
  • Todo lo contrario que la “Bayer”, que gracias a la Aspirina se ha hecho millonaria. En Francia se trabaja más en busca de medicamentos o vacunas que puedan aliviar al hombre. En Alemania, por contra, incluso se abandonan aquellos “inventos” que no puedan ser Fíjate si lo que te digo es cierto que en cuanto le hablé muy por encima al doctor Ghunther, el Director de Relaciones Externas de mi “Shiremufriol” me montó una reunión con varios Directores de Departamento y enseguida me propusieron firmar un “pre-contrato” para tener preferencia sobre la patente en caso de llegar a buen puerto. Ellos ya se dieron cuenta de que si se halla un remedio para el “tabaquismo” será un negocio a nivel mundial, tanto  o más que el de la Aspirina. Bueno, pero ya está bien de rollos. ¿Cómo va tu Tesis?
  • ¡Estupenda! Ya he encontrado el tema exacto que andaba buscando.
  • ¿Y cuál es ese tema, si puede saberse?
  • La “Barrera hematoencefálica”
  • Dios, ¿y eso qué es?
  • ¡Ah, Juan, es algo increíble! Verás durante años pensé estudiar a fondo la degeneración de las células cerebrales, sí, esa que produce enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer, y por ahí pensé hacer mi Tesis, pero mi estancia en Londres, y tras estudiar la obra del doctor Paul Ehrlich, me he convencido que para conocer o avanzar en el conocimiento del “gran desconocido” que es el cerebro es fundamental conocer la puerta de entrada al órgano que rige el cuerpo humano, o sea la “Barrera hematoencefálica”. Porque por ahí entra o sale todo lo que afecta al cerebro. Y ya sé que hay algunas moléculas que pasan fácilmente esa barrera y otras que no pueden pasar.
  • ¿Y la nicotina pasa? -preguntó Don Juan con verdadero interés.
  • Pues sí, y también el alcohol, y la heroína, y el oxígeno... sin embargo, no la atraviesan los ácidos grasos.
  • Interesantísimo. Vamos a ver, vamos a ver, querida “Mafe” esto me lleva precisamente, a lo que te quería hablar hoy. Verás, aunque tú no lo creas he pensado mucho en ti durante los días que he estado fuera. Creo que tú y yo juntos, podemos hacer algo grande. Porque pensando en tus trabajos sobre el cerebro me di cuenta que en el fondo los dos vamos encaminados hacia la misma meta: Descubrir un remedio a los nocivos efectos del tabaco. Tú por lo que veo, y más después de lo que me acabas de explicar sobre tu “Barrera hematoencefálica”, tratas de descubrir los efectos que produce la nicotina al entrar en el cerebro y yo desde fuera pretendo, y ese fue el sueño de mi abuelo, encontrar un remedio que contrarreste o anule los efectos del tabaco. Y me explico, tú vas desde Düsseldorf a Leverkusen y yo voy a Leverkusen desde Colonia, ya sabes que Leverkusen es la “Bayer” y está a media distancia de ambas ciudades.
  • Buen ejemplo, me vale. Yo voy a Madrid desde Barcelona y tú vas desde Sevilla.
  • Oye, “Mafe”, te invito a cenar. ¿Por qué no seguimos hablando mientras cenamos? Además quiero adelantarte algo sorprendente, algo que me he traído de Alemania. ¡Increíble! Y no estaría  mal que si vamos  ser “compañeros de fatigas” nos conozcamos mejor. Me gustaría saber muchas cosas de ti.
  • Bueno, pues ya que estamos liados sigamos. ¿No se dice eso de que la noche es joven?
  • Pues no se hable más, nos vamos a “La luna”, mi restaurante preferido, que está a dos pasos y nos podemos ir andando.

 

         Y en diez minutos llegaron a “La luna”, el restaurante situado en la calle del mismo nombre. Y como siempre que iba por allí le atendió Félix , su camarero amigo, que le sentó en la mesa que él ocupaba otras veces. “Mafe” aceptó el menú que propuso Don Juan: Boquerones fritos al limón, o sea, abiertos y sin raspa, y huevos a la flamenca, la especialidad de la casa.

 

         Y mientras les servían Don Juan le mostró el pre-contrato que había firmado con la “Bayer” sobre el “Shiremufriol” y todo lo relacionado con la Planta de Fabricación de la Aspirina en exclusiva para España.

 

  • ¡Qué barbaridad! Esto es estupendo. Te harás millon
  • ¡Nos haremos!
  • ¿Cómo que nos haremos?
  • Sí, “Mafe”, sí… sigue leyendo.
  • ¡No! Esto no puede ser. El “Shiremufriol” es cosa tuya.
  • Vamos a ver, “Mafe”, yo soy farmacéutico y tú eres médico... y lo que nos traemos entre manos necesita de los conocimientos farmacológicos y de los conocimientos médicos. Por separado el “Shiremufriol” sería un medicamento más. De nada valdría encontrar un remedio a los efectos nocivos de la nicotina si no sabemos cómo llevarlo al cerebro. Tú misma lo acabas de decir, en tu “Barrera hematoencefálica” puede estar la solución, porque si conseguimos que el “Shiremufriol” pase esa barrera y opere en el cerebro se habrá hecho la luz. Por tanto, tenemos que trabajar j.. yo seré, en cualquier caso, el padre, y tú serás la madre -y Don Juan se echó a reír abiertamente, también María Fernanda.
  • Bueno, pues sí que me has “casado” pronto. Estoy de acuerdo. Monsieur y Madame Curie, ¿verdad? Me gusta.
  • Pues, no se hable más, y ahora a cenar. Porque después quiero que me hables de ti.
  • ¿De mí? Poco puedo hablar de mí.
  • Algo me gustaría saber. ¿Estás casada, tienes hijos, tienes algún amor en tu vida?
  • No, no estoy casada, ni tengo hijos... y de amores no me hables.
  • ¿Y eso?
  • Está bien, ya que antes o después te lo tendré que contar todo, te cuento. Yo sólo he tenido un amor en mi vida, fue durante el segundo curso de carrera, tenía yo 19 años y él un año más. Era un chico que había nacido en Toledo. Nos hicimos amigos en cuanto nos conocimos en el primer curso. Era muy simpático y muy guapo, ¿por qué no decirlo? Al cabo de un año empezamos a salir juntos y nos hicimos novios una tarde al salir del cine... Te adelanto que a mí me apasiona el cine, me veo todas las películas que se estrenan. Aquello duró bien poco, porque un día cuando más enamorada estaba le provoqué y quise ser suya y ahí ¡estalló el problema! Porque Paco, que así se llamaba, se negó en redondo y me apartó de él como si yo fuese una leprosa, ¡era mariquita, homosexual, un invertido a quien sólo le gustaban los hombres! Fue la mayor desilusión de mi vida, tanta que desde entonces no quise saber nada de ningún hombre y me entregué al estudio y a la carrera.
  • Vaya por Dios, eso sí que es una faena.
  • Bueno, así es la vida.
  • ¿Y después?
  • Después mi cerebro y ahora mi “Barrera hematoencefálica” -y ahora sí que “Mafe” se echó a reír abiertamente.
  • Pues yo sí estoy casado y tengo dos hijos y voy a por el tercero, según he sabido ayer mismo. La niña tiene ya 11 años, y el chico 4. Eso sí, me casé, o me casaron “in artículo mortis” al comienzo de la Guerra Civil.
  • ¿Sin amor?
  • Sí, sin amor.
  • ¿Y cómo es tu mujer, puedo saberlo?
  • Puedes saberlo. Mi mujer es una mujer de pueblo, sin estudios ningunos, era la criada de mi casa y tuve con ella “un accidente”.
  • Y el “accidente” ¿cómo se llama?
  • María Leonor, como mi madre. Mi padre, como ya te dije la otra vez, era el farmacéutico del pueblo, de “La Adrada”.
  • ¿Y nunca te has enamorado después?
  • Sí, me he enamorado y estoy loco por mi “Shiremufriol” -y ahora fue Don Juan quien no pudo evitar una risa abierta. Pero tras la cena siguieron hablando.
  • Una curiosidad, Juan, ¿con qué “conejillos” experimentas?
  • Con gatos.
  • ¿Y por qué con gatos y no con ratones?
  • No lo sé, tal vez porque los primeros experimentos los hizo mi abuelo con nuestra gata “Lara”. Según él cuando le inyectaba nicotina a “Lara”, la gata empezaba a toser enseguida y cuando le inyectaba su “preparado” la gata dejaba de toser. Y por ahí seguí yo. Luego supe que el gato, aún teniendo un cerebro más pequeño que otros animales, es mucho más inteligente.
  • En el laboratorio de la Facultad trabajamos con ratones, por eso te lo preguntaba.
  • Bueno, podemos hacerlo con ambos.
  • Juan, estoy de acuerdo. Tendremos que trabajar mucho juntos... y “Mafe” dejó escapar una de sus más atractivas sonrisas.
  • Bueno, ya está aquí la comida y vamos a comer.
  • Pues vaya dos elementos que nos hemos reunido.
  • Pues, yo soy feliz así.
  • Y yo también.

 

         Y ahí terminó la cena. Don Juan acompañó a “Mafe” hasta su casa, que estaba situada en Alberto Aguilera, casi esquina a la Plaza de San Bernardo. Al despedirse se dieron dos besos.

 

***

 

         “¡Me gusta, sí me gusta! -pensó él nada más despedirse.

 

         “Pues, sí señor, ¡me gusta! -pensó ella en cuanto entró en su portal.

 

***

 

  • ¿Qué, ya te has follado a “Doña Cerebros”? -le espetó la “niña” en cuanto se quedaron a solas.
  • No seas grosera “Lupe” ¿Y qué coño es eso de “Doña Cerebros”?
  • Es lo que es tu amiguita ¿no dices tú que es una mujer muy culta?
  • Y lo es, pero ni es ni será nada de lo que tú estás pensando ¡que eres una mal pensada!
  • ¡Ah, sí! ¿y qué habéis hecho desde las nueve hasta las doce?
  • Hablar de nuestras “Tesis”, chiquilla que eres una chiquilla. ¿Tú crees que en la vida todo es follar?
  • Eso te lo diré yo en cuanto la vea, las mujeres conocemos a las mujeres mejor que los hombres.
  • Está bien, vamos a dormir.
  • ¡Eso ni hablar!, ahora mismo tú y yo vamos a follar … ¡como en el tren! Esta noche estoy más ardiente que en Alemania… y además te he preparado una sorpresa -y entonces se metió en el baño y cuando salió iba vestida con un “picardías” rojo que se había traído de París, y bailando sobre sí misma y contorneándose se fue hacía él, lo tumbó en la cama y lo desnudó casi a la fuerza.

 

          Y una vez más el “viejo” Don Juan (29 años), no tuvo más remedio que hacerle el amor a “la ansiosa jovencita” (19 años).

 

***

 

         Pero el gran notición le llegó a los 15 días, justo el día que María Fernanda y Don Juan habían realizado la primera prueba del largo recorrido que les esperaba. Quisieron repetir el experimento del doctor inglés Paul Ehrlich para comprobar por sí mismos si era cierto. Cogieron al gato que habían seleccionado para sus primeras pruebas (curiosamente lo habían bautizado con el nombre de “Bayer”). Le inyectaron en sangre un mg.  de anilina y esperaron. A los pocos segundos la piel del gato, que era de color marrón (en España les llaman a los de este color “gato romano”) se fue coloreando en un tono azulado todo el cuerpo excepto el cerebro que quedó en su propio color. Lo cual les demostró que, ciertamente, el cuerpo dispone de algún tipo de mecanismo de protección del Sistema Nervioso Central.

 

  • ¿Lo ves, Juan? Ahí tienes la demostración, es la “Barrera hematoencefálica”.
  • Sí, ya lo veo. Entonces lo que tendremos que estudiar ahora es cómo evitar que la nicotina pase esa aduana...
  • O como conseguir que tu “Shiremufriol” pase la barrera.
  • Sí, señora... y en eso tenemos que emplearnos a fondo.

 

         Porque ese día, mejor dicho, ya casi al anochecer, “Lupe” se sintió mal y abandonó el Laboratorio. Aquella noche, nada más entrar Don Juan en el dormitorio casi le gritó:

 

  • ¡No aguanto a esa tía!
  • Esa “tía” se llama María Fernanda.
  • Será “tu” María Fernanda, pero yo no la aguanto.
  • No debes hablar así.
  • Me importa un bledo lo que tú opines, esa tía no me gusta y punto.
  • Por favor, “Lupe”, no seas chiquilla.
  • ¿Chiquilla yo? Pues, siéntate que a lo mejor te mareas.
  • Y ahora, ¿qué pasa?
  • Pues, pasa que estoy preñada.
  • ¡No!, ¿estás segura?
  • Segurísima, si ya llevo dos faltas.
  • ¿Dos faltas y no me has dicho nada?
  • ¿Y para qué te lo iba a decir si tú ya tienes preñada a mi hermana?
  • ¡Dios, Dios, Dios! -y Don Juan se quitó la chaqueta y la tiró, se sentó y se metió la cabeza entre las manos con los codos apoyados en las rodillas -¿y ahora? ¿cómo le decimos a Antonia que su hermana está embarazada?
  • Yo lo tengo muy claro, ha sido en Alemania.
  • No seas bárbara, no digas tonterías.
  • Bueno, pues a mí me da igual estoy preñada y punto.
  • Eres una insensata, esto va a complicar las cosas. Me voy, tengo que respirar aire puro –y Don Juan volvió a coger la chaqueta que había tirado y se fue a la calle.

 

***

 

A la tarde siguiente cuando María Fernanda llegó al Laboratorio se encontró a un Don Juan demacrado y como enfermo.

 

  • Hola, Juan, te veo mal. ¿Has dormido bien?
  • No, no he dormido ni bien ni mal.
  • ¿Te sucede algo? ¿Puedo ayudarte?
  • No, son problemas familiares.
  • Bueno, pues yo también me pasé la noche pensando en nuestro experimento. Creo que tenemos que buscar una fórmula para engordar la micro molécula de la nicotina para que no pueda pasar la “Barrera hematoencefálica” .
  • Sí, también yo lo he pensando, pero no sé, o no se me ocurre, cómo.
  • Pues es muy sencillo – dijo “Lupe”, que estaba allí entre sus probetas y demás cristalitos -¿cómo engordan las mujeres? Dejándolas preñadas. Tenéis que preñar a esa nicotina de la que habláis.
  • Oye, Juan, “Lupe” tiene razón, si preñamos, como ella dice, a la micro molécula de la nicotina ya no podría pasar la “Barrera”.
  • Sí, sí, pero ¿cómo?

 

         En ese momento “Lupe” sintió nauseas y hasta vomitó. Así que ni corta ni perezosa salió del Laboratorio y los dejó solos.

 

  • Oye ¿qué le pasa a “Lupe”?
  • No lo sé, pero últimamente está muy rara.
  • ¿No estará embarazada?
  • ¿Qué dices?
  • Lo que digo. Las nauseas y los vómitos son propios de mujeres embarazadas.
  • Pues, no lo creo.
  • Oye, creo que por lo que sea tú no estás hoy en buena forma para experimentos. ¿Por qué no nos vamos al cine?
  • ¿Al cine? Oye, pues no estaría mal.
  • Anda, pues vámonos, que en “Palacio de la Música” se ha estrenado una película que me interesa ver. Se llama “La vida vuelve a empezar”, y trabaja la famosa Alida Valli.
  • Está bien, pero antes déjame que deje un cultivo que he pensado. Vamos a mezclar una micro molécula de nicotina y un mg. del “Shiremufriol”, y a ver qué pasa.

 

         Y ambos abandonaron el Laboratorio y se fueron al cine.

 

         La película era un melodrama italiano muy realista, como todo el cine italiano de entonces. Era la historia de un médico que tras regresar a Roma después de un largo cautiverio en Alemania, se entera de que su esposa había sido arrestada por asesinato. Tres años antes, sin saber si el marido había muerto y sin dinero para curar a su hijo gravemente enfermo había accedido a tener una cita con un caballero rico. El pobre hombre, cuando lo descubre todo y que a su mujer le habían dado por desaparecida, había decidido reiniciar una nueva vida.

 

         Pero, la verdad es que Don Juan apenas si siguió la película, porque en su mente bailaba lo del embarazo de la niña “Lupita”.

 

         “¿Y qué hago yo ahora? –se decía  a sí mismo el farmacéutico -¿y cómo o qué le digo yo a “Mafe”? Vaya desastre en el que me he metido. ¿Y cómo le voy yo a decir a María Antonia que su hermana está embarazada y que el padre de la criatura es un alemán? Eso no se lo cree ni Dios.”

 

         Eso sí, en el transcurso de la película notó que “Mafe” en más de una ocasión reposó su cabeza en su hombro y que sus manos acariciaron levemente sus rodillas.

 

         A la salida del cine volvieron al Laboratorio, después de haber tomado unas cervezas en “La marisquería”, el bar que estaba casi al lado de su casa.

 

  • ¿Qué te ha parecido la película, Juan?
  • Bueno, una película realista, italiana. Sí, está bien e interesante la historia, pero no es tan fácil rehacer una vida. Se puede rehacer el presente e incluso se puede influir en el futuro, pero el pasado es como una losa que siempre estará ahí y que tú no puedes cambiar.
  • Sí, pero el hombre lo intenta todo y siendo como era joven no le queda otra solución que rehacer su vida, incluso con otra mujer.
  • Bueno, vamos para el Laboratorio.

 

         Y gran sorpresa se llevaron los dos, porque cuando se inclinaron ante el microscopio se encontraron con que la micro molécula de la nicotina en un caso se había inflado y en otro había desaparecido.

 

  • “Mafe” ¿estás viendo lo que yo?
  • Sí, lo estoy viendo. El “Shiremufriol” en un caso ha dejado “preñada” a la nicotina, como dice tu cuñada, y en otro la hecho que explote y que desaparezca.
  • ¡Esto es importantísimo! Creo que hemos descubierto la pólvora. Porque si el “Shiremufriol” puede hacer que engorde la micro molécula de la nicotina quiere decir que ya no podría pasar tu “Barrera hematoencefálica” o que pueda acabar con ella antes incluso de intentar entrar en el cerebro.
  • ¡Oh, Dios, Juan, creo que hemos llegado a la tierra prometida!
  • No te exaltes, “Mafe”, tendremos que hacer muchas pruebas más.
  • Ya lo sé, pero creo que hemos dado un paso importantísimo.
  • Está bien, pero esta noche no estoy para muchos descubrimientos. Estoy cansado. Así que si no te importa nos vamos. Te acompaño a casa.

 

         Y dicho y hecho. La pareja salió del Laboratorio y dando un paseo subieron por San Bernardo hasta la casa de María Fernanda. Allí, ante la puerta se despidieron como otras noches, con dos besos en las mejillas y un  “hasta mañana”  cariñoso.

 

***

 

“Creo que me estoy enamorando de esta mujer, es estupenda” – se fue pensando Don Juan mientras bajaba hacia la Gran Vía.

 

“Creo que me estoy enamorando de Juan, es un tío estupendo”  –pensó María Fernanda mientras subía en el ascensor.

 

[1] Ver nota 8