Nos faltan referencias sobre la manera que construían las iglesias y palacios en la Alta Edad Media y apenas quedan escritos que expliquen las técnicas que utilizaron los constructores de la época. Las herramientas, los andamios, las cimbras o las máquinas que utilizaron se perdieron y sólo nos quedan las miniaturas de las Cantigas del Rey Sabio, que nos permiten intuir la forma como construyeron en aquellos siglos. En la Cantiga 45, por ejemplo, presenta la imagen de unos frailes que extienden cuerdas para replantear una iglesia.

Todavía hoy, piensan algunos, que en la cimentación estaba uno de los grandes fallos técnicos de aquella arquitectura. A parte de los cimientos echados sobre piedra viva, el reto de la cimentación se regía por prejuicios que hoy catalogaríamos como extraños; por ejemplo, levantaban torres de ladrillos sobre un lecho de sarmientos de vid.

El acopio de piedra, ladrillo, madera y otros materiales tenía graves dificultades para los pesados carros de bueyes por el estado calamitoso de los caminos; por eso procuraban su transporte por agua. Por la Cantiga 358 sabemos que un templo paralizó el abastecimiento de materiales de la iglesia de Santa María y dejó a casi a quinientas personas de brazos cruzados.

Una de las cosas que tenían que resolver al comenzar un edificio era el abastecimiento de agua. En los siglos X y XI, al tiempo de abrir los cimientos, preparaban un pozo. Vemos en una miniatura un pozo con el brocal, decorado en árabe, y garrucha, con su obra dentro de la iglesia; se cubría con bóveda, si estaba fuera, y se sustituía el brocal por otro más vistoso, como todavía pueden verse en muchos templos.

Para levantar los muros había dos maestrías principales: el maestro de tapiar y el maestro de asentar canto tajado. Trabajaban a jornal, si bien algunos lo hacían sólo por devoción. El maestro cantero labraba los sillares y los asentaba; por ello cobraba cuatro sueldos de pepiones, y el maestro de tapiales cobraba tres sueldos y medio, y si no los apartaba él, sólo tres. Hay que saber que entonces Andalucía era muy cara. En Extremadura el mejor maestro de asentar canto sólo percibía dos sueldos de dineros alfonsíes, y el de tapiar uno.

Sabemos igualmente que en la Alta Edad Media era usual la colocación de un capitel en una iglesia por devoción o por cumplimiento de una sentencia. Gentes humildes hacían limosna de un simple sillar. En otra miniatura vemos que un mancebo de Mansilla va en romería a otra villa para comprar un sillar para ofrecer a su iglesia.

Las herramientas más utilizadas en la construcción medieval eran los azadones para sacar arena, iguales que los usados para amasar mortero o los de los viñadores. Los cubos de los albañiles eran de madera, hechos de duelas sujetas con aros de hierro o con asa de cuerda. También disponían de espuertas, paletas, picos de cantero y otros utensilios.

La arquitectura gótica resolvió muchos problemas de andamios y cimbras. Hay que tener presente que el maestro de obra disponía entonces de más madera que los encofradores de ahora. El consumo de madera entre andamios y cubiertas era muy elevado. Gonzalo de Berceo nos explicaba un incendio en San Millán en el que ardieron: las vigas, las goteras, los cabrios y los cumbrales, es decir, la techumbre del monasterio.