• Señorías, creo que nos estamos apartando del buen camino. En mi criterio no es éste el momento de definir qué tipo de República queremos ni que Poderes queremos para el nuevo Presidente. Esa será la tarea principal de las Cortes Constituyentes, cuyos componentes saldrán de las elecciones generales convocadas expresamente para ese fin. No olvidéis que la Soberanía es del pueblo español y que será el pueblo español quien diga lo que quiere en las urnas. Por tanto, creo que tanto los Candidatos como los Partidos que se presenten a las elecciones deben tener libertad plena para formular sus programas. Por muy dispares que sean. Salvo el juramento expreso de no apoyar jamás la violencia. Aquel programa o aquel candidato que saque más votos será el indicativo que deberán seguir después los Constituyentes. Porque entonces a las Cortes sólo les quedará el dar forma a esos deseos del pueblo en una nueva Constitución.
  • Así que, y dicho esto, lo que yo propongo es el calendario de las elecciones que ha programado el partido Socialista. Y es el siguiente: Estamos a 15 de diciembre, creo que las convocatorias, tanto para la Presidencia como para las Cortes, deberían publicarse por Decreto en el BOE del próximo 23 miércoles. Desde ese día hasta las 12 de la noche del día 20 de enero (ya del 2016) será el tiempo que tengan los candidatos para presentarse como aspirantes a la Presidencia. La campaña oficial puede comenzar el 29 de enero y duraría hasta el día 12. El 13 sería el día de reflexión y el 14 el día electoral y de las urnas. Naturalmente si se acepta este calendario querrá decir que ese mismo día 23 de diciembre la Regencia tendría que disolver oficialmente esta Asamblea Nacional y naturalmente quedaría la Comisión Permanente hasta la Constitución de las Cortes Constituyentes que también debieran fijarse aquí. Mi grupo considera que las Constituyentes deben abrir las puertas el 23 de febrero del 2016. Nada más. Gracias señor Presidente.

A continuación le tocó el turno a la portavoz de UPyD, doña Rosa Díez, quien se manifestó así:

  • Señorías, estoy de acuerdo con todo lo que ha dicho el portavoz del partido Socialista. Creo que todo es sensato. Sin embargo, le quiero añadir unos cuantos puntos que me parecen interesantes.

El primero que el Gobierno dé instrucciones a todas las Televisiones Nacionales y Autonómicas para que dediquen grandes espacios a las elecciones e incluso espacios formativos donde se explique con detalle el tipo de Repúblicas que hay en el Mundo Occidental. También sugiero que acordemos que los diputados electos en las elecciones generales que no presenten su documentación antes o el día de la constitución de las Cortes pierdan su escaño. Otro tema que debe quedar claro es que todos los diputados electos tendrán que hacer y legalizar ante notario la declaración de sus bienes y patrimonio. Y por último, que para evitar el transfuguismo que ha maleado la vida política española de los últimos 30 años, sugiero que aquí se apruebe que los escaños obtenidos en las urnas sean propiedad del Partido que haya presentado al candidato y no de los propios candidatos. Bueno, son sólo unas sugerencias que propongo en nombre de Upyd. Gracias señor Presidente.

Y así continuó durante una hora más el debate sobre el calendario electoral.

A las 12 en punto se produjo la votación y el resultado fue el siguiente:

  • A favor = 357
  • En contra = 125
  • Resto = abstenciones.

El día 23 el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba dos decretos firmados por los miembros de la Regencia. Uno señalaba las elecciones para la Presidencia de la República el 14 de febrero del año 2016. Otro fijaba para esa misma fecha las elecciones a Cortes Constituyentes. También se fijaba que la Campaña oficial sería del 29 de enero al 12 de febrero y el 13 sería la jornada de Reflexión. Y se fijaba el 20 de enero como fecha tope para la presentación de Candidatos y las listas de los Partidos Políticos.

Ese mismo día 23 la Asamblea Nacional acordó por unanimidad y entre aplausos la Disolución de la misma. Momento que el Presidente, el popular Acebes, aprovechó para pronunciar el mejor discurso de su vida, aplaudiendo la generosidad de los miembros de la Asamblea para Autodisolverse. Claro que lo que el Presidente no recordó fue que la mayoría se autodisolvía porque todos aspiraban a volver a la Cámara tras las Elecciones Generales y como diputados en las Cortes Constituyentes. No obstante, se constituyó la Comisión Permanente, que asumiría la representación de la Asamblea disuelta para resolver los problemas de urgencia que se pudieran presentar.

Pero, los Partidos no esperaron ni se ajustaron a las fechas señaladas. El primero en adelantarse fue el PSOE, que inmediatamente convocó al Comité Federal para el día 7 de enero y hacer público el nombre de su candidato para la Presidencia de la República. Y fue ese día cuando se supo que el elegido por unanimidad había sido Felipe González. Curiosamente la reunión del comité Federal estaba presidida por Alfredo Pérez Rubalcaba, como Secretario General del Partido; Narcís Serra, como Presidente, y Ramón Jáuregui, como Secretario de Organización.

Y Felipe González no se hizo esperar. Ya el día 8 apareció una larga entrevista en “El País” en la que el socialista adelantaba más o menos su programa. Aunque llamó la atención que en sus declaraciones se hablaba más de Europa que de España (no hay que olvidar que Felipe era todavía Presidente del Comité de Sabios del grupo de reflexión sobre el futuro de la Unión Europea). Y el domingo día 10 pronunció una conferencia en el Círculo de Bellas Artes, que respaldaba el Círculo de Empresarios y los Sindicatos.

La conferencia versó, ¡cómo no!, sobre “Mi idea de Europa”. Felipe González se extendió en el tema más de dos horas y casi otra hora más en un turno de ruegos y preguntas.

En resumen el candidato (aunque no todavía oficialmente) para la Presidencia de la República dijo:

“La crisis, desencadenada por los fallos y abusos del sistema financiero, con tan graves consecuencias en la economía real, aparece como un parteaguas de la historia en un proceso de cambio mundial que arranca con la caída del muro de Berlín y la irrupción con fuerza de la revolución tecnológica. 

  Los acontecimientos indican que hay ganadores y perdedores en este cambio global. Si la Unión Europea no quiere estar entre los perdedores, como viene ocurriendo, tiene que reaccionar coordinadamente ante la crisis y definir estrategias de reformas estructurales profundas para el horizonte de los próximos veinte años. 

  Hay que ligar las respuestas anticrisis con las reformas de futuro que necesitamos. Hablar de la Unión Europea y no sólo de los países que la integran uno a uno tiene sentido porque somos interdependientes: los veintisiete compartimos un mercado único y dieciséis países una moneda, con la política monetaria del Banco Central Europeo y un Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Actuando por separado perderíamos las sinergias que se necesitan para afrontar los desafíos de la nueva realidad global y lo que lesione a una parte del conjunto terminará afectando a todos. Pero hay que ir más allá de este pacto, para hacer realidad la Unión Económica y no sólo Monetaria, que nos permita evitar las divergencias económicas que ponen en peligro la estabilidad del conjunto. 

  En el interior de la Unión Europea tenemos problemas comunes de inserción en la economía global, la llamada economía del conocimiento, y a la vez hay situaciones diferenciadas en cada país por sus específicas realidades económicas y sus modelos productivos. El conjunto de la Unión pierde competitividad en la economía global. Algunos países viven desequilibrios de balanza de pagos y déficit comerciales incompatibles con la interdependencia alcanzada, con el funcionamiento de una sola moneda y con un mercado interior sin fronteras. Por eso, la crisis financiera  ha hecho saltar por los aires el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, provocando choques asimétricos en la zona euro y grandes desequilibrios en las cuentas públicas.

   Necesitamos sumar fuerzas con acuerdos que se puedan operar con eficacia entre los gobiernos y las instituciones de la Unión Europea, entre éstos y los interlocutores económicos y sociales y que incluyan nuestra realidad de poderes regionales y locales. Hace falta un liderazgo claro y una capacidad de diálogo sostenida. La situación de la Unión Europea es de emergencia, tanto por la dureza de la crisis y sus efectos en nuestra realidad social y económica, como por los cambios estructurales que debemos producir para afrontarla y encauzar nuestro futuro a medio y largo plazo.

  No debemos caer en la autocomplacencia destacando avances históricos indiscutibles como bazas a nuestra disposición para no actuar con la energía que se precisa Necesitamos generar en la ciudadanía y en los interlocutores sociales y económicos un compromiso fuerte para afrontar los retos que tenemos por delante. Si no decimos con claridad las cosas, no nos van a creer y el debate seguirá siendo defensivo e inoperante. 

   Asumamos que nuestro modelo es el de la economía social de mercado, exitoso en la posguerra, en fases de desarrollo de la economía industrial y de servicios propia de la segunda mitad del siglo xx, pero no adaptado a la realidad presente. Recordemos que hemos llevado a cabo una ampliación de dimensión histórica hasta veintisiete países y casi quinientos millones de ciudadanos, o que el euro es una pieza clave de nuestra arquitectura política y económica, como tantas cosas que se han realizado en más de medio siglo de progreso social, económico y político. Eso está ahí como prueba de lo que se puede hacer para superar las difíciles circunstancias vividas por Europa en la primera mitad del siglo pasado. 

   Pero tenemos que enfocar nuestro discurso y nuestra acción en los problemas que tenemos que resolver ante la nueva realidad global, conectando la salida de la crisis —¡que sigue siendo incierta!— con las reformas de fondo necesarias a medio y largo plazo. Sin imaginar que ese medio y largo plazo admite espera, porque debemos recuperar el retraso producido por el fracaso en la aplicación de la Agenda de Lisboa. 

Así pues, para salir de la crisis: 

   Necesitamos mantener medidas anticíclicas hasta que despegue la economía por sí misma. Hoy la máxima prioridad es crecer y generar empleo y la economía productiva no está en condiciones de hacerlo por sí sola. Tiene que actuar la Unión en su conjunto porque algunos Estados miembros han sobrepasado sus márgenes de maniobra en las operaciones de rescate, políticas activas y gastos sociales derivados de la crisis. Los países más sólidos tienen que asumir el liderazgo en esas políticas anticrisis y la Unión debe activar los mecanismos del Fondo Europeo de Inversiones y del Banco Europeo de Inversiones para ayudar en el esfuerzo. Si la economía retrocede hacia la recesión o mantiene un crecimiento muy débil, existe el riesgo de que se agraven los desequilibrios financieros y las deudas sean cada vez más gravosas. 

Hay que desarrollar la gobernanza económica que nos falta para evitar choques asimétricos derivados de la coexistencia de un mercado único y, en la zona euro, de una sola moneda con distintas políticas económicas. Ni el euro ni el Pacto de Estabilidad y Crecimiento están en la base de estos problemas, aunque han sido ya modulados para adaptarlos a las necesidades de Alemania y Francia. Pero este pacto no es suficiente para garantizar la convergencia. Es imprescindible vigilar las pérdidas de competitividad y los desequilibrios en las balanzas de pagos, con estímulos y penalizaciones para cumplir objetivos y mantener las ventajas del mercado interior y de la moneda. Se necesitan mecanismos de alerta para evitar las divergencias y actuaciones decididas para corregirlas. Es necesario un Fondo Monetario Europeo o un mecanismo de garantía operativo para cortar la especulación. En suma, la Unión Monetaria tiene que completarse con gobernanza económica para que el tratado sea de verdad de Unión Económica y Monetaria.

   Hay que reformar el funcionamiento de las instituciones  financieras para evitar que estemos incubando ya la próxima crisis. Nada ha cambiado en el comportamiento real de las entidades financieras y de los operadores, salvo para cortar créditos a la economía productiva. Se siguen vendiendo productos sin base real, sin reflejo claro en los balances y sin control. Se siguen haciendo operaciones a corto plazo que desestabilizan la moneda. Sería deseable que la reforma se operara a nivel mundial a través del G20, pero entretanto, y en todo caso, es imprescindible que la Unión Europea tenga sus propias normas reguladoras comunes con sus mecanismos de control y vigilancia. Figuras como los fondos libres tienen que ser controladas o prohibidas. Además, la Unión Europea, con sus características actuales, no puede actuar en orden disperso, con decisiones nacionales que no tengan en cuenta al conjunto. 

   Para el horizonte 2020-2030 necesitamos una economía social de mercado altamente competitiva y sostenible, si queremos mantener la cohesión social y luchar contra el cambio climático. Es el modelo que deberíamos contraponer al vigente de capitalismo de casino, basado en la pura especulación, con movimientos de capital que no se corresponden con la evolución y necesidades de la economía productiva. 

   Tenemos que abordar las reformas estructurales pendientes desde la Estrategia de Lisboa, definiendo prioridades claras y cambiar el método abierto de cooperación, que no ha funcionado, por un mecanismo capaz de estimular y penalizar en función de los objetivos que marquen el Consejo y las instituciones. Esa extraña reserva de nacionalismo que nos lleva a afirmar que lo que hacemos a nivel de cada Estado es una imposición de los demás debe ser superada. Hagamos operativo lo que se decide en el Consejo Europeo por los jefes de Estado y de gobierno, obligándonos a cumplir los compromisos.    

 El lunes día 11 se reunió el Comité Nacional del PP para designar oficialmente al Candidato del Partido para la Presidencia de la República. Tampoco entre los populares hubo discusión, porque el elegido por aclamación fue José María Aznar, el ex Presidente del PP y ex Presidente del Gobierno. También se acordó que la presentación pública fuese en Sevilla el día 15 de enero en una reunión de la cúpula del Partido. Se había elegido la capital andaluza en recuerdo de la refundación de 1989 y de la llegada a la Presidencia de Aznar en 1990.

El cónclave de la cúpula del PP se celebró muy al estilo americano en Sevilla. En la mesa presidencial 21 personas, porque el Presidente del Gobierno y del Partido, Mariano Rajoy, había querido que arropasen a José María Aznar todos los Presidentes de las Autonomías regidas por miembros del Partido, que en ese momento eran prácticamente las de toda España. Porque allí estaban sentados los Presidentes de Andalucía, Madrid, Murcia, Valencia, Aragón, Navarra, La Rioja, Castilla-León, Cantabria, Asturias, Galicia, Extremadura, Castilla-La Mancha, Canarias y Baleares, más los de Ceuta y Melilla y los dos Consejeros populares en los gobiernos de Cataluña y Euskadi. Naturalmente el centro de la mesa lo ocupaban Mariano Rajoy y José María Aznar.

El acto lo presentó con breves palabras el anfitrión y Presidente de Andalucía, Javier Arenas.

A continuación Mariano Rajoy se dirigió al atril de los oradores entre los aplausos de las miles de personas que abarrotaban el local. Y estas fueron sus palabras:

“Queridos amigos, es para mí un triple orgullo dirigirme a vosotros, porque un orgullo es volver a Sevilla, donde en 1989 se refundó el Partido Popular que hoy presido. Otro orgullo es tener sentados en esta mesa a los 15 Presidentes de 15 de las 17 Regiones Autonómicas y a los de Ceuta y Melilla. También están sentados los Consejeros populares en los gobiernos de Cataluña y Euskadi. Y naturalmente es para mi un honor presentarles a nuestro candidato para la Presidencia de la República de las ya próximas elecciones generales, José María Aznar. (Y los asistentes aplaudieron a rabiar, hasta el punto de que Aznar tuvo que ponerse de pie y saludar como un torero triunfante).

Querido José María, ya lo ves, ya ves como te queremos en el Partido que tú tanto has engrandecido. Aunque han pasado ya 26 años, ¡y que son 26 años en la Historia de España sino un relámpago!, desde aquel 1990 nuestro fundador, Don Manuel Fraga … por cierto, aprovecho para enviarle un fuerte abrazo y nuestros mejores deseos para que se recupere cuanto antes (y aquí otra vez grandes aplausos de los asistentes)... como ves, mi querido Don Manuel, también a ti te tenemos presente.

Querido José María, te decía que fue aquí, en Sevilla, donde durante las jornadas del X Congreso Nacional de nuestro Partido te dio la alternativa el Fundador con aquel histórico gesto en el que Don Manuel rompía tu carta de dimisión para cuando lo creyese conveniente. Los dos gestos, el de Don Manuel y el tuyo, nos honran a todos, seguramente más que los 100 años de otros.

Allí, cuando sólo tenías 37 años, aunque con la experiencia de tu Presidencia en Castilla-León, marcaste la pauta y abriste el camino que nos ha conducido hasta aquí. Un camino, que aunque no ha sido de rosas, porque también tuvimos espinas, nos ha conducido a las Presidencias de casi todas las Autonomías de España.

Entonces presentaste aquel Decálogo “para un proyecto de libertad”, en el que contemplabas el desarrollo del título VIII de la Constitución, la recuperación de la ilusión colectiva y de la confianza de los españoles, la recuperación del crédito de las instituciones, medidas para un estado eficaz, compromiso con la construcción europea, un nuevo estilo político basado en el diálogo, un proceso de modernización del país, el aumento de la competitividad y una sociedad solidaria y libre que no necesitara “ser dirigida ni salvada por el Estado”.

Fue entonces, aquí en Sevilla, donde pusiste la primera piedra del gran edificio que es hoy el Partido Popular.

Y no quiero dejarme en el tintero los 8 años que fuiste Presidente del Gobierno, porque fue durante esos dos mandatos cuando España salió de la terrible crisis en que la habían metido los Gobiernos Socialistas.

Pero, como el personaje central de hoy eres tú, no quiero robarte ni un segundo más de protagonismo.

Queridos amigos, os presento al Candidato que por aclamación hemos elegido para las elecciones a la Presidencia de la República.

Así que, querido José María, aquí tienes tu micrófono”.

En ese momento José María Aznar se levanta y se dirige al atril de oradores y se funde en un abrazo con Mariano Rajoy, entre los ya frenéticos aplausos de los asistentes, incluyendo a los Presidentes que estaban sentados en la mesa presidencial.

Y estas fueron las palabras de Aznar:

“Amigos y amigas, populares todos. Antes de hablar de lo que nos ha reunido hoy aquí, me vais a permitir que recuerde aquella anécdota que atribuyen al cardenal Cisneros. Cuentan sus biógrafos que cuando Fernando el Católico le nombró Regente del Reino hasta que llegara desde Flandes su nieto Carlos hubo un grupo de Nobles que no vieron con buenos ojos el nombramiento del fraile y adoptaron una posición de rebeldía. Y cuentan que el cardenal, hombre de mucho carácter, en cuanto tuvo el poder en sus manos convocó a los Nobles díscolos a una reunión en su palacio de Toledo para dejarles bien claro que no iba a permitir que el Reino se resquebrajase por ambiciones desmedidas. Entonces el más atrevido de aquellos Nobles le hizo al Cardenal-Regente una pregunta muy directa: ¿y con qué poderes cuenta Su Eminencia Reverendísima para imponernos sus criterios? A lo que Cisneros respondió, no sin antes haberles rogado a los presentes que se acercaran a las balconadas del Salón donde estaban, ¡¡Estos son mis poderes!!, señalando los 200 cañones que previamente había mandado colocar en el Patio de Armas. Naturalmente aquellos Nobles lo entendieron todo de golpe y sin más se pusieron a las órdenes del Regente. Por cierto, el mejor Regente de la Historia de España.

Pues bien, amigos y amigas, populares todos, parafraseando al cardenal Cisneros, aunque yo no tenga el carácter fuerte que se le atribuye a él, yo os digo: ¡¡¡Estos son nuestros poderes!!!, los poderes del Partido Popular: 15 Presidentes Autonómicos, más los de Ceuta y Melilla, las ciudades de la sangre hermana, más varios Ministros en los Gobiernos de Cataluña y Euskadi, más cinco mil y pico alcaldes, y miles y miles de concejales repartidos por toda la geografía española. ¡¡Estos son nuestros poderes!!. Más de 20 millones de españoles que creen en nosotros y nos votan (aquí se produce un estallido de aplausos ensordecedores).

Por favor, por favor, dejadme que siga. Y algunos todavía se preguntan cómo consigue el Partido Popular ese apoyo del pueblo. Pues, la fórmula es bien sencilla. Se consigue un apoyo masivo trabajando con seriedad, con ideas, con programas realistas, con eficacia en la gestión, con el diálogo, con honestidad, desde la unión y el compañerismo, con ilusiones y sin falsas promesas... y sobre todo, sobre todo, trabajando por España y con España (nuevos aplausos).

Pero, no quiero terminar este apartado sin felicitar públicamente a nuestro Presidente actual, Mariano Rajoy. Porque si bien es cierto que yo ayudé al Fundador, Don Manuel, a refundar el PP y lo dirigí durante 14 años, también lo es que Mariano Rajoy supo reflotarlo con éxito tras el varapalo que sufrimos tras aquel misterioso 11-M y dirigirlo estos ya casi 12 años como un Gran Capitán. Por ello, y en nombre de todos, te doy las gracias y un abrazo sincero (y otra vez irrumpen los aplausos hasta obligar a Rajoy a ponerse de pie y sumarse al aplauso de todos).

¡¡Ah, y otra cosa que no quiero que se me olvide!!. Has hablado esta tarde de que tenías un triple honor, pues me vas a permitir que al menos en esto te gane, porque yo tengo seis honores. 1. Al igual que tú yo tengo hoy el honor de estar en Sevilla, porque jamás olvidaré que aquí fui elegido Presidente del PP. 2. Tengo el honor de haberte tenido como Ministro en mis Gobiernos. 3. Tengo el honor de tenerte como Presidente de mi Partido. 4. Tengo el honor de tenerte como Presidente del Gobierno de mi país. 5. Tengo y he tenido siempre el honor de tenerte como amigo leal y sincero y 6. Tengo el honor de que me hayáis elegido como Candidato a las elecciones para la Presidencia de la República (más aplausos).

Y dicho esto, y ahora ya sí, vayamos con la República.

Cuando el sábado 5 de diciembre pasado yo me pronuncié en Valencia a favor de la República hubo muchos, incluso de los nuestros, que se rasgaron las vestiduras, pues consideraban como una traición que el que había sido Presidente del Gobierno durante ocho años con la Monarquía se declarase de la noche a la mañana partidario de la República y yo asumí las críticas (creo que en Democracia hay que aceptar las críticas vengan de donde vengan). Pero, creo que es fundamental actuar siempre, y no sólo en la política, de acuerdo con uno mismo, con su conciencia. Y eso fue lo que yo hice. ¿Y por qué esa decisión? Porque poco a poco fui convenciéndome de que la Jefatura del Estado no podía incluirse, como una propiedad más, en un testamento. Pensaba, y sigo pensando, que es legítimo que las propiedades de una familia pasen a los herederos, pero no el Estado. El Estado no puede ser propiedad de nadie, o mejor dicho, el propietario del Estado no puede ser otro que el Pueblo. Y si a la Monarquía se le quita el derecho hereditario ya no es Monarquía.

Eso fue lo que me hizo evolucionar hacia la República.

Pero, no sólo fue esa evolución de mi mente y mi conciencia la que me llevaron a la República. También influyeron los consejos de mi siempre admirado Don Manuel Fraga, mi Presidente mientras viva. Un día le pregunté qué pensaba sobre los españoles y la Forma de Estado y su respuesta fue terminante. Mira José Mari -me dijo- los españoles ni son monárquicos ni son republicanos. Depende. Sí sabemos que hoy son Juancarlistas, o sea partidarios de Juan Carlos, pero ¿serán monárquicos cuando Juan Carlos desaparezca del mapa, por muerte natural o por abdicación? Yo creo que no. El mundo de hoy está ya en eso de la igualdad. Los jóvenes están desorientados e Internet lo está cambiando todo.

Y llegamos al 23 de noviembre, el día que se hizo pública la abdicación del Rey. Aquel día yo estaba viendo en directo, como millones de españoles, el Pleno extraordinario de las Cortes Generales y la intervención de Fraga, de nuestro Fundador, me puso la carne de gallina. Por cómo lo decía y por lo que dijo. Para que no haya dudas os reproduzco sus palabras textuales recogidas del Diario de Sesiones. Dijo Don Manuel:

"Señor Presidente, señores Diputados, señores Senadores, señorías todos. Como acabo de decir llevo 70 años en esto de la política y he sido Ministro de todos. Durante esos 70 años me he tragado todos los sapos del mundo (y de eso sabéis tanto como yo todos los presentes), pero hubo uno en especial que se me atragantó y todavía mantiene mi garganta cerrada. Fue aquella jornada del 22 de noviembre de 1975 cuando tuvimos que proclamar Rey de España al Rey de Franco. Claro que no fui yo solo sino todos. Porque todos tuvimos que tragar la Ley de Sucesión y el Heredero que nos habían impuesto... y lo hicimos por miedo, sí por miedo al ejército, que todavía era el de Franco. Pero, hoy después de 40 años de Democracia, ya no tenemos miedo a nadie, al menos yo y voy a decir lo que entonces callé: que la Monarquía vino sin que el pueblo español hablase si la quería o no o si quería otra cosa. Entonces el Heredero tuvo que rechazar las Leyes de Franco y no proclamarse Rey hasta que no hubiese hablado el pueblo español. Entonces el Gobierno tuvo que dimitir y aquel Consejo de Regencia que se nombró por el Consejo del Reino tuvo que asumir momentáneamente todo el Poder del Estado y convocar con urgencia un Referéndum Nacional para saber si el pueblo quería Monarquía o República. ¡Y ya he dicho la palabra prohibida! Aunque para mí ya no hay prohibiciones que valgan.

Pues bien, Señorías todas, creo que ha llegado el momento de hacer las cosas como Dios manda. La proclamación del Nuevo Rey puede esperar hasta que el pueblo hable. Lo contrario sería volver a cometer el mismo pecado de entonces. Y sólo hay un modo de poderlo hacer lo más rápidamente posible: que las Cortes Generales, estas Cortes aquí reunidas hoy, se autoerijan en Asamblea Nacional Constituyente, asuma todos los Poderes del Estado y sin salir de aquí se nombre un Consejo de Regencia que jure su cargo esta misma noche para evitar que la Jefatura del Estado quede ni un minuto vacante. ¡Esa es mi sugerencia! ¡Eso es lo que yo quería decir, Señor Presidente! No quiero morirme con aquel sapo de 1975 en mi garganta. Señorías, ahora ustedes tienen la palabra y no le tengáis miedo a las palabras: Asamblea Nacional Constituyente”.

Sí, reconozco que las palabras y la propuesta de Fraga me emocionaron. Porque emocionante es que un hombre de 93 años tenga la valentía de plantear un cambio constitucional con tan pocas palabras y sin inmutarse, y que unas Cortes Generales lo aprueben por aclamación y puestos en pie. Sin embargo, la noticia del infarto me sobrecogió y sin pensarlo me planté en el Hospital para vivir de cerca lo que Dios hubiese señalado para él. Fue una noche terrible, porque se pasó horas entre la vida y la muerte. Pero, afortunadamente el corazón de Don Manuel resistió (¡y que no va a resistir un corazón tan grande como el suyo!) y a los dos días ya pudimos hablar con él (grandes aplausos).

No obstante, dejé pasar unos días más y cuando ya supe que estaba en su casa de Madrid me fui a verle y con mucha prudencia le planteé mi decisión de pasarme a la República.

  • ¿Y eso, José Mari? -me preguntó de entrada.
  • Verás, Manolo, hace algún tiempo me dijiste que el pueblo español ni era monárquico ni era republicano, que era juancarlista, pero que el día que desapareciera de escena Juan Carlos podían cambiar las cosas. Yo medité lo que me dijiste y llegué a dos conclusiones: Una, que ciertamente los jóvenes de hoy no están por la Monarquía ni por la sangre azul, y que si había un Referéndum Monarquía o República ganaría la República. En consecuencia había que plantearse dónde situarse en ese supuesto. Y yo, personalmente, llegué a la conclusión de que había que estar con el pueblo. Las Formas de Estado en el mundo actual no tienen la trascendencia del pasado. Pues bien, ante el Referéndum estamos gracias a ti. ¿Y ahora qué? Está claro que las izquierdas van a decantarse por la República ¿y qué hacemos los demás? ¿Quedarnos al margen, como en l931 hicieron las derechas, el Centro y hasta los monárquicos? ¿Dejarles la bandera republicana a los socialistas y a los de Izquierda Unida?... No, eso no sería un acierto. En mi criterio, también nosotros tenemos que estar con la República.
  • ¿Y el Partido?
  • Esa es mi segunda conclusión. El Partido debe quedarse al margen, como el Gobierno, y según ha pedido la Asamblea Nacional.
  • No sigas, estoy de acuerdo. Pero, ponte al habla con Mariano y entre los dos acordáis la estrategia a seguir. Son tiempos decisivos y no pueden darse pasos en falso.

Y eso hice. Mantener una larga conversación con nuestro Presidente y mi amigo Mariano. Y así me fui a Valencia. Convencido de que hacía lo mejor para España. Y os voy a repetir en síntesis lo que allí dije apenas hace dos meses.

“Amigos míos, amigos de Valencia, no creáis que sólo he venido a vuestra ciudad por el cariño y la simpatía que les tengo a estas tierras del Levante español. Hoy he venido aquí porque aquí fue donde aquel gran orador y político que fuera el Primer Presidente de la Segunda República, Don Niceto Alcalá-Zamora, se pasó de la Monarquía a la República.

Porque eso, y ya lo digo de entrada para no andarme por las ramas, es lo que yo voy a hacer aquí: ME PASO DE LA MONARQUÍA A LA REPÚBLICA y, por tanto, ya os adelanto que el domingo votaré a favor de la República.

Aunque, también os adelanto que mi decisión es totalmente personal y que no tiene nada que ver con lo que decida el Partido Popular, nuestro partido.

Y dicho esto, tengo que decir y digo que voy a decir sí a la República, pero no a una República cualquiera, ni que lleve a España donde, por desgracia, la llevaron las otras dos.

Por ello, y aquí cito las palabras que aquel 13 de abril de 1930 pronunció en Valencia Alcalá Zamora: Yo defenderé siempre una república viable, gubernamental, conservadora con el desplazamiento consiguiente hacia ella de las gentes de orden y de las clases medias, y de los intelectuales, en la que quepamos todos, desde los comunistas a los obispos, desde los obreros a los empresarios. Pero, estaré siempre en contra -dijo Alcalá Zamora- de una república convulsiva y epiléptica, falta de razón, que no respete las libertades y los derechos de todos.

Pues, a esa República, a la primera, es a la que yo me apunto desde ya.

He servido a la Monarquía con lealtad desde los puestos institucionales que ocupé, como Presidente de Castilla-León, como Jefe de la Oposición y como Presidente del Gobierno, pero siempre pensé que esta Monarquía, la que Franco nos dejó en su testamento, no había tenido la valentía de someterse a la opinión del pueblo español. Creo, por tanto, que lo que decidió hace unos días la Asamblea Nacional y la convocatoria del Referéndum del día 13 es un acierto. Porque debe ser el pueblo español, el verdadero propietario de la soberanía nacional, quien tenga la última palabra. También creo, y por ello doy el paso que doy hoy, que en los tiempos modernos, ya en el siglo XXI, una república servirá mejor los derechos de todos que una monarquía. Estamos en un mundo en que la IGUALDAD debe alcanzar hasta la Jefatura del Estado”.

Desde entonces, naturalmente, he reflexionado más, todos hemos tenido que reflexionar más, pues no en vano el pueblo español se volcó a favor de la República en el Referéndum del pasado 13 de diciembre. Aunque me mantengo en señalar que mi República, nuestra República, tiene que ser una República en la que quepamos todos y todas las ideas puedan llegar al Gobierno. Tenemos que evitar lo que los republicanos de los años treinta no supieron evitar. Entonces las Izquierdas se creyeron que la República era propiedad de ellos y en cuanto perdieron las elecciones generales (1933) se echaron al monte y provocaron la Revolución del 34, que en realidad fue el comienzo de la espantosa Guerra Civil del 36.

No. En eso no podemos caer de nuevo. Por ello la III República tiene que ser de todos y que puedan Gobernar quien diga las urnas.

En cuanto al tipo de Presidencia que voy a defender sólo os puedo adelantar una cosa: que no quiero ser un Presidente como el de Estados Unidos, pero tampoco un Presidente como el de Alemania. Creo que el modelo de la Constitución de 1931 se ajusta más a España. La Presidencia de Alcalá Zamora (y no menciono la de Azaña porque los tres años que lo fue estuvieron marcados por la Guerra Civil) en mi criterio nos podría servir para la Tercera República. Pero, creo que este tema lo tendremos que estudiar más a fondo antes de que se inicie la campaña electoral.

Y lo mismo digo del Programa. No es hora ni momento de puntualizar los detalles. Sin embargo, os adelanto los puntos fundamentales que ya están estudiando nuestros hombres pensantes del Partido y los de FAES. Son estos:

  • Estado de las Autonomías

(Y pongo este tema en primer lugar porque considero que es uno de los problemas más graves que tiene España. Sobre todo teniendo en cuenta las cifras de la deuda acumulada de las 17 Autonomías o Mini-Estados, como yo les llamo. Estas cifras son de infarto:

  • Cataluña debe 40.607 millones de euros.
  • Valencia, 16.365.
  • Madrid, 12.583.
  • Andalucía, 11.384.
  • Galicia, 5.809.
  • C-La Mancha, 5.327.
  • País Vasco, 4.105.
  • Baleares, 4.024.
  • C y León, 3.660.
  • Canarias, 3.392.
  • Aragón, 2.625.
  • Murcia, 2.016.
  • Navarra, 1.554.
  • Extremadura, 1.457.
  • Asturias, 1.407.
  • Cantabria, 881.
  • La Rioja, 739.

TOTAL 111.867 millones de euros).

  • Estado del Bienestar
  • Estado de la Economía
  • Estado de los Sindicatos
  • Estado de los Empresarios
  • Estado de la Educación y la Sanidad
  • Estado de las Pensiones
  • Estado de las Fuerzas Armadas
  • Y Estado de las Relaciones Internacionales

Comprenderéis que queda mucho por estudiar. Sobre todo si queremos presentarle al pueblo español un proyecto que satisfaga a todos y podamos vencer en las urnas, como venimos haciendo desde hace años. (Grandes aplausos).

Y aquí termino por hoy. Os doy las gracias a todos y me pongo a las órdenes de nuestro Presidente Mariano Rajoy.

Al abandonar el atril de oradores hubo abrazos generalizados y más aplausos.