El periodista Santiago Peláez Pérez ha escrito una biografía sobre Valentín González González, popularmente conocido como 'El Campesino', un militar comunista español que tuvo una destacada participación en la guerra civil española al frente de varias unidades del Ejército Republicano.

En enero de 1977, Peláez viajó hasta la localidad francesa de Metz, donde González residía, con objeto de entrevistarlo para la revista 'La Actualidad Española'.

Fruto de aquellas conversaciones, ahora ha redactado esta obra, de casi 400 páginas, editada por Sekotia y que se acaba de publicar, fusionando la visión histórica, las increíbles aventuras de un superviviente y la dimensión sentimental de un hombre "tan polémico como popular".

'El Campesino. Un volcán indomable' es el último libro publicado por Santiago Peláez, que trabajó en TVE y RNE desde 1973 hasta su jubilación, y que el pasado miércoles, a las 19 horas, presentó en el Real Casino de Murcia. Junto al autor, intervinieron en el acto el también periodista de RTVE, Manuel Segura Verdú, y el editor de la obra, Humberto Pérez-Tomé.

¿Quién fue Valentín González, alias el Campesino?

Valentín González fue el general republicano más temido de la Guerra Civil Española. De carácter violento y agresivo se distinguió por la audacia de sus acciones y el odio feroz que sentía por los moros, los italianos y los alemanes que habían invadido su tierra. Él siempre consideró que lo único que hizo fue poner en marcha el Ejército Rojo para defender a su país de la invasión que sufrió España de tropas extranjeras y de los fascistas que dieron un golpe de estado contra la república legítimamente constituida. Por eso él nunca se consideró un asesino, sino un hombre bragado y feroz que defendía su Patria, a sus mujeres, a sus hermanos, a toda la gente que como el era de izquierdas.

Durante la guerra sirvió en el Quinto Regimiento a las órdenes de Enrique Lister, con el que chocó frontalmente en numerosas ocasiones por sus tácticas militares, tácticas aprendidas en el breve espacio de tiempo que permaneció en la Legión y no en ninguna escuela militar.

¿Por qué le apodaron así?

Se le apodó El Campesino por un grupo de muchachos de su edad que lo convirtieron en su líder cuando Valentín fue capaz antes de cumplir los 16 años de poner una bomba de trilita de nueve kilos en un cuartel de la guardia civil en su pueblo Malcocinado. La bomba mató a cuatro guardias civiles, pero pudo haber matado a muchos más y aquello no le importaba demasiado al Campesino porque era ya anarquista y como le enseñó su padre había que robar a los que nos roban y matar a los que nos matan.

Los guardias civiles que murieron en aquel atentado terrorista no habían matado a nadie, simplemente habían detenido a varios empleados de una empresa textil que habían ido a la huelga para protestar por las duras condiciones de su trabajo y porque estaban muy mal pagados, solamente ganaban dos pesetas.

El Campesino y su compañero de aventuras El Virulento fueron buscados y perseguidos por la guardia civil y se tuvieron que refugiar en una cueva de la serranía durante un mes. Cuando al cabo de ese tiempo salieron de ella pensando que la ira de los guardias civiles ya había cesado fueron cazados como conejos y conducidos a la cárcel de Fuenteovejuna, en donde sufrieron todo tipo de torturas para que confesaran su crimen. Fruto de aquellas palizas murió el Virulento, pero Valentín González, ya alias El Campesino, logró salvar la vida y abandonó la cárcel por ser menor de edad.

Sus colegas le apodaron El Campesino porque realmente lo era. Un joven que labraba la tierra de un terrateniente de sol a sol para al final recibir del señorito tan solo unas perras que no le permitían sobrevivir dignamente. Y ese Campesino iba a luchar desde entonces para que su vida y la de los suyos no continuara eternamente siendo tan mala. Quería una revolución. Y la llevo a cabo. Pero nació pobre, vivió pobre y murió pobre. Y le dio lo mismo vivir en una monarquía, en una república o en un estado socialista y democrático.

¿Qué es lo que hizo que se convirtiera en una figura mítica?

Su crueldad, su desafío a todo poder establecido, la impronta que iba dejando por todos los lugares que pasaba, su lucha permanente en cambiar la política que no funcionaba, el deseo siempre vivo de que los ricos fueran menos ricos y los pobres menos pobres.

En el fondo un soñador de sueños imposibles, un superviviente, un analfabeto convertido en un mito por el terror que causaba con la virulencia de sus acciones, un tipo que se sirvió de la guerra para ser al fin respetado y que creyó que podía llevarse por delante a quien quisiera porque no tenía credo ni religión. Incluso en la Legión se le conocía como Caín por la forma cruel de comportarse con sus compañeros del Tercio.

Pero en su unidad gozó del respeto de sus hombres durante la guerra porque siempre era el primero en arriesgar su vida luchando en primera línea y dando ejemplo a los demás de su valentía, por eso nunca aceptó a los cobardes que no le siguieron a conseguir sus objetivos sin reparar que sus planes eran excesivamente arriesgados o suicidas y para mantenerse firme tuvo que ser implacable con todo aquel que daba un paso atrás o se pasaba al enemigo. El que lo hacia podía ser fusilado de inmediato o recibir un tiro en la sien del propio Campesino.

¿Por qué él quiso contar su vida?

Quiso contar su vida porque en el fondo era un gran ególatra y quería que la gente le llamara Mariscal y le considerara un general aunque nunca llegó a obtener esa graduación en el ejército, tan solo fue teniente coronel, pero actuaba como si fuera un general y sus superiores se lo consintieron porque no estaba la República para prescindir de uno de sus grandes mitos. La vida y las historias del Campesino daban mucho juego y hasta un poeta como Miguel Hernández glosaba sus hazañas.

Apenas duerme, come con una mano y dispara con la otra, truena y relampaguea contra los cobardes, los retrasados y los bribones. Tiene una palabra que quema, unos ojos que petrifican y una barba que es el terror de moros y alemanes.

Pero la razón final por la que el Campesino quiso contar su vida fue dar a conocer al mundo que aquel paraíso terrenal del que le hablaron durante la guerra los rusos, sus aliados, era una gran mentira. La mentira más grande jamás contada. Stalin no era un gran gobernante, era más bien un hombre gris, malvado ignorante, ególatra y caprichoso. Un ser vulgar y anodino rodeado de una camarilla de títeres impresentables con la aterradora NKVD al frente, una maquina policial de matar a millones de personas de diferentes maneras; infringiéndolas las maneras más perversas de hacerlas sufrir,matándolas de hambre, o torturándolas en los campos de concentración más horribles del,mundo, en los Gulag, donde a los presos se les anulaba incluso la voluntad de seguir vivos. En definitiva el sistema más opresor del mundo. El infierno. La oscuridad. La parte más perversa y aniquiladora del ser humano. Eso fue lo que sufrió el Campesino y lo que quiso dar a conocer a la humanidad para que nadie se dejase engañar como le engañaron a él.

¿Cómo ha conseguido acercarnos de forma veraz a su figura, a pesar de las leyendas que se pudieron crear en torno a su vida?

Tuve la fortuna de poder entrevistarlo en Metz todo el tiempo que quise, quizás porque así se lo aconsejó su mentor, amigo y editor Julian Gorkin. El Campesino deseaba regresar a España cuanto antes y nada mejor que aceptar una amplia entrevista con un medio español del prestigio de La Actualidad Española para reconocer públicamente que había cambiado las pistolas por las palabras y que ahora deseaba una vejez tranquila en compañía de su familia, si es que aun quedaba alguien con vida.

Es verdad que si uno leía las notas que escribía sobre la vieja máquina de escribir que le regaló Gorkin estas no llevaban ningún orden cronológico, saltaban de un tiempo a otro muy diferente de su vida. Eran ideas inconexas pensadas durante la noche y escritas al amanecer de manera torpe, vacilante, escritas en mayúsculas como si con ello deseara hacerse entender mejor. Pero en cambio cuando hablaba su discurso era claro, diáfano, directo, realmente apasionante.

Decía lo que, quería decir y callaba lo que no debía contar inducido sin duda por lo que le aconsejaron miembros del Gobierno de Adolfo Suárez para que su regreso del exilio pudiese ser lo más silencioso posible. De hecho nadie conoció la vuelta del Campesino al final del año 77 o primeros del 78 hasta cuando regresó al primer plano de la actualidad al declarar que había abrazado el socialismo y que pedía el voto de los españoles para Felipe González en las elecciones del 82.

Una vez más demostró ser un superviviente y como tal jugó sus cartas para lograr, su objetivo, como lo hizo en el juicio sumarísimo al que quiso acudir en París donde se analizó toda su vida como militar, guerrillero y prisionero en la Rusia de Stalin. La sentencia fue declararle inocente, libre de culpa y con ello se le devolvió el honor y el prestigio que estaba buscando.

Lo sorprendente es que un analfabeto se defendiera con el talante y la carga de datos perfectamente ordenados en el tiempo, por mucho que su amigo Gorkin que actuó como su traductor, pudiese haberle preparado cuidadosamente durante el juicio para, que no cometiese ningún grave error ante jueces tan severos. Todo un personaje, sin duda.

Según palabras del propio Campesino, no había ni una sola verdad en todo lo que se había escrito sobre su vida.

Lo de que no había una sola verdad sobre su vida era pura exageración, lo que molestaba, al Campesino es que Gorkin utilizase su vida, su sufrimiento, sus aventuras aterradoras en el Infierno de Rusia para conseguir convencer al mundo de que el comunismo debía dejar paso al troskismo. Gorkin se valió de la fama y la popularidad del Campesino para contar su propia vida y sus convicciones políticas envueltas en las aventuras que le hicieron tan popular al Campesino.

Y es verdad que el mensaje final cumplía mas con el propósito de Gorkin que del propio Campesino. Por eso este protestaba. Pero es verdad que, sin Gorkin el Campesino no habría obtenido los pingues beneficios que obtuvo de editoriales como Plaza y Janes ni Gorkin habría podido lanzar al mundo el mensaje que deseaba y que le costó ser despellejado y a él mismo sufrir varios atentados, de los que salió vivo milagrosamente.

¿Qué supuso para usted poder entrevistarle en 1977?

Para mí la entrevista al Campesino supuso un salto profesional importante. Tuvo una gran repercusión y fue citada posteriormente en varios medios de comunicación, ya que se llevaba mucho tiempo sin noticias de Valentín y algunos lo daban por muerto.

Lo malo del asunto es que quienes reprodujeron la entrevista o sacaron titulares de las palabras del Campesino atribuyeron la publicación a la Gaceta Ilustrada y no a La Actualidad Española.

1977 fue un año redondo para mi porque a la entrevista del Campesino se unió una serie de reportajes sobre las cárceles españolas y otros reportajes como los crímenes contra los abogados laboralistas en la calle Atocha, 88. Ese mismo año Radio Nacional de España me hizo fijo en su plantilla y yo pude cumplir mi sueño de trabajar en la Radio.

¿Por qué destaca que el Campesino fue fiel a sí mismo?

Porque nació, vivió y murió defendiendo siempre su idea de, ser un demócrata republicano de izquierdas aunque fue abrazando distintos sistemas, anarquismo, comunismo, troskismo y socialismo.

¿Qué aspecto de su personalidad le llaman más la atención?

Su arrogancia, su altanería, su convencimiento de que fue un personaje para la historia de España por todo lo que vivió y contó sin que al final apenas se le tuviera en cuenta.

¿Es un héroe o más bien un antihéroe?

Es ambas cosas. Para la mayor parte de quienes le conocieron uno de los grandes héroes de la guerra civil española. Para los que solo han leído su historia, fue simplemente un descerebrado, machista y cabrón que se sirvió de la guerra para convertirse en leyenda negra. Un analfabeto paleto, soberbio y faltón, un asesino, un hombre sin piedad, un ególatra que nunca debió presumir de causar tanto mal.