C. E.; -- Usted ha empezado tarde a escribir… ¿No cree haber malgasto sus cualidades de escritor?

G.P, – Si se refiere a “publicar” libros, tiene usted toda la razón. Pero,  a escribir,  empecé con 18 o 19 años. Ya lo hacía en las revistas de los Colegios,  en la de la Universidad “(Quibú”) y  luego en el PAIS EXCELSIOR (de la Habana),  diario que  años antes había  dirigido D. Manuel Aznar, abuelo del fundador del PP. Mi primer libro “publicado”  (“ESTO VIR”) salió en 2006  a mis  78 años. ¡Ya han pasado catorce!

C.E. ¿Por qué no publicó en su “madurez”, cuando las facultades  humanas funcionan a tope?

G.P. El hecho de ser desde los 33 años,   alto Ejecutivo de empresas  internacionales,  --Dirección  General incluida--,   me ha tenido  treinta y cuatro años viajando y  viviendo en Hoteles. En los años 60, escribí un libro sobre Franco y su Régimen, pero Planeta me lo devolvió y lo destruí. Escarmenté y decidí esperar a la jubilación, para publicar por mi cuenta en alguna Editorial “de los nuestros”. Por lo demás habré escrito tantos miles de páginas que no sabría calcularlas. De mi ordenador han salido al menos mil doscientos boletines de  ocho páginas y,  desde hace  veintiocho años,  una media de dos o tres comunicados semanales de toda índole. A más de muchas decenas  de charlas  siempre escritas previamente. A eso añade de disquetes grabados…

C.E. ¿Cree  usted en “el futuro” de los libros escritos o más bien dejarán de publicarse?

G. P. Sería un desastre para la cultura que desaparecieran. El libro escrito, ´´ese que se palpa al leerlo”,  es un cimiento indispensable de la civilización y si las futuras generaciones los olvidan y eliminan, los hombres serán cada vez más salvajes. Esa posibilidad me asusta.

C.E,  Hablemos de sus libros. ¿Por qué, solo tres?

G.P.  Se publican demasiados, que NO DICEN NADA… Yo me tomo muy en serio el tema. Tengo escrito alguno más y otros pensados --una docena--  que no creo publiquen ya. Y asuntos  para veinte o treinta, incluso  sobre temas profesionales.

C. E – Empecemos por el primero.

“ESTO VIR” surgió como consecuencia de un artículo para la revista “SIEMPRE P’ALANTE”. Recordaba a  los lectores la importancia del aterrizaje para cualquier vuelo de avión, por ser su momento más peligroso. Un  Jumbo no lo pilota cualquiera. Y  sugería que   “aterrizar en la Eternidad”  requiere aún más experiencia. … Los pilotos son expertos y se preparan con centenares de horas de práctica en el “simulador de vuelo”, por eso, si deseamos evitar “estrellarnos” al tomar tierra en la “Vida eterna”,  habrá que entrenar a fondo

C. E. Sin duda es usted hombre de lógica, pero encuentro difícil en este caso la solución cuando “solo tenemos una oportunidad” para acertar.

G.P.  Ciertamente es “difícil para los hombres pero no para Dios” y lo resolvió Dios,  inspirando a Ignacio de Loyola los “Ejercicios espirituales”, que yo bauticé como “el ‘Simulador de Vuelo insuperable’…”. Era tan evidente que decidí escribir un libro titulado así.

C. E. -- Y, ¿por qué  salió al mercado como “ESTO VIR”?

G. P. – Sencillamente porque --mientras vivió D. Blas Piñar--,  era el amigo asesor. Le envié el borrador y le encantó todo, salvo el “Título”: “Cámbialo --me dijo--, pues a muchos les despistará.

C. E. -- ¿Podría resumirme  su contenido para “interesar” a  los lectores del CORREO DE ESPAÑA?

G. P. – En él me limito a informar al lector  sobre una práctica religiosa  llamada “Ejercicios Espirituales Ignacianos”, reconocida por todos  los papas desde hace quinientos años como la mejor fórmula para acercarse a Dios y acertar la ruta para y asegurar la Eternidad feliz.

Resultaba facilísimo  para mí, explicar al lector, su esencia,   después de haber asistido yo a más de sesenta  tandas de Ejercicios. Todos los años –o casi-- desde mi juventud,  me encerraba ocho o diez días –al menos cinco--  para hacerlos  bajo la dirección de predicadores expertos. Me resultaba fácil trasmitir la fuerza que tiene el argumento del “Principio y Fundamento”, o la alegría que proporciona la Confesión general, después varios días de oración bajo los impactos de las gracias especiales que Dios envía al ejercitante.

C.E. --Cada vez que usted habla de este libre se le  nota  la  satisfacción por haberlo escrito…

G.P. – Es mi preferido,  aunque no sea el mejor de los tres. La razón es obvia y simple...  Tengo numerosas pruebas de que “hace bien a las almas”, Alargaría mucho la entrevista trayéndolas aquí. Solo dos o tres, de muestra.

Alguien le regaló el libro a una chica  de Zaragoza, un viernes. Tenía programada una salida con unas amigas, pero le picó la curiosidad. Se puso a leerlo y lo acabó de una tirada cuando ya eran las tantas de la madrugada…y se había saltado la cita programada. Le faltó tiempo para llamarme…

Un estudiante universitario compró el libro, le encantó y se lo pasó a un amigo para que lo leyera. Cuando éste se lo devolvió, al mismo tiempo,  le hizo una pregunta: --“¿Sabes de dónde vengo?” – ¡Ni idea!, ya me  dirás. -- ¡”De confesarme”, pues no lo había hecho desde que hice la primera comunión!

Un colaborador importante –“en la edición del libro”,  no lo había leído cuando lo había tenido en sus manos,   esperando que  se lo obsequiase yo. Cuando lo acabó, me llamó para decirme: -- “Gil, ¡la próxima semana me voy a Poblet en “encerrarme y hacer Ejercicios!”

Otros también se han ido a Ejercicios tras leer el libro.

Me han llamado algunos  para comentar que ciertos predicadores citan mi libro en sus conferencias del Retiro…etc. Ciertamente, todo eso me hace feliz.

C. E. – A mí, personalmente,  me ha llamado la atención lo que dice del mismo el “prologuista”…

G. P. -- No te debe extrañar, Blas Piñar  quiso escribir el  PRÓLOGO  y es que,  desde que nos conocimos – el me conoció a mí antes que yo a él, según me confesó un dia  que cenábamos Carmen, él y yo, pues se enteró  de una charla mía en Madrid, quiso saber quién era yo y  asistió de incógnito—fue un amigo rozando  la “hermandad” con una mutua admiración, aunque inmerecida por mi parte.  Y lo que dice en él, se lo dictó  el afecto principalmente.

El Epílogo lo redactó José Fernando Silva, compañero de lucha, en los años sesenta con el P. Piulachs, padre de catorce hijos y que Dios ha querido llevárselo, víctima del Corona virus, hace unos meses. Espero su ayuda desde el Cielo donde sin duda disfrutará de sus más de sesenta años,  de  “bonum  certamen” y habida cuenta que, “fidem servabit”.