Detrás de todo gran poeta hay un pensador. Solo que algunos poetas, que no son grandes aunque así lo crean ellos, carecen de raciocinio o de algo semejante que les permita pensar con hondura. Octavio Paz fue uno de los grandes poetas del siglo XX y también uno de sus mejores prosistas y ensayistas. Sería el paradigma del modelo al que me refiero. Un modelo que parecía extinto, a la luz del estado actual de la poesía y los poetas. Sin embargo, tengo que felicitarme por haber descubierto el libro de un autor sobresaliente, que es un pensador notable: El año del coronavirus de Andrés García-Carro. Además de un poemario excelente, su último libro es uno de los mejores libros que se han escrito sobre el coronavirus.

La poesía de García-Carro es seria pero en ningún momento cae en el vicio de la solemnidad porque está cargada de una ironía digna del mejor Chesterton. Discípulo de Borges, al que añade un fondo piadoso, su filosofía es la de un pensador tradicionalista que conoce de memoria la doctrina de la Iglesia católica. Los poemas religiosos incluidos en el volumen son un refuerzo perfecto de la fe para estos tiempos donde las altas instancias eclesiásticas consiguen, mediante acciones y decisiones de dudoso fin, hacer dudar hasta al más santo de los fieles. La panoplia de temas que abarca El año del coronavirus es enorme, sobre todo calibrando la extensión del libro: en él se recogen los pensamientos, sensaciones, paisajes y recuerdos visitados por el autor desde marzo hasta diciembre de 2020. En el transcurso de ese tiempo, García-Carro se va despojando de todo lo superfluo para descubrir lo esencial de su vida, de toda vida, aquello que solo la edad hace relucir en contraste con lo oscurecido, como una piedra preciosa depositada al fondo del río cuando todo lo demás se descubre como barro: “Dios y la patria, la familia, la poesía, de unos pocos amigos la amistad y de una mujer la compañía”.

A lo largo de El año del coronavirus se resume el pensamiento del autor en poemas donde carga contra la democracia —”No soy demócrata porque democráticamente a un asesino se decidió dejar libre y matar a Dios”—, contra el liberalismo —que llama ”El virus liberal”— y los católicos liberales —un oxímoron, como un cuchillo sin filo, para el autor—, contra Lucifer —el “primer liberal” y “Señor” del Coronavirus— y contra todo lo mundano que nos aleja de la trascendencia y que desaparecerá al tiempo que nuestras vidas terrenas “cuando en este mundo no estemos”. Además de eso, el poemario incluye pulcras descripciones de la playa, el relato cargado de detalles y de anécdotas de una mudanza, reflexiones hechas durante el confinamiento y no pocos retratos humorísticos. García-Carro, con una larga carrera de ensayista que incluye libros como Escritos de un Contrarrevolucionario o Por Dios y por España, escribe, además, en El año del coronavirus dos poemas sobre España, uno, y sobre el pueblo español, el otro, dignos de lo más granado de la poesía del Siglo de Oro español. Se tratan de Oda España y de Toro Bravo. El primero demuestra un conocimiento de la historia de nuestro país y una capacidad de síntesis de sus mojones fundamentales que dudo que esté al alcance de ningún otro poeta español vivo. El segundo es un homenaje y también una llamada de socorro a ese pueblo español histórico que siempre se ha levantado contra sus opresores pero que esta vez, con la pandemia que vivimos, parece carecer de la fuerza y el tesón de antaño. Son dos poemas imprescindibles para todo aquel que se considere patriota español y no miembro de esa “Anti-España” que García-Carro desmonta también con maestría en otro poema de título homónimo.

Decía Jiménez Lozano que “no se puede pasar por la belleza sin celebrarla”. Mientras el Apocalipsis se abate sobre este maltrecho mundo y este tiempo cochambroso que nos ha tocado en (mala) suerte vivir, parece que todavía hay alguien dispuesto a entregar su alma a la belleza a cambio de unos buenos versos. Aquellos que compartimos esa necesidad de belleza solo podemos celebrarlo de una manera: leyendo su extraordinario libro.