No importa el color de la piel,
importa el color del alma.
Negros hay de alma muy blanca
y blancos de alma muy negra.
También, claro está, hay negros
sumidos en las tinieblas.
No, no importa el color de la piel.
Negros o amarillos, colorados o blancos,
a todos Dios nos creó
y a todos nos quiere salvos.
Seres humanos somos
llamados a ser santos,
seres humanos todos
viajando en el mismo barco.