Lo que sucedió en aquellos momentos que siguieron a la detención fue todo ello rapidísimo. Llegó Joaquín hijo. Teresa le dijo: Señorito, que han detenido al señor. Se acercó a mí con ímpetu. Miré la niña y le dije aparentando entereza y señalando a la niña con la mirada: Papá se ha ido a Mataró. Él me comprendió. Corrió hacia la verja. Ya el Comité del pueblo, avisado, y gente que oyó a Amparo que corría por el pueblo gritando: A can Nadal, se personó en casa. Preguntaban a gritos: Hacia donde han ido. A Mataró. Corriendo subieron en un coche. A ellos… Ya sabemos cómo las gastan… Hoy habrá sangre en Caldetas, aunque perdamos. Joaquín quería ir con ellos. Yo supliqué: ¡Los dos, no! El pueblo, como yo, comprendía que si iba lo fusilarían. No quisieron darle el salvoconducto. El chico estaba nervioso; pero yo agradecí al pueblo su intención, tanto más cuanto que me hacía falta el chico para salvar a su padre, cosa que él, ciego en aquel momento, no veía.

 

En el tren llegó Juan Antonio con buenas noticias de un encargo que le había hecho Joaquín para preparar la huida. ¡Demasiado Tarde! El pobre muchacho quedó atónito. Aquella noche los Escolá me albergaron en su casa, con Sol y la pequeña. ¡Dios se lo pague! La estancia en mi casa se me hacía intolerable. En ella se quedaron María Antonia, que se ha mostrado valentísima durante todos estos días, Joaquín y Juan Antonio, y dos muchachos Escolá. Además, pedí a Juan el jardinero que durmiera en casa por si llamaban de noche. Él es de izquierdas y tenía armas, y para nosotros aun siendo de ellos es bueno. A las seis de la mañana Joaquín y Juan Antonio marcharon a Barcelona a hacer gestiones para hacer detener a Joaquín por gente del Gobierno con el fin de salvarlo. Eso si llegaban a tiempo. A Mataró, aquella noche, telefoneó el dueño del colmado a su futuro yerno, que es comunista, y ese le dijo que Joaquín vivía, y que procuraría que lo pasara lo mejor posible. Con estas noticias nos tranquilizamos un poco; pero, a decir verdad, lo único que me alentaba es haber conversado íntimamente con la Virgen. Su protección la sentía sobre Joaquín. Ella sabía lo que habíamos hablado entre nosotras. ¡La sentí tan cerquita mío en aquellos momentos que siguieron a la detención! Sabía el peligro inminente en que estaba Joaquín; pero por encima de su cabeza, mientras corría el auto, veía a la Virgen viajando con él, y sonriéndome. No temas, me decía, te oigo y te escucho y lo salvaré. Después de esto me señalaba un nuevo camino a seguir, y recibía las fuerzas para seguirlo… las tenía ya dentro. Acababa de recibirlas en aquel momento trágico de una mirada. Entonces comprendí por qué las cosas suceden en la vida, y una vez más me entregué confiada y maniatada en brazos de la Divina Providencia.

 

Durante todo el jueves no tuvimos noticias. ¡Qué horas largas! Por la noche Joaquín no vino a Caldetas. Ya me lo figuraba, supuesto que las gestiones a hacer eran largas, difíciles y entretenidas. Visitas a unos y a otros. Esperar en colas interminables, dificultades que se presentan… pero mi susto era pensar que el chico llevaba el nombre de su padre, y que en cualquier momento podían detenerle.

 

Génova. Martes, 18 de agosto 1936. Ayer llegó Francisco. El 20 embarcará hacia Buenos aires. Esta tarde Joaquín padre y él están haciendo gestiones para que Joaquín hijo embarque con él.

Juan Antonio ha recibido carta de María Isabel [de Nadal Muro], diciéndole que le pagarán el pasaje, y que se vaya a Buenos Aires. Que allí le recomendarán a un amigo suyo.

 

Ayer supimos que nos han desvalijado nuevamente la casa de Claris. Dicen que no quedan más que los cuadros y los colchones. Yo dejé encargado al servicio y a algunos amigos de salvar lo que pudieran. ¿Qué habrá sucedido? Casi preferiría no tener noticias que tenerlas inciertas. En momentos tan graves y tristes como estos que vivimos no quiero preocuparme por cosas particulares. Pienso en la Virgen y en su vida pobre. Le pido de todo corazón que me haga conformar a nuestra nueva situación.

 

Dicen hoy que en Barcelona se han apoderado de los Bancos y cajas de caudales. Nosotros tenemos nuestros intereses en el Crédito. ¿Se salvará algo por ser extranjero? Lo dudo, porque esta revolución única en el mundo, como es la de España, no creo respete nada. Para ellos no hay diques. Matar, robar, destruir es su ley. ¡Pobre España!

 

Ayer las tropas nacionales bombardearon San Sebastián. Seguramente los rojos empezarán a cumplir su amenaza de fusilar detenidos. Son más de mil. ¡Pobres mártires! ¡Dios mío, Dios mío! ¡Tened lástima de esta pobre España tan loca y tan querida en el fondo! Me iré a Buenos Aires con el corazón destrozado por dentro; por fuera no quiero que se note. España, España, a solas en mi diario necesito decírtelo: te quiero y te añoraré, con una añoranza inenarrable, pero quiero huir, porque todo me dice que Dios me llama allí, donde tanto horror sentía al pensar en ir.

 

Sábado, 22 Agosto 1936. Joaquín hijo ya ha embarcado. Lleva dos días de navegación. Ha embarcado en el Augustus. Muy buen vapor. Tiene pasaje de segunda. Fuimos al puerto a despedirle; pero no nos dejaron entrar en el vapor. Al salir del puerto, para distraerme, fui con las niñas a visitar el Palacio Real. Me gustó mucho. Acostumbrada a visitar grandes palacios, éste de Génova me parece una tacita de plata. Tiene un sabor especial. Mi temperamento se adapta más al poco que al mucho. Tanta grandiosidad, tanta obra de arte como se admira en otros lados, me deslumbra. No me doy casi cuenta de lo que veo. En cambio, en este palacio, he admirado despacio, uno a uno, todos los cuadros, tapices, esculturas, lámparas, muebles, tapicerías, etc., y todo esto en corto tiempo; pero con calma y tranquilidad. Sin hartura. Quedando en el paladar un sabor duradero que hace desear esta hartura; que en no llegar nunca guarda el secreto del continuo deseo.

 

Miércoles, 26 Agosto 1936. Génova. Querido Victoriano [Baixeras]: Mucho pensé en ti cuando estalló esta revolución, proveyendo las dificultades económicas en que ibas a encontrarte, dependiendo como dependes de España. ¿Se arreglarán las cosas? Lo dudo. Cuando lleguen los militares a Barcelona, temo que el desastre pecuniario sea un hecho. No pierden el tiempo los rojos. Nosotros, ya de momento, tenemos la casa saqueada, y nos dicen que empiezan a abrir cajas en los Bancos. Y aún esto es secundario. No tienes ni idea de los horrores que suceden. Un señor que estaba preso en Madrid explicaba el otro día que delante de él fusilaron a toda una familia, incluso dos criaturas de cinco y tres años. Esto es Rusia. Supongo ya estás enterado de la detención de Joaquín, a quien pudimos rescatar providencialmente. Su muerte era segura durante cuarenta y ocho horas. No puedes imaginarte la agonía de esas horas. Cuando supe que estaba embarcado fue descanso. No obstante, otros no han podido escapar y han sido fusilados.

 

Yo vine a Génova en un barco alemán con las niñas, dejando el chico en Barcelona, sin saber si podría huir, porque le ponían dificultades a su pasaporte. A Dios gracias nos pudimos reunir aquí todos. Italia y Alemania se portan muy bien con los españoles.

 

Nos carteamos con enrique y familia. A España no nos atrevemos a escribir por no comprometer. Se han visto casos de detenciones, sólo por una llamada de teléfono. Aquello es un infierno. No sabes lo que sufro por los que han quedado allí. Es decir, sufro yo, y sufrimos todos, sin podernos ayudar más que con oraciones. Rezo mucho por todos, y tengo la seguridad de que Dios permite este castigo hoy; pero que su divina misericordia no nos dejará sin su ayuda. Pobres o ricos, seremos igualmente felices. Por hoy estamos en Génova. Ya te escribiré cuando nos vayamos a otro lado, pues estamos buscando donde instalarnos más definitivamente. Con todo cariño, te abraza, tu hermana Mercedes.

 

Jueves, 3 de septiembre 1936. Propongo escribir más a menudo en mi diario, aunque sea escribir sólo unas líneas. No dispongo de mucho tiempo para dedicarle, porque las faenas de casa me ocupan el día, a Dios gracias. Pues la ocupación, en estos momentos, nos es saludable. Pero unos apuntes podré hacerlos, y otro día, quizás, con el recuerdo latente de esos apuntes, sabré desarrollar el discurso de esta vida de inmigrante, tan monótona en su exterior, y tan llena íntimamente de emociones. Estos últimos días hemos tenido varias noticias muy tristes. La muerte o fusilamiento de Roca -José María Roca Codina. Natural de Nuevecitas (Cuba). Soltero. Miembro de la Federación de Jóvenes Cristianos de Catalunya. Fue asesinado el 19 de agosto de 1936 en Vallgorguina-, el médico de Caldetas y la de Borrell - Francisco Javier Borell Maciá. Natural de Barcelona. Soltero. 34 años. Miembro de la Federación de Jóvenes Cristianos de Catalunya. Fue asesinado el 19 de agosto de 1936 en Vallgorguina-, el farmacéutico. Lo dijeron los Marqués, que han llegado aquí, y su madre tiene una casa Caldetas. Los dos eran bellísimas personas, adictas a la Parroquia, y de comunión diaria, mártires de su religiosidad. Con Roca hablábamos continuamente de la situación actual, antes de salir de Caldetas. Nadie podía sospechar que cayeran esas dos víctimas. En el pueblo eran muy queridos y respetados. El farmacéutico era, además, un pobre enfermo. Joven aún, tullido llegó a Caldetas, sin poder casi moverse, y con los baños mejoró bastante. Pero inspiraba, como he dicho, respeto y lástima… y cariño.

 

Otra víctima: el hijo menor del Marqués de Alella - Luis Fabra y de Sentmenat, hijo de Fernando Fabra, marqués de Alella, y de María de Sentmenat (muerta en 1899), marquesa de Aguilar de Valahür. Soltero. 46 años. Detenido y encarcelado en el castillo de Montjuïch, fue asesinado el 30 de agosto de 1936-. Recién llegado aquí el padre demostró a su hermano intranquilidad por ese hijo de quien no tenía noticias. Su hermano le contestó: Cuando no se tienen noticias es preferible pensar lo peor. ¿Qué quieres decir? Que lo han fusilado.